sábado, 27 de junio de 2009

Conversación de ascensor



O de parada de autobús, en su defecto.


Queridos lulilectores...


No siempre es cierto que las llamadas "charlas triviales" que se tienen en lugares transitados con gente extraña sean "de besugos".


Yo misma tuve anteayer ocasión de comprobarlo, cuando me fui a Valencia en autobús desde Cullera.


Me planté en la parada de San Antonio (en mi vida había estado allí con anterioridad) y le pregunté a un señor mayor si por allí pasaba el autobús que se dirigía a Valencia. El señor, que estaba con su nieto, me dijo que, efectivamente, así era.


Aún faltaban veinte minutos para que llegara, y poco después se acercó otro anciano que se situó a nuestro lado. En la parada había mucha gente: gitanos, chicas jóvenes que iban a la playa, mujeres con la compra... yo me coloqué al lado de un panel informativo, silenciosa y discreta con mi mochila sobre los hombros, calladita, mirando la calle. Y, de pronto, el anciano recién llegado empieza a hablarnos a mí y al otro señor mayor que estaba a mi lado.


¡En cinco minutos nos contó su vida! Que si a su mujer la habían operado en Alzira de unas piedras en un riñón, que si en una hora habrían acabado la intervención (justamente la hora que él tardaría en ir allí), que si el médico le había recomendado andar pero que los pies le dolían, que si él en su juventud había sido preofesor de económicas, que si el señor con el nieto era más joven que él, porque él tenía 77 años...


Acabó hablando de Franco y de Trotski (que era ateo, pero afirmó que Dios existe). Y yo me quedé pasmada, intentando no morirme de la risa (porque era de mala educación), pero pensando... ¿y este? Al señor de al lado le pasaba igual que a mí, no sabía qué responderle.


De nuevo la reflexión de que estamos mal acostumbrados. Hoy en día nos hemos vuelto cerrados y ariscos, los antiguos valores educativos y morales se han perdido en la sociedad actual, por eso nos sentimos incómodos cuando un desconocido se nos acerca y nos aborda con naturalidad, reaccionamos de manera recelosa y desconfiada, o al menos así me ocurre a mí.


El mundo en el que vivimos está un poco loco, como me lo confirmó más tarde el conductor del autobús, que se puso a contarnos chistes mientras conducía, y más tarde intentó vendernos sandías de su cuñada.


Encima, el nieto del otro señor se sentó cerca de mí y me estuvo interrogando un buen rato, que si me gustaba el manga, que si dibujaba bien, que él sí que dibujaba bien, que si sacaba dieces en la escuela, sobre todo en Castellano y en Conocimiento del Medio...


¿Por qué me tengo que encontrar con todos los chalados de este planeta? ¿Tengo un imán atrapalocos en la frente y no me he dado cuenta?


Igual que ayer, curándome de resaca, bajé diez minutos a la playa para nadar y desconectar de todo, para estar sola con mis pensamientos (en remojo) y se me acerca una vecina cotilla y cotorra a preguntármelo todo (¡TO-DO!): que si (ATENCIÓN QUE ESTA PREGUNTA NOS SUENA) ya tenía novio (¬¬), que si mi hermana ya tenía novio, que si mi abuela aún vivía, que si ya habíamos vendido el chalé que ella tiene en la playa, que si mi carrera era difícil, que si su nieta ya tenía dos años...


OIGA SEÑORA, ¿Y A MÍ QUÉ ME CUENTA?


Peeeero cuidado, que cuando ya me la había quitado de encima, aparece ooootro vecino mío que estaba buscando conchas, la Morsa Humana, como lo llamo yo, y se pone a decirme que si está estudiando para policía, que si se presentará al examen dentro de poco, que si cómo me había ido a mí en los exámenes, que si tenía ya ganas de salir de fiesta...


MADRE MÍA, CÓMO ESTÁ EL PATIO.


Cuanta más calma y tranquilidad busca una, cuanto más sosiego y cuanta más paz, más la agobian y hastían. Qué horror.


Y todo esto regado con conversaciones de ascensor, es decir, con personas a las que no conoces, o apenas, a las que no les importa tu vida, pero que, sin embargo, para romper el hielo intentan profundizar demasiado y se pasan de la raya.


Qué paciencia, señor...


