lunes, 22 de octubre de 2007

Clausura de Octubre


Bien, he aquí la última entrada de Octubre.


En este mes he puesto todas las entradas que había en mi antguo blog: www.peripeciasdelulimanuli.blogspot.com , más la de inauguración, la de Conciencia Social por petición especial y, finalmente, esta, que es la de clausura. En Hazañas y Peripecias de una Adolescente (HYPDUA para abreviar) ya no queda nada, sólo una entrada de muestra para que los lectores que se tropiecen con ese blog acudan a este (jeje). No obstante, todas las modificaciones que haga allí os serán comunicadas aquí, para los que quieran visitarlo a pesar de todo.


No publicaré más entradas este mes, así dedicaré todo octubre a las entradas de HYPDUA, que, además, están ordenadas de más antiguas a más recientes. También os he puesto en el título el mes al que pertenecían, para los que quieran leerlas en orden cronológico.


Bien, con esto finalizo ya, dándoos finalmente la buena noticia de que este blog ha quedado finalmente abierto al público, está ordenado y en funcionamiento. Espero que lo disfrutéis.

Por si acaso, repito:


NO PUBLICARÉ NADA HASTA NOVIEMBRE PARA QUE LAS ENTRADAS DE HYPDUA QUEDEN REUNIDAS EN UN MISMO MES -octubre del 2007- PERO SEGUIRÉ ESCRIBIENDO A PARTIR DEL DÍA UNO.


Espero veros para entonces. ;)


Besazzos,


Luli

Conciencia social / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.


Quisiera publicar en esta entrada dos enlaces de unos vídeos relacionados con dos graves problemas actuales de nuestra sociedad. El primero, por petición especial de mi gran amiga y mentora Anyina y el segundo por relación directa con el tema.


El tema en sí: bulimia y anorexia. Aunque triste, verdero. Me gustaría que todo aquel que viese estos vídeos se concienciara (si no lo ha hecho ya) y medite un poco sobre qué etá sucediendo con la juventud de hoy en día. La culpa, cómo no, la tienen los medios de comunicación (revistas y televisón en especial), que idealizan a las modelos y veneran una silueta esquelética IRREAL, que sólo el 10% de las mujeres de nuestros días posee de manera natural.


Sobran las palabras, ved y escuchad por vosotros mismos la gravedad de la situación.


En primer lugar, una canión de un grupo llamado ANDERMAY: http://www.desapareciendo.com/


En segundo lugar, un vídeo relacionado con el Photoshop, para que, de una vez por todas, nos demos cuenta de que LAS CHICAS DE LOS ANUNCIOS NO EXISTEN:


Miradlos y reflexionad.


Besazzos,


Luli

Cuando tus padres se emborrachan / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.

En primer lugar, agradecer los comentarios que me he estado encontrando últimamente por aquí, decir que me ha halagado mucho que la gente se moleste en hacerme saber que aprecia mi trabajo y añadir que voy a seguir dando la tabarra, tengo para rato. ^^

En segundo lugar, profundizar en la entrada para que concuerde con el título: "Cuando tus padres se emborrachan". Como siempre, empezaré desde el principio.

El principio en este caso vendrían siendo los orígenes de mi madre, que es alemana, natal de Hamburgo. Cuando conoció a mi padre en España y decidió quedarse con él a vivir aquí, dejando todo atrás, cometió un acto muy valiente, en mi opinión, pero sobra con decir que lleva viviendo en mi pueblo desde hace veinte años ya y que es muy feliz. Sin embargo, es evidente que una parte de ella sigue arraigada a su germano país, por lo que, de vez en cuando, rememora cosas de allí de diversos tipos: recuerdos, anécdotas, lugares, personas, fiestas... Sí, fiestas. En concreto, estoy hablando del Oktoberfest, o Fiesta de la Cerveza, que se celebra en München (Munich) todos los años por estas fechas.

He dicho que mi madre es hamburguesa (qué extraña me siento diciendo esto, pero en fin), aunque eso no quiere decir que no haya ido a Munich, que, por si a alguien le interesa, está en el otro extremo del país. Cuando era joven fue con su familia varias veces, como si algún madrileño viniera a Valencia todos los años por las Fallas, pues igual. Y eso, que se lo pasaba muy bien y que le tenía mucho cariño a la fiesta y que ojalá algún día regresara.

En ésas estaba cuando, de pronto, hará unos cuatro años, mi padre descubrió a través del periódico que había una recreación del Oktoberfest en Calpe, Alicante. Al parecer los guiris de turno habían montado una carpa gigante con mesas donde se dedicaban a repartir cerveza y salchichas durante toda una semana, desde las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana, que es cuando suele cansarse la gente. Se lo comentó a mi madre sabedor de sus deseos, y ella en seguida le convenció para ir, aunque sólo fuera a echar un vistazo. Total, que fuimos. La primera vez fue más light, primero un poco de turismo por la ciudad, comida tranquila y, finalmente, una ojeada a la carpa. Una ojedada... je, je. Más hubiera querido yo. A las dos de la madrugada volvimos a casa, porque tuvimos que esperar a que le bajara el alcohol a mi padre que, por supuesto, no podía conducir. Lo hizo mi madre, que no había bebido, y que se juró a sí misma que aquello no volvería a pasar. No permitiría que mi padre volviera a beber en el Oktoberfest. Bueno, enfatizo, en realidad no quería permitir que mi padre volviera a beber en el Oktoberfest... solo. ¡Ella también quería! ¿Qué hay de divertido en ir a un Oktoberfest, Fiesta de la Cerveza, y no beber cerveza? ¿Eh? ¡Es como ir de shopping y no comprar nada! ¡Hombre ya!

Conclusión final: a la próxima (porque habría próxima) reservarían habitación en un hotel porque así ambos podrían beber y ninguno tendría que conducir de vuelta a nuestro primitivo poblado a las tantas de la mañana más ebrios que Dionisio, el dios del vino. Y, desde entonces, es una especie de tradición familiar, en la que cada año, por el puente del 9 de octubre (que es fiesta en la Comunidad Valenciana) nos vamos a Calpe a la Fiesta de la Cerveza, que va ganando en cuanto a popularidad y convoy se refiere. A mi hermana y a mí de pequeñas nos hacía más gracia que ahora, pero continuamos aguantando porque el hotel siempre vale la pena y, además, al día siguiente suele haber un paseo por la calle comercial de Calpe, en donde, normalmente, siempre nos cae algo.

Todo este complicado prólogo ayuda al lector a insinuar por dónde van los tiros. Ayer, vamos al grano, fuimos a Calpe a que mis padres le tiraran al "drinki". Yo fui obligada, porque llevaba toda la semana enfadada con ellos y sin hablarles (peleas varias que se dan en mi ámbito diario), pero, de todos modos, no me pude escaquear del acontecimiento y tuve que acudir contra mi voluntad. Lo cual, no me entendáis mal, no significa que fuera contenta de la vida, sino que, más bien, iba dispuesta a complicarlo todo. Que sufrieran igual como estaba haciendo yo (soy buena estratega, se nota, ¿no? ^^u).

A las nueve nos plantamos en la enorme carpa, que ya estaba bastante abarrotada, y, después de encontrar un sitio donde sentarnos, pedimos la cena. Si describo un poco el lugar, para que los que nunca hayan oído hablar de la Fiesta de la Cerveza, diré que se trata de eso: una gran carpa blanca tipo circo, en cuyo interior hay al menos cincuenta largas mesas y el doble de bancos, donde ponen un escenario con gordos tiroleses cantando las canciones típicas de allí a golpe de acordeón y una eficiente barra en un extremo que no para de llenar jarras de cerveza. Y unos treinta camareros rondando por allí. Vamos, un auténtico descontrol.

Yo pedí salichicha, aunque me dejé la mitad por dos razones básicas: 1) Fastidiar a mis padres; 2) No me gustan las salchichas. El pan, eso sí, me lo comí todo, porque si no me hubiera muerto de hambre.

Mi hermana no sé lo que pidió, aunque francamente me trae bastante sin cuidado, y mis padres no pedían otra cosa que cerveza. El camarero que nos tocó a nosotros era argentino y se llamaba Carlos. Carlos, que tenía el pelo más largo que yo y unas entradas hasta el cogote, se portó bastante bien durante toda la noche, sobre todo a final, cuando tenía que soportar los chistes de mi padre.

Y nada, empezó la velada. Había cientos de viejos alemanes bebiendo cerveza y atiborrándose de codillo y "frankfurts" mientras los tiroleses cantaban todo el rato canciones tipo Paquito el Chocolatero, pero en alemán, claro está, y todos se les unían al unísono y levantaban las jarras de medio litro. A mi lado había una mujer rubia, claramente germana, acompañada de un no tan germano acompañante: más bien parecía un chulo de playa vestido con el típico look ibicenco de Julio Iglesias. También se tragaban una jarra tras otra y, conforme iba avanzando la noche, sus entonaciones iban aumentando de tono, de modo que tenía que ir tapándome la oreja izquierda con la mano para no quedarme sorda. Yo estaba todo el tiempo poniendo cara de mala ost** y, la verdad, me lo hubiera podido pasar bien en otras condiciones (véase: con amigas u con mis padres, aunque de buen rollo, cosa que no estaba yo muy en la labor), pero me tuve que conformar con guardar en mi memoria todas las estupideces que hizo mi familia.

Conforme iban pasando las horas, el ambiente iba cambiando: el antes ruidoso grupo de tiroleses pasaba a ser ahora atronador, mientras que las múltiples cervezas consumidas por el personal presente empezaban a notarse. La gente comenzaba a subirse a los bancos y a cantar cada vez más alto, los camareros iban como locos de un lado para otro y había que cubrirse con los periódicos que regalaban allí para que las "frankfurts" asesinas-voladoras que surcaban los aires viciados de la carpa no decidieran aterrizar en tu cabeza. Al mismo tiempo, había que ir con cuidado de no inundarte los zapatos, pues la cerveza formaba diversos riachuelos que abarcaban toda la superfície terrestre de dicha carpa, y más de una vez tuve que levantar las piernas para que no se me mojaran los calcetines. Pero, como en todo, había diferentes puntos de vista. Así como yo era la única que conservaba su sentido de la sensatez en aquel caos verbenero y trataba de salir ilesa de la experiencia, mi hermana-la-víbora, por ejemplo, estaba todo el tiempo más ocupada en beber chupitos a escondidas de mis padres.

