martes 9 de febrero de 2010

Brillantes mamás



Queridos lulilectores...


Voy a comentaros dos grandes puntazos de mi madre acontecidos hoy mismo.


NÚMERO UNO - CHARLA CULTURAL


Mi madre buscando algo distraídamente en la cocina. Luli se acerca por detrás.


-Mamá, ¿tenemos Cumbres borrascosas, de Emily Brönte?


-¿Y eso qué es?


Luli suspira maliciosamente.


-Un videojuego.


-Ahm, pues no lo sé. Eso lo tendrías que saber tú, ¿no? Eres la única que lo gasta.



NÚMERO DOS - DESCUBRIENDO AMÉRICA


Mi madre hablando con mi padre en el salón. Mi hermana se ha dejado el Tuenti abierto y ha ido a hacer no sé qué cosas. Luli, desde la habitación de al lado, oyendo a través de la pared (sin intervenir).


-Mira, tú, ¡la de cosas que tiene aquí María Calvo! -(la hija de una amiga de mi madre).


-¿Qué tipo de cosas? -mi padre.


-Fotos guarras... pollas -(literal).


Luli deja inmediatamente lo que está haciendo. Aguza el oído con una sonrisilla irónica en la cara.


-La verdad es que es una suerte que los padres a veces no sepan ni la mitad de cosas de lo que hacen los hijos. Madre mía... ¡pero si María solo tiene catorce años!


Luli oye a su padre levantarse, picado por la curiosidad.


-Ostras...


-¡Mira! Es que está todo. Pincho aquí y ahora entro en la página de Julia. ¿Ves? Eso es porque se tienen agridadas.


-¿Qué quiere decir "agridadas"?


-¡Pues que se tienen agridadas! ¡Que están pegadas, como amigas!


Luli estalla en una carcajada silenciosa.


-No, nena, tú lo que quieres decir es que están "a-gre-ga-das".


-Eso, como sea. Agregadas.


Mi hermana hace sonidos como que va a regresar. Mi madre se pone nerviosa.


-¡Corre, corre, cierra! ¡Que no nos vea!


-No hace falta: minimiza y punto.



En fin... lo único que se me ha ocurrido en ese momento es que es una suerte que yo ya no tenga tuenti, porque mi hermana me tenía agregada y mis padres hubieran podido acceder también a mis fotografías.


Por otro lado... ¿habéis visto, mi madre? ¡Está hecha un lince!


Cero comentarios al respecto.


Besazzos,


*Luli*

sábado 6 de febrero de 2010

Buscando el camino



Queridos lulilectores...


Hoy vuelve mi vena melancólica. Sé que la tendréis bastante aburrida, pero es inevitable. Siempre podéis cambiar de canal cuando me lío a hablar de cuestiones metafísicas, pero a los que os quedéis, ya sabéis que sois bienvenidos =)


Últimamente he estado pensando. Es algo que, preocupantemente, hago cada vez más a menudo. Y mis pensamientos más recientes se los he dedicado a mi vida en general, a mi persona, a mi contexto (egoísta, ¿no?). Se puede resumir en tres preguntas básicas mundialmente conocidas. ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿De dónde vengo?


Puede que la más sencilla de responder sea la primera, o tal vez la última. Al menos, sé cómo me llamo: X-Y-Z (nombre y apellidos; Luli Manuli para los amigos). Y sé más o menos de dónde vengo (todo el rollo de la procreación, la semillita, los nueve meses en el vientre de mamá). Aunque, quizá, el hecho de saber cómo me llamo no soluciona el hecho de saber quién soy.


Pero la más difícil... ¿a dónde voy? Ahhh... esa pregunta me oprime el alma desde hace algún tiempo. Os juro que, cuando sale la palabra "futuro", hasta me recorre un escalofrío por la espalda, del miedo que me da.


Hay gente que, desde que es pequeña, le preguntas qué quieren ser de mayores y en seguida te contestan: "¡maestra!", "¡médico!", "¡policía!"... en fin. Pero es admirable, porque luego crecen y, efectivamente, se convierten en aquello que más deseaban.


Yo, ya desde niña, siempre tuve problemas con esa pregunta. El primer recuerdo que tengo es que quería ser "química"; más tarde tuve mi época de "profesora" y, finalmente, me dio por "notaria" ("actriz" como profesión frustrada: nunca fui demasiado fotogénica). Nada más. A partir de ahí, todo es un furioso torbellino de colores cambiantes o, peor, un terrible y confuso vacío ausente de cromatismos.