Besazzos,


*Luli*

lunes, 22 de junio de 2009

Parejas perfectas



Queridos lulilectores...


Ahora, con el veranito entrante, las parejas perfectas salen a la luz cual gaviota a la brisa. Y a los eternos solteros (como vuestra adorada Luli) pues nos da rabia, qué queréis que os diga. Ejemplos:


El otro día, volviendo de Valencia en el tren, se me sienta delante la típica pareja 10. La chica: rubia, sencilla, frágil, guapa, dulce. El chico: eco, argentino, caballeroso, cariñoso, atento. Yo trataba de leer un libro y ellos jugaban y tonteaban delante de mis morros, se acariciaban, se besaban. Pero, como eran la pareja 10, lo hacían con moderación, es decir, lo suficiente como para que en vez de sentirte incómoda delante de ellos pensaras "¡Ohhh, pero QUÉ monos!". Y, como eran la pareja 10, el chico no dudó ni un instante en levantarse de su asiento para ayudar a bajar del tren a una mujer en silla de ruedas, ante los ojos admirados del resto del compartimento. Y, como eran la pareja 10, luego él se puso a explicarle matemáticas con una hoja de papel y un lápiz.


Me dieron taaaanto asco.


Pero por parejas no será, si haberlas, haylas.


Por ejemplo, otro ejemplo, mi vecino en la playa (que ya nos hemos mudado, y no tengo Internet, solo me puedo conectar cuando vengo al pueblo, como ahora) tiene mi edad, pero es feote: aunque toda la vida ha sido flacucho y poca cosa, ahora se ha puesto gordo y enorme. ¡Pues tiene una novia! Ayer mismo, estando yo en la cocina, los vi todos enamorados desde la ventana, entrando en el apartamento de al lado.


Y luego está mi hermana... que se pasa las 24h con mi cuñado por ahí... (he decidido que me cae bastante mal, porque se burla de mí cuando aparco ¬¬).


En fin, lo que vengo a decir con esta breve entrada es que, cuando estás soltera, las parejas te resultan tediosas, y no puedes evitar aborrecerlas un rato. O, al menos, eso me pasa a mí, que soy mala persona y soy incapaz de alegrarme por la felicidad ajena. Me siento como Bridget Jones (aunque sin cigarrillos ni fajas). La envidia es muy mala, lulilectores, y la mala leche impulsada por la regla, también.


Qué rabia, qué rabia. Que se mueran todos.


Daría cualquier cosa por perderme en una playa paradisíaca yo sola, sin nadie que me agobie, o por largarme al Tíbet con los monjes budistas, o por desaparecer en algún lugar lleno de bosques medievales, en Alemania, en Inglaterra, en Escocia, en Francia... vivir en una cabaña del árbol lejos de la civilización.


Pero no, estoy en mi pueblo, en la playa, en una de las fincas más grandes, donde cientos de vecinos entrometidos me conocen, vecinos que no dejarán pasar la oportunidad de decirme en cuanto me vean:


-¡Caramba, Luli! Tu hermana pequeña te ha pasado, ¿eh? ¿Y tú? ¿No tienes ningún noviete por ahí? ¡Ay... cómo eres!


Y Luli, mientras, sonriendo estúpidamente y dándoles la razón. ¿Qué cara se supone que debe poner una cuando un adulto le repasa por las narices que es una atolondrada a la que se le va a pasar el arroz? ¿Sonreír para corroborarlo? ¿Hacer una mueca de desprecio? ¿O tratar que no se noten mucho las contracciones de la cara, en un esfuerzo por no soltarles alguna burrada y/o/u partirles la cara? ¿Por qué la gente es tan cotilla? ¿Y por qué no se preocupan de sus propias vidas, en vez de marear en la de los demás? Les odio.


Como dice Georgia Nicolson, la vida es très merde y doble culo.


Y después de esta ración de pesimismo, me despido, lulilectores.

Espero que a vosotros os vaya mejor que a mí en los infortunios del amor, y que no tengáis que sufrir las gilipolleces de los mayores igual que yo. Y que no os rodeen las parejas felices. Y que seáis vosotros muy felices.


Besazzos,


*Luli*

lunes, 15 de junio de 2009

Descubriendo la radio



Queridos lulilectores...


Para hoy, un consejo.


Escuchad la radio.