Porque mi padre, previsor, había comprado una caja entera de chupitos (había 20) llamados Feiglings (Cobardes). Los chupitos eran de vodka con higo y, la verdad, no están nada mal, pero me parece un poco inhumano que una moza (juajua) de catorce primaveras (juajuajuajua) se tome 5 seguidos, teniendo en cuenta que era la primera vez que probaba el alcohol. Carlos ya se lo advirtió a mi padre, cuando le puso la bandeja con los 20 chupitos delante de las narices:

-Le va a estallar la cabeza con esto, señor.

-Ja, ja, da igual, si una vez al año no hace daño -mi padre creo que veía doble ya-. Ah, ¡hip! y tráenos dos birras más.

-En seguida.

Por aquellos momentos yo estaba inmersa en una complicada tarea: robarle el bolso a mi madre, que estaba en frente de mí. No quería el bolso en sí, sino el bolígrafo que había dentro, pero para eso era necesario también el "envoltorio". Y ahí estaba yo, contorsionándome hasta límites que ni yo misma sospechaba, para lograr mi objetivo, cuando, al fin con el deseado boli en mi mano, me incorporo para encontrarme con la siguiente escena: mi padre bailando una especie de jota encima de la mesa, balanceando una jarra llena sobre mi cabeza; mi madre haciendo lo propio sobre el banco y abrazada a la mujer rubia que había a mi lado, ambas dando botes como si se tratara de dos hinchas de Tokio Hotel delante del Bill ese; mi hermana bebiéndose dos chupitos seguidos mientras se giraba discretamente, para disimular; y el novio de la alemana (el Julio chuleta, vamos), marcándose una serie de movimientos dignos del youtube.

Yo, joven e impresionable como soy, podría haberme puesto a llorar ante semejante visión, pero decidí poner el automático y apuntar con el boli en todas las páginas de todos los periódicos que tenía a mano
www.peripeciasdelulimanuli.blogspot.com , aburrida.

Poner el automático es, por regla general, un sencillo acto inconsciente: te aburres en clase de Historia y pones el automático, te están contando un coñazo sobre la física cuántica y pones el automático, lees Don Quijote y pones el automático, te están riñendo tus padres y pones el automático (yo, siempre), estás mirando El Tomate y pones el automático... todo son situaciones fáciles. Prueba tú a poner el automático en mitad de una Fiesta de la Cerveza, cubriéndote las espaldas ante posibles "frankfurts" voladoras-asesinas (algunas venían con cargamento-misil de mostaza), con cientos de personas locas y más borrachas que una cuba sembrando el caos a tu alrededor, incluidos tus respetables progenitores (para mí, después de la lamentable función de anoche han perdido mucho, la verdad), con una hermana-víbora chupeteando ávidamente las últimas gotas del botellín de su tercer chupito, y tratando que no te atropelle la germana de al lado con sus temibles tacones. Prueba. A ver si te sale. Chulo, que eres un chulo (o chula, en su defecto). Pues a mí tampoco me salió, la verdad, al menos no en aquel momento.

Seguí rayando los periódicos mientras me limitaba a observar atemorizada a mi alrededor. Mis padres bajaron junto con Sujeto H (la germana) y Sujeto Q (el novio -que era de Calpe- de la germana) de la mesa y se fueron al escenario. Desde la lejanía contemplaba yo a mi madre bailando un vals o algo parecido con un señor que iba vestido de tirolés, aunque parpadeé y la volví a ver con mi padre, al lado de decenas de parejas de decrépitos ancianos. También contemplaba a mi hermana, que supuestamente tenía que cuidar del bolso de mi madre, pero que se entretenía haciendo montañitas con las botellitas de los chupitos y, de vez en cuando, todavía sacaba la lengua para dejar caer sobre ella otra gota de vodka con higo que había quedado en algún frasco... Creo que en ese momento no era consciente de lo que estaba sucediendo a mi alrededor.

Además, un tío que estaba en el banco detrás de mí me dio unos golpecitos en la espalda, llamando mi atención. Era un hippie-freak de esos muy parecido a Melendi: con rastas y muchos pearcings.

-¿Sí? -yo, escéptica (no estaba para menos).

-Tía... -me suelta después de un rato de concentración-. Me aburro.

-Y yo, no te jode -yo, un poco mordaz.

El tipo aquel tenía que hacer grandes esfuerzos para verme, y eso que me tenía delante de sus morros. Achinó los ojos y estalló en una irregular carcajada.

-Es porque estoy borracho -alcanzó a decir.

-Pues fíjate, que a mí me pasa al revés -le dije-. Igual si hubiera bebido algo me hubiera animado.

El tío se me quedó mirando muy serio, diciendo que sí con la cabeza, pero en seguida se echó a reír de nuevo.

-¿Qué? -supongo que no entendería la complicada frase que le dije-. ¡Que estoy borracho! He dicho.

Yo: ¬¬u

Pero finalmente le suelto:

-Pues deja de beber.

Y el freak ese igual, otra vez la risita y en seguida:

-¿Qué?

-Que te bebas otra jarra, que se enfría.

-A tu salud, ¡hip!

En serio, si no hubiera estado sentado se habría caído en ese mismo momento de espaldas.

Pero las horas pasaban, y yo ya no podía ni apoyar los codos sobre la mesa ya que había tal cantidad de jarras vacías sobre ella que no cabía nada más. Aunque, la verdad, tampoco sé si lo habría hecho, pues el río de cerveza serpenteaba también sobre la madera.

Mis padres y sus nuevos amigos aparecían y desaparecían a su aire, cada vez que llegaban a la mesa cargaban el barco y luego se volvían a largar. Mientras, yo dibujaba y mi hermana hacía fotos a sus torrecitas de chupitos vacíos. Tenía las mejillas sonrosadas y dejaba escapar sonrisillas sospechosas, a las cuales yo respondía con una mirada de reprobación. Mis padres y sus amigos (Sujeto H cargada con un gran algodón de azúcar) regresaron y se pusieron a hablar de mi vida como si yo no estuviera delante. Que si por qué yo ponía esa mala cara, que si era una gruñona. Y luego hablaron de la vida de mi hermana, que si había suspendido dos asignatiras este verano, que si era una pija. Vamos, sacando nuestros trapos sucios delante de dos perfectos desconocidos. Y todo interrumpido por bailes de "sobremesas".

Sujeto H, que está divorciada y no del todo en sus cabales, de vez en cuando me contaba que ella tenía una hija de mi edad que ahora estaba por ahí con sus amigos, de marcha en Benidorm (¡¡¡ESAS COSAS NO SE CUENTAN CUANDO UNA ESTÁ AL BORDE DEL DESQUICIO!!!), y que si los de la mesa de al lado (más freaks) me estaban mirando, que sería guay conocerlos y que fueran mis novios. O_O A la vez que me hablaba, me metía trozos de algodón de azúcar en el ojo y en la boca. En el ojo involuntariamente (si no llega a ser por las gafas me lo arranca) y en la boca voluntariamente. Cogía un trozo de algodón, lo apretujaba entre sus manos llenas de cerveza y cenizas de tabaco, y me lo estampaba contra la cara, a la vez que yo, mientras tosía y trataba de limpiarme con una servilleta, le decía con el mejor tono que era capaz de poner en aquellas circunstancias:

-No, no, grafiaf, no quiero algobon fe afucaf, ¡cof, cof!

Mi chaqueta, blanca al inicio de la noche, ahora ha quedado rosa T.T

Después de aguantar siglos y siglos muriéndome del asco, al fin llegó la hora de marcharnos (tras insistir pesadamente durante milenios). Y ahí es donde empezó el verdadero espectáculo. Salimos de la carpa y mi hermana llamó a un taxi -porque mis padres no podían hablar correctamente-, le dijo que viniera a por nosotros. Estuvimos esperando durante unos diez minutos, cuando de pronto apareció un trenecillo turístico de esos, cuyo recorrido era Calpe-Oktoberfest, Oktobrfest-Calpe. Mis padres decidieron pasarse el taxi por el forro y subir al trenecillo (odio el trenecillo) para que nos llevara hasta el centro, y de ahí ir al hotel. En el trenecillo hacía un frío que te mueres, porque no hay ni puertas ni ventanas, sólo un mísero techo para cubrir en caso de lluvia, y yo estaba todo el tiempo encogida sobre mí misma, envuelta en mi pegajosa chaqueta rosa y deseando que el trayecto acabase. Mis padres, mientras tanto, no hacían otra cosa que reírse, y mi padre decía:

-¡Eh, chaval! Sube las ventanillas que hace frío.

Y más risas. La gente de delante nos miraba entre divertida y recelosa, y mi hermana se ocupaba de amenizar la situación con sonrisitas culpables. Yo, por mi parte, me mantenía callada y sarcástica. Entonces subieron dos tres ingleses jovencitos, algo más mayores que yo. Mi padre se puso a hostigarlos con chistes malos, pero ellos dejaron bien claro que:

-Ey, no entiendo, tío.

-Vale, gilipollas, ahora te doy un carchotazo y te pones a llorar, ¿de acuerdo? -repetía mi padre.

Mi hermana tenía miedo de que mi padre iniciara alguna pelea, porque los chavales ingleses parecían molestos, pero no respondían, se limitaban a mirar con aires despectivos. Luego se tiraron del trenecillo en pleno movimiento, se cayeron todos al suelo y mi padre se burló de ellos.

Bajamos del tren e iniciamos la marcha hacia el hotel. Mi padre y mi madre (los dos) iban descojonándose todavía de la caída de los chicos ingleses, llorando de la risa y hablando con una voz claramente borrachil. Mi padre se metía en todos los maceteros que había por la calle y se puso a arrancar rosas para regalárselas a mi madre, y se cortó varias veces. Mi hermana intentaba que no se separaran mucho y los trataba como a niños pequeños. Yo, para variar, caminaba a diez metros de ellos para que no creyeran que era de la familia. Al cabo de un rato nos perdimos, porque mi padre, en cual estado se encontraba, no fue capaz de interpretar el mapa adecuadamente.

