domingo, 26 de diciembre de 2010

Feliz Navidad!

Queridos lulilectores...

¡¡¡Feliz Navidad!!!

Espero que hayáis pasado unas buenas fiestas (y que disfrutéis de las vacaciones hasta Reyes), repletas de comida, alegría y buena compañía.

Os quiere,

*Luli*

martes, 21 de diciembre de 2010

Guantes peludos, mujeres lentas y el chico vampiro





Queridos lulilectores...

Vaya un título más singular, ¿no? Es un cúmulo de cosas que me han estado pasando últimamente.

Lo de los guantes peludos ha sido esta mañana: he salido a hacer las compras navideñas, a última hora, como siempre (hay una tradición que mantener), y resulta que me he puesto por primera vez unos guantes que me compré hace siglos, pero que todavía no había estrenado. Es que esos guantes, a pesar de que son muy calentitos, tienen un ENORME problema: que son DEMASIADO peludos, y es que, en serio, solo con mirarlos ya sueltan esa horrenda pelusilla blancuzca que después se queda pegada en todas las chaquetas, que parece que vivas con ocho gatos.

La mañana de compras hubiera transcurrido con bastante agilidad de no haber sido por el contratiempo de las mujeres lentas (segundo apartado del titular), que, no sé por qué, siempre vienen a mí como moscas a la miel. Mira que hay cantidad de viandantes por las calles, y multitud de personas que te rodean mientras paseas por el centro de una ciudad como es Valencia. Bien, pues TODAS las señoras mayores de quinientos años que hoy han salido a la calle a tomar el fresco se han pasado la mañana rodeándome. Porque, ahora en serio, ¿acaso hay algo más divertido que bloquear el paso a una estresada Luli en una húmeda mañana de diciembre? Por culpa de incalculables nonagenarias he tenido que esperar todos los semáforos en rojo, cuando a una velocidad normal (normal es a menos de ocho minutos por paso) hubiera realizado todos los encargos en menos de una hora. En fin, no vale la pena mosquearse a estas alturas de la vida (las doce de la noche), porque es Navidad y tenemos que ser generosos con nuestros congéneres, aunque sean SEÑORAS QUE TENDRIAN QUE ESTAR EN EL BINGO Y NO BLOQUEANDO EL PASO A LOS DEMAS CUANDO TIENEN TODA LA CALLE LIBRE PARA PASAR.

No lo pienses, Luli, no lo pienses.

Para cambiar de tema, y pasando al último punto de hoy... ¿quién es el chico vampiro? Pues no lo sé, pero constato (de nuevo) que siempre me estoy encontrando con gente interesante por ahí. Al chico vampiro solo lo he visto dos veces por Valencia, pero eso ya es decir, porque con la de gente que hay por ahí, es muy extraño ver caras repetidas en el ámbito que sale de tu rutina cotidiana. Y, por si eso no fuera ya bastante casualidad, también le vi las dos veces en la misma semana, lo cual debe ser una señal de algo, por eso lo comento, para que después no se me olvide (¿por cierto, os conté lo de que este año tengo a un pelirrojo en mi clase que se apellidaba igual que el pelirrojo del tren? Tengo que revisarlo).

En fin, al grano que se me va el santo al cielo. Resulta que la semana pasada iba yo tan tranquila en mi autobús hacia clase, cuando me empiezo a fijar en un muchacho que, aunque no es guapo del todo, me llama extraordinariamente la atención. Iba vestido de forma muy elegante: no con el típico traje de chaqueta, sino con unos vaqueros ajustados, zapatos brillantes, una camisa ceñida por un chaleco satinado y una corbata. Iba súper concentrado leyendo un libro (puntos a favor), aunque no le terminaba de ver la cara en ningún momento, porque tenía el pelo larguito así por los hombros y muy rizado. Me pasé el viaje observándole de reojo, y digo que se me antojó un vampiro por lo blanco que era de piel, y por su estatura larga y escuálida. Se bajó unas cuantas paradas antes que yo.

No volví a pensar en él, pero dos o tres días después me lo volví a cruzar en la estación de tren, cuando yo iba para casa. Esta vez le vi con gafas a lo retro, y me lo crucé directamente: el mismo ¿uniforme? de camisa, chaleco y vaqueros, y la misma cara de vampiro. Ahí sí que me quedé un rato pensando en él, notablemente sorprendida, y lo primero que pensé fue que os lo iba a contar a vosotros, ya que sois los depositarios de mis paranoias mentales más profundas...

Y esto es lo más interesante que me ha estado sucediendo en los últimos días, bueno, esto y que asistí a una tutoría con el don profesor Sujeto G, al que le mandé en un arrebato de tontería una nota navideña en mi primer año de universidad. No me preguntó el nombre, solo mi ciudad de procedencia, y yo di gracias al cielo porque si se acordara a mí me daría un patatús (o dos). Aunque, ahora que lo pienso bien (y después de haber tenido la oportunidad de conocerle -ha sido, con diferencia EL MEJOR profesor que he conocido en la facultad-) prefiero habérselo mandado a él que a otro, porque hubiera podido ser mucho, muchísimo peor. Es muy simpático, ocurrente y gracioso, así que quizá en aquel momento se lo tomó con humor, no lo sabría decir.

OH, DIOS

En qué de marrones tontos me meto siempre sin necesidad alguna. En fin, lo voy a dejar aquí por hoy porque es tarde. Pero tengo una buena noticia (por lo menos de momento): cuando pasen Navidades y haya hecho mis exámenes de enero, dejaré atrás toda la locura bloguera que me ha acosado durante este cuatrimestre, así que es muy probable que vuelva a escribir con mayor asiduidad, por si aún le interesan a alguien mis andanzas. Pero no prometo nada, que después me tengo que morder la lengua ;)



Besazzos,



*Luli*

sábado, 11 de diciembre de 2010

El más profundo y absoluto TERROR


Queridos lulilectores...


Estoy aterrorizada, paralizada, shockeada, atontada, petrificada, asustada... ¡¡¡me faltan adjetivos!!!


El jueves que viene se espera de mí que hable EN PÚBLICO delante de unas 60 o 70 personas aproximadamente. Tengo que hacer una exposición YO SOLA ante un grupo de gente que no conozco DE NADA porque no son mis compañeros habituales de clase, sino un grupo con quien comparto solo una asignatura... y el terror me va a quitar el sueño. Lo veo venir.

Porque encima son una pandilla de sabelotodos empollones, que TIRAN A MATAR con las preguntas del debate, y me juego lo que queráis a que no voy a saber contestar.

Oh, Dios, ¿por qué?

No es que no haya hecho nunca una exposición (en más de la mitad de mis asignaturas de la carrera he hecho exposiciones), pero siempre en grupo, y solo me tocaba hablar unos cinco o, como mucho, diez minutos. ¿De qué narices voy a estar hablando durante MEDIA HORA yo sola? ¿Qué quieren que les cuente? ¿Mi vida desde que nací? NO HAY DERECHO.

ODIO HABLAR EN PÚBLICO, ES ALGO QUE ME MATA.
Y sé que se me da mal porque es algo que he hecho muchas veces. Y cada vez que voy a subirme al estrado (sí, encima de un estrado y todo), me entra PÁNICO total.

OH, DIOSS. ¿POR QUÉ?


Me quiero morir. Lo de imaginar que tu público son tomates no funciona. Y lo de imaginar que están desnudos, tampoco (es más, con la retorcida imaginación que tengo, más de una vez me han entrado náuseas con tales pensamientos y he tenido que cortar de raíz). Llevo fatal eso de ponerme delante de casi un centenar de personas que me van a estar juzgando aunque no me conozcan de nada. Me tiembla todo el cuerpo solo de pensarlo...

CIELOSSS!!! HORROR TOTAL!!!

¿Algún consejo?

Besazzos,

*Luli*

domingo, 28 de noviembre de 2010

Depósito de pensamientos

Queridos lulilectores...

