miércoles, 24 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD



Queridos lulilectores...


Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo 2009 les desea


LULI MANULI


Desde Tavernes de la Valldigna.


Esto no es el Christmas de la Casa Real, pero os sirve, ¿no?


¡Viene desde el cariño!



BESAZZOS =)

jueves, 18 de diciembre de 2008

Variadito



Queridos lulilecotres...


¿Soy la única que rige su vida a partir de listas y más listas? Quiero decir, a mí siempre me proporcionan una sensación de orden cuando la existencia empieza a descontrolarse más de lo habitual, ¿no os pasa lo mismo?


En el momento en que siento que todo se está volviendo más y más caótico, decido cojer una hoja y un boli y ponerme a escribir, punto por punto, todo lo que me ronda por la cabeza. Por ejemplo:



LISTA DE PROBLEMAS DE MI VIDA


1) Tengo que empezar a estudiar ¡pero ya!


2) Me duele la cabeza.


3) Mi pelo es indomable, no importa lo que haga con él.


4) La gente de mi clase piensa salir hoy de fiesta y no creo que vaya, porque yo voté viernes. ¬¬


5) Tengo el carné del coche pero mis padres no me lo dejan, estoy igual que antes.


6) Aún no tengo ni pajolera idea de lo que me pondré en Nochevieja.



Hay más, pero ahora no me vienen (qué raro, de normal suele ser inmensaaa...).




LISTA DE COSAS QUE HACER ESTAS NAVIDADES


1) Ordenar a fondo mi habitación.


2) Pintar las puertas de mi armario de otro color.


3) Leerme las instrucciones tanto del móvil como de la cámara para aprender a usar todas esas millones de aplicaciones que siempre dices "bah, tocando botones ya aprenderé", pero que al final nunca acabas de comprender del todo.


4) Pasarme tooodos los apuntes a limpio.


5) Seguidamente, dejar los trabajos pendientes ya hechos.


6) Empezar a estudiar (¡qué feliz he estado viviendo...!).


7) Cuidarme un poco más. Esto es:


* Beber 2 litros de agua al día como mínimo (lo que dicen las revistas).


* Atiborrarme a infusiones, que depuran el organismo, te calientan el cuerpo y me encantan.


* Dejar de criar celulitis y hacer algo para matarla (por ejemplo, estrenar la crema que me compré este verano).


* Idem con las estrías (aunque sé que son imposibles de quitar, pero bueno).


* Hacer ¿deporte?


8) Ver mucho cine.


9) Leer los libros que tengo pendientes.


10) Aprovechar para escribir algo.


Bueno, y luego está la grandiosísima lista de propósitos para Año Nuevo -que aún no tengo pensada-, que fijo publicaré aquí y de la que, además, haré un seguimiento para asegurarme de que cumplo toooodo (este año sí, venga).



En fin... siguiendo con el título de la entrada, que dice "Variadito", hacer mención a otro tema diferente pero que, francamente, no me apetece reservarme para otra entrada a parte porque, además, ha sucedido hoy.


Creo que me he puesto muy navideña, ha sido un ramalazo. Resulta que ayer me dejé olvidada la agenda en la facultad. No me había dado ni cuenta, pero entré al correo por casualidad y me vi un mensaje que decía "He encontrado tu agenda, la tienes en conserjería" y, además, un teléfono de contacto junto con el nombre de la persona, en este caso de género masculino, Sujeto G.


Pues se me ocurrió la genial idea de devolverle el favor por las molestias (que no es tanto, en realidad sólo habrá sido curiosearme la agenda y bajarla en un momento, pero a lo mejor otra persona únicamente la hubiera curioseado y la habría dejado donde está). Así que hoy, cuando me he despertado, he imprimido un mensaje navideño (que creo que podría poner aquí algún día de estos) y lo he metido en un sobre con un post-it que decía: Muchas gracias por las molestias. A cambio, un detalle de cara a las fiestas. ¡Feliz Navidad! Y mi firma.


Cuando he ido a por mi agenda, que estaba, he dejado el sobre allí en conserjería, y le he enviado un sms al tal Sujeto G citándole para que se acercara hasta allí. Un rato después he recibido yo uno: "¡Muchas gracias por el detalle!" y una carantoña de esas que se estilan tanto.


Me ha hehco mucha ilusión esa interconexión (oh palabro ^^u) con un perfecto desconocido, porque supongo que él no se esperaba que alguien se molestara en devolverle el favor, aunque sólo fuera un cutre sobre blanco con un cutre papelito navideño acompañado de un post-it igualmente cutre, pero de color naranja y escrito con buena letra. Y, al menos, ha dado las gracias.


Lo mejor de todo es el anonimato, debe ser genial eso de ir un día a clase y que te llegue un mensaje de un número desconocido que te diga "Ves a conserjería y pregunta por un sobre para ti", y que en ese sobre alguien que no conoces, que ni siquiera has visto y con quien seguramente nunca más volverás a tener contacto, te dé las gracias por algo tan insignificante como dejar una agenda en la sección de Objetos Perdidos del vestíbulo principal. A mí, por lo menos, me encantaría, porque es una de esas pequeñas acciones que tanto se acercan a las películas (aunque ahí normalmente acaban enamorándose), o en plan "el admirador secreto", pero con una intención mucho más inocente, simplemente gratitud, casi un acto cívico de cortesía y de buena educación que se aleja totalmente de las excentricidades hollywoodienses, tan presentes en nuestra sociedad.


Y, por supuesto, qué mejor época que la Navidad para las pequeñas obras de este tipo, a dos días de las vacaciones y en pleno frenesí consumista y frívolo que envuelve nuestras vidas por estas fechas, el hecho de que aún exista gente capaz de valorar el "otro tipo de cosas" y no sólo lo que está a la vista en todos los escaparates, o lo que enseñan las películas. Porque nos estamos desengañando de la vida y considero que, algo tan simple y banal como comportarse como una persona, adquiere bastante importancia en los tiempos que vivimos actualmente.