Y con ello no me refiero a la radiofórmula que todos conocemos (véase, Europa FM o los 40 Principales, entre otros). Me refiero a descubir la radio: cuando os aburráis, tengáis un rato libre, insomnio o, simplemente, os apetezca distraeros, no encendáis la televisión, sustituidla por la radio.


Empezad a buscar emisoras: Ondacero, la Ser, la Cope, Kiss FM, M80, Cadena 100, la 97.7, RNE, Radio +, la radio regional, comarcal o local... hay montones de cadenas. Yo, ahora con los exámenes, a veces no puedo dormir por las noches y enciendo la radio del teléfono: se te aparece un mundo desconocido e interesantísimo que enriquece culturalmente. A veces oigo debates de política, investigaciones científicas, programas de salud, consultorios sentimentales, charlas divulgativas... entretiene y relaja.


Si os digo la verdad, yo escucho la radio desde los doce años, más o menos. Me acuerdo del momento: fue en un restaurante con mis padres y unos amigos. Yo me aburría con la conversación de los mayores y le pedí a mi padre una radio pequeñita que sabía que él usaba a veces para el fútbol. Y me pasé toda la velada escuchando disimuladamente música clásica.


Desde entonces, me regalaron una radio pequeñita que me ponía en la mesita y la oía por las noches después de leer. Y ahí me aficioné. A partir de los 15 o 16 ya empecé a oir la radio con regularidad: cada mañana me ponía los programas despertadores de Europa FM o los 40, porque con la adolescencia me empecé a interesar más por la música, y esas dos cadenas cumplen el requisito a la perfección.


Ahora, desde hace dos años o así, ya oigo la radio por pura rutina: no puedo concebir un día en el que no la oigo, es una tarea diaria a la que dedico por lo menos de 20 minutos a una hora, como mínimo. Por las mañanas sigo oyendo Ya te Digo, pero me he dado cuenta de que llevaba esclavizada demasiado tiempo con la misma emisora (ya por costumbre), y estoy redescubriendo la radio como en los viejos tiempos.


Y disfruto con ello, la radio es un medio que me apasiona porque está un poco eclipsado por la televisión e internet, la fuerza de las imágenes contra el poder del sonido. Pocas de mis amigas oyen la radio, sin embargo, todas ven la tele y navegan por internet. Yo detesto la televisión, desde hace cosa de dos años más o menos apenas la veo: todos los programas me exasperan, todo me parece telebasura.


Veo muy poco la televisión, prefiero mil veces leer un libro, poner la radio, hojear los periódicos o meterme en el ordenador, sinceramente. Porque también voy sintiendo ya la necesidad de estar informada sobre el mundo que me rodea, la sociedad, la cultura, la política. Empiezo a sentir interés por mi entorno y, para ello, pues tengo que dedicar tiempo a los medios, supongo que forma parte de crecer. Me siento inculta, desorientada, burda e inútil (sobre todo ahora que he entrado en la universidad y, principalmente, en mi carrera, que se me exige saber cómo funciona el mundo para poder analizarlo).


No sé cómo os va a vosotros, pero mi consejo sigue vigente: dedicad una pequeña porción de vuestro tiempo a la cultura general, a vuestra formación más allá de la especialización académica que hayáis escogido o del trabajo que realicéis. Y si os da pereza coger un periódico, o pensáis que no sirve para nada (porque reconozco públicamente que me cuesta a veces seguir las informaciones de los periódicos nacionales, siempre acabo perdida entre tanta noticia), pues escuchad la radio, descubrid la radio, os gustará.


Podría pasarme horas hablando sobre los medios de comunicación (llevo todo el año haciéndolo), pero considero que, por hoy, ya hay suficiente.


Besazzos,


*Luli*


P.D.: Un último consejito, como anexo: si os cuesta leer el periódico, introducíos poco a poco en el tema, primero leed periódicos gratuitos como 20 Minutos, Qué, Adn o similares, que son más escuetos y más claros para los que se van a iniciar. =)

viernes, 12 de junio de 2009

El Tour de los Recuerdos



Queridos lulilectores....