No sabía qué título poner a esta entrada. Puede que algunos hayáis pensado que estoy muerta, o que me he ido sin despedirme... No, todavía no. Sigo siendo Luli.

Pero Luli ha cambiado un poco. Si soy sincera, hace como tres o cuatro semanas que no entro a este enlace. La razón la sabéis de sobra: falta de tiempo. Pero no es solo eso, porque antes, hace años, también tenía falta de tiempo y, aun así, siempre conseguía un huequito para mi pequeño blog anónimo, que era un poco como mi bebé.

Pero estos últimos meses, desde el verano... he estado (a parte de tremendmente atareada -como todos los demás, supongo-) bloguísticamente hastiada. Creo que ya lo he comentado alguna vez, que llevo otros blogs en la universidad. Concretamente, dos. Y me obligan a escribir entradas semanales (naturalmente, no tienen nada que ver con el tipo de blog que es Trotes y botes), pero es que, desde entonces, mi disposición a los blogs ha cambiado un poco.

Yo empecé con esto de los blogs a los 16 años (y y a tengo 20, madre mía, si me habéis visto crecer), y era algo que hacía totalmente por entretenimiento, no por obligación. Sin embargo, ahora, debo actualizar blogs día sí y día también, y como que me he hartado tanto que este se ha visto desplazado, porque forma parte de mi tiempo libre (el cual también se ha reducido considerablemente).

Además, he notado que estoy en una nueva etapa, atravesando una fase diferente de la vida de la que, hasta el momento, no he podido haceros partícipes a causa de todo esto. Entonces, no es que haya dejado de escribir para siempre, pero por primera vez siento que necesito un respiro. Por eso, pido paciencia, porque creo que mi instinto narrador me impedirá abandonar el blogueo, pero, por el momento, no me resulta viable.

No es que se me hayan acabado tampoco las anécdotas, las batallitas, los pensamientos o las ocurrencias (si es que alguna vez las tuve, tampoco me voy a poner ahora presuntuosa). Simplemente, es que no veo el momento de sentarme delante del ordenador como cuando iba al instituto. Mis actividades han cambiado. Ni siquiera escribo (mis novelas y mis historias, digo).

Ahora, el tiempo que no paso haciendo cosas de la facultad, lo paso de distintas maneras. He estado saliendo más. Vivo por primera vez en una ciudad, y hag0 más vida fuera de casa. Cuando llego a mi piso por las noches (porque encima mis clases son por la tarde), estoy reventada, y solo me apetece cenar, charlar un rato con mi compañero de piso y dormir. Tampoco leo como antes.

Me enfrento a nuevas experiencias que me quitan tiempo, y es que ni siquiera encuentro el momento de pararme a pensarlo. Puede interpretarse incluso como algo positivo, no lo sé.

Sin embargo, hay días en los que, como hoy, creo imprescindible abrir la pestaña de "andanzasdeluma.blogpot.com" para soltar una pequeña parte de todo lo que llevo dentro de mi cabeza. Como cuando tenía 16 años y necesitaba ser escuchada por alguien, aunque ese alguien solo fuera el reflejo de mis pensamientos expresados en un espacio virtual. Hoy me he sentido un poco Luli. Una Luli cambiada, pero Luli en su esencia.

Es curioso, porque me vienen imágenes de mí misma hace varios años ansiosa por publicar en el blog las últimas andanzas vividas, los últimos trotes de mi vida. A veces redactaba la entrada mucho antes de publicarla, o las frases se me presentaban ya construidas en la cabeza con antelación. Ahora siento que "debo" publicar alguna entrada de vez en cuando para que esto no muera, pero es como regar sobre un árbol marchito ya. Por eso quiero evitar esa sensación de "escribir por actualizar". Quiero esperar a que pase esta etapa de tanto blog (a lo mejor en el siguiente cuatrimestre, cuando me cambien las asignaturas, recupero algo de ganas), y ya seguir intentándolo con energías renovadas.

Esto es como un respiro, una pausa en el camino. Solo temporal, un pequeño hasta luego.

No es un adiós. Supongo que volveré algún día; igual es mañana, que dentro de una semana o ya para desearos una Feliz Navidad. No me lo tengáis en cuenta. Igual algún día cambio de nick y cierro este blog para dar fin a mi etapa adolescente. Pero entonces supongo que abriré uno nuevo. Siempre tendré esa venita lulística.

Puede que ya no me queden lectores, como al principio de empezar esta aventura. No importa. Este blog seguirá siendo un depósito de pensamientos. De mis pensamientos. Mi pensadero particular (en honor al reciente estreno de la última película de Harry Potter).

Hasta entonces,

*Luli* (besazzos) =)

domingo, 24 de octubre de 2010

¿Luli cocinitas?



Queridos lulilectores...


No sé si alguna vez he comentado que detesto la cocina y cocinar. Bien, pues parece ser que eso está cambiando o que, por lo menos, no me queda más remedio que cocinar para sobrevivir en el nuevo piso de Valencia. Todavía no os he hablado mucho sobre eso porque aún no me han puesto Internet allí y no puedo comunicarme con el exterior, y cuando vengo a Tavernes (como ahora, en fin de semana) aprovecho Internet al máximo para mis deberes, que son todos a través de la red.


En fin, pero lo que realmente venía a contaros es que hoy he hecho mi primera comida para toda la familia, un arroz que suelo preparar con verduras y carne picada; lo que pasa es que me ha salido más pastoso porque de normal tengo la medida para una persona, y para cuatro es más complicado. Yo lo he encontrado algo insípido, pero mi familia ha insistido en que estaba bueno; yo creo que para darme ánimos, lo cual tampoco está del todo mal.


La última vez que lo hice (en Valencia) mis compañeros de piso se quedaron boquiabiertos, mirando mi plato con envidia y metiendo la cuchara a traición, para probarlo. Repito, no es que mi arroz sea una maravilla, o algo del otro mundo, pero... no me sale del todo mal.


Para alguien que siempre ha odiado la cocina es un comienzo, ¿no?


¡Seguiré informando!


Besazzos!


*Luli*

sábado, 2 de octubre de 2010

Nueva etapa




Queridos lulilectores...


Hay algo que me ha sucedido recientemente y que todavía no os he contado, por falta de tiempo. Estoy compartiendo piso con dos estudiantes más en Valencia, por primera vez desde que estoy en la universidad. He pasado allí mi primera semana, y no ha estado del todo mal, es una nueva experiencia.


Iré informando sobre la marcha, que no os quepa duda.


Besazzos,


*Luli*

domingo, 26 de septiembre de 2010

MANDA HUEVOS!!!!!




Queridos lulilectores...


MANDA HUEVOS lo que me ha pasado. Pfffffffffffffffffffffffffff


No es que yo sea gafe, es que yo soy LA gafe. La gafe de los gafes. Vivo en Gafelandia. Peor: en Gafelulilandia. ¡Qué digo! Soy la reina de Gafelulilandia. ARRRGHH!!!


¿A qué viene tanto revuelo? Os lo cuento:


Toda historia de terror tiene un final. Y, como la misma palabra indica, el final tiene poco de divertido: suelen ser terroríficos. Por una vez, mi historia particular de terror no se sale de lo normal y se ajusta a la norma: es un final PARA NO DORMIR.


¿Y qué historia es? Pues a los lulilectores habituales de mi blog no os será desconocida, pero a los que son nuevos, o estén interesados o, simplemente, a los que necesiten recordar de qué hablo, aquí está la PRIMERA PARTE de este cuento horripilante, y aquí la SEGUNDA PARTE, para refrescaros la memoria.


Resumo: se trata de la historia de la agenda perdida de hace dos Navidades, allá por el 2008, cuando Luli era buena persona y bastante inocentona, dicho sea de paso. Un día tonto Luli decidió que perder la agenda de la Universidad en una aula sería de lo más divertido, así que se la dejó abandonada debajo de un banco y, de no haber sido por un simpático sujeto que decidió devolvérsela y comunicárselo por email, Luli ni se habría enterado.