Lo normal es que seamos gruñones, secos, egoístas y ambiciosos, me doy cuenta cada día de ello. La gente del tren o del metro es áspera, inaccesible, cada cual se queda en su asiento con sus cascos puestos y mira al vacío, le importa un bledo todo lo demás, sólo da la impresión de que piensan en sus cosas y punto, como si el resto del mundo no existiera. Otros miran de soslayo o cierran los ojos para pasar desapercibidos, los menos intercambian conversaciones. Nos estamos deshumanizando. Cada vez un poco más.


Y nada, yo a mi bola, soy feliz pensando en que le he regalado una sonrisa a alguien, me voy a creer que es una buen chaval y no un chulito hipócrita que ha visto el sobre y ha pensado "¡Cómo está el patio!", pero luego encima ha tenido el morro de enviarme un mensaje todo falso (que tendría bemoles la cosa). Por una vez, Luli Manuli -la que siempre ve el vaso medio vacío- pensará bien de alguien sin conocerlo, porque, repito, es Navidad y, en Navidad, toca.


Lo mejor es que nunca sabré quién es, ni si es alto, bajo, gordo, flaco, guapo, feo, listo, tonto o... en fin. Ya tengo una nueva diversión, pasearme por los corredores de la facultad a mirar caras de chicos para preguntarme... ¿Será este?



Por último, antes de despedirme, añadir que últimamente los horóscopos de los 4 o 5 periódicos que leo diariamente me están acertando el destino (ya ves, yo que nunca he creído en esas chorradas, precisamente por eso hago la mención) y que, naturalmente, sigo en un período de luto por la defunción de mi pobre tortuguita, aunque se me ha pasado bastante el disgusto después de lo de hoy.


Seguiré en antena, retransmitiendo en directo mi vida =)


Besazzos,


*Luli*

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Adiós



Queridos lulilectores...


Tengo que informar acerca de un triste asunto: se me ha muerto la tortuga. Se llamaba Mili, y tenía 8 años.


No sé qué habrá podido pasar, pero mi hermana la ha encontrado hoy flotando en el estanque, ¡pobrecita! Dice que la ha sacado y luego he venido yo. Al principio no me lo quería creer porque Mili hiberna todos los años y, como tienen reacciones un tanto estrambóticas (como dejar de respirar y pasarse el día y la noche dentro del agua, sin comer), pues creíamos que estaba viva, aunque la he tocado y estaba tiesa.


Sin embargo, mi madre ha llamado al veterinario y este... ha confirmado la noticia: las tortugas cuando hibernan nunca sacan las extremidades del caparazón, y mucho menos flotan. T.T


No estoy triste pero me da muuucha pena porque, aunque no llegué a quererla, le tenía mucho cariño: le daba la comida a la boca y ella me comía de la mano -incluso alguna vez que otra me comió el dedo. ¬¬


Le puse Mili porque me la regalaron el año 2000 (que estrenábamos milenio), y porque me parecía un nombre mixto, ya que nunca sabré si se trataba de un macho o de una hembra. Y era tan feliz en el estanque... los primeros veranos la llevábamos a la playa porque era muy pequeña y le sacábamos del mar gusanos y cangrejos. Ella perseguía a los cangrejos en su pecera y se los comía la mar de a gusto. Pero después ya la dejamos vivir libremente en el jardín, y era una monada verla tomar el sol o corretear detrás de mi perra... era muy graciosa.


La voy a echar de menos, ver mi patio-jardín sin ella en el agua se me hará extraño, son muchos años de costumbre ya. Además, Maya, la tortuga que le regalamos a mi prima pero que mi tía nos devolvió porque era demasiado grande (normal, porque sólo comía jamón de York), estará muy sola ahora.


Mili, siempre te recordaré con cariño. Has sido durante 8 años (bueno, casi 9 porque para lo que queda) la mejor tortuga que uno pueda desear. Desde aquí, mi más sincera despedida:


Adiós.



Besazzos



*Luli*

domingo, 7 de diciembre de 2008

Tesoros




Queridos lulilectores...




Hoy he visto Amélie. Era una película que quería mirar desde hacía tiempo porque tuvo mucha resonancia hace años y yo aún no había tenido ocasión de verla. Pues ahora ha pasado automáticamente a la lista de películas favoritas, de esas que nunca me cansaría de ver por los siglos de los siglos. Hay una frase que se me ha quedado especialmente grabada: "Corren malos tiempos para los soñadores".




Bien, pues Amélie me ha inspirado. Quiero decir: ¿quién no ha imaginado alguna vez con encontrar un pasadizo secreto en su casa o algún tesoro especial que llevaba años oculto y cuando lo descubres decides mantenerlo en secreto? Amélie, por casualidades de la vida, de pronto se topa con una caja de recuerdos tras una losa suelta del baño de su casa. Y esa cajita le cambia la vida. A mí me ha sucedido algo similar.




Nada más terminar los créditos de Amélie, he caído en la cuenta de que yo descubrí también, hacía mucho, cosas de la antigua propietaria de mi casa en mi habitación. Es que yo he tenido dos hogares: el primero (que me vio nacer y acogió mi infancia) fue un piso en el que viví hasta los ocho años, que fue cuando mi padre compró la casa en la que vivo desde entonces. La casa pertenecía a una familia que tenía dos hijos, una chica y un chico. Nunca los conocí, ni tampoco a los padres, porque era muy pequeña y esas cosas las llevaban mis padres, claro. Sólo recuerdo que la primera vez que nos enseñaron la casa por dentro, mi padre me dijo que eligiera una habitación de las dos que había para mi hermana y para mí, porque yo era la mayor.