En primer lugar, comentar con satisfacción que el blog va despertando poco a poco del breve letargo que ha vivido estas últimas semanas, cosa que me llena de alegría, porque significa que sigue funcionando y no escribo en vano, lo cual siempre levanta un poco el ánimo. Os doy las gracias por la paciencia y, de nuevo, os doy la más sincera bienvenida a la reapertura de este pequeño loft internetarial, tanto a los lectores veteranos como a cualquier despistado que se quiera unir a la microcomunidad. =)




Y en segundo lugar... queridos lulilectores... creo que hoy... he sido feliz.




¿Recordáis aquella complicada entrada que escribí no hace mucho, en la que buscaba el sentido de la felicidad y divagaba sobre ella? Hm... hoy me ha venido una especie de retazo, un soplo de aire fresco que me ha pintado una sonrisa en la cara y que, como considero que ha sido un importante evento, pues no quería dejar pasar la oportunidad de relatarla.


No puedo menos que contar el transcurso de mi día que, por otro lado, no ha sido en absoluto espectacular. Me he levantado a las seis para repasar para un examen que tenía a las 9 y, después del examen, he vuelto a mi pueblo para comer. Tenía una entrevista de trabajo en un restaurante de mala muerte en la playa, pero no he salido muy contenta de allí, por lo que, al regresar, después de la merienda, me he ido a Gandía con mis padres y he seguido echando currículums por hoteles y tiendas (hasta catorce he echado, con nulas esperanzas, la verdad).


Ha sido después, cuando habíamos terminado nuestros asuntos en Gandía (serían cerca de las nueve ya y todos estábamos bastante agotados), nos hemos dirigido en última instancia a una carnicería de un pequeñísimo pueblo de los alrededores llamado Barx, porque mis padres querían ir a una carnicería conocida ya que mañana harán una barbacoa en casa con unos amigos.


He ido muchas veces a Barx, sobre todo de pequeña, porque está a un cuarto o veinte minutos de mi casa, aproximadamente, y mis padres nos han llevado muchas veces a mi hermana y a mí de niñas, para ir a la ya mencionada carnicería, comer en un restaurante o llenar garrafas con el agua de una fuente. Hacía mucho tiempo que no iba.


Barx está situado en lo alto de una montaña, y para acceder a ella desde mi pueblo tienes que subir una cuesta empinada y costosa repleta de curvas, las llamadas "Revoltes de Barx", porque la carretera rodea por completo dicha montaña en dirección ascendente, puesto que Barx se encuentra en la cima de la montaña.


Y hoy, volviendo de Barx, bajando por las "revoltes", agotada como estaba (no solo del ajetreado día, que si la mañana en Valencia, que si la tarde en Gandía, que si he dormido poco por culpa de los exámenes, sino más bien exhausta después de una dura temporada), pues me he repantigado en el asiento de detrás del coche y he abierto la ventanilla para que me diera el aire en la cara. Y entonces ha llegado. De manera imprevista, pero clara: la felicidad.


Por la ventana del coche veía todo el valle, la Valldigna, los tres pueblos: Simat, Benifairó y Tavernes, rodeados de infinitos campos de naranjos verdes. Y, al fondo, el mar, azul y apacible, enmarcando el hermoso cuadro visual que tantas veces he visto, que tan bien conozco. Escuchaba música tranquila y nostálgica a través de los auriculares, e infinitud de recuerdos y sensaciones se han mezclado de pronto en mi cabeza: en realidad creo que la morriña me ha venido ya en el mismo Barx; las angostas calles, la tranquilidad del ambiente, los ancianos paseando, los geranios de los balcones... todo me ha calmado, me ha alejado del ruido, el estés, las prisas de Valencia; las riñas de mi casa o las hipocresías de mi pueblo.


En los breves veinte minutos que ha tardado mi padre en llegar de Barx a Tavernes he notado cómo un sentimiento se apoderaba de mi interior. No, un sentimiento no, más bien un estado: Mediterráneo puro. Naranjos, mar, montaña, brisa estival, crepúsculo. Y me he dicho: soy feliz.


¿Problemas? ¿Qué más me dan los exámenes, el trabajo en verano, las discusiones con mi hermana, los veinte euros falsos...? ¿Qué importan? ¿A quién le importan? ¿Acaso al viento que arrastra el olor de los pinos del camino hasta mi ventana? ¿Acaso al mar, que me devuelve la mirada desde lo hondo como si de un espejo se tratase? ¿Acaso a los azahares que se caen de las ramas? ¿Les importan a ellos mis problemas?