Después de merodear por las calles vacías durante quince minutos (que en aquellos momentos se me hicieron eternos), llegamos a la conclusión de llamar a otro taxi y, aquella vez, esperarlo. Cuando llegó y nos subimos, resultó ser el mismo que nos había llevado al Oktoberfest, y supongo que se quedó bastante sorprendido al comprobar cómo el estado de ánimo de mis padres había cambiado en el transcurso de cinco horas (o más, no quiero saberlo). Finalmente, llegamos al hotel.

Una vez allí, en el ascensor, mi padre dejó caer al suelo una jarra de cerveza que había robado de la fiesta, porque quería demostrarnos que, al ir envuelta en una hoja de papel de periódico, esta no se rompería. Después de haber cargado con la jarra durante tres cuartos de hora aproximadamente, esta estalló en mil pedazos al mínimo contacto con el suelo, y mi padre se quedó tan anonadado que hasta me dio casi lástima su expresión. Recogió los pedazos y se los puso a mi hermana en los brazos (mi hermana, por cierto, cargaba en la otra mano con la caja de los treinta chupitos que se habían tomado entre todos, los chupitos incluidos -aunque vacíos). Y esa fue nuestra triunfal llegada.

No creáis que esto es el fin, no, porque cuando yo ya estaba cambiada y dentro de la cama, de repente suena el teléfono de la habitación (que, creedme, a las dos y media de la madrugada hace un ruido mucho más estruendoso que de costumbre). ¿A que no sabéis quien era? Sí, mi madre, que nos obligaba a ir a la habitación contigua (la 1409). Yo, cagándome en todo lo cagable, mi hermana, bastante entusiasmada, nos dirigimos las dos a la habitación de mis alocados viejos para encontrarnos con la siguiente escena: las camas deshechas, los edredones y las mantas en EL SUELO de la terraza (es decir, fuera de la habitación) y mis padres ENTRE las mantas, como si de unos sacos de dormir se tratara, los dos llorando de la risa.

-Vuestro padre se ha meado en las plantas -es lo que conseguí entender de la boca de mi madre.

-La taza del váter quedaba demasiado lejos... -murmuró mi padre, también entre carcajadas.

Había doce pasos.

-Vamos a dormir aquí fuera, ya veréis qué bien se está...

Me largué antes de que siguieran, hubiera sido peligroso que me quedara, alguien podría haber resultado herido.

Finalmente, conseguí dormirme, a la agradable hora de las 3 a.m.

Huelga decir que, a la mañana siguiente, mis padres y mi hermana tenían un resacón que la flipas.

Besazzos,

Luli

domingo, 21 de octubre de 2007

Mi Familia / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.

Ahora que está empezando un nuevo curso, he podido ir formándome una idea más detallada de los profesores que me han tocado este año. En general, estoy contenta, al menos por ahora, y, como prometí que iba a mantener esto un poco más actualizado, pues he decidido ponerme manos a la obra y presentároslos.

Latín: después del gremlin que me tocó el año pasado (me marcó), estoy gratamente sorprendida al comprobar que mi nueva profesora, Sujeto T, es en apariencia una persona normal. Vale que a veces lleva unos pelos como si la hubieran electrcutado, pero parece buena gente, explica bien y todo. Esto es nuevo para mí.

Lengua Castellana: Sujeto D, la profesora más exigente del instituto. Una suerte que nos haya tocado, aunque la verdad es que es muy impaciente. Me gusta su sentido del humor, es irónico.

Valenciano: más de lo mismo, una mujer hábil, algo estupidilla como persona, pero muy trabajadora, nos va a hacer disfrutar de lo lindo (era broma, joé, tengo que explicarlo todo ¬¬). Sujeto E, la tuve en cuarto de ESO y este año, el temido curso de Segundo de Bachillerato, repito, como las natillas. ¡Listas para gustar!

Inglés: El real Sujeto JM, el jefe del departamento. Es el PRIMER profesor de inglés que tengo en mi vida (todo han sido maestras en mi currículum) y, para celebrarlo, me pasé la primera clase descojonándome. Es un cincuentón aburrido e ilusionado de su trabajo que cree que es el mejor pero, en realidad, no entiende ni jota de la materia, porque explica de manera extraña y, además, pronuncia que te mueres (yo me morí, ya no sabía cómo ponerme para que no me viera troncharme).

Historia: de nuevo, he tenido suerte con la lotería, una excelente profesora (bueno, en realidad la única) de la materia se encargará de ser odiada por nosotros a lo largo del curso. Eso sí, todo lo que dice se queda grabado en la mente de sus alumnos -nosotros- porque, lo dicho, es excelente. Siempre nos llama perlas. Agradable diminutivo ^^

Historia del Arte y Geografía: el coñazo de profe más coñazo de todos los coñazos. Es impersonal y frío como él solo. Entra a las clases, dice lo que tiene que decir y se va al final de la hora el primero, escapando incluso antes de que suene el timbre de cambio de horas. ¿? Tiene voz de tubería, ochenta mil motes diferentes, habla en clase por teléfono -sí, delante de los alumnos-, es aburrido como una ostra... Vamos, dos asignaturas al garete. Lástima, la verdad. Sujeto P a su servicio, para todo lo que necesite, excepto aprobados. ¬¬u

Filosofía: Sujeto S, un joven emprendedor y entregado. Se nota que le encanta su trabajo, nadie nunca le ha tenido manía, no sabe estarse quieto, quiere hacer veinte cosas a la vez... y por culpa de eso no hace ni una. Está bien para pasar un rato, pero al final acaba cansando. Su asignatura no es seria, lo cual me lleva a pensar que escogeré Historia en el Selectivo, aunque, bueno, eso ya lo tenía claro desde un principio.

Y... nada, creo que ya está. Esta será mi Familia este año, así que espero poder llevarme bien con todos, más que nada porque este curso dependo bastante de sus facultades explicativas. Si cambio de opinión con respecto a alguno de ellos a lo largo de los trimestres... ya os avisaré.

Besazzos. ^_^

Qué asco me da mi padre / SEPTIEMBRE


Qué asco me da mi padre. De verdad.

Hay veces en que se comporta como un crío de tres años, debe ser la edad. La famosa crisis de los cuarenta. Digo yo, porque no las cosas que hace no son del todo normales.

Para empezar, es un machista. Nunca cocina (bueno, excepto cuando quiere presumir de sus famosos calderos), ni barre, ni friega, ni lava los platos. Los sábados por la mañana se va al Mercadona a hacer la compra con mi madre y, cuando vuelven, se sienta en el sofá mientras mi madre, mi hermana-la-víbora y yo lo guardamos todo (unas más que otras, ejem ¬¬). Y, no contento con eso, luego nos manda montones y montones de trabajo doméstico desde las profundidades del sofá mientras él, acurrucado, lee el periódico o se pega la sobada del año. Claro, y si protestamos, somos unas vagas.

Es tan machista que mi madre me ha contado varias veces la siguiente anécdota, que me obliga a poner el grito en el cielo cada vez que la oigo.

Cuando éramos más pequeñas, una vez tuvimos que viajar a Alemania separados, porque mi padre trabajaba y no sé qué pasó que se tenía que esperar un poco antes de reunirse con nosotras allí. Bueno, la cuestión: mi madre, mi hermana-la-víbora y yo (apenas contábamos con unos años de existencia) nos fuimos a Alemania en avión. El día de nuestra marcha estábamos en casa, terminando de desayunar apresuradamente, y la V (de víbora) se dejó todo el vaso de leche enterito, porque le daban náuseas. Mi madre, con las prisas, lo dejó tal y como estaba en el fregadero, y a continuación cogimos las maletas y nos fuimos rumbo al aeropuerto. Dos semanas después llegó mi padre en un vuelo, y estuvimos en Alemania todos juntos cerca de otros quince días. Total, que después de pasar casi un mes fuera de casa, al regresar, mi madre se dio cuenta nada más abrir la puerta de que todo el piso apestaba a podrido de manera alarmante. ¿A que no adivináis qué era? ¡¡¡Sí!!! ¡El vaso de leche -lleno- que mi madre había dejado en la pica! Todo mohoso y descompuesto, apenas reconocible, pero allí presente. Y mi padre, que se había pasado dos semanas solo en casa (¡dos semanas!) no movió ni un pu** dedo pa fregarlo o, al menos, pa tirar la leche por las cañerías. "Yo no pienso fregar nada, eso es cosa de mujeres", fue lo que le dijo a mi incrédula madre tras la bronca de ésta.

Desde entonces queda patente que mi padre es un machista de mier**. ¡Pero lo fuerte es que no lo reconoce! ¡Es más, lo niega! Coño, macho, si eres machista, admítelo, pero no te hagas el perfecto pretendiendo hacenos creer que no lo eres. Igual como tampoco admitiría jamás que en la vida permitiría que alguna de nosotras (aclaro: nosotras = V + moi) se echara un novio de color. O árabe. Le daría un infarto. Mi padre se cree que es el Rey del Mambo. Es el típico que, cuando está mi madre fuera de casa a "horas importantes" (léase horas de comer) la llama a las tres y media de la tarde (que ha pasado) para preguntarle si tardará mucho en llegar, que tiene hambre. Y mi madre, a lo mejor desde el hospital, le dice que sí, que todavía tardará un rato, que si quiere puede ir descongelando unas judías que hay en la nevera y cuando llegue ella ya las cocinará. Y mi padre no responde "Vale, te ayudo hoy con la comida, cariño, no te preocupes", NO. Mi padre es el típico que resopla resignadamente desde el otro lado de la línia telefónica y suelta:

-No, da igual, ya me espero a que llegues, si, total, hoy no tengo mucha hambre.

Y las tripas rugiéndole tan alto que mi madre las oye desde el otro extremo.