Una habitación era del chico, estaba pintada en amarillo y tenía una ventana. La otra, con las paredes de rosa chillón, tenía la puerta que daba al balcón. Quizá la mía es un pelín más pequeña, pero el balcón se convirtió en algo indispensable para mí, así que me instalé allí de cabeza. Y hasta hoy.




Pues cuando era más pequeña -no recuerdo qué edad tendría- una vez (y por accidente) descubrí que había cosas de la niña en el hueco del último cajón de mi armario, en el suelo. Creo que fue porque yo andaba buscando un escondite para guardar algo que no quería que mi hermana me cogiera, así que en última instancia se me ocurrió sacar el útimo cajón y, de ese modo, descubrí que allí había un hueco lo suficientemente grande como para ir metiendo cosas. Sin embargo, lo de la niña nunca lo toqué, estaba lleno de polvo y me daba asco meter la mano, porque además el hueco siempre está muy oscuro.




Hoy, después de ver Amélie, en seguida me he acordado de aquella vez y me he ido pitando a mi habitación a sacar del sitio el último cajón del armario para ver qué eran exactamente las cosas que aquella niña, por casualidades de la vida, se dejó olvidadas cuando se mudaron. Y me he sorprendido porque había mucho más de lo que recordaba. Esto son los tesoros que, tras quitarles el polvo concienzudamente, he encontrado en mi antiguo escondite:




-Dos cuadernos de cálculo de parvulario. Uno se llama Cálculo intuitivo, de Pedro Cerdá. Está coloreado y corregido por un profesor o profesora y, ¿sabéis qué fechas tiene? ¡Septiembre del 87! Yo ahí aún no había ni nacido. El otro tiene una cosa asquerosa pegada a la portada, y se titula Matemáticas Colasín, de M. Ferrer, C. Miranda, M.ª C. Pérez y D. Rosillo. No tiene fechas, pero los problemas son del tipo: "Tienes dos canicas y jugando con tu hermano le ganas una. ¿Cuántas canicas tienes ahora?", así que deduzco que deben ser años similares. Por cierto, en ambos pone "Maria José" en la portada, así que ya sé cómo se llamaba la niña. ;)




-Singles. O al menos eso me ha dicho mi madre. Son los CDs de antes, como los LPs esos grandes, pero algo más pequeños, de color negro. Hay seis en total:




*Tanguillo del Golpe/Sevillanas del Susto, de Juan Palacios




*Un ramito de flores, de Topo Gigio




*El Ratón Caramelón, de Monano y su banda (Miliki)




Atchís!, de Monano y su banda (de nuevo Miliki)




*Los payasos de la tele, en concreto Gaby, Fofito y Rody




*Heidi, de Heidi Mattete Goran y Heidi Oshiete (que son las canciones de la serie)




-También había dos perchas y, lo más importante, ¡las cosas que escondí hace no se cuántos años! Me ha hecho mucha ilusión volver a verlas. Se trata de un bolsito que mi abuela me regaló de un viaje que hizo a la India. Es precioso, de color azul satinado (aunque está muy descolorido, lo recordaba más brillante) y dentro hay un montón de cosas bonitas: una bolsita de plástico que contiene botecitos de purpurina de colores (blanca, lila, plateada, roja...), también algo que en su día fue brillo de labios -que está como mohoso pero, aun así, conserva su delicioso olor a ciruela- y tres cajitas de tinta para hacer cuños. Por último, unas gemitas de plástico que brillan mucho y que recuerdo que usaba a veces como collar, porque me gustaba cómo reflejaban la luz que filtraban por las caras.




Me he puesto perdida con la purpurina, y eso que los botes estaban todos cerrados. También había una carpeta con fotos de Harry Potter que me dio por coleccionar cuando sacaron la primera película. La carpeta me trae recuerdos de cuando iba a clases de arpa a Cullera, porque es la que solía usar para guardar las partituras.




Y, al parecer, no soy la única que hoy se ha puesto nostálgica porque mi madre ha descubierto viejas cartas que guardaba de su abuelo (el que fue a la guerra) y que ni siquiera sabía que existían. Me ha dicho: "Ya sé cuándo perdió la pierna exactamente".




En fin, lo que vengo a contar con todo esto es que hay pequeñas cosas que, a veces, dan la sensación de que cuando se cruzan en tu camino te animan a seguir adelante porque te hacen ilusión o te proporcionan pequeñas satisfacciones que llenan mucho más que los grandes acontecimientos. Ahora mismo tengo una sensación de placer y tranquilidad que me encanta, porque he tenido la suerte de encontrar unos tesoros especiales que contienen recuerdos felices, tanto míos como de una mujer llamada Maria José que, cuando fue niña, disfrutaba escuchando cuentos y canciones infantiles (deberíais ver las fundas de los singles, son todo un colorido). Además, el hecho de que esos objetos sean "antiguos" (del 87 tampoco parecerá tanto, pero son más de veinte años ya, al fin y al cabo esas cosas son más viejas que yo) pues eso le otorga más valor aún si cabe.




Como dice la voz en off de la película: "Sólo el descubridor de la tumba de Tutankamón sería capaz de comprender la emoción de Amélie al encontrar la caja de recuerdos". Y en la película, Amélie se propone encontrar al propietario y devolverle la caja, pero yo he optado por conservar y proteger mi tesoro: igual como he sacado las cosas del fondo del armario, las he limpiado, las he ordenado y las he dejado de nuevo donde estaban, eso sí, dentro de una bolsa de plástico para que el polvo no las estropee.