¿Y a mí? Me he dicho: por mucho que mis problemas me estresen, aquí en el coche, sentada y con el pelo revuelto por el aire, no los voy a solucionar. No voy a avanzar en ningún sentido, por lo que... ¿para qué preocuparse? ¡No tiene sentido!


Creedme, lulilectores, cuesta expresar con palabras convincentes el torrente de impresiones que me ha inundado en un momento; es difícil darles forma. Pero os aseguro que, por un momento, por un escuálido instante, lo he sentido: me ha llegado y me ha pasado de largo. Hubiera querido que durara más, sí, pero entonces quizá no hubiera sido tan valioso. Casi se me ha salido la lágrima y todo, pero me he contenido porque de vez en cuando mis padres me hablaban.


Y todo a causa de enlazar algunos recuerdos de la infancia con imaginaciones del futuro, mezcladas con sensaciones del presente. Una especie de velo invisible me ha atrapado, un velo transparente y delicado, suave, sedoso y brillante, pero, al mismo tiempo, grueso y protector: el velo me ha arropado durante esos veinte minutos, me ha separado del resto del mundo. De todo el mundo. Nadie existía en mis pensamientos durante esos minutos, nadie que no fuera yo. Es como ese edredón del que no te gustaría salir algunas mañanas, cuando presientes que vas a tener un mal día o, simplemente, decides que no te apetece abandonar su calor para meterte de lleno en el duro combate que es la vida. Pero, para qué engañarnos, siempre acabas saliendo, excepto cuando tienes 38ºC de calentura (que es cuando quieres salir y no puedes, pero en fin).


Pues el velo se ha ceñido sobre mí, me ha dicho: yo te cuidaré durante veinte minutos. No temas. Y así ha sido.


No sé... me gustaría que os pasara, te deja nuevo. En el momento menos esperado puede suceder, es como una sorpresa. Y vale la pena.


Dicen mis amigos de la facultad que yo vivo en Mordor, porque mi pueblo está taaaan lejos que nadie sabe ubicarlo con certeza en el mapa. Lo dicen en broma, a mí nunca me ha molestado, porque yo soy la primera que siempre se está quejando de mi pueblo. Pero, por mucho que a veces lo deteste, no deja de ser mi hogar y hoy, desde hace mucho tiempo, no me fijaba en lo preciosa que es la Valldigna vista desde las "Revoltes de Barx".


Y, bueno, puede que mi hogar sea Mordor, pero... es el Mordor más bonito del mundo entero.


Besazzos,


*Luli*


P.D.: En directo impresiona más que por la fotografía. ;)

lunes, 8 de junio de 2009

La espinosa cuestión de los 20 euros



Queridos lulilectores...


Llevo una racha impresionante. A parte del estrés de los exámenes y de mis complejos bridgetianos (porque, sí, lulilectores, me siento como Bridget Jones: moriré gorda, vieja, solterona y amargada), tengo otro problema que me está quitando el sueño y en el que me estoy dejando la vida. Empezaré desde cero.


Resulta que yo, como usuaria habitual de Renfe y del servicio de trenes, me fui un día cualquiera a la estación a comprarme el billete de 5,30€ con uno de 50€, para cambiar y tener dinero toda la semana. Y la gorda (porque está gorda) de la taquilla me dio dos billetes de 20€ y moneditas.


Pues resulta que uno de esos billetes de 20... era falso. Yo no me di cuenta, pero esa misma tarde fui a Mercadona a pagar unas compras y la cajera se puso a toquetearlo para confirmarme, delante de toda la clientela, que, efectivamente, me lo habían endosado (no creo que sea necesario describir todos los colores que me debieron pasar por la cara en ese momento). Después de la vergüenza, me hirvió la sangre pensando en la gorda de Renfe, pero los 20€ y el mal trago los seguía teniendo yo.


Reclamar es inútil, eso es evidente. Al banco, tampoco voy a ir porque me los confiscan y no me hace ninguna gracia que me quiten 20€ estando mi bolsillo tan pobre como las ratas, vale, no pasa nada, me dije, intentaré volver a colárselos a la de Renfe. ¿El problema? Que no la he vuelto a ver desde entonces y las otras dos están más espaviladas, porque las he visto rascar billetes de la gente para comprobar su valor.