Luli, entonces, henchida de gratitud y de bastante tontería, le mandó al susodicho una ñoña tarjeta de felicitación navideña como muestra de gratitud, por el susto que se había llevado al darse cuenta de que, efectivamente, se había quedado sin agenda, y Luli se quedó tan pancha, toda satisfecha de la buena acción.


Pero la historia no acabó ahí, como supondréis, porque nada más y nada menos que CINCO meses después, Luli descubrió, con gran horror, que el sujeto amable no había sido un cívico alumno cualquiera, o el conserje en su defecto, sino que se trataba de UN PROFESOR al que Luli, toda INGENUA, había mandado una TARJETA DE FELICITACIÓN. Repito la gravedad de la situación por si a alguien no le ha quedado del todo claro: LE MANDÉ UNA TARJETA DE FELICITACIÓN ÑOÑA A UN PROFESOR QUE NO CONOCÍA DE NADA EN NAVIDAD. SOY O NO SOY LA REPERA?


Pues biennnnnnnnnn: AHORA es cuando viene la tercera (y peor) parte del asunto, aunque supongo que os lo estaréis imaginando ya... ESTE AÑO ME HA TOCADO ESE PROFESOR EN UNA ASIGNATURA TRONCAL OBLIGATORIA, DOS AÑOS DESPUÉS DEL FATÍDICO SUCESO. AHORA NO ES UN PROFESOR CUALQUIERA, NO, AHORA ES MI PROFESOR.


¡¡¡Es que, si lo recuerda y me reconoce por el nombre, puede pensar cualquier cosa!!! Que yo soy una pre-pelota, o que a lo mejor me gustaba, o que le admiraba, o que así me aseguraba un aprobado, o... ¡¡¡vete tú a saber!!! Es que me he puesto yo sola en un compromiso, ya ves tú qué necesidad había. De verdad... no me meto en más líos porque no los hay, en serio (comprobado está: ¿que no hay lío al canto? Luli como Juan Palomo: yo me lo guiso... Y YO ME LO COMO) ¬¬


Santo Cielo. ¡¡¡¡Quieran Dios, Buda, Alá, Yavë, Ra, Zeus, Karevan, Paladine, Romeo, Julieta, Brad Pitt, Mortadelo, Filemón, Pipi Calzaslargas, Manolito Gafotas, Samsagaz, Rhianna y Lina Morgan que, POR FAVOR, no se acuerde del incidente!!!! O me acabaré de hundir en la miseria, en serio os lo digo.


¿Sabéis la sesión de VERGÜENZA que me tendría que meter entre pecho y espalda en caso de que lo recordara? Se me pondrían coloradas hasta las uñas de los pies. ¡¡¡ESO ME PASA POR SER BUENA PERSONA!!! NARICES NARIZUDAS YA CON LA BUENPERSONIDAD. SE ACABÓ.


Si eso me lo olía ya, desde el día en que vi ese cartel colgado en la puerta... tendría que haber sospechado. No supe verlo. Pero lo tengo muy claro, si me dice algo (RECEMOS para que no se acuerde, o para que si se acuerda, no me diga nada) me pienso hacer la loca, en serio. Como si la que no se acordara (cuando en realidad lo único que quiero es olvidarlo) fuera yo.


En cuanto al profesor en sí, jopé, es que encima es joven y simpático. Guapo no, porque guapo no es (es calvo, además), pero es muy divertido, bastante interesante y de los más jóvenes que he tenido (solo 34 años). Aunque creo que es gay, lo cual me tranquiliza un poco. Pero con lo rematadamente gafe que soy (porque lo soy) tendré que estar alerta, porque fijo que esto no se acaba aquí, seguro que aún queda algún episodio para epílogo o algo por el estilo.


En fin... que no puede ser conmigo, y que MANDA HUEVOS lo que me gusta complicarme mi, ya de por sí excéntrica, vida.


Besazzos... y que ojalá nunca os metáis en tonterías de esta guisa, no os lo deseo a nadie. xD


*Luli*

lunes, 13 de septiembre de 2010

Un descubrimiento interesante

Queridos lulilectores...
El sábado me di cuenta de una cosa que no deja de parecerme inusual: se me da mejor (o encuentro más cómodo) bailar con tacones que bailar con Converse. Qué cosas, ¿no?
Besazzos,
*Luli*

viernes, 3 de septiembre de 2010

Septiembre... inicio de las vacaciones



Queridos lulilectores...


Sé que para muchos de vosotros el mes de septiembre es sinónimo de FIN de las vacaciones, pero en mi caso ya sabéis que es al contrario porque todos los veranos trabajo. Este año, como no ha sido diferente, pues dentro de nada me pondré a tocarme las narices (sinónimo de vacaciones); y además llegan por la puerta grande porque mis padres estarán en Madrid de trabajo hasta el día 13, y mi hermana se irá en breve con ellos... ¡¡¡sola en casa en vacaciones!!! ¿Se puede pedir más?


Bueno, pero no he venido a hablar solo de mis vacaciones (que, a todo esto, aún no han empezado; porque son a partir del lunes), sino que he venido más bien a... hablar. Hablar a secas. De lo uno, de lo otro, de esto, de aquello... A poneros un poquito al corriente (a los que todavía estéis interesados) de lo que ha sido de mi vida durante estos dos meses, porque ya os comenté hace algunas semanas que andaba algo liadilla, y que en verano no me apetece escribir tanto como en otras épocas del año. Y eso que por batallitas no será.


Y voy a hablaros hoy (en resumidas cuentas) de un chico que, a mi parecer, es GILIPUERTAS (por no ser más explícita, pero imaginad que en lugar de "puertas" hay otro sufijo... ¬¬). En fin. Tampoco sé muy bien por dónde empezar, ni qué contar exactamente, porque en realidad es que no hay mucho que decir... Me estoy haciendo un lío yo sola, imaginad lo confundida que me siento.


(*Luli respira hondo, trata de relajarse*). Vale, creo que puedo comenzar. Vamos a ello.


Rrrresulta que, como sabréis, y exceptuando el catastrófico verano del año pasado (donde estuve en un supermercado en el que me acosaban los ornitorrincos iletrados), trabajo todos los veranos en una tienda de ropa que, aunque no es tan elegante como Zara, pues para una playita pequeña va tirando, y a mí me pagan bien las horas. Partiendo de ese punto, es posible que también estéis al corriente de que al lado de dicho establecimiento hay una Farmacia, la única Farmacia de la playa de Tavernes (hace años le dediqué una entrada incompleta de mis primeras impresiones; la podéis ojear aquí).


Y, si os habéis molestado en mirar el enlace que os acabo de dejar (aunque solo sea por encima), os daréis cuenta de que los farmacéuticos no son precisamente... mis mejores amigos, por decirlo de alguna manera. No es que me odien a mí en particular (aunque creo que me tienen un rencor especial porque ya es el cuarto año que los tengo de vecinos); simplemente, hay rivalidad entre ambos negocios porque comparten número, bajo en el mismo edificio y... la verdad es que la convivencia se vuelve complicada ya que se trata de gente de lo más dispar (mi jefe parece un mafioso y, pues qué queréis que os diga, me parece normal que los pijos estirados de la bata blanca le miren entre sarcásticos y escandalizados).


De todas formas, a pesar de todo eso, a mí hay un farmacéutico en concreto que... me trae de cabeza. Ya sabéis quién es, lo comenté hace poco: se trata del Chico Kawasaki. Desde el primer verano, ese chaval me hace tilín, y no sé todavía por qué (ya dije que no es guapo, y que parece un empollón); a lo mejor es por la moto (porque su coche es un TRASTO ¬¬), o por lo terriblemente alto que es, o por su aire despistadillo... no sé. Algo hay.