Quién sabe, igual la gente que compró nuestro antiguo piso se encontró con alguna firma mía en la pared o algún juguete que perdimos de pequeñas mi hermana y yo. ¿Les haría la misma ilusión? Seguramente no, porque los adultos son unos aburridos que a veces pierden el norte y que sólo piensan en sus cosas. Allá ellos, porque yo bien que me he emocionado ante mi tesoro, y bien que me he divertido imaginando a la pequeña Maria José cantando con alegría las canciones de Miliki al unísono con el CD, o recordándome a mí misma escondiendo la valiosa purpurina para que mi hermana no me la quitara.




Corren malos tiempos para los soñadores... ¿no habría que ponerle remedio de una vez?




Besazzos,




*Luli*
P.D.: La foto, cómo no, dedicada a la que me ha inspirado hoy.




lunes, 1 de diciembre de 2008

El cuñado



Queridos lulilectores...


Resulta que tengo un cuñado desde el sábado pasado. Lo que es la vida, de un día para otro, tu hermanita la Víbora ("hermanita" entre comillas porque, aunque es más joven, que yo, me saca varios centímetros tanto a lo alto como a lo ancho) se echa un maromo. Primera reacción: pincharla. Segunda reacción: seguir pinchando. Tercera reacción: pincharla aún más. No me canso.


Supongo que se está haciendo mayor. Tiene quince años y, aunque apenas llevan una semanita, lo defiende con uñas y dientes delante del Rey del Mambo, que casi le da un infarto al pobre cuando se enteró. Mi abuela es muy sabia, ya se lo dejó caer a V, le dijo: "Tienes cara d'enamorá", así, textualmente, con ese dulce acento andaluz que ella tiene.


Yo me río un montón porque me lo venía oliendo desde hacía meses (cuando iban "de rollo" y la gente los veía por la calle y me lo comentaban a mí después). Entre eso y cuatro preguntas acertadas, de las que sacan los colores, en seguida me coloqué sobre la pista correcta y me puse a investigar más sobre el chaval en cuestión. Aunque tampoco sé tanto, sólo el nombre (Sujeto J, a partir de ahora "mi cuñadito") y que va a su clase. Es mono, la verdad, creo que hacen buena parejita.


El que no lo ve con tan buenos ojos, evidentemente, es mi padre, que no quiere verlo ni en pintura ("como se acerque a casa lo echo a pedradas"), y además está muy enfadado con mi madre porque ella sí que lo sabía -mi hermana se lo contó- y no le había dicho nada. Ayer se tomó hasta la tensión, y cada vez que sale el tema (es decir, a todo momento porque ha sido el tema de la semana) se ría forzosamente, con cierta histeria.


Yo me lo paso bomba, burlándome tanto de mi hermana como de mi padre, y me he preocupado de que se enteren mis abuelos, lo cual significa que el resto deparientes ya estarán avisados. Mi hermana se pica y se ríe al mismo tiempo, me dice que no voy a conseguir hacerla enfadar pero luego me grita cuando la pincho, o sea que no se aclara ni ella. Se podría decir que en estos momentos se vive un ambiente de efusión-nerviosismo familiar bajo mi techo.


Y, sobre todo, por la novedad porque yo nunca he tenido un novio oficial y, aunque mis padres también han sabido de algunos de mis rolletes (y se cebaron conmigo), yo siempre lo negué y, por suerte, conseguí que no se enterasen de detalles concretos -ya sabéis que para mis asuntos privados soy muy celosa y no me gusta que la gente ande al loro de toda mi vida cuando yo no los he invitado-. Imaginad por un momento que mi padre se entera de la bola que le metí el sábado pasado y le llega a oídos que en realidad me fui a dormir a casa de un amigo... me asesina. ¬¬


En fin, que me lo estoy pasando genial viendo cómo mi hermana la V se las arregla para salir del atolladero porque, al fin y al cabo, yo también tuve que pasar por ahí en algún momento -y fue bastante desagradable, la verdad-. Pero la venganza es un plato que se sirve frío, o al menos eso dicen y, después de todo, son asuntos inocentones que no dañan a nadie.


Mi padre ya va diciendo por ahí que se pensará si mi hermana va al viaje de fin de curso con la escuela porque, "si todavía festean", lo va a tener muy crudo. "¡Y que se queden los dos solos por ahí! ¡Ni pensarlo!". Jaja, veremos esto cómo acaba... os mantendré informados, como siempre. =P



Besazzos,


*Luli*

jueves, 27 de noviembre de 2008

Plof



Queridos lulilectores...


Hoy estoy plof. Increíble los cambios que da la vida, de un día para otro todo es diferente. A lo mejor es por el tiempo, de lluvia y mucho frío, o tal vez por la regla... no lo sé, pero esto es un asco. ¿Algún consejo?


Besazzos,


*Luli*

martes, 25 de noviembre de 2008

¡¡¡APROBADA!!!



Queridos lulilectores...


¡Oficialmente ya puedo conducir!


He aprobado hoy el examen del carné, después de una noche de nervios. Yo he sido la primera (mejor, así me lo he quitado de encima antes) y después de 15 minutos de tortura... ¡¡¡veredicto favorable!!!


Sinceramente, limpio no me ha salido (yo realmente creía que había suspendido porque he hecho un desplazamiento un tanto imprudente a la izquierda y el estacionamiento no me ha salido del todo perfecto -aunque luego lo he podido arreglar-, pero dentro de lo que cabe... ¡¡estoy muy contenta!!


Si alguna vez pasáis por Tavernes... os doy una vuelta =P


Besazzos!!


*Luli*

domingo, 23 de noviembre de 2008

Una de romances



Queridos lulilectores...



Hoy os voy a contar mi batallita de ayer noche.