En fin. Que ahora mismo mi padre me ha dado verdadero asco por su actitud tan ridículamente infantil. Estábamos cenando en el salón, mirando la tele. Bueno, mejor dicho, tratando de ver la tele porque no hacían absolutamente nada que valiese la pena. Ha de constar en acta que él se había pasado la tarde delante de la caja tonta, solo, porque mi madre nos había llevado a mi hermana-la-víbora y a mí de compras a Gandía. Y en ésas estábamos, deliberando qué mirar, cuando va el Rey del Mambo y suelta con voz de machoman, todo autosuficiente él:

-Mirad vosotras lo que queráis porque hoy la tele no vale nada.

Y dicho esto deja el mando a distancia encima de la mesa. En eso lo cojo yo, toda ilusionada, y cambio a nuestro canal habitual, el de V y mío: el Paramount Comedy. Y bien encantadas de la vida, oye, porque no íbamos a ver ninguna peli aburrida y, después de un agotador día de compras, lo mejor era echarnos unas risas con Camera Café. Pues aún no estaba ni puesto el programa cuando va el Rey del Mambo y exclama, todo alterado: "¿¿¿Qué??? ¿¿¿Eso??? ¿¿¿Otra vez??? ¡¡¡Me tenéis harto!!!"

Después de insistirle durante un huevo de rato, nos ha dejado ver los últimos dos capítulos, en los que, huelga decirlo, se ha decojona**, como CADA VEZ que lo ve. Y nada más ha acabado ha cambiado en seguida, a pesar de nuestros ruegos para que lo dejara, ya que íban a hacer otro programa (normalmente hacen dos seguidos). Se ha negado ROTUNDAMENTE y nos ha puesto una bazofia sobre la cata de los vinos del canal Viajar. A los quince minutos de reloj no llega te veías al tío RONCANDO y echando babas por la boca, igual que mi madre, que suele callarse en este tipo de discusiones familiares (el mando, que mueve montañas).

-Papá, no estás mirando, ¿podemos cambiar? -yo, mosqueada, despertándole de un sobresalto.

-¿Eh? ¿Qué has dicho? -sorbiéndose y recuperando el ritmo normal de pulsaciones.

-Que, como no estás mirando, que si nos dejas cambiar -yo, paciente.

-No, que siempre estamos viendo lo mismo. Estoy harto ya del café ese.

-Pero tú has estado aquí toda la tarde, mirando lo que querías y, además, ahora estabas casi dumiéndote (yo y mi gran sentido de la sutil ironía).

-Si no os parece bien, os vais a dormir, que ya es tarde.

Eran las diez y media. O_O

Yo he aguantado un rato más el pu** programa de la cata de vinos, mientras acababa de leer una revista que tenía entre manos, y, después, me he largado a arreglar mi habitación y a desahogarme con quien lea esto.

Vamos, ver para creer. Normal que esté tan salida como estoy, en el ambiente que me estoy criando...

Lo dicho: a veces, mi padre da asco.

Besazzos,

Luli.

Enferma / SEPTIEMBRE


Hola a todo el mundo!

Ya hace algo de tiempo que no pongo esto al día, así que voy a ello. Ahora que ha empezado el curso me he propuesto como meta personal pasarme más a menudo por aquí y actualizar regularmente, porque la verdad es que tengo esto un poco abandonado y con escasez de lectores.

Aunque, ahora que lo pienso... ha empezado el curso para todos... menos para mí. Sí, porque yo estoy con fiebre. Bueno, y con dolor de cabeza. Y con tos, y con congestión, y con náuseas, y con dolor de garganta... hm... me da la impresión de que me dejo algo. Según la doctora Fuentes, mi médico de cabecera, mi problema se llama faringitis. O sea, que mientras todos mis amigos y compañeros de clase empiezan a tomar los primeros apuntes, yo estoy en casa, muriéndome del asco. Tengo escalofríos por las noches, sudo, tiemblo... Dios, he llegado a la conclusión de que estar enferma es un coñazo.

Bueno, aclarémonos, estar enferma puede ser genial, sobre todo si te toca en mitad del año. Es más, hay veces en que, cuando ni estás de exámenes ni tienes acontecimientos sociales importantes, caer enferma es lo mejor que puede pasarte. Estoy bajando del instituto, aburrida de la vida, y pienso: "una buena gripe me vendría de perlas". Pues sí, para qué nos vamos a engañar. Te pasas una semanita en casa, tranquilita, mirando la tele y estornudando, mientras tus amigos te llaman por teléfono para preguntar por ti. Se está bien, la verdad.

Pero... es que ahora no son horas, por favor. Acaba de terminarse el verano, las fiestas de mi pueblo (muy divertidas, por cierto)... después de tanto tiempo sin hacer nada, es cuando una persona maniática como yo tiene ganas de retomar alguna actividad, en este caso la más habitual: el instituto. Bueno, está bien, ya tendré tiempo de arrepentirme de mis palabras, pero es que en estos momentos la faringitis me ha venido muy mal. A parte de estar fatal (que es lo normal) ¡es que no tengo nada que hacer! Mi existencia consiste en ir de la cama al sofá y del sofá a la cocina, arrastrando los pies y sorbiéndome los mocos, mientras la cabeza me da vueltas y me retumba. Un medicamento detrás de otro y visitas al ambulatorio cada dos por tres. Bueno, al menos sí que llaman para ver como estoy pero, dentro de la desgracia, la alegría es ínfima.

Ah, señor... esto no es vida.
Quiero ponerme buena pronto.

Besazzos,

Luli

Aburrimiento / SEPTIEMBRE


Estoy aburrida.

Tengo el SAT (Síndrome de Abstinencia de Trabajo). Bueno, no sé si eso existe, pero yo lo tengo igual. Desde que acabé de trabajar en la tienda me pasan las horas súper lentas. Ahora, al fin, puedo hacer lo que quiera. Tengo todo el tiempo para mí, para pensar, para mimarme, para escribir, para leer, para ver la tele, para tomar el sol, para salir con mis amigas...

Entonces... ¿por qué estoy aburrida? Llevo unos días sin trabajar y me estoy muriendo de asco. Por Dios, eso no puede ser. ¡Me voy a volver loca!

Acabé en la tienda el día 2 de septiembre. Mi jefe nos invitó a mi compañera y a mí a una paella en un restaurante a orillas del mar. La velada fue estupenda. Después estuve trabajando de canguro cuidando a unos niños durante cuatro días, levantándome como consecuencia a las siete de la mañana. Fue estresante, pero acabé el jueves.

El viernes me lo pasé con mis amigas, paseando y eso. Fue genial.

Ayer fui a hacer unas horas en la tienda del pueblo, que me llamaron. Me pasé el día allí, currando. Y esta mañana he hecho una hora de deporte. Después he estado en la playa, tostándome y descansando. Por la tarde he sacado a mi perra durante una hora, pero desde entonces... no he hecho nada. Y a mí tanta inactividad me mata. Por eso estoy aburrida.

Una tarde encerrada en casa sin tener donde caerme muerta me ha hecho reflexionar. ¡Vamos, por favor, que incluso tengo ganas de que empiece ya el instituto! Mi único consuelo en estos momentos es el vecino, jaja, con el que coincido todas las mañanas en la playa. *¬*

Pero es que por lo demás...

Me da hasta vergüenza presentar esta entrada tan impersonal, sin mis típicos comentarios y sin mi habitual humor...

Pero bueno, supongo que me lo perdonaréis porque un aburrimento integral lo tiene cualquiera.

Besazzos,

Luli

La Farmacia / AGOSTO - INACABADA


La primera vez que entré, aún la encontraba normal. La segunda, más o menos, pero a partir de la tercera, decididamente NO. En esa Farmacia están todos locos. Llevo trabajando cerca de dos meses en la tienda y estoy llegando a la conclusión de que es una especie de psiquiátrico, un centro de rehabilitación mental a puerta cerrada en el que los pacientes superan sus discapacidades a base de terapia: relacionarse con el público. ¿Cómo? Haciendo de dependientes. ¿Dónde? En una Farmacia, donde tienen todos los medicamentos a mano para tratar a los internos y, de paso, hacer de tapadera. Bueno, es una teoría un tanto insólita pero es que, en serio, no son normales.
Para comprender esta entrada un poco mejor, voy a dividirlo en varias secciones, de ese modo no me haré un lío enredándolo todo y, con ello, enredándoos a vosotros.

1) La televisión.


Hacen autopropaganda. El señor farmacéutico, que es un señor que debe tener unos doscientos años así, a ojo, coge todos los veranos una cámara de vídeo (de ésas de grabar comuniones y cumpleaños familiares) y con ella hace un anuncio-documental. Es instructivo, informativo, afirmativo (lo digo para cuadrar la frase) y… tremendamente freak. Comienza con unas grandes letras rojas que rezan: VERANO 2007. A continuación, un bonito enfoque de la carretera principal. Cinco minutos grabando, desde una esquina del arcén, a los coches que pasan de largo, la misma rotonda –que está quieta, claro-, la misma escultura ridícula que hay en el centro y el mismo edificio que se ve de fondo. La única emoción es un flipao de ésos que lleva el coche tuneado enseñando el dedo corazón por la ventana, en un atasco, con un gesto cariñoso (sutil ironía).

Después de una eternidad de matrículas, pasamos a la siguiente escena: la playa. Aparecen de repente un montón de personas mirando mosqueadas a la cámara, mientras ésta se tambalea, dando a entender que Don F (de farmacéutico) no se está quieto. Dos horas enfocando las olas del mar, otra hora más enfocando el cielo, otra hora más enfocando los edificios de primera línea… vamos, que aunque en realidad son dos minutos, se te hace eterno. Después se centra, como ya he mencionado antes, en las personas. Empieza a salir gente en bikini colocándose de tal manera que la cámara no les enfoque la cara. A pesar de ello siempre hay alguien que no reacciona a tiempo y no puede esconderse. ¿Cuál es su única opción? Salir con cara de malas pulgas. Y, la verdad, lo comprendo. Quiero decir, imaginaos la situación y poneos en la piel de las personas de la playa: estáis tan tranquilamente bañándoos, tomando el sol o simplemente no haciendo nada y, de repente, aparece un carroza con una cámara y se pone a acercar el zoom del objetivo a vuestra cara. Yo, la verdad, no sonreiría porque si al señor no lo conozco de nada, ¿para qué narices tiene que grabarme? ¡Que grabe a su tía! Y encima ligera de ropa. Bah, paso, me dan escalofríos sólo de pensarlo.