Así pues, puede decirse que el Chico Kawasaki (CK, ya sabéis) es mi amor platónico (o uno de ellos) del verano. Desde hace ahora 4 años. Y... ya no sé tampoco si es porque el año pasado casi no le vi (porque no estuve en la tienda), o porque yo he crecido o qué... el caso es que, lo que empezó como una tontería, ahora es un auténtico capricho. Este verano, a principios, decidí que no iba a caer en la trampa, que iba a ignorarle (a diferencia de otros años), que no haría el tonto ni iría a la Farmacia tropecientasmil veces por mes solo para que él me atendiera. Ja. Jaja. Jajajaja. Me río.


¿Ignorarle? ¡Me he obsesionado! Para mí, desde mediados de julio, el momento más importante del día se ha vuelto aquel en el que él sale del trabajo y va a subirse al coche (generalmente, aparcado delante de mi escaparate). Si no le veo, se me agua la jornada. Me paso las horas mirando por el cristal, ansiosa de que salga a tirar la basura o de que se vaya a casa, solo para verle. ¡¡¡Y el problema está en que él a mí también me mira!!!


OOOOOOOOOOOOOOooo!!! ¿Y problema por qué, Luli, tonta? Os estaréis preguntando. ¡Si tú le miras y él te mira, es decir, os intermiráis, no hay ningún problema! ¡¡Pues claro que hay un problema!! ¡El problema es que no me habla!


Me mira CADA DÍA, y esta última semana más aún, porque sabe que el domingo cerramos ya. Hace cosas para salir de la Farmacia a deshoras: un día que si tiro la basura al contenedor de en frente, otro día que si voy al horno y paso por delante, otro día que si entro el trenecito de los niños mirando hacia el cristal de la tienda... y cuando sube al coche es que se me queda mirando (eso sí, de reojo, que él es muy discreto). ¡¡¡Pero nunca dice nada!!! Ni siquiera sonríe. Nada de nada. Solo mira.


Ya sé que nadie de la Farmacia esa saluda nunca a ninguna empleada de la tienda donde trabajo, porque nos odian y nos tienen mucha manía (sobre todo las mujeres, que son el 75% de la plantilla), pero es que... jopé... él sabe quién soy; llevo 3 veranos ya trabajando al lado de la Farmacia, y llevamos 3 años ya de miraditas indiscretas (este año se han acentuado un montón), o sea que la cara me la conoce por cocos. Pero... entonces... ¿de qué vas, tío?


Podría ser que las compañeras le hubieran prohibido dirigirme la palabra (sería una hipótesis factible, por raro que os pueda parecer), pero, a ver, no lo creo probable. Por otro lado, si se lo han prohibido, ¿para qué hacer el esfuerzo de aparcar cada día delante de mí? Aparcaría delante de la Farmacia; me parece más lógico.


Lo que pasa es que este chaval me está matando porque es HERMÉTICO, es como una gran pared blanca; un muro impenetrable e inexpugnable. Yo no sé qué le pasa a él por la cabeza. Porque yo, por mi parte, ya hago bastante el tonto asomándome cada dos por tres por si le veo (cuando le veo, me da un salto el estómago y entro corriendo a la tienda, ruborizada; cuando no, me asomo a los cinco minutos de nuevo xD). Incluso fui a verle a la Farmacia: una vez en julio y una en agosto, y ambas estaba él (bueno, hubo algo de estrategia también, porque yo contaba con que iba a estar él atendiendo). ¡¡¡Pues no me dijo nada tampoco!!! Solo sabía preguntarme si quería una bolsita. LAS DOS VECES. Termina de cobrarme y me dice: ¿¿¿QUIERES UNA BOLSITA???


Joder, CK, joder. Llevas TODO el verano mirándome día sí, día también, por el escaparate de la tienda, y cuando voy a tu farmacia, que estás tú SOLO delante de mí (yo temblando, por cierto), que puedes decirme CUALQUIER COSA, lo que sea (ejemplo: si hace calor, si van bien las ventas, si estoy constipada... lo que sea, da igual), ¿SOLO SE TE OCURRE DECIRME AMBAS VECES QUE SI QUIERO UNA BOLSITA? ¿¿¿UNA BOLSITA??? Y me lo dice mirándome con carita de pena, el tipejo.


¡¡¡NO, CHICO KAWASAKI, NO QUIERO UNA PUÑETERA BOLSITA, QUIERO QUE ME HABLES, NARICES NARIZUDAS YA!!!


Pos nada. Él, erre que erre. Y yo ya no sé por dónde salirme, porque más que exagerar las miraditas y medio sonreír, no puedo, en serio que no. Escribirme un cartel en la frente es demasiado obvio, y saludarle no surte efecto. Está comprobado, porque cuando a veces pasa muy cerquita por delante de mí, que se carga el ambiente de tensión que se podría cortar con un cuchillo, y yo abro la boca para decirle algo, él gira la cabeza deliberadamente para romper la conexión visual. Y eso a mí me cabrea que no veas.


Sinceramente, solo hay dos posibilidades: o le gusto mucho, o me odia bastante. La segunda opción, aunque dolorosa, no está fuera de órbita porque, por mucha miradita y mucha tontería que haya, él no deja de ser un farmacéutico y yo una dependienta vecina, enmigos ancestrales desde que existen la Farmacia y la tienda donde trabajo. Pero, aun así, yo me inclino por la primera opción (si no le gusto mucho, puede que, al menos, sí que le guste un poquito, o me encuentre interesante). Es solo que creo que ese chico es MUY tímido (exagero: creo que es un chico MUY tímido), o que tiene miedo de que le hagan daño, o algo por el estilo, por eso su manera de reaccionar cuando alguien le gusta, es cerrándose en banda. Se cierra y no hay nada que hacer.


Y lo tengo comprobado. Cuando pasa por delante del escaparate y yo estoy ocupada (por ejemplo, atendiendo a una clienta o hablando con mi compañera, o cualquier cosa), entonces él me observa largo y tendido. Lo sé. O también cuando pasa por delante del escaparate, pero desde una distancia mayor. Sin embargo, cuando a penas hay gente entre él y yo, o yo he salido de la tienda a la terraza un momento y estoy más cerca de la calle y, por extensión, de él... pasa apresuradamente por mi lado como si yo fuera un trozo más de aire. Pero, una vez dentro del coche, ya se atreve a echarme una ojeada. Y es que eso a mí me deja descolocada.


¿Pasas de mi cara, o es que en realidad solo me miras con desprecio porque las dependientas os caemos mal a vosotros farmacéuticos? ¿O es que lo que te pasa es que si caminas por delante de mí se te vuelven las piernas de gelatina y por eso lo que quieres es irte cuanto antes, porque estás nervioso y no quieres que se te note? Pues macho, así no lo vas a solucionar. O te paras y dejas que yo te hable, o me hablas tú, o cuando esté en tus narices, dentro de la farmacia, sé algo más lúcido y no me preguntes solo por la puñetera bolsita de los huebbs.


Y mi cabreo va más allá porque solo me quedan DOS días de trabajar en esa tienda (sábado y domingo) y seguramente mañana no le veré porque él los sábados suele librar, y NO HA SABIDO DECIRME NADA EN TODO EL VERANO, y se ha terminado ya prácticamente la función, porque hasta el año que viene no volveré a verle (y quién sabe), y a lo mejor me encuentro con la sorpresa de que se ha echado una novia guapa y simpática que viene a esperarle cada día para subirse a su moto, y yo me quedaré ahí plantada como una boba mientras se van los dos juntos... pensando en lo que pudo haber sido, y no fue (aunque quizá la novia guapa y simpática ya la tenga él este año, pero nunca la he visto, y él me mira como si no tuviera novia).


Porque es que decirle yo algo a él es tontería, y paso de hacer el tonto gratuitamente. En primer lugar, no se deja hablar por mí excepto cuando le pido Ibuprofeno (y porque es preciso, ya que está trabajando); en la calle, cero, ya digo. En segundo lugar, estoy segura de que si, por alguna de aquellas consiguiera decirle algo (en plan: "¡hola!"), mis palabras se las llevaría el viento porque él ya haría lo imposible por hacerse el sordo, o el tonto, o las dos cosas, y no contestaría, y me quedaría yo con la palabra en la boca y una expresión atónita en la cara. Lo siento, pero es demasiado humillante como para arriesgarme.