No sé si he dicho alguna vez que mis padres en estos momentos no pueden permitirse pagarme un piso -según ellos-. Por lo tanto, voy a Valencia todos los días en tren. Y, por lo consiguiente, no puedo acudir a las numerosas cenas de clase que se celebran semanalmente entre los compañeros de carrera porque, lo dicho, me pilla muy lejos.



La excepción fue hace dos jueves, que me quedé en el piso de unas amigas. Y ayer hice otra excepción, porque me apetecía un montón quedar con los de mi clase y estar con ellos. Mi problema era el siguiente:



A) Si salía tenía que empalmar porque como no tengo donde quedarme, esperaría el primer tren que saliera por la mañana y llamaría a mi padre a las siete en un domingo para que viniera a recogerme. Como observaréis, este plan tiene lagunas. ¬¬



B)Quedarme en casa de alguien a dormir. ¿Problema? Las chicas con las que más confianza tengo son unas sosas que no salen los jueves, a pesar de que ellas tienen piso por allí cerca. Y, en fin de semana, por supuesto, se vuelven al pueblo.



Entonces... entró en juego el listo. He de decir que, hace unos meses, cierto lulilector hizo una especie de pronóstico que... mira por dónde, se ha cumplido. A verrrr... parece que no, pero esto cuesta de contar. No sé por donde cojerlo V.Vu



Empezaré por el principio. Hace como una semana o eso, después de que yo saliera por primera vez con mis compañeros de clase e hiciera nuevas amistades, el listo me agregó al tuenti (vil tuenti, es adictivo a pesar de que va contra mis principios). No sé cómo nos pusimos a hablar y descubrí que, como yo, él también hablaba alemán. Profundizamos un poco en el tema, pero en clase no hablábamos a penas, pertenecemos a dos mundos paralelos, jeje.



El viernes se pusieron a quedar todos para salir el finde y, de pronto, él me preguntó con insistencia si iba a ir o no. Me pareció extrañísimo, porque sólo habíamos intercambiado algunas palabras a la cara (la mayoría con unas copas de más), pero dije que no lo sabía, que me lo tenía que pensar. Si soy sincera, yo llevaba fijándome en el listo desde hacía cosa de un mes, más o menos, porque es el que siempre pregunta en clase, parece más docto que los demás... y no es precisamente feo. A grandes rasgos: muy alto, 21 años, moreno, cierto aspecto macarrilla pero a la vez educado, un pendiente en la oreja, delgado, mono de cara. No es un Chotulus bradpitiano, pero sí que encaja perfectamente en la siguiente categoría: el Chotulus orlandiño.


Y es más su actitud que su físico: parece (bueno, es, en muchas ocasiones es) un auténtico borde: huraño, burlón, algo pedante, taciturno, un tanto egocéntrico... que no es de los que se matan por parecer simpáticos cuando conoces a alguien. Y, en fin, fue eso lo que más me atrajo de él (soy guay, eh? ¬¬).


El viernes estuve toda la tarde pensando en él. Así funciona la mente humana, es como la pólvora, se coge rápidamente y no hay quien la frene. Ni yo misma lo entendía, concentrada como debía estar pensando en los cedas y en los stops (el martes a examen), y no me lo podía quitar de la cabeza.


Vamos, que al final ese mismo día decidieron salir en sábado. El sábado me pasé la tarde delante del ordenador, en Internet, manteniendo contacto con todos para ver lo que iban a hacer y montarme mis planes. No sabía si salir o no, porque sólo tenía previsto el plan A y, la verdad, me daba bastante respeto (es un plan muy arriesgado, andar sola por Valencia a las seis de la mañana, cuando la gente ya se ha ido a casa, y esperar en la estación algún tren, rodeada de Dios sabe qué fauna).


Me puse a mandar mensajes y, como alguien me había pasado el número del listo, pues les pregunté a todos qué iban hacer y tal. Contestó y nos pusimos a hablarlo, le conté mi dilema y... ¡¡¡me ofreció dormir en su casa!!! Que si tenía muchas camas, dos sofás, que si igual alguien más de mi clase también se quedaba... en fin, de repente quedó zanjada la cuestión: me iba a dormir un sábado por la noche en Valencia (que no es precisamente mi pueblo) a casa de un perfecto desconocido ("sí, venga, y nos echamos unas risas...").


Hasta ahí, todo bonito. Peeero... no habría final feliz sin un malo al que derrotar primero, ¿no? Sí, ya sabéis de quién hablo, del temido Rey del Mambo. De pronto le dio por que quería saberlo todo de mí esa noche: a dónde iba a quedarme, con quién, quería domicilio, un número de móvil y uno fijo (por si pasaba algo). Vamos, que me inventé la trola del siglo (que creo que a horas de hoy aún no se la ha tragado) y metí a varios de mis amigos en el ajo: que si me quedaba en casa de una amiga, que si le daba el número de otra, que si la dirección no se qué...


Me costó la ayuda de todos mis dioses unidos para acallar sus puntiagudas preguntas y juro que, aunque no me corto un pelo a la hora de mentir (aunque suene triste), en ese momento las pasé canutas, porque me obligó a improvisar muy rápidamente y se me escapó alguna incoherencia que luego tuve que arreglar. Y, claro, yo me ponía de los nervios y él se olía que algo iba mal. ¡Pero no podía decirle que me iba a dormir a casa del listo!


Nada, al final me llevaron en coche hasta Valencia porque tampoco les parecía bien que fuera en tren "a esas horas" y una vez allí ya me quedé con los amigos. El listo me llevó en coche hasta su piso para que dejara las cosas y conversamos de camino a donde estaban los demás. El resto de la noche fue una locura (salir de fiesta... siempre sabes cómo empiezas pero nunca cómo acabarás): bailé, me reí, hicimos fotos...