Así pues, ya que por gustos no me aclaraba, pasé a pensar qué tipo de cosas se me daban más o menos bien. Y empiezan a aflorar recuerdos. ¿Qué no hago mal del todo? O, de todas las cosas que he hecho, ¿con cuáles me quedo? No lo sé.


De pequeña ya, he encontrado siempre que tengo un "sentido artístico" que me ha gustado explotar.


-Inventé un programa de radio que grababa en una cinta de cassette; al principio con amigas, cuando se cansaron, seguí sola.


-Inventé algunas melodías a las que añadí letras sin sentidos, pero yo las llamaba "canciones".


-Escribí un guión para una película antes de la adolescencia. Y los créditos.


-Me encantaba (y me encanta) hacer fotografías con algo de carisma: un paisaje, un momento, una expresión. Ese algo que marca la diferencia.


-La música. No la terminaba de entender en el sentido teórico, pero tenía talento al arpa; al menos eso me decía la profesora. Era buena.


-Relatar. En todos los sentidos: soñar historias, contarlas, escribir. Escribir mucho, pero no lo suficiente.


-Pintar. Con acrílicos, témperas, ceras, lápices de colores. Y dibujar. Tengo un amplio repertorio de pinturas y dibujos hechos por mí. Me encantó Historia del Arte.


Todos me han tachado siempre de fantasiosa. Para mis amigas era la rara. "La que lee". "La que escribe". La única que se ha metido en una carrera loca y sin salida. Nada serio, como medicina o derecho. Economía. Magisterio. Ni siquiera algo sólido, como periodismo. Lo más abstracto y raro que uno pueda buscarse: "Comunicación Audiovisual", ya ves tú para qué sirve eso.


Esta pregunta me la hago muchas veces, sobre todo cuando me toca levantarme a las seis de la mañana para ir a coger el tren. Yo, cuando acabe (si acabo) no me veo de "comunicadora audiovisual", trabajando en... en a saber en lo que se trabaje en mi carrera.


En realidad, es que no me veo en ningún sitio. ¿Qué puede hacer una persona polifacética hoy en día? No hay un multiempleo. O eres una cosa, o eres la otra. Tienes que decidir: elegir un camino de todos los posibles. Solo que ¿cómo encontrar ese camino? ¿Realmente existe?


Cuando me quedo pensando y pensando largo y tendido, no llego a ninguna conclusión. Es como si fuera sorda, o muda: no hay retroalimentación. La conversación interna sería algo tipo:


-Pero a ti, querida Luli, ¿qué narices te gustaría hacer en esta vida?


O bien:


-¿Dónde te ves dentro de diez años?


Preguntas similares. Y la respuesta es siempre la misma: silencio.


Y ese silencio me está matando.


¿Sabéis cuál es mi mayor miedo? Que dentro de poco todas mis amigas, después de graduarse, encuentren trabajo y empiecen a casarse, a tener hijos. El ciclo de la vida, sin duda. Y yo acudiré sola a todas las bodas, los bautizos, las comuniones, con mil trabajos cambiantes a mis espaldas, todos ellos frustrados y poco que contar. Que empiecen a hablar: "Mira Luli, qué despistada va por la vida, tantas cosas que quería hacer y, por querer tanto, al final no ha hecho nada de provecho. Pero se veía venir, pobrecilla, siempre tuvo la cabeza en las nubes y llena de pájaros y colorines".


Y quedarme encerrada para siempre en este pueblo que me vio nacer, soñando con cosas que podría haber hecho, o que quisiera haber hecho, pero que nunca logré; e independizarme a los 30 porque mis mil trabajos no me darán ni para un alquiler medio decente; mientras mis padres me reprochan todos mis errores y mi hermana sigue adelante y moviendo la cabeza en señal de disgusto al verme ahí estancada, perdida en mis mil colores, buscando el camino.


Estancada, esa es la palabra. Me da miedo quedarme estancada y quieta en un mundo que no para de girar y girar, y que si no giras con él te quedas, inevitablemente, a la mitad; y es irreversible: una vez te has lanzado al vacío (o alguien te ha empujado a él), ya no puedes volver a subir. Tienes que caer. Por ley de la gravedad.


Ahhh... ¡cuánto me gustaría tener la brújula de Jack Sparrow en estos momentos! Esa que te indica aquello que más deseas, y el camino que debes tomar para alcanzarlo. De verdad que pagaría oro por ella. Qué mala es la indecisión, lulilectores, qué mala.