¿Veis ahora por qué me costaba tanto hablar de esto? Porque, aunque hay algo, en realidad no hay nada. Y no hay nada porque la pelota está en su tejado y él, en vez de mover ficha y reaccionar, va a permitir que la pelota se quede donde está, porque lo que no ha hecho en dos meses, no lo va a hacer en dos días.


Por eso, es idiota. Y por eso, me trae por el camino de la amargura. Capullo.


Pfffffffffffffffffff...


Besazzos,


*Luli*

domingo, 15 de agosto de 2010

Dos diarios

Queridos lulilectores...

Quizá os preguntéis por qué no estoy escribiendo últimamente demasiado. Sabéis que es costumbre que en verano me tome "vacaciones bloggeriles", en parte porque no siempre tengo acceso a Internet y en parte porque con el calorcito no apetece tanto... xD

De todas formas, este verano es por otra razón más. Me están pasando muchas cosas (irrelevantes, nimiedades, pero lo suficientemente interesantes como para mantenerme entretenida), lo que pasa es que todo lo que mes está sucediendo lo estoy escribiendo... ¡en mi otro diario! No otro blog, entendedme, sino en mi diario de papel, con mi puño y letra. Y siento que os estáis perdiendo estos meses tan movidos para mí, pero las cosas que yo pongo en el diario de papel (mi bien más preciado) no tienen suficiente "chicha" como para rellenar una entrada (mejor dicho, tendría que hacer una superentrada mega-maxi) y es que, además, escribir las mismas cosas dos veces es un poco aburrido.

Sin embargo, puedo dejaros caer que todo tiene que ver con el Chico Kawasaki de mi alma jajaja, y que me lo estoy pasando pipa gracias a él.

Así pues, en el momento en el que me pase algo gracioso, divertido o similares, lo escribiré corriendo aquí, como hago siempre. Hasta entonces...

¡¡¡Besazzos!!!

*Luli*

jueves, 22 de julio de 2010



Queridos lulilectores...

Os traigo hoy un tema que en los últimos días me ronda por la cabeza, relacionado con mi trabajo.

Supongo que todo se debe a que soy una persona extremadamente egoísta, o esa es la impresión que me estoy dando a mí misma, mientras yo sola voy pensando lo que os voy a contar a continuación. Empezaré desde el principio, como siempre.

Sabéis que trabajo en una tienda de ropa en la playa de mi pueblo, de dependienta. Pero no estoy sola, sino que conmigo suelen estar la jefa y otra compañera más en tienda, que este año, casualmente, es también amiga mía. Hace dos veranos también estaba con una amiga, por lo que, al ya haber tenido esa experiencia, si os soy sincera, no la habría repetido (de haber podido elegir).

Porque trabajar con una amiga no es lo mismo que hacerlo con una compañera que no conoces de nada, y a la que no verás más una vez que sales fuera del curro, y que realmente te da igual lo que piense de ti. No. Trabajar con una amiga tiene unas ventajas... sí, pero también unos inconvenientes. Te lo pasas en grande con ella, puedes hablar con mucha libertad de cualquier cosa, te ríes mucho... pero a mí no es algo que me apasione.

En este caso, porque al ser yo la empleada “veterana”, por decirlo de alguna manera, y al saber cómo funciona la tienda, cómo hay que llevarla, etcétera, se supone que tengo que instruir y corregir a la nueva; es decir, actuar como una compañera. Pero “darle órdenes” a una amiga tuya... no es tan fácil. Y, obviamente, hay que hacerlo con sutileza, para que no parezcan órdenes, sino recomendaciones, consejos o indicaciones suaves.

Peeeero (y aquí está el quid de la cuestión), resulta que, si lo haces con mucha delicadeza, no lo pilla. Conclusión: el trabajo que tú “mandas”, es decir, el trabajo que hay que hacerse pero que tú no puedes hacer en ese momento porque estás ocupada en otra cosa, no se hace. O tú tienes que optar por hacer las dos cosas a la vez, lo cual, pues no mola.

En este caso, se trata de “la distribución” de la tienda. En la tienda hay como dos zonas básicas, delante y detrás (conocidos como fondo norte y como fondo sur), y ambas deben estar atendidas. ¿Qué pasa? Que la zona de delante es, con mucho, más interesante que la de detrás, por distintas razones: tiene el acceso a la calle, los escaparates desde donde se ve pasar a toda la gente, también es donde está la caja registradora con el ordenador, y se está más fresquito. Pero, aun así, no podemos dejar de lado la parte trasera de la tienda, que es donde más amontonada se encuentra la ropa, porque a la mínima que la descuidamos, se queda hecha una leonera, llena de ropa por el suelo y zapatos colgando de las perchas (increíble, pero cierto).

Entonces, lo habitual suele ser que una esté en la parte delantera, y la otra en la trasera, a no ser que alguna de las dos esté atendiendo a un cliente. ¿Cuál es el problema? Seguro que ya lo habéis adivinado: que mi compañera siempre se pasa la vida en la parte delantera. Y yo, me cabreo.

A ver, me cabreo, no en el sentido estricto de la palabra, porque en ningún momento me pongo a gritar ni nada, ni pierdo la calma (como mucho, me muestro taciturna durante un rato y punto), pero es que en esos momentos a mí me dan por dentro accesos de rabia que me tengo que tragar, y es una sensación muy desagradable.

Me enfado porque yo ya le comenté una vez cómo funciona el sistema de “la distribución”; es decir, ella está enterada de que tiene que haber una delante y una detrás, pero parece ser que lo ignora completamente, y atrás no va nunca. Se pasa la vida en la caja, cobrando a las clientas o parada delante del ventilador mientras me habla con entusiasmo (o asomada a la terraza para ver quién pasa); a la vez que yo, sudando como loca, corro de un lado a otro en busca de prendas en el suelo,ropa mal colgada y desastres por el estilo. Y me jode, con el perdón de la palabra.

Me jode porque, obviamente, cobrar es más divertido y entretenido, y ver quien pasa también, y es una cosa que a mí también me gusta más que corretear de aquí para allá como la chacha de turno. Y es que la cosa está en que ella se aferra a la caja como una de esas aves carroñeras a las presas, ¿entendéis?, porque a veces estoy yo en la caja, cobrando, y ella se empeña en cobrar a la vez que yo, de manera simultánea a otra clienta, no sabe decirle a la clienta: “Espérese un segundo que mi compañera (yo) le cobrará en seguida”; no, ella lo tiene que hacer a la vez.

Y eso a mí me enciende, pero mucho. Porque además, está comprobado que cuando yo estoy en caja, ella tampoco va al fondo, o va solo cuando se lo insinúo (o cuando voy yo, porque ella me sigue para charlar), y está poco rato en la parte trasera, casi siempre en la puerta. Pero si viene el jefe y ve la leonera que se monta, nos llama la atención, y claro, al ser mi compañera también mi amiga, no puedo decirle directamente: “ves y arregla”, sino que me tengo que aguantar y hacer yo misma ese trabajo, porque el trabajo se tiene que hacer igualmente, ya sea yo o ella.

Pero el caso es que, por el hecho de no mandarle yo trabajo a ella, yo hago el doble, y por hacer el doble, estoy pensando en todo y me queda poco tiempo para rondar la caja de todas formas. Y cuando ella se va (es que lo pienso ahora y me subo por las paredes), a parte de que la tienda queda vacía de gente, viene mi jefa y TAMBIÉN se mete en la caja sentadita, charlando conmigo, mientras yo (que no puedo estar de brazos cruzados) ando por ahí arreglando la puñetera tienda.