Aunque... siendo fiel al título de la entrada... luego hubo algo más ^^u. El listo y yo nos fuimos (al final no se quedó nadie más en su piso) y en el taxi empezamos a cogernos de la mano... cuando bajamos nos besamos en la calle... en fin, esas cosas (como observaréis, la prosa rosa no es mi punto fuerte). En su casa ya, me invitó a dormir en su cama y... bueno, hablando claro, sexo no hubo pero... tampoco voy a entrar en detalles ;P



¡¡¡CHÚPATE ESA, MUNDO!!!


LULI 1 - MUNDO 0



Jaja, la emoción del momento. Pero a ver, tampoco todo fue de florecitas porque resulta que, encima de que tenía novia, se extrañó de que yo me escandalizara en un principio. Luego decidí que me daba igual, es su problema, no el mío, y total no estoy enchochada con él ni nada por el estilo, que haga lo que quiera con su vida, a mí no me incumbe (así como tampoco me gusta que me agobien a mí, como hizo ayer mi padre, por ejemplo).


Sigo pensando que es un huraño, taciturno, ceñudo, prepotente y -bastantes veces- un machoman, pero la verdad es que el chaval es responsable, educado, atento y extraordinariamente caballeroso (esta mañana me ha acompañado a la estación del metro, a comprarme algo para desayunar, me ha tendido correctamente la chaqueta que yo había dejado de cualquier manera sobre el tendedero...).


Si pudiera, me lo quedaba, jeje. En estos momentos tengo una sensación de serenidad que no se corresponde con los acontecimientos de ayer, no estoy nerviosa ni emocionada como el viernes cuando estaba de prácticas, simplemente me siento contenta por lo que pasó. Tampoco albergo esperanzas en plan... "hm... ahora ataco y me lo aseguro", opino que, si algo tiene que volver a surgir, no hay que forzarlo, ya lo decidirá el tiempo. Por supuesto, está el problema de la novia... pero vaya, ya he visto que tampoco tienen una relación tan sólida (o él es un cerdo, no sé) y, naturalmente, ambos hemos pactado silencio, porque si se entera alguien de mi clase se puede armar una... (somos 70 y pico, hay mucha gente que la puede liar comentando).


Yo ahora actuaré como si nada hubiera pasado, no soy persona que goza con las atenciones de terceros sobre mis asuntos -y mucho menos cuando se trata de mi vida privada-, así que seguiré en mi parte de la clase con mis sosas amigas (que son un encanto ^^) y, no sé, supongo que ahora ya no me dará corte o palo hablarle, aunque tampoco voy a estar todo el rato detrás de él o sentándome a su lado. Todo seguirá su curso con normalidad... y que el señor D decida.


Y lo que os acabo de contar... no lo sabe nadie más (aunque a mi gran amiga Sujeto P sí que lo voy a decir, porque va a Derecho, jeje). ¡Ojo con difundirlo por ahí! :P



Besazzos,



*Luli*

jueves, 20 de noviembre de 2008

Visita 2000



Queridos lulilectores...


¡¡¡he tenido la suerte de ser la visita 2000!!!


Muchas gracias por seguir mis andanzas, trataré de seguir publicando en la misma línea que de costumbre y serme fiel ^^


¡Besazzos!


*Luli Manuli*

lunes, 17 de noviembre de 2008

Curiosidades de la vida



Queridos lulilectores...


Me acaba de pasar una de esas cosas que dices "increible, pero cierto". La realidad muchas veces supera la ficción. En cierto modo es sólo una tontería, pero hay que ver cómo se lo monta a veces el Señor D para complicarnos la vida un poquito más todavía. Me explico.


Estaba yo enfrascada en mi película favorita (Orgullo y Prejuicio) por enésima vez, aprovechando que no había nadie en el salón porque mi hermana estaba arriba haciendo no se qué y mis padres se habían ido de cena. Y ahí me teníais, envuelta en la manta y debajo de ochocientos cojines, emocionada ante las miradas que intercambiaban Elisabeth y Darcy escena tras escena.


Como tengo los labios muy sensibles y hoy ha hecho un poco de poniente, necesitaba crema de cacao para calmarme la irritación que me lleva dando la tabarra durante todo el día ya. Lo que pasa es que no me apetecía subir a mi habitación a por mi vaselina, así que he decidido tomar prestada la que tiene mi padre en un cajón del mueblecito del salón. Y he cogido el tubo y lo he dejado encima de la mesa, usándolo de vez en cuando.


Como a mi padre no le hace mucha gracia que le toquemos sus cosas (lo entiendo, a mí me pasa lo mismo), nada más que los he oído entrar a casa porque volvían de la cena, me he levantado a toda prisa para que mi padre no viera la vaselina encima de la mesa y me llamara la atención. Así que, con la manta en una mano y un cojín de tantos en la otra, me he deslizado rápidamente hasta el mueblecito de al lado del teléfono para guardar el tubito de cacao en el cajón.


¿Y por qué he ido con la manta y el cojín, en vez de dejarlos en el sofá? Impulso instantáneo, y además quería taparme después ipso facto para que mi padre no creyera que me había levantado (las cosas bien hechas). Pero el resultado ha sido bien diferente.


Resulta que mi perra, que de normal actúa como una alarma cuando llega mi padre (cinco minutos antes ya sabemos que vendrá porque se vuelve loca) estaba tan dormidita que no se ha enterado de que entraban mis padres por la puerta. Para cuando ha empezado a ladrar, ellos ya estaban a mitad escalera así que no me ha dado tiempo a volver al sofá sin que me vieran levantada.