A veces pienso que el objetivo de todo humano es seguir sus instintos biológicos: al final todos acabamos en el punto de inicio. Casados y con hijos, como dicta la naturaleza. Puedes dar las vueltas que quieras, pero tarde o temprano caerás en la red.


Lo pienso, y no me importaría. No me importaría casarme o tener hijos. Pero tampoco es algo que en estos momentos desee con toda el ansia de mi vida.


Surge, por ejemplo, la misma duda en cuestiones geográficas: ¿dónde te gustaría vivir? Silencio. Nunca me aclaro: solo estoy de acuerdo en que me quedaré en Europa. Pero Europa es muy grande. ¿Norte o sur? ¡No lo sé!


A lo mejor es la mezcla de mi sangre mestiza: ¿no dicen que la sangre siempre tira? Me apasiona el norte, el frío, el invierno, la navidad, la nieve. Alemania, Irlanda, Noruega, Suecia, Dinamarca (Asturias, sin correr tanto). Pero no me imagino viviendo lejos de mi querido Mediterráneo: la calma de sus olas, la paz que emana de sus brisas, su olor, su color. El paraíso. ¿Quién necesita el Caribe, teniendo al lado el Mediterráneo? Cuna de grandes civilizaciones, de mil historias y personajes. Todo un ecosistema.


He pensado también, otras veces, que, para una vez que vives, sería muy hermoso dejar algo de valor al resto de la Humanidad. Algo que consiga arrancar una sonrisa, un pensamiento, una lágrima a otra persona. Un libro. Una película. Una canción. Una obra de arte. Una acción. Algo que te haga sentir que la vida (que tu vida) ha merecido la pena, porque ayudas a los demás. El hecho de que se recuerde un nombre, de los millones y millones de nombres que han existido, existen y existirán. Esa sensación. ¿Un libro? Michael Ende ¿Una película? Steven Spielberg ¿Una canción? Aerosmith ¿Una obra de arte? Velázquez. ¿Una acción? Ghandi. U otro tipo de méritos: traer vida al mundo. Colaborar en una ONG.


En pocas palabras: sentirte realizado como persona; has gastado, pero también has sembrado, y los frutos empiezan a florecer. Yo no quisiera irme de este mundo con los asuntos por arreglar. Quiero que, cuando muera, ya no me quede nada por hacer; que mis asuntos estén resueltos, poder ir a descansar en paz.


Pero para eso, primero hay que saber qué es lo que te hace a ti sentir bien contigo y con el mundo. Hacia dónde piensas dirigirte en este largo viaje, y por qué rutas irás. Porque en este viaje que es la vida, estás solo: como un peregrino silencioso que camina sin descanso con una mochila a la espalda, en dirección al rojo atardecer.


Fijaos si he estado preocupada últimamente, que he reflexionado sobre Dios y todo (aunque eso supongo que es inevitable, en algún momento tenía que llegar). Sabed que yo, por el momento, soy atea, porque no he encontrado hasta ahora razones convincentes para creer, para tener Fe. Pero algunas de las personas más sensatas que conozco (y que yo hacía ateas también) no lo son, y, aunque han tratado de explicarme un poco sus puntos de vista, en mi interior todavía no se ha encendido la lucecita de la inspiración divina. Y eso que me he esforzado por entender.


Pero bueno, dejaré la religión porque merece otra entrada a parte, que si me lío más aún sí que no llegaré a ninguna parte.


Creo, sinceramente, que me cogeré un año sabático cuando termine la carrera. Solo para despejarme las ideas: cambiar de aires, viajar, aprender idiomas. Vivir, tal vez. Descubrir por qué y, sobre todo, para qué propósito he sido creada, para qué he de servir, cuál es mi función en este guión. Para encontrar ese camino tan ansiado, o terminar de perderme por completo.


No lo sé. No sé qué será de mí, para variar. Solo sé que no sé nada.


Besazzos,


*Luli*


(P.D.: ¿Y si me hago filósofa profesional? ¿Veis como no me aclaro?)
P.D.2.: La imagen es un retrato mío informatizado. Hoy me apetecía mostraros no solo mis pensamientos, sino también algo más consistente: lo más parecido a una foto que os puedo dar. Y he pensado que eso de llamarme X-Y-Z es una tontería. Mis iniciales son B.S.S. ;)




miércoles 3 de febrero de 2010

Antojos musicales



Queridos lulilectores...