Vamos, que ando pringada de narices, haciendo lo mío y lo de mi amiga-compañera. ¿Y por qué no se lo cuentas a tus jefes de manera indirecta, con delicadeza y como quien no quiere la cosa? Finamente, podría perfectamente decirles que a mi compañera le gusta mucho la caja y que sale poco a “montar guardias”; claro, claro que podría. Es lo que haría a una compañera... pero es que... eso no se le hace a una amiga, ¿verdad que no? Sería malmeter por malmeter.

Y si no malmeto, me como yo el trabajo de novata. Creo que una parte de culpa la tiene mi autoexigencia, porque a mí las cosas me gustan bien hechas. Yo soy incapaz de pasar por al lado de un pantalón que está en el suelo, verlo, y no colgarlo en una percha. Mi compañera, en cambio, lo rebasa alegremente y ni se da cuenta. O, quizá, como he comentado al principio de la entrada, soy una egoísta intolerante y no tengo remedio.

Pero yo me veo bastante fastidiada, porque el trabajo más chuli de la tienda lo estoy haciendo más bien poco, y estoy pringando como una condenada. Y es que justo eso me pasó hace dos años ya, con la otra amiga que entró a trabajar conmigo (también por casualidad, no porque yo fuera pregonando el puesto por ahí), y ahora otra vez... ¿es o no es mala suerte, lo mío? Asco de Señor D.


Yo siempre he creído que lo mejor es separar la vida laboral de la personal; y la experiencia me ha dado la razón. Vaya mierda de situación en la que estoy envuelta, sin comerlo ni beberlo. Pfff...


Besazzos,

Luli



P.D.: ¿Algún consejillo?

martes, 20 de julio de 2010

Paraíso es...



Poder levantarte a las ocho de la mañana, asomarte por la ventana de tu casa y tener el mar a tus pies, abarcando todos los horizontes hasta que se pierde la vista, bajo la anaranjada luz de un sol que todavía no abrasa, y a la vez escuchar el suave rumor de las olas que se rizan con la brisa.



Eso es paraíso. Al menos, lo ha sido hoy para mí.




Besazzos,



*Luli*

jueves, 15 de julio de 2010

Veraneando -ando...




Queridos lulilectores...


Sé que me tomaréis por una embustera sin credibilidad, porque siempre ando diciendo lo mismo: "Ahora no tengo tiempo, actualizaré más adelante, blablablá..." Vaya, los más antiguos seguidores ya me conoceréis, y sabéis que no lo hago con mala intención (de verdaaaaad!!).


La cuestión: sigo con mi veraneo habitual, que equivale a trabajo de dos meses y estrés (no paro T.T). Este año vuelvo a estar en la tienda de ropa de la playa de mi pueblo, al lado de la farmacia, y la cosa sigue como cada año, la verdad. Un calor tremendo, mañanas libres para poder tomar el sol y las mismas caras de todos los veranos.


Como sé que os gusta el morbillo (somos humanos), os cuento algunos de mis últimos escarceos "amorosos" (lo pongo entrecomillado porque no son amorosos, pero va por ahí la cosa). Y, un año más, aunque creo que nunca llegué a decíroslo, se trata del Chico Kawasaki.


Puede parecer un mote cool, pero, sinceramente, ni el mote ni el chico lo son en el sentido más estricto de la palabra. El Chico Kawasaki (para abreviar, CK -y no confundir con Calvin Klein, por el amor de un pato ciego-) es un maromo platonizado que protagonizaba todos mis veranos... hasta el año pasado. ¿Por qué hasta el año pasado? Puede que os preguntéis. Muy sencillo, porque el año pasado fue el único en el que no trabajé en la tienda, sino en el supermercado de cajera, así que le vi en contadas ocasiones.


Pero, anteriormente, yo me pasaba la vida mirándolo. Como puede parecer evidente, lo primero que me llamó la atención de él fue su moto (ejem -Kawasaki, obvio-), y luego su estatura, ya que fácilmente medirá dos metros y pico. Soy mala calculando edades, pero le echo sus veinte avanzados, no creo que ya esté en los 30. No es guapo. Es muy espigado y tiene cara de empollón, con gafitas y aires despistados; pero no deja de resultarme interesante, y no sé por qué. Quizá por la moto. Porque he visto su coche (rectifico: reconocería su coche entre centenares) y es una cutrada. Ahora, la moto no, ¿eh? La moto "mola".


Y él mola cuando se sube a su moto. Me sé su horario de memoria, de otros veranos: no ha cambiado. Y no he hablado mucho con él: antes iba a la farmacia bastante, solo para verle, y ahora lo pienso (yo era joven e inocente) y seguramente hacía bastante el tonto, así que, desde hace un par de años, limité mi número de visitas a la farmacia de la playa a 2 en todo el verano (este año no tengo ninguna programada). Él es o muy seco o muy tímido. Y algo antipático, porque aunque nos conocemos de vista (obvio) porque llevábamos nada más y nada menos que 2 veranos siendo vecinos, pero nunca dice esta boca es mía, ni para saludar. Y claro, una se mosquea.


Aun así, tontear es divertido. Porque el tipo, ni corto ni perezoso, aparca la moto casi todos los días (o el coche, en su defecto) delante de la tienda, NO de la farmacia, que está al lado, y cuando termina la jornada (a las 8.30, que yo aún estoy trabajando) siempre suele echar un vistazo al interior de nuestro establecimiento "como quien no quiere la cosa". Y cuando lleva la chupa de cuero está como más "sexy", algo más macarrilla, aunque sin que termine de abandonarle del todo ese aire correcto que le caracteriza: por ejemplo, detalles como llevar la camisa por dentro del pantalón, con su cinturoncito y todo, aunque el pantalón en cuestión sea de estampado militar.


Este año, por ejemplo, estoy debatiéndome conmigo misma, porque he decidido que no me da la gana que me vea (ya hice bastante el ridículo otros veranos), así que cuando suelen dar las ocho y media me escondo por el fondo de la tienda y trato de luchar contra el impulso que me obliga casi a asomarme, por lo menos al cristal, para ver si le veo. Porque a mí, qué queréis que os diga, sí que me gusta intercambiar miradas con él todos los días, y verle subir a la moto, pero tampoco quiero hacerlo tan evidente (aunque ya lo hice otros años, en fin), pero es como una especie de círculo vicioso que no tiene fin...


Bueno, no importa. Esta entrada creo que la he escrito más para mí que por otra cosa, por falta de papel para contarme a mí misma mis peripecias y pensamientos en mi diario personal. Pero si la habéis leído, bien está, aunque notaréis que hoy mis meditaciones van vagando de un lado para otro bastante inconexos.


Me duelen los pies, y hace tiempo que no duermo bien. Espero que estéis pasando un genial verano.


Besazzos,


*Luli*

lunes, 5 de julio de 2010

Eau de Toilette - Pour Homme



Queridos lulilectores...


Una entradita fugaz aprovechando que he venido al pueblo rápidamente y tengo Internet. Os cuento mi última metedura de pata.


He empezado a trabajar en la tienda, como todos los veranos, y el otro día se me hizo tarde y tuve que apurar para llegar puntual, así que no me dio tiempo a arreglarme del todo. Antes de salir de casa, con el pelo chorreando, recién salida de la ducha, cogí un botecito diminuto de esos de perfume en muestras que había al lado de la bandeja de las llaves; me dije que, por lo menos, me echaría unas gotas en la tienda y lista.


Una vez en la tienda, como me fueron entrando clientes, se me fue olvidando el propósito, hasta que llegó un momento en el que no había nadie y, por casualidad, encontré el frasquito en el bolsillo de mi pantalón, mientras rebuscaba en busca de un pañuelo.

Bueno, bien, pienso: voy a ello. Y eso que me dirijo al espejo y, ni corta ni perezosa, me planto una generosa cantidad con la ayuda del palito, por el cuello, las muñecas y dos gotitas detrás de las orejas. Apenas me guardo el frasco de nuevo en el bolsillo, olfateo y... ¡zas! Un penetrante aroma a colonia de hombre me llega por la nariz.