Y claro, como yo iba corriendo, mi padre, que ha entrado el primero (cómo no) en seguida ha sospechado que yo había tramado algo. Me ha mirado receloso y me dice:


-¿Qué estabas haciendo?


-Nada -obviamente, esta respuesta sólo sirve para ganar algo de tiempo, algo sí hacía.


-Mentira. Estabas acostada en el suelo, ¿no?


¡Ja! Como me ha visto con la manta y el cojín volviendo apresuradamente al sofá, pues eso que le ha venido a la mente, oye. Y que si no soy de fiar, que parece mentira con la edad que tengo, universitaria que soy, tumbada en el suelo, que si luego me quejo de que la manta está llena de pelos de la perra y no sé qué ostias más...


O_O


Vamos, que me he hartado de repetirle que en realidad sólo me había levantado para dejarle la barra de labios en el cajón, pos para . Convencido de que me he pasado la noche tumbada en el suelo al lado de la perra ("¡Ni harto de vino! ¡Yo no me chupo el dedo! Sal al balcón y si ves un burro volando me avisas, anda"). ¬¬


Y yo me río porque le he dicho la verdad y no se lo cree. Prefiere pensar que he estado la hora y media que dura O&P en el suelo a que me he levantado un momento. Por eso digo, cosas de la vida, que a veces no son como parecen y mira, nos tenemos que aguantar.


¡Pues que le cunda pensando que me gusta el suelo, oye!



Lulibesazzos extrañados

martes, 11 de noviembre de 2008

La chacha



Creo que mi madre me ha tomado por la chacha.


¡Estoy HARTA de las tareas domésticas! Que se hagan solas, leñe.

martes, 4 de noviembre de 2008

Segunda práctica



Vengo de mi "segunda" práctica. Mucho mejor, la verdad.


Iba relajada, he ido por carretera (¡¡¡quinta!!! ¡¡¡Por fiiiiin!!! ^^) y por circuito cerrado, sólo una calada (y casual, efímera, vamos), escasos "volantazos"... genial genial.


Mi profesor: todo un cuadro, a ese no lo había tenido nunca. Un señor bonachón que me contaba la vida de su hijo cuando no tatareaba (que si está en Valencia, que si cree que se ha echado novia porque ya no viene como antes...) y, en un momento dado, me ha hecho parar el coche en medio de un polígono industrial porque... tenía que aliviar la vejiga con urgencia. ¬¬


Luego me ha dado un poco de asquito cuando me corregía el volante con la mano (ejeeeem), pero he conseguido esquivarlo la mayor parte de las veces.


¡El jueves la próxima!


(A ver con quién me toca, es como una tómbola).


Besazzos,


*Luli*

lunes, 3 de noviembre de 2008

El de la autoescuela



Queridos lulilectores...


Vengo ahora mismo de hacer la primera práctica en coche. Bueno, la primera... desde el día 26 de agosto V.Vu.


Os voy a contar mi trayectoria en la autoescuela.


Me apunté en marzo, en teoría para sacármelo para pascua. Fui algunos días de Fallas, después, exámenes. En Pascua me fui a Andorra. Después, exámenes. Después, Selectivo. Después... ¡sí! en julio aprobé el teórico. Traté de sacármelo entero antes de agosto y me eché una semana intensiva haciendo prácticas. Peeero... agosto se me echó encima y no lo conseguí. En agosto la autoescuela cerró por vacaciones. Abrieron el día veinticinco y el 26 me apunté... hasta hoy.


Me tocaba práctica de tres y media a cinco, pero al final la he hecho de seis y media a ocho. Y me ha tocado "el guaperas". Es que la mayoría de profes en la autoescuela son mujeres y creo que solo hay dos o tres chicos. Pues bien, de todos esos, hay uno que es "el guaperas". Yo sólo lo tuve una vez en mis días mozos (juju), pero me pareció un borde porque era bastante antipático.


Pues me he dado cuenta de que levanta pasiones. Ya me venía oliendo que pasaba algo, porque la secretaria se volvía loca con él: en seguida se atusaba el pelo, no paraba de soltar risitas idiotas, le tocaba el brazo constantemente, le miraba con ojitos de "corderito sensual", decía cosas como "oh, qué tonto eres"...


Y hoy igual. Llego a la auto y me las veo a todas tomando café, cotilleando. De pronto, aparece Sujeto R (el guaperas) y... ¡oh! Ni que Brad Pitt hubiera aparecido, oye. Lo primero que le dicen: "¡¡¡Hola, guapo!!!". Lo peor es que se lo tiene bastante creído.


Siendo objetivos, la verdad es que el chico tiene cierto material (aunque ni punto de comparación con el pelirrojo), no obstante, la descripción que haré a continuación puede indicar todo lo contrario -paradójico, eh?-.


Veamos... es un tipo de altura estándar tirando a bajo, rozando la treintena CREO... (lo digo por decir, soy mala echando años), calvo (no sé si a posta o por alopecia aguda -ahora tiene más pelo que en verano, igual son los dos factores juntos), mono de cara, pijín él... tse, no sé, nada especial (aunque está como una tableta de chocolate, eso sí, nada de barriga cervecera). Lo califico como Chotulus orlandiño (como he dicho, tiene un algo... quizá la chulería).


Pero bueno, para mí sigue siendo bastante cabr**azo porque es mi profesor antipático, lo siento mucho, y se pasa el rato criticando mi manera de conducir (un poco verde, por otro lado) pero oye, que todos tenemos nuestro orgullo. Espero no vover a tenerlo mucho, las otras son más agradables.


En cuanto a la clase en sí... pues bien: me han pitado dos veces, le he dado a un coche, casi me llevo a un abuelito por delante... bastante completa. Pero no se me ha calado -jaja, he superado esa fase-. Estaba harta de las frases del guaperas:


-No des volantazos.