Bueno, estas dos etapas del vídeo (la carretera en pleno tapón y la playa con la gente medio cabreada) son una pequeña (resalto “pequeña”) introducción del anuncio. Es como una visión general del entorno que rodea la Farmacia. Si yo viera ese vídeo en la televisión, no iría.

Luego ya se centra en lo que es el establecimiento. Se ve la cámara temblorosa entrando por la puerta “mecánica” (yo la llamo la puerta asesina, porque si no te andas con ojo puedes correr grandes riesgos. En serio, tienes que ponerte en un ángulo exacto debajo del sensor para que la puerta te detecte y se abra a trompicones, y luego pasar rápidamente para que no te atropelle, porque aunque tarda siglos en abrirse, se cierra antes de que estés dentro). La primera imagen que tienes de la Farmacia por dentro es la de una señora que está tranquilamente haciendo su pedido a una chica sonriente en el mostrador (qué gran actriz ¬¬). La señora oye un ruido extraño tras sí, se gira y se topa de bruces con la cámara. ¡Sorpresa! –diría Don F- ¡Estás en el anuncio de mi local! La señora se pone de los nervios –lo comprendo- y, de repente, se le caen todas las monedas al suelo. Entonces Don F enfoca a la acalorada señora por detrás mientras ésta recoge su dinero rápidamente. Gran escena.
Después de eso la cámara se mete para dentro, y ahí es cuando comienza el verdadero anuncio. Empieza a mostrar las instalaciones (biblioteca, sala de pruebas, laboratorio, nosequédenosecuántos…) y, en cada habitación, enfoca todas las estanterías, todos los cajones, todas las probetas y todos los aparatitos que tienen allí. Es que es una Farmacia en la que se hacen ellos mismos sus productos, y luego los venden como si fuera eso Frenadol o Ibuprofeno. En cada sala empiezan a sacar rótulos, del tipo siguiente:
- Fabricación propia de productos
- Grandes especialistas titulados (ejem… ¬¬ )
- Cosméticos de alta calidad (¿?)
- Colocación de pendientes (me asusté)
- Salas blancas
- Salas limpias (igual que nosotros, que llevamos todo el verano con cucarachas)
- Salas estériles
- Tecnología punta a la hora de tratar nuestros productos (las máquinas que salen parecen lavadoras gigantes)
- Temperaturas adecuadas para cada situación (el tipo de situación no lo especifica)
- Análisis clínicos (tampoco especifica)
- Lotería de Navidad (¿¿¿???)
- ...
Pa que veas. Yo lo he resumido brevemente, pero el anuncio dura media hora, así, a lo tonto. Y por lo menos veinte minutos son de rótulos de ese tipo. Luego sigue con la presentación del Equipo F (de Farmacia), es decir, los Grandes Especialistas Titulados. Don F se pone a enfocar uno a uno a todos los que trabajan allí con él (que no son pocos) y poniendo el nombre correspondiente debajo de ellos.
- Sujeto L
- Sujeto T
- Sujeto A
- Sujeto R I
- Sujeto R II (no pone apellidos, pone 1 y 2. También podría haber puesto A y B, digo yo)
- Sujeto G
- Sujeto M (víbora, víbora…)
- Sujeto J
- Sujeto S
- Sujeto A de nuevo
- Sujeto no se qué…
Espectacular. Son al menos quince o dieciséis allí metidos. Y la cámara los enfoca a todos mientras atienden a la gente, mezclando potingues, delante de los ordenadores, concentrados en una fórmula… Y, claro, como son Grandes Profesionales, los que estén leyendo esto creerán que salen serios delante de la cámara, como si no hubiera nadie grabándoles los tabiques nasales (Don F será un Gran Especialista Titulado, pero necesita hacer un cursillo de zoom para las cámaras digitales)… ¡Pues no! Salen todos riéndose ante la imagen temblorosa, nerviosillos, tropezando, sacando la lengua (¡!), poniendo la mano delante del objetivo… Vamos, de seriedad nada. ¡Pero nada de nada, monada!

Y así transcurre el vídeo que, por cierto, va acompañada de música tecno de años anteriores. Éste lo ponen en una televisión de pantalla plana que tienen colgada en una esquina de la Farmacia y la gente cuando va y hace cola (es que siempre hay cola, quilométrica por cierto) se entretiene mirándola. Muchos ponen cara de desagrado también, o de circunstancias. Vamos, que el vídeo triunfa.

2) Los farmacéuticos.

Como ya he mencionado anteriormente, debido a la publicidad, hay, como mínimo quince personas en esa Farmacia. Pasaré a describirlos de uno en uno, aunque sólo a los más relevantes.

Está, como ya he dicho antes, Don F, el jefe. Éste es un ancianito simpático que suponemos que está casado con Sujeto L, la elegante. No sabemos cómo se llama Don F de nombre, así que lo llamamos Don F. Es, aparentemente, de los más normales. Hay, no obstante, cierto pique entre él y mi jefa. Bueno, mejor dicho, a mi jefa le gusta picarse con los de la Farmacia. Una vez fue a comprarse una crema para piernas cansadas fabricada por ellos (la crema tenía una textura gelatinosa y un color turbio impuro que, pa mí, que estaba caducada porque, además apestaba) y, cuando entró, coincidió con Don F. Se estaban saludando y todo eso cuando, de pronto, Don F puso el dedo en la llaga.
-¿Qué, mucho calor, eh?
Es que en la tienda en la que trabajo no hay aire acondicionado. Tampoco hay un ordenador que registre las ventas –sólo una caja como la que tiene la panadera de mi esquina- ni tampoco aparatitos de ésos que aceptan tarjeta de crédito. Es un poco tercermundista, pero no podemos quejarnos porque, para una vez que renegamos del calor, el jefe nos contestó: “recogiendo fresones se pasa más calor aún”. De todas formas, toda la gente sabe ya que no tenemos aire, así que mi jefa, cuando fue a la Farmacia ese día, consideró como un ataque el comentario más que normal de Don F.
-Pues fíjese usted –le respondió-, que aquí hace frío y todo.
En la Farmacia tienen un aire acondicionado que te cagas en las bragas, y se está de pm allí, por lo que, aunque mi jefa se estaba muriendo de envidia, le contestó de ese modo. Y, no quedándose contenta, añadió:
-Es que estamos ya tan acostumbrados a la temperatura ambiente (40º) que aquí refresca demasiado. Que pase un buen día.
Don F debió quedarse así O_O, pero como es un caballero no dijo nada. Aunque imagino que se quedaría mirándola con ironía y, por qué no decirlo, algo de recochineo.

Pasando de personaje, nos centraremos ahora en Sujeto L, la elegante. Ésta es una señora que también debe tener ya sus buenos lustros cumplidos y que, como ya he dicho, suponemos que está casada con Don F, porque siempre van juntos. Es una mujer (siento decirlo) fea. Más fea que pegarle a un padre. Además, siempre pone cara de asco. Se parece en cierto modo a un troglodita de éstos de la edad del Neandertal, sólo que con gafas y con el pecho caído. Pero bueno, todo esto son nimiedades en comparación con su inigualable elegancia natural. ¡Ah, es que es de fina ella! Se presenta a trabajar con la bata abierta, dejando entrever un jersey rosa combinado con unos bombachos verdes (¡!¿?) y, lo más importante, calcetines blancos por encima de la rodilla enfundados en zuecos de enfermera. Isabel Preysler se queda corta a su lado. Tsé.

Sujeto R II. Chica bajita, infantil, tímida e introvertida. Toda una Gran Especialista Titulada. La tercera vez que entré a la Farmacia (la vez fatídica) había una señora delante de mí que estaba preguntándole a Sujeto R II por un producto. Un bote de crema autobronceadora, en cuestión. La señora insistía en que se trataba de un bote con vaporizador, porque la crema era en forma de spray. Y Sujeto R II le repetía taxativamente que no, que imposible, que en spray no se había ni inventado. La señora salió de la Farmacia con un mosqueo impresionante, dejando paso a otro hombre que también estaba delante de mí (cola quilométrica, recuerda). Pero algo hizo cambiar de idea a la señora, porque volvió a entrar a la Farmacia (a cámara lenta y todo), jugándose la vida por segunda vez con la puerta asesina y con la cara desencajada por la rabia. Se dirigió al mostrador saltándose la cola (hazaña inigualable) y se encaró con otro Gran Especialista Titulado, el Chico Kawasaki (mi preferido).
-Mira, es que acabo de entrar y una compañera tuya me ha dicho que no tenéis el (nombredelproductoeencuestión) en spray, pero yo estoy segura de que sí que existe.
El Chico Kawasaki (o Sujeto A), que mide al menos dos metros, se dio la vuelta y, sin moverse del sitio, cogió un bote de una estantería que había detrás de él y se lo puso a la señora delante de sus narices. Ésta sonrió triunfadora y dijo:
-Si ya sabía yo…
Pagó y se fue. Claro, como comprenderéis, desde entonces no he vuelto a ver a Sujeto R II con los mismos ojos. Para mí ha pasado de ser una Gran Especialista Titulada a ser una incompetente. Una vez vino a la tienda y se compró una camisa. Parece buena gente.