Asustada, saco el frasco de nuevo y lo examino: "Dolce&Gabanna pour Homme". ¡El susto que me di! Y, claro, empezaron a llegarme clientes. Vaya un cuadro, me tendríais que haber visto intentando mantener las distancias con ellos, mientras despedía aquel tufo a choto tan desagradable.

Al final, en los ratos que no había nadie, conseguí deshacerme de parte del olor con la ayuda de agua y de un gel limpiamanos a base de aloe vera, aunque hasta que no me duché del todo, el aroma siguió adherido a mí. Se ve que el frasquito era de mi padre...

En fin, eso me pasa por no fijarme, jejeje.

Besazzos,

*Luli*

martes, 22 de junio de 2010

Fin de los exámenes

Y al fin algo de tranquilidad. A partir de ahora trataré de ser más constante.
Besazzos, lulilectores ;)

martes, 15 de junio de 2010

¿Y qué?




Queridos lulilectores...


Batallitas de nuevo. Pero muy breve, esta vez. Os cuento.

Estoy últimamente enganchada (o re-enganchada, mejor dicho) con Harry Potter. Puede decirse que yo crecí con Harry Potter: me regalaron el primero cuando tenía once años y, tras devorarlo ávidamente, comencé a esperar con ansiedad a que salieran los demás libros y, prácticamente, cada año por mi cumpleaños o por Navidades me regalaron el siguiente, a medida que Jotaká los iba escribiendo y publicando. Releí los cuatro primeros como millones de veces, e incluso el quinto unas cuantas. Atravesé una grave etapa de Pottermania, sin lugar a dudas. El fenómeno Harry, en pleno apogeo, me pilló con entusiasmo, y veía las películas, tenía juegos de mesa... en fin, lo normal.

Pero, no sé por qué, de pronto, de un día para otro... se me pasó. Me olvidé de Harry. Quizá fuera porque la autora tardaba mucho en escribir el sexto, o que el instituto ya no me dejaba tanto tiempo libre... la cuestión es que a los 17 o 18 años, creo que fue por esas fechas (o incluso antes, no recuerdo bien) le di la espalda al que había sido mi héroe en otros tiempos. Me planté en el quinto, y ya no vi ni más películas (en la cuarta me quedé, o en la tercera) ni terminé de leer la saga. Así que, aunque el resto del mundo continuó emocionadísimo cuando salieron los libros 6 y 7, a mí ni me afectó; ni me molesté siquiera en conseguirlos. Mi madre sí que los compró, y los leyó, pero en alemán e inglés, incluso me los recomendó.

Y, desde entonces, no he vuelto a sentir necesidad de leer Harry Potter (supongo que acabé saturada; había fragmentos de libros que me sabía hasta de memoria). Hasta ahora.

Es curioso cómo actuamos cuando estamos bajo presión. Me di cuenta la última semana de mayo, cuando estaba en plena batalla contra el inminente y temido examen de Derecho de la Comunicación, Segunda Convocatoria-porque-a-la-primera-no-me-presenté (aprobado, por cierto, con un bonito 8). En un momento de especial tensión, tratando de concentrarme en la Ley Orgánica 1/1980, mi mente empezó a divagar (suele pasar). Justamente, estaba sentada en mi cama, porque estaba harta del escritorio y creí que un cambio de perspectiva aumentaría mi concentración; y no sé cómo, llegó a mi mente un vago pensamiento: ¿todos los libros están escritos en Times New Roman, 12?.

Dispuesta a comprobarlo, cogí el primer libro que tenía en la estantería sobre mi cabeza... y dio la casualidad de que era de Harry Potter. La tipografía no era la Times, pero poco me fijé, porque empecé a leer y, cuando quise darme cuenta, había devorado tres capítulos (el día de antes del examen, ojo). Lo cerré, asustada, pero no pude evitarlo y seguí leyendo.

Vamos, para resumir, que desde principios de junio que llevo leyendo Harry Potter otra vez. Volví a empezar por el primer libro, y los he estado leyendo ordenadamente (básicamente, compagino el estudio con leer: voy a libro por examen, aunque los dos primeros, como son más delgaditos, los leí en dos días o así). Otras personas miran la tele, ¿no? Estamos a 15 y ya voy por la página 500 casi del quinto libro... el último en el que me había quedado.

Entonces, me tocó tomar una decisión: ¿me leo el sexto en inglés y el séptimo en alemán, como mi madre, ya que los tengo ambos en casa, o me los compro yo los dos en castellano? Estuve la semana pasada rumiándolo bastante, pero al final decidí darme el gusto, porque disfruto mucho más en español (los libros quedan como más irónicos).

Así pues, ayer, aprovechando que tenía que ir a Valencia para hacer examen, me fui al centro y entré en El Corte Inglés, sección Ocio. Lo curioso es que todo el tiempo andaba yo haciéndome una pregunta: ¿le digo que me lo envuelvan para regalo? Porque ya no tengo edad para leer esas cosas (según diría ERDM), y seguro que se me quedan mirando raro... Ya sé que mis preocupaciones no tienen razón de ser, pero esos pensamientos no paraban de acudir a mi mente una y otra vez.

Al final, diciéndome que en Valencia no me conoce nadie (y menos aún los empleados del Corte Inglés), entro con aire distraído y me pongo a buscar el sexto libro. Lo encuentro poco después, como es de esperar, en los libros infantil-juvenil, rodeado de otros tomos de la saga que ya tengo. Me quedo mirándolo un instante y, por fin, lentamente, me decido a cogerlo como si estuviera pecando, o robando, o haciendo algo malo. Me encamino poco a poco a la caja... y allí hay un dependiente que, tras hablar con un señor, me atiende. Tenía cara de idiota.

-Dime.

Señalo el libro, ya sobre el mostrador, mientras saco la cartera del bolso.

-¿Es todo? -pregunta.

-Sí -contesto distraída, sin mirarle.

-Veintiún euros.

Pago, él envuelve el libro en una bolsa de plástico y me da el tique. Antes de alcanzármelo, pero, se me queda mirando con vacilación y pregunta dudoso, con voz trémula:

-¿Lo envuelvo para regalo?

Me lo quedo mirando fríamente, y logro esbozar una torva sonrisa.

-No.

Agarro el tiquet de un zarpazo, meto el libro dentro de mi bolsa, y me marcho sin mirarlo.

-Hasta luego -murmuro quedamente.

-Gracias por su visita... -consciente de que me observa detenidamente, de arriba a abajo, desaparezco de su vista en cuestión de segundos.

Ya veis, eso que yo tenía pensado hacer, resulta que el señor dependiente me lo ofrecía con desconcierto, evidentemente convencido de que ese libro no era para mí, sino que lo iba a regalar a alguien. Casi puedo considerarlo como un cumplido, porque al fin y al cabo me ha tomado por alguien seria y responsable (habrá reparado en las ojeras y la carpeta en la mano que delatan mi profesión). Pero me ha sentado como una ofensa; por lo menos, me ha molestado (y es evidente que su concepto de mí ha cambiado de un segundo al otro, y que ha percibido el enfado contenido con el que yo medía mis palabras).

Pues mira, pues sí, señor dependiente. Tengo veinte años y me gusta leer Harry Potter; quiero saber qué pasará, aunque medio mundo me haya estropeado ya el final de la saga con sus spoilers. A mí, Harry me sigue gustando, y leeré hasta la última línea del séptimo libro, que tengo pensado comprarme la semana que viene.

¿Y QUÉ?


Besazzos,

*Luli*

sábado, 12 de junio de 2010

¡Nuevo diseño!

Queridos lulilectores...
Renovarse o morir, ¿no dicen eso?
Espero que os guste. =)
Bueno, os dejo... tengo que seguir estudiando, para variar xD.
Besazzos!!!
*Luli*

miércoles, 9 de junio de 2010

El ritual de la biblioteca



Queridos lulilectores...


A raíz de estar de exámenes, como recientemente os he comentado, me he visto obligada a acudir a la biblioteca municipal con una cierta asiduidad en los últimos días. Y estoy estupefacta.