-Vas muy tensa.


-Giras por girar.


-¿Por qué no mantienes el embrague?


-No des volantazos.


-Frenas de golpe.


-¿A que ya controlas los volantazos?


-Uff... parece que no hayas conducido en la vida.



GRR!! Asco da, xe.


Bueno... gajes del oficio.


Os mantendré informados sobre mis prácticas, jeje.


Besazzos!


*Luli*

domingo, 2 de noviembre de 2008

Un viaje



Me apetece hacer un viaje.


Al Caribe.


A Grecia.


A Italia.


A París.


A Formentera.


A Dinamarca o Suecia o Finlandia, o cualquier lugar del norte. Me parecen sitios tranquilos, apartados del mundo, ecologistas y bonitos.


A Lisboa.


A Berlín.


A Nueva Zelanda.


Estaría en cualquier lugar del mundo... antes que en este. ¡¡¡Un lugar sin preocupaciones ni problemas, leñe!!! En serio, levantad la mano... ¿quién es plenamente feliz, al 100%, y puede presumir de no tener ningún tormento -por ínfimo que sea- en el alma? ¿Quién? ¿Y por qué yo no puedo?


Londres también me fascina.


Y Granada.


Y Japón.



Besazzos,



*Luli*


P.D.: Apesto a tabaco.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Invierno








Queridos lulilectores...

Hoy para mí ha empezado el invierno. Me he despertado como cualquier otro día y me he puesto una sudadera por encima de la camiseta de manga larga. Como ayer no hizo demasiado frío, he decidido no coger chaqueta y... me he arrepentido unas cuantas veces a lo largo del día.

No sé si alguna vez he comentado que el invierno es -después de la primavera- mi estación favorita. El calor del verano me atormenta, soy persona de hielo, jeje -en algo se tenía que notar que por mis venas corre sangre nórdica*-. El otoño, con sus lluvias, sus vientos... me parece en cierto modo reconfortante, y la primavera es mi estación favorita porque nací en abril (es la razón principal, aunque hay más).

En cambio el invierno... tiene algo que me atrapa. Me encanta el frío, me hace sentir viva, despierta (y eso que soy muy friolera). Es una estación mágica, silenciosa, cálida (pensad en las sopas, pucheros, mantas, tés, calefacciones, chimeneas...).

Para mí pocas cosas del año son tan especiales como el primer paseo verdaderamente "otoño-invernal" con mi perra. Hoy se ha presentado la ocasión. A las seis y veinte, en pleno ocaso, he salido de casa con el abrigo gordo echado por encima de la sudadera y con las manos en los bolsillos, escuchando música y andando sin prisa por una tranquila calle que, si tienes suerte, no está infestada de yankis porreros. Hoy, gracias a la providencia de mis numerosas deidades (ya os las sabéis, ¿no? Dios, Buda, Alá, Yahvë, Zeus, Ra, Brad Pitt...) la calle estaba deliciosamente desierta y nadie me ha interrumpido en mis minutos de saboreo estacional.

Los paseos invernales con mi perra me apasionan: voy embutida cual cebolla en mis miles de capas de ropa y me paseo por el pueblo anónimamente, con las manos enguantadas y las mejillas rojas, mientras las nubes blancas destacan en un cielo cada vez más añil y menos celeste, y el sonido de los coches y la gente se mezcla en mi cabeza para dar paso a un ligero murmullo acompañado de las canciones de mis cascos. Echo vaho por la boca y veo a la gente pasar con prisas por mi lado: mujeres que se llevan a los niños a rastras del parque para bañarlos y acostarlos, chavales que acaban sus clases particulares de inglés o de matemáticas y se van a casa hablando de los exámenes, hombres que bajan de sus coches recién estacionados hablando por teléfono para subir a sus casas y cenar delante del partido, ancianos que, como yo, sólo disfrutan del frescor y se cubren sus cabezas con boinas de felpa...

Todo me recuerda a mí misma cuando era más pequeña, me vienen imágenes de tardes frías estudiando o haciendo deberes, charlando con mis amigas, jugando en el patio del colegio a recoger las hojas más amarillas, sudando después de una infantil carrera, con la cara encendida pero con una sonrisa en la cara, o simplemente mirando la televisión con una taza de té humeante entre las manos y envuelta en una manta...

El invierno para mí representa muchas cosas, es extraordinariamente nostálgico. He estado bastantes inviernos -sobre todo en Navidades- en Hamburgo y allí es espectacular. La nieve lo envuelve todo bajo un manto de silencio que la gente no osa quebrar, como si ese silencio fuera de cristal, transparente pero nítido, sólido. Un silencio que se forma al ver caer la nieve a través de la ventana, descalza sobre la alfombra, o bajo un paraguas en el porche, aunque roto poco después cuando mi padre nos animaba a correr sin zapatos por la reciente nevada, o a la mañana siguiente, cuando en el jardín hacíamos el muñeco de rigor.

Pasear por las calles de Hamburgo rodeado de luces, de gente elegante comprando regalos o sólo disfrutando de su tiempo libre, comer los dulces típicos de allí (mmmmmmmmmmm *¬* Berliner, los llaman), cenando un pedazo de carne a la parrilla en casa de mi abuela...

O una tarde por Valencia con mi familia, de compras, probándome jerséys lanudos y admirando las botas, abrigos, bufandas y gorros de los escaparates, merendar algo caliente y delicado...



En fin... a pesar de que me gusta España, con su mar, su sol y su playa... el invierno merece un puesto de honor en mi vida, especialmente porque va acompañado del gran evento de las Navidades... evento del que hablaré en otra ocasión, que se me va el santo al cielo ;)


Besazzos,


*Luli*



*Véase: Cuando tus padres se emborrachan.