Pasemos ahora a Sujeto M, la víbora. Es antipática con avaricia. Se cree la dueña de la Farmacia y eso que no es familia de los jefes. Debe tener veintisiete o veintiocho años, pero aparenta treinta y cinco. Y es de estúpida… bua, para parar un tren. A mí sólo me ha atendido dos veces, y doy gracias por ello. La primera fue para comprarle unas pastillas a mi compañera. Unas pastillas que van estupendamente para la resaca y el dolor de regla (?). Mi pobre compañera estaba casi viendo visiones de la resaca que traía, y como no podía ni moverse me envió a mí a sus recados (un beso desde aquí a esa peazo artista, muá). No estaba segura del nombre de las pastillas, así que lo escribió en un papel, el cual le mostré luego a Sujeto M, que se las da. Ésta lo leyó y empezó a reírse.
-Vale, no se llama de esa manera, pero sé a lo que te refieres (tonta) –no lo dijo, pero lo pensó, seguro.
Y la segunda vez… pf, ésa fue la peor. Fui, en una urgencia (jeje, en una urgencia… a la Farmacia…) porque en la tienda nos habíamos quedado sin monedas. Necesitábamos cambio urgentemente, y mi compi, después de intentarlo en los bazares que también colindan con la tienda, me dijo que lo intentara en la Farmacia. Me dirigí con un billete de veinte euros (para que me diera cinco de dos y diez de uno –o incluso de cincuenta céntimos algo-) y se lo pedí con mis mejores modales y con mi cara más trágica (urgencia, recuerda).
-No puedo –respuesta seca.
-Por favor, por favor, por favor.
-Ay, está bien, te daré cinco euros, pero no os vayáis acostumbrando que todos los años venís a pedirnos algo. ¡Nosotros nunca hemos ido a pedirle cambio a nadie!

Se lo comenté a mi jefa en alguna ocasión. Para variar, saltó (es que los vecinos la ponen muy nerviosa).
-¡Anda con la lista! Pues si ya no nos ayudamos ni entre compañeros, a dónde iremos a parar. ¡Esa lo que pasa es que cree que la Farmacia es suya! ¡Es una (palabras censuradas)! ¡Ya le diré yo a Don F lo maleducados que son sus empelados, ya!
Y siguió. Se pica con facilidad, pero, en cierto modo, la comprendo.

Luego sólo me queda Sujeto A, que es un poco pija. De ella no tengo nada que censurar, sólo que es algo tiesa y que únicamente habla castellano a pesar de ser del pueblo. Mi comps la conoce y fue a la boda de su hermano. Dice que es maja.

3) Los moteros

Son dos. Y tienen tela pa parar un camión. Todo empezó las primeras semanas cuando, todos los días, aparcaban delante de nuestra tienda dos enormes motos de carretera. Una Kymko negra (bonita, por cierto) y una Kawasaki roja más grande aún. Mi comps y yo las mirábamos siempre, preguntándonos de quiénes serían, hasta que ella un día se dio cuenta y me lo dijo.
-¡Son de los de la Farmacia!
-Ahm.Y no le di más importancia. Como son tropecientos y la madre en la Farmacia, no sabía quienes eran “los de la Farmacia”. No me fijaba. Pero todo eso cambió un inocente día en el que tuve que ir a ese establecimiento por cuarta o quinta vez –después de la fatídica. La razón es que a principios de verano me acometieron unos terribles ataques de tos asmática que tuve que tratar a base de jarabes, inhaladores, caramelos, etc, por orden de mi doctora. Eso me llevó, cómo no, a ese lugar. Y la vez que siguió a la fatídica (llamada a partir de ahora LA vez) resultó ser que me tocó el turno a mí en seguida porque, para variar, no había nadie. Lo normal es que, a pesar de que haya dos personas, tengas que estar horas y horas esperando, porque esas dos personas serán, seguramente, gente mayor, que como tales se comportan.
-Mira, reina, que me ha dado el médico esta receta y me ha dicho que venga a la Farmacia, ¿sabusté? Que estoy mala de la cadera y tengo que ponerme estos antinflamatorios.
-Ya, pero es que estas pastillas son para la espalda –respuesta del Gran Especialista Titulado de turno-. Actúan en especial en la zona de los omóplatos, no puede ser. ¿No serán estas otras, que el nombre es casi igual y sólo cambia una letra? Estas sí que son para la cadera.
-No, no, son esas, que son las de la cadera, que me lo ha dicho a mí Fernández, que lleva veinte años atendiéndome –la señora no baja del burro.
“Pobrecito”, pensará el Gran Especialista Titulado, “Tendrá unas ganas de jubilarse…”
-Además, eso es que no entiendes su letra –añade la señora, frunciendo el ceño ya.
“Error”, pensará de nuevo el Gran Especialista Titulado (GET), “Los farmacéuticos tenemos la misma caligrafía que los médicos”. Que digo yo, ¿no podría el Gobierno repartir gratuitamente cuadernillos Rubio para todos los Licenciados en la especialidad de Medicina? Por el bien público, más que nada.
Vamos, que el GET se arma de coraje, sonríe, le da la razón a la señora y le mete las pastillas que le da la gana. La señora se conforma, paga y se va. Bueno, y eso si el GET en cuestión es listo. Que me ha pasado que algún que otro GET sigue discutiendo, y se me ha hecho de noche allí en la cola.

Pero bueno, volviendo al caso, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda.

Yo, en mi inopia, me adelanté al mostrador como cualquier otra persona normal y me coloqué delante del dependiente, que resultó ser un chico joven (unos veintiséis le echo yo), con entradas y gafitas. En la primera ojeada que le eché no descubrí aún el brillo de locura de sus ojitos, pero en la segunda ojeada me quedé de piedra. La situación fue la siguiente:
Entro tranquilamente y digo “buenas”.
-¡Hola! –respuesta entusiasmada.
-Verás, necesitaría unos caramelos que calman la tos. El otro día me pusieron unos que van muy bien –y le digo los que eran.
-Claro, sí, es verdad, son muy efectivos –de repente, sin razón aparente, su mirada baja gradualmente de mi cara a, hablando claro, mi escote. Con tal descaro que me quedo un poco perpleja.
o_O
Silencio.
-Los caramelos –le recuerdo, inquieta.
-Ah sí, lo olvidaba –tic-tac, tic-tac, tic-tac, me quedo he-la-da.
¿Que lo olvidaba? O_O
Me los pone, me cobra (mejor dicho, les cobra) y, cuando estoy a punto de salir disparada, me retiene (ejem, las retiene).
-¿Qué, mucho trabajo?
¿Por qué no me mira a la cara? ¡Es asqueroso, Dios!
-Eh… sí, no, bueno…
-Nosotros aquí poco –les dice-. Este año no hay gente casi.
-Ya… -intento girarme y me cubro con el pelo todo lo que puedo. Y eso que mi escote no es de esos exagerados que llegan hasta el ombligo. Es normal.
-Y el tiempo… ¡uf! Muy revuelto.
Pero ¿te quieres callar ya, guarro? Revuelto mi estómago, que no sé ya ni a dónde mirar (lo cual no es el caso de él ¬¬). Joé, un poco más y se caerá dentro, leñe.
-Ah… bueno yo me voy, ¿eh?
-Muy bien… hasta luego.
Salí tan aprisa que me salía humo por los pies.
Desde entonces, es comprensible que este muchacho me de miedo.

Algo de actualización / AGOSTO


Diosss, cuánto tiempo sin pasarme.

Desde que finalicé el curso (todo excelentes excepto Valenciano, por cierto ¬¬) y empezó el verano, no he parado de trabajar. He estado en una tienda de ropa que hay al lado de una Farmacia en el centro de la Avenida principal de la playa. No he tenido mucho tiempo para estar en el ordenador y, además, el Internet iba fallando cada poco, por lo que siento mucho no haber podido posteado antes.

Ahora que estoy aquí no puedo contar mucho más que la rutina, pero tengo un tema interesante en preparación, espero poder acabarlo pronto. Para avanzar un poco, trata sobre mis vecinos del curro, los farmacéuticos, espero poder acabarlo pronto y colgarlo.

Por lo demás, agradecer los escasos comentarios que me habéis dejado y, repito, espero volver a postear pronto.

Muchos besazzos,

Luli

Acabando casi / JUNIO


Hello!!!

Estoy de paso, para comentar que ya estoy acabando el curso, sólo me queda un examen, dos trabajos, algunas clases, y... nada más ^^

Mi principal preocupación ahora es buscar trabajo para el verano, ya he empezado a colgar carteles por el pueblo de "Chica responsable con experiencia busca trabajo de canguro" y mi currículum está listo, pero todavía no ha habido suerte.

Y... poco más, hoy he estado en casa de una amiga haciéndome fotos y videos tontos (buenísimos por cierto) y luego tengo que estudiar un rato.
¡Me encanta mi vida! ¬¬

Jajaja, nada más.

Besazzos.

martes, 16 de octubre de 2007

El cambiazo / MAYO


Hola a todo el mundo.

¿Alguna vez os habéis presentado a un examen sin saber absolutamente nada? ¿Sin haber estudiado, con toda la certeza del mundo de que no vais a saber hacer nada? ¿No? ... ¬¬

Bueno, pues yo sí. Sí, ahora mismo. Porque resulta que acabo de volver de un examen, y me está carcomiendo el nerviosismo por dentro, como un remordimiento de culpa horroroso y grande que no se va. Bueno, si me paro a pensarlo, no es remordimiento. No, en realidad es miedo. Voy a explicarlo desde el principio.

Resulta que la semana pasada, el Señor Profesor de Valenciano, que es un vago con el que no he aprendido nada este año, nos dijo que "íbamos a hacer el examen de Literatura". Y que nos estudiáramos desde la pagina 100 hasta la 260 "todo". Expresión del público en general = ?

Ya, claro. Le dijimos: "pero vas a explicar lo más importante, no?", y él se quedó mirándonos como pensando "pobrecitos". A continuación nos suelta una de sus súper-sonrisas y dice, con gran ironía:

-Claro, y luego os cambio los pañales, ¿a que sí, chiquinines?

¬¬ Es que es un cachondo él. No lo conocéis bien. Vamos, tiene mucha, mucha, pero que mucha gracia. Sip, es verdad, tiene mogollón. Un huevo. Inmensas cantidades de gracia graciosísima. Lo que pasa es que la tiene toda en el culo. Allí, bien metida, concentrada en el ojete.

-¿No vas a explicar nada? -nosotros, así: o_O

-No. Vosotros os lo estudiáis y, quien tenga dudas, que me las plantee y así se las aclaro.
Respuesta: O_O

-Pero no podemos estudiarnos 160 páginas para el jueves, tenemos muchos exámenes más (muchos es muuuchos).