La biblioteca está de moda.

Antes de interpretarme mal (una posible interpretación errónea sería "¡Estupendo! Las inquietudes intelectuales aumentan en el colectivo juvenil, que visita fervientemente los templos del saber para encontrar las respuestas más ocultas en sus oscuras dudas existenciales"), como digo, antes de interpretarme mal, pensemos un momento en la frase en sí, descontextualizada: "La biblioteca está de moda".

Ajá.

¿Y qué implica la moda? Una reacción multitudinaria, que raya lo masivo (en especial, en el colectivo juvenil).

La conclusión más obvia de la premisa es que, inevitablemente, la biblioteca ha pasado de ser un remanso de estudio, de silencio y de paz, a ser el pub que se abarrota los sábados por la noche, con la única diferencia de que no hay alcohol ni música a todo volumen.

Así pues, he observado que existen ciertos rituales que han nacido a raíz de este extraño fenómeno y que no dejan de ser interesantes para comentar. Dicho con otras palabras, voy a quejarme.

Supongo que el caos empieza con los jóvenes de la selectividad, que es esta semana (de hecho, creo que han empezado hoy los exámenes por la huelga de funcionarios de ayer) estarán bastante agobiados. Se ve que, los que abandonan este año el instituto, han hecho "grupos de estudio" y se pasan el día en la biblioteca repasando. Y, como son muchos, parece ser que se ha corrido la voz por "todo" el instituto, de manera que todo el mundo ha decidido que es muy divertido ir allí a reunirse con los amigos mientras hacen como que tienen mucho trabajo y mucho agobio.

Naturalmente, también hay muchos alumnos mayores, de la universidad (como yo, por ejemplo), que son bastante más respetuosos y que sí que guardan silencio, pero eso no quita el hecho de que la biblioteca ahora sea un escenario más para montar numeritos.

Me di cuenta el viernes pasado, que fue la primera vez que fui a la biblioteca. Nunca había ido antes a estudiar, porque yo siempre he estudiado en mi casa, en mi habitación, pero me sentía tan agobiada que decidí cambiar de aires para ver si aumentaba la productividad y me dejé convencer por una amiga para ir allí unas horas. Al principio todo fue bien: aunque estaba bastante abarrotada, había silencio y ambiente de estudio: la mayoría eran alumnos mayores, serios, concentrados. Me fue tan bien que decidí repetir, y desde la semana pasada he estado yendo casi todos los días.

Pero, a medida que ya me iba acostumbrando al asunto, empecé a notar que hay cosas que no marchan bien. Primero son detalles en los que apenas te fijas: las caras son cada vez más jóvenes, rondando entre dieciséis y dieciocho años, cada vez hay más ruido, las bibliotecarias llaman más la atención, chistan más alto...

Sin embargo, llega un punto en el que ya no puedes ni leer del alboroto que tienes tras tu espalda, y levantas los ojos de los apuntes, mirando furiosa alrededor. El panorama con el que me encuentro yo cuando alzo la vista es sumamente desolador, me atrevería a decir, incluso, apocalíptico.

Las chicas llevan todas minifalda, vestiditos, shorts y tirantes veraniegos (por cierto, qué vulgares todas con sus sandalias romanas, parecen clones). Completamente acicaladas, con kilos de maquillaje, bisutería y abalorios varios, se pasean INCLUSO CON TACONES todo el tiempo entre las mesas, moviendo las melenas y dejando un rastro de perfume dulzón y hormonas tras ellas, deseosas de que todo el mundo observe desde sus asientos sus figuras esbeltas y en movimiento. Mis amigas y yo, a cuál más ojerosa de todas, con la cara lívida de las noches en vela y las manos temblorosas de tanto escribir, lo comentamos a caballo entre el desdén y la burla: van a la biblioteca a lucirse.

Sigue la cosa porque, en algunas personas en concreto, te das cuenta de que solo van a la biblioteca a pasar el rato con sus amigos, ya que (como somos todos del pueblo y la cosa se queda en familia) los conoces más o menos, y sabes que los hay que no están estudiando, ni trabajando, ni haciendo nada más que fumar porros y emborracharse los fines de semana, pero como los amigos a lo mejor sí que están estudiando, pues en vez de pasar la tarde en el parque, la pasan en la biblioteca, que lo mismo les da y, encima, se está fresquito.

Disfrutan levantándose de las mesas (encima, todos los sitios ocupados, porque las instalaciones son bastante pobres y no hay demasiada capacidad), y yéndose a visitar las unas a las otras minuto sí, minuto también, solo para "saludar" (esto es, quedarse media hora hablando entre cuchicheos altos y audibles), o "para consultar un ejercicio" (más de lo mismo). Y claro, todas ellas MEGA-AGOBIADAS del trabajo que tienen, "ay, tía, que suspendo".

Anteayer, sin ir más lejos, vino una chavala que se sentó en un hueco libre que había entre mi amiga y yo, y fue exagerado: apenas extendió sus apuntes por las tres cuartas partes de la mesa (esa es otra fase del ritual, por supuesto: la gente debe ver y ser consciente de la gran cantidad de trabajo que tiene, solo de esa manera llegarán a comprender y respetar el por qué de su estancia en la biblioteca), la tía levantó el culo de la silla como si ésta fuera incandescente, y se largó a darle el palique a la peña, que estaba reunida en tres mesas tras ella y, en vez de estudiando, parecía que estuvieran de almuerzo.

Después de media hora sin aparecer por la mesa (mi amiga y yo le fuimos comiendo el terreno con nuestros libros), apareció para sacarse un mechero del estuche: claro, después de tanto trabajar, iba a fumarse una con los colegas. Se salieron afuera, pero se quedaron cerca de los ventanales armando escándalo, cómo no. Y cuando volvió, apestando a nicotina, lanzó un enoooooooormeee suspiro, que claramente venía a decir: "¡qué desgraciada soy, cuánto trabajo tengo y qué cansada estoy!". Exasperante.

El nivel de hipocresía aumenta hasta límites insospechados, cuando ves a gente que, desde niños, siempre han tenido alergia a los libros, haciendo como que están superconcentrados estudiando y diciéndole al compañero lo mucho que le queda por hacer; o gente que se ha pasado la vida en la calle, vagueando, siempre expulsados del colegio y el instituto o que, directamente, abandonaron los estudios hace eones, escribiendo sobre una hoja en blanco: "TEMA 14".

Es que ni siquiera cuela en un sentido estético. Quiero decir: no pega un chándal de la marca "Rottweiler" y unas chanclas de goma en mitad de un montón de enciclopedias, sobre todo si SABES que esa persona NO HA ESTUDIADO NUNCA.

Todo esto me lleva a un profundo estado de indignación, porque es casi depravante el rotundo espectáculo circense en el que se ha convertido la biblioteca de mi pueblo: es de ciencia-ficción, insultante, denigrante, vulgar. No hay respeto. Los chavales de mi edad o más jóvenes no respetan que sí que se da la casualidad de que haya gente realmente interesada en estudiar, esforzándose por aprobar. Tampoco digo que todos sean culpables; los hay que sí que se portan bien, pero en términos generales es la cosa no tiene nombre.

Me he planteado seriamente volver, pero espero que las cosas cambien un poco, por lo menos quizá después del selectivo mejore la cosa. Mientras tanto, a aguantar la cruz otra vez más. Y, por cierto, si yo fuera bibliotecaria en mi pueblo, se me caería la cara de vergüenza con la simple propuesta de acudir a la (fracasada, además) huelga convocada por los sindicatos: porque para LA MIERDA DE SERVICIO que ofrecen, que ni siquiera ponen el aire acondicionado en todo el centro, y trabajan poco y mal, realmente no alcanzo a comprender con qué finalidad no se presentaron ayer a trabajar. Vaya un par de chupópteras.

Besazzos cabreados,

*Luli*

P.D.: espero que tengáis mejor suerte en vuestras respectivas bibliotecas.