Además, es que se nota un montón que el billete es falso, está mal cortado y no rasca bien, lo que pasa es que yo, a las 8 de la mañana y pendiente de no perder el tren (a la vez que medio dormida) pues ni me enteré de que me los habían colado (espero que sin mala intención, porque si no la gorda y yo acabaremos mal).


Bueno, no pasa nada, me digo. Intentaré colarlo yo también, me dije (lo típico). Mi padre (El Grandísimo Rey del Mambo), me aconsejó que lo intentara en el horno de la esquina, pero a los pocos días desistí porque la panadera salió en las noticias por ser famosa como "una gran detectora de billetes falsos", puesto que dieron la noticia por la tele. ¡¡¡Mira que han tenido tiempo para informar en los telediarios de que hay que tener cuidado con los billetes falsos!!! ¡¡¡Y mira que ha habido circulación de billetes!!! Pues a Luli, como buena víctima del Señor D, se le junta todo (para hacerlo más interesante, si no no tiene gracia): información y billete.


Me siento como en una especie de juego de rol absurdo en el que todos los problemas te tocan a ti para ver de qué manera sales adelante (aunque nunca he jugado al rol, pero en fin, creo que se me entiende). ¿Y a quién le cuelo yo ahora los 20 euros? Porque cuando llevas un billete falso pero no lo sabes, no pasa nada, pero cuando eres consciente de ello, de repente todo el mundo te parece más suspicaz, desde la quiosquera de 50 años hasta la dependienta de 20.


Buscas víctimas, lo planeas vilmente. Se lo colaré a la de la carnicería de la esquina, que tiene pinta de inútil. O no, mejor a la pastelera de la calle mayor, que suele haber mucha gente y a lo mejor no se da cuenta. Al final se me ha ocurrido ir al puesto de chucherías del paseo "a ponerme saldo", pero la máquina estaba rota. ¿Y he hecho todo el viaje en vano? No, Luli, ya que estás lo intentas.


Me he comprado un paquete de pipas y unos chupa-chups... y he sacado el billete. La mujer (que me conoce, eso es lo peor) se ha puesto a hablar distraídamente pero de pronto va, lo examina y se pone a rascarlo... ¡hola! pero si este billete es falso, chica. Había dos clientes más, un señor mayor y una anciana, se han puesto a aconsejarme que intente colárselo a alguien, que no vaya al banco, que me lo confisacarán (¿¿¿de verdaaaad??? ¡¡¡Qué idea!!! ¿Cómo NO se me habrá ocurrido antes?).


La del puesto diciéndome que cuánto lo sentía, que le sabía mal, pero que se nota en seguida, y se han puesto a charlar animadamente del asunto mientras yo pasaba (por segunda vez) una vergüenza de narices (narizudas, en este caso). Supongo que ahora esa señora se fiará menos de mí, es lo que tiene.


Pero es que el asunto me ha abatido, no entiendo por qué me tiene que pasar todo a mí. Ya no sé si volver a intentarlo, porque a este ritmo todo el pueblo se enterará de que tengo un billete falso (y en Valencia ni me atrevo a sacarlo, allí la gente parece mucho más avispada), pero es que, por otro lado, paso de perder 20 euros porque sí.


¡Cómo odio a la gorda de la Renfe! No me la volverá a colar y, es más, si puedo, intentaré estacárselos a ella, aunque ese día justamente le de por rascarlo (que no sería raro que pasara). Pero, mientras tanto, el problema lo sigo teniendo yo y, eso, unido a mi mala suerte, pues ya me veo detenida en comisaría si esto sigue así.


Diosssss, no hay derecho.


Encima tengo otras preocupaciones, porque tengo que buscar trabajo para este verano, como siempre, a última hora, y veremos si tengo suerte y me cogen en algún lado porque si no lo voy a tener difícil con mi padre. Estrés, estrés, estrés.


Bueno, os dejo por hoy, lulilectores, a lo mejor es la última vez que escribo porque, con lo bien que me va todo, igual me atropella un camión dentro de poco, o me muero del asco (¬¬).


Besazzos,


*Luli*


P.D.: Desde aquí, un mensaje para los falsificadores de billetes: o lo dejáis estar o, por lo menos, esforzaos un poco en las copias, que luego la gente torpe como yo lo pasa mal.