-De todo eso, os saldrán dos preguntas, escogeréis una y la contestaréis.

Todos: O_O

-¿Pero no sería mejor explicar lo más importante? Si luego lo demás no nos va a salir... es cargar con trabajo de más.

-Bien, empezad el esquema.

-¿Eso es un no?

-¡Así luego tenéis menos trabajo!

Lo dicho, un cachondo nato.

Naturalmente, nadie iba a estudiarse 160 páginas. A parte de que es una barbaridad, nadie tenía suficiente tiempo. Solución: el cambiazo. El cambiazo es una técnica estudiantil alternativa a las clásicas chuletas. Consiste en colocarse las preguntas en una hoja en blanco y, en mitad del examen, sacarlas para sustituir el examen de verdad. Si sabes hacerlo, es un chollo. Eso sí, tiene bastantes inconvenientes: por ejemplo, sólo puedes hacerlo cuando sabes a ciencia cierta que vas a hecer el examen sobre una hoja de papel completamente en blanco, carente de cuños, cortes y/o/u otras señales de reconocimiento oficial. Además, tiene que hacerse rápido y con precisión, porque hay que tener en cuanta de que hay todo el rato un profe maldito vigilando. ¿Ventajas? Pues que es la bomba, ya que si consigues sacar el folio tienes todas las preguntas respondidas sobre la mesa y puedes optar por dos cosas: o copiar rápidamente para que no de el canto o entregarlo directamente. Lo segundo ya es tener mucho morro, pero hay gente que lo hace muy a menudo. Yo, por mi parte, sólo gasto el cambiazo (también llamado "changing") en casos de extrema necesidad, pero a pesar de eso ya lo he practicado más de tres o cuatro veces (gajes del oficio... ^^u).

Hoy, sin embargo, era diferente. Era diferente porque el cambiazo no iban a hacerlo dos o tres personas, no, íbamos a hacerlo todos los de la clase. Y cuando digo todos, quiero decir exactamente todos, sin excepción. Incluso la empollona. ¡Ayyy, qué mal rollo...!

Ha sido espectacular. Todos (bonita palabra) teníamos las hojas debajo de los casilleros y estábamos de los nervios. Ha entrado el Señor Profesor y nos ha encontrado a todos en posición de "estamos listos, listo, reparte". Yo estaba atacada, y por todas partes prorrumpían risitas nerviosas sin cesar. Vamos, mazo disimulado. Y, nada, hemos empezado. Al cabo de unos cinco minutos, coge el Señor Don Maestro y nos suelta, así, como quien no quiere la cosa:

-Me llama la atención que todos tengáis los resúmenes (ha puesto énfasis en esta palabra) debajo de la mesa.

-¿Los guardamos? -alguien.

-No, da igual. Sólo... es curioso.

Silencio sepulcral. Mis manos empiezan a sudar exageradamente. Exageradísimamente. Fijo la vista en el boli, contemplándolo para no estallar en carcajadas histéricas, admirándolo; es precioso, de verdad, las letras de STAEDLER de color blanco están impresas en el tubito transparente con inmensa elegancia. Uff... uf... por los pelos...

Se sienta a jugar al ahorcado (estoy segura de que es lo que hace cada vez que tenemos examen, porque siempre está de lo más entretenido ahí, calladito, escribiendo...) y yo empiezo. Mi letra es horrible, porque me tiemblan las manos y no puedo escribir con claridad. Menos mal que ha dicho "escribid con buena letra". Juder, que no me sale la "a". ¿Esto es una "s" o una "r"? Piensa, piensa, piensa... Ausiàs March... cinco Cantos. Dos mujeres. Estilo... ¿estilo? ¡Socorro! ¡Estilo! ¿Moderno? ¿Actual? No lo sé... ¡¡¡Ayyy!!!

A mi alrededor hay mucha gente que pone la misma cara que yo. Delante de mí, Sujeto B lo hace. ¡Zas! Visto y no visto. ¿Tu lo has visto? ¿No? ¡Yo tampoco! ¡Pero ya está! Algunos se levantan a preguntar algo o a coger hojas (curiosamente, todos necesitamos muchas hojas). Ahora que lo tapan, ahora, ahora ahora, ya, ya, ya, ya... ¡Mierda! A la vista de nuevo. Ala, a esperar a la próxima oportunidad. Mientras, sigue pensando. El March este... ¿no actualiza la imagen de la mujer? No sé... Bueno, lo pongo, a lo mejor acierto y todo. Paro un segundo y leo lo escrito. No puedo. Parece que lo haya escrito una persona con Parkinson. Ayy... voy a morir...

¡Eh! Ahora no está mirando. ¿A qué estoy esperando? ¡A nada! Va, a la de tres: una... dos... ¡tres! ¡OH NO! ¡Se me ha caído la hoja al suelo! (Y el mundo también, pensaba que me moría). No lo ha visto. Gracias, Dios. Pero, cuando mira hacia aquí, la verá. Tengo que recogerla. Sudo, sudo, sudo. Respira hondo y recógela. Vaaale... ¡hecho! Ahora tengo dos hojas, dos Ausiàs March encima de la mesa. Vale, es lo que quería. Pero ¿ahora qué? En la hoja verdadera tengo el dictado, ya hecho, que en la hoja del cambiazo no está. ¿La guardo? ¿Copio? Bueno, guardo la hoja del examen (la verdadera) y le digo a mi amiga que me dicte el dictado. Vale, pues en marcha (como veréis, no pensaba con claridad, se me nubló la mente).

Pero... ¡¡¡HORROR!!! A mi lado, Sujeto P ha visto mi incidente con la hoja que se caía y, después de descojonarse, opina que ¡es una idea genial! Debo remarcar que Sujeto P es la empollona y que no ha hecho nunca esto del cambiazo, aunque estaba encantada con la idea. Vamos, que ha sido de película. A la chica no se le ocurre otra cosa que coger el enorme fajos de hojas que tenía bajo el casillero y lanzarlo por los aires. "¡Ay, que se me vuela!" Y todo por el suelo. Y la completa atención del Don Señor Profe sobre ella, que está recogiéndolo todo. Y yo, al lado. Socooooorroooo.

Bueno, que yo, mientras tanto, guardo la hoja del dictado bajo el casillero. Vale, ahora tengo la buena sobre la mesa. Pero... ¡falta el dictado! ¿Cómo coño lo consigo? Le digo a mi amiga Sujeto S ¡¡¡que me lo dicte!!! En pleno examen... es que no coagulaba bien yo... Me dice que no, que no y que no. ¿Y ahora qué? Antes de mi respuesta, Sujeto B, delante de mí, hace otro cambiazo. ¡Ay la lecheee! Bueno, pues leo lo que pone en la hoja, lo guardo en la memoria y hago otro cambiazo para completar la otra hoja. ¡Ja! ¡Cabró*! El cambiazo lo hago, pero estoy tan nerviosa que finalmente no me acuerdo de nada. Sujeto B actúa de nuevo. ¡Me está tocando los kiwis ya, ¿eh?!

Don Señor Maestro oye constantemente revoloteos de papeles en clase, así que decide situarse en mitad de la clase para controlar mejor. Pa mí que ya ha pillao a unos cuantos... Mira, yo me rindo. Me aguanto con lo que he puesto yo de memoria, confío en que sepa leer mi letra (que delata mi nerviosismo) y le entrego el puñetero examen de una vez. Sujeto B ha acabado hace siglos y Sujeto P (la empo) ha conseguido dos cambiazos perfectos en un tiempo récord. ¿Y yo? ¡¡¡Nada!!!

Un consejo... cuando hagáis el changing, nunca lo hagáis comunitario... Siempre individual, por favor. Que es malo para el corazón. Ale, si por una de aquellas apruebo (¡jajajajajaja!) ya os aviso.

Besazzos,

Luli

De paso / MAYO


Hola a todo el mundo.

Hoy sólo estoy de paso, para comentaros a todos que me encuentro sumida en el Interminable Mar de los Exámenes, así que tardaré un poco en escribir algo mínimamente decente. Lo digo más que nada porque hasta que no acabe (de aquí dos semanas o así) en mi vida no sucederán cosas demasiado interesantes, excepto los puñeteros estudios, así que, de donde no hay... no se puede sacar, je je.

Y... dicho esto, me despido ya, que todavía tengo que ducharme y acabar de estudiar para un examen de Literatura de mañana. ¡Espero que a vosotros os vaya mejor la cosa!

Besazzos,

Luli

Salida de Arrogancia / MAYO


Hola, muy buenas.
Acabo de romper una puerta. Mejor dicho, mi puerta. ¿El por qué? Una tremenda pelea con mi hermana. Somos absolutamente incompatibles. Me paso la vida discutiendo con ella y, en serio, se me hace de lo más insoportable. Además, cuando llegue mi padre voy a cargármela, seguro que me castiga y/o me grita. Pegarme no, porque ya no estoy en la edad.

Sin embargo, todo esto son consecuencias de mi mal día, porque me he levantado con el pie izquierdo. Bueno, no sé si el izquierdo, pero desde luego ha sido malo, malo, malo. He empezado ya de buena mañana a enfadarme, otra vez con mi hermana porque me ha hecho la pasadita esa suya que tanto me fastidia: entrar en el baño justo cuando yo me levanto. Sí, tiene bemoles la cosa porque reulta que se despierta todos los días a las siete menos diez, y se queda acostada en la cama hasta que yo, que soy una maniática de la puntualidad, me levanto a las siete y veinte EN PUNTO. Entonces, para evitar que yo entre primero al baño, se pega la gran carrera y se cuela justo antes de mí, cerrándome la puerta en las narices. Le digo: "date prisa", y desde dentro me contesta "no", encerrándose con pestillo. Vale, no pasa nada, me jorobo pero hago la cama y la mochila para ir avanzando. A las ocho menos veinte sale, yo atacada, y me mira con satisfacción. Ahí es cuando yo he estallado, porque no tengo paciencia y a mi carácter, ya de por sí agrio, que lo provoquen así de buena mañana pues como que no le sienta muy bien a nadie. He llegado hoy tarde al instituto por culpa de mi hermana, y me he ido gruñendo y resentida. Y eso que me había despertado feliz.

Después, otra bronca, a mediodía, justamente porque mi hermana, la V (de víbora) ha sacado el tema del bañito. Mi padre riñéndome hasta desgañitarse, y mi madre dándole todo el tiempo la razón. Resultado, otra sonrisita burlona por parte de "ésa". Y yo, con una rabia... un malestar...

Soy de naturaleza orgullosa, y sé que, aunque para muchos es una virtud, para mí es un defecto, porque mi orgullo a veces me impide pensar con claridad, cuando me enfado me exalto en seguida y mi ira aflora con rapidez. Después me cuesta calmarme, y sólo pido perdón cuando me obligan. Y mi rencor... yo soy de las de "perdono pero no olvido", vamos, toda una cualidad positiva. Y mira que intento tranquilizarme... nada, no hay manera, a veces mi genio se apodera de mí y soy intratable. Ahora, eso sí, cuando lo domino yo soy buena persona, no os creáis que sólo soy un hatajo de sentimientos pésimos.

Vamos, es más, ahora me siento culpable. Sí, culpable por mi amiga Sujeto P, porque hoy, hablando claro, me he pasado de lista. Ha venido a mi casa a ver una película, y la idea era mirarla en inglés para practicar, ya que vamos a hacer ambas un examen oficial este año, y como yo he visto esa película muchas veces y ella ninguna, pues iba de sabihonda. A cada poco la paraba para explicarle de qué iba, y cuando ya llevaba cuatro o cinco interrupciones me he dado cuenta hasta yo de que estaba resultando pesada y algo creidilla, pero... ¿nunca os ha pasado que, aunque sabéis que os estáis pasando de la raya, no quereis (o no podéis) parar? Pues era algo así lo que me ha sucedido esta tarde. Seguro que se habrá llevado una impresión...

Lo genial de este asunto es que mi madre y mi hermana han venido cuando faltaban pocos minutos para el final, y se han puesto también a mirar la película. Cuando yo he hecho ademán de ir a poner el "pause" otra vez, mi madre me ha dicho que lo dejara, pero yo estaba tan obsesionada en que mi amiga pillara el sentido de la peli, que le he soltado "Mamá, que ella no se entera". Mi madre ha querido disimular mi metedura de pata (hasta el fondo) diciendo que, por supuesto, que qué cosas tengo, que claro que lo entiende, y en una de esas me ha llamado indirectamente "revienta-finales". Vamos, yo, que no estaba calentita ni nada del incidente de mediodía, he empezado a encenderme, y me he puesto respondona con ella o, según palabras textuales, "ponerme chula". Total, que al final me he llevado un tortazo en la barriga delante de Sujeto P, y, aunque me he sentido un poco avergonzada (normal), lo que principalmente me ha invadido ha sido la risa tonta, así que mientras mi amiga se iba y mi madre me reñía no he podido dejar de burlarme en sus narices. Claro, mi madre, como no sabe hacer nada por sí misma (en otras palabras, ya no me controla como le gustaría) se lo ha contado todo a mi padre, con la tercera bronca del día como consecuencia.

Ahora mismo estoy enfadada, pero en el fondo me siento mal por Sujeto P, que, según mi madre, se habrá sentido "humillada" cuando he sido tan despectiva con ella. No debería haberlo hecho, pero ha sido, reitero, una sensación de "no he podido evitarlo", algo sobrehumano que te atrapa y te hace borde y, hasta que no lo has empastrado todo, no te das cuenta de lo que has hecho, o no te sientes mal por ello.

Bueno, mi único consuelo ahora es la frase "Errar es humano", así que me voy a aferrar a ella, voy a cenar, voy a ducharme y voy a tratar de arreglar la puerta.

Besazzos,

Luli.

Complejos / MAYO


Hola, muy buenas.

Tengo un problema. Y ese problema lleva el nombre de complejo. O, en mi caso, complejos. Porque sí, tengo muchos complejos. Sé que, para empezar, los complejos son una estupidez. Sí porque, en realidad, los complejos no son más que rasgos (físicos o morales, aunque normalmente son lo primero) que no encajan en los modelos impuestos en nuestra sociedad actual. Creo que es una buena definición (al menos para mi estado de ánimo actual). Voy a enfatizarla:

Complejo: 1. Dícese del rasgo tanto físico como moral que dista del modelo ideal implantado por la sociedad por no cumplir una serie de características requeridas según grupos culturales diversos. 2. Sentimiento de inferioridad, tristeza, frustración, enfado o fanatismo adquirido en la adolescencia por un individuo que se cree peor que los demás sólo por tener un rasgo diferente, que no peor, que los rasgos habituales de su entorno.

Una buena mierda, eso es lo que es. ¡Ay, los complejos...! Yo, para empezar, así a lo tonto a lo tonto, llevo sufriendo 3 desde hace varios años, y desde hace poco se me han ido inculcando 3 más. Es decir, en total 6 complejos (y porque prefiero no buscar más). ¡Nada más ni nada menos que 6 cochinos complejos! Eso es mucho, la verdad. Una persona no puede ser feliz con 6 complejos. Yo no puedo ser feliz con 6 complejos. Es que... ¡son 6 complejos! Vamos, que tengo complejo de acomplejada.

Además, lo más fuerte de todo esto es que no tengo los mismos complejos de mis amigas. Una va y dice, "tengo complejo porque soy bajita". Y la de al lado responde: "pues yo tengo compleja de alta". Y en seguida otra dice: "yo tengo complejo de plana"; y la de enfrente replica: "pues mi culo es enorme..." Y, con estos cuatro complejos mencionados, empiezan a escucharse las voces del resto de mis amigas a coro: "y yo, y yo, y yo..." Claro que siempre hay alguna que suma el típico: "me veo gorda", pero en seguida es acallado por el también típico: "¡¿Y entonces yo que soy, una vaca?!"
Lo guay de esto es que ninguna de las dos pesa más de 60 kilos. A lo que yo pienso: gordas no, gordísimas...

Mi problema, en cambio, es que no tengo ninguno de los complejos que son, digamos, comunes entre las chicas. No. Es que, encima de tener complejos, tienen que ser diferentes, no podían ser igual que todos los demás, no, tienen que dar la nota. Para empezar, mi nariz es enooorme (puede que yo exagere el tamaño, pero no deja de ser grande). Es super aguileña, y la odio. Es mi complejo más antiguo, el más ancestral. Seguidamente después, va el de mi espalda. Iba yo tan feliz por la vida, en la inopia de tal defecto, cuando, de repente, una amiga ("amiga" ¬¬) mía va y me suelta una mañana primaveral, hace unos años... "Oye, tú tienes espalda de nadadora, ¿no?" Desde entoces, mi espalda es mi peor enemiga. Porque, aunque también la exagero (bueno, qué coño, no exagero nada) sigue siendo anchísima y gigantesca. Odiosamente colosal. Incluso con objetividad la veo grande. Toooodas las espaldas de toooodas mis amigas y de tooodas las chicas de mi pueblo (u casi todas) son envidiablemente delicadas y femeninas, todas, menos la mía, que parece un armario. Además, por culpa de eso, hay mucha ropa que no me favorece, como casi todas las camisetas de manga corta normales y corrientes. Y, qué quereis que os diga, me jode mucho. Mucho no, muchísimo.

Más cosas... (si tengo para parar un tren...) Ah, sí, mis orejas de soplillo, mis pies amasculinados (son iguales que los de mi padre, feos, flacuchos y huesudos), mis ojos (creía que eran bonitos, ¡ja!) saltones, mis dientes torcidos, mi cara cuadrada, mi melena indomable... tse, por complejos que no sea. Si dieran dinero yo sería multimillonaria.

No sé cómo os sentiréis al leer esto, pero yo, conforme voy escribiendo, me voy hundiendo más y más, y mi autoestima va cayendo en picado, y eso que he empezado esta entrada para ver si me animaba un poco. Va, lo intentaré.

Otro de mis defectos es la tripa. No lo denomino complejo (a pesar de que me toca mucho los huevos) más que nada porque arriba me he jactado (u quejado) de no tener ningún complejo en común con el resto de la humana humanidad. Tooodas mis amigas se quejan de la tripa, incluso aquellas que no tienen (sí, la casi top model de la panda empieza a quejarse de su enorme barrigón de preñada a la vez que señala con un dedo el vacío -su tripa-, mientras que tú te cojes fuertemente las manos por detrás para no azotarla, ¿a quién no le ha pasado?). Por lo tanto, aunque sí que puede pasarse a llamar complejo, yo lo llamo defecto, más que nada porque tiene solución, aunque yo no la he encontrado todavía. Unos buenos abdominales cada día dicen que funciona, y he llegado a estar muy viciada a los abdominales durante algunas etapas de mi vida como para volverme a poner, pero a mí lo que se dice funcionar del todo... como que no. Sin embargo, guardo la esperanza de que algún día funcionará. De ilusiones también se vive.

Por tanto, finalizo con esto mi larga retahíla de complejos, dejándoos la idea de que os está escribiendo un ripio cardado, pero un ripio simpático, al fin y al cabo. También me disculpo por el lenguaje desinhibido de hoy (mi humor no daba para menos) y prometo contenerme futuros insultos en el, pues eso, futuro, ya que esto se supone que es un blog fino y enriquecedor (aunque vacío, porque por aquí no pasa ni Dios) para todos los públicos.

Además, añadir que complejos los tenemos todos, y creo que tenerlos yo también me hace sentirme más unida a la gente que si no los tuviera, porque mira que es raro eso, y que si alguien se siente igual de plof que yo hoy, que lea esto y se anime un rato, hombre, que seguro que no es pa tanto.

Así que, dejándoos con una bonita imagen de Liv Tyler, que es una chica pro-belleza natural, pro-curvas y anti-ideales estéticos esqueléticos, dejo ya de daros la vara y me despido por hoy.

Besazzos,

Luli