Tengo una guitarra en mi casa. Teóricamente, es de mi hermana, y encima está desafinada (ella no la afina). Pero yo, desde que estoy enganchada a la Kelly Family (el viejo lema es "Einmal Kelly Fan, immer Kelly Fan"*), pues tengo antojos musicales. Y ya no solo ellos: últimamente he estado mirando vídeos de Paco de Lucía en Youtube y de otros guitarristas... ¡y me parece un instrumento precioso y fascinante! Adoro a Paco de Lucía: tengo algún que otro CD suyo en el mp3 y me puedo pasar horas escuchándole.


Siempre me ha gustado la música. He tocado durante años el arpa, pero lo tuve que dejar porque estaba estresada y nunca más la he retomado, aunque quisiera hacerlo, pero no me siento capaz porque requiere un mínimo de dedicación (esfuerzo, dinero y, sobre todo, tiempo para aprender y practicar). Es mi espinita clavada.


Así pues, ahora he decidido que, ya que con el arpa no puedo continuar en un futuro inmediato, me gustaría probar suerte con la guitarra. No solo por capricho: la música es una especie de bálsamo para el alma. Cuando eres capaz de tocar un instrumento, de hacer melodias, de envolverte de sonido... no sé. Es una gran sensación.


Y me gustan los instrumentos de cuerda. Más que los de aire o los de percusión. Tienen una gran resonancia y un amplio abanico de registros. La guitarra es preciosa. Suena preciosa. Y es más pequeña y manejable que el arpa.


El problema es que no sé cómo aprender. Mi hermana sabe tocar cuatro acordes, pero tampoco tiene mucha idea y, encima, no está por la labor de enseñarme. Lo estoy intentando por Internet, pero con poco éxito hasta ahora. Sigo sin tener tiempo para apuntarme a clases de música y solfeo; pero nunca he sido autodidacta y no sé yo si funcionará esto del Internet.


Hasta ahora he encontrado la información básica: las partes de la guitarra, la posición de los dedos, algún acorde... me lo propongo como una especie de reto. Luli aprenderá a tocar la guitarra. Corrijo: a Luli le haría ilusión tocar la guitarra y le gustaría aprender.


Ya os contaré algo sobre si avanzo o el sueño se acaba aquí.


Besazzos,


*Luli*



(Cada vez se me va más la pinza, ¿no?)


P.D.: *Traducción del alemán: "Una vez fan de los Kellys, siempre fan de los Kellys".

viernes 22 de enero de 2010

El misterio de la gelatina




Queridos lulilectores...


Hace un rato, en la mesa, mi madre ha sacado gelatina de la nevera porque no quedaba postre y ella ha decidido hacer algo diferente. Nos hemos alegrado bastante, porque hace mucho tiempo que no la probábamos, y le hemos hincado el diente con avidez.


Yo, solemne, me he quedado un rato mirándola antes de proceder a su consumo: sus formas sinuosas, su inestabilidad. La he tocado con el dedo y ella se ha tambaleado de esa manera tan característica propia de las gelatinas en general. Y ha surgido la pregunta.


¿Qué es la gelatina?


Yo, que destaco -entre otras cosas- por mi escaso interés culinario y elementos relacionados, tenía una vaga noción de los componentes: sabía que la gelatina son unos polvos que se mezclan con agua y que, después, en la nevera se hacen consistentes al cabo de un rato de estar reposando. Ajá. Dos más dos son cuatro. Simple, claro y conciso como la vida misma.


Pero entonces, mi madre ha empezado a hacer caras raras, del tipo: "pues no quieras saberlo". Y, claro, mi curiosidad ha aumentado notablemente; he comenzado a insistir y a insistir, lanzando hipótesis al aire: ¡no llevará ajo! ¡o cebolla! ¡o tripas de cerdo! ¡o potaje! ¡o lengua! ¡o hígado! ¡o serpiente! ¡o perro! ¡o murciélago!


Y mis padres (los dos) esquivando, al principio, las preguntas; y después contestando estupideces intencionadamente, del tipo: es lo más horrible que te puedas imaginar. Aunque no lleva pelos (?). O, también, "a ti seguro que te hará muy poca gracia, pero a tu hermana menos aún". Y, tras meditar durante un segundo, he pensado que podría ser alguna fruta que a ella no le gustara en absoluto.


-¡Manzana!


Y se han empezado a reír. "Eso, eso, manzana. Es manzana" .


Ahí me he enfadado casi de verdad, porque era evidente que se estaban cachondeando de mí y no me lo querían decir. Mi madre alegaba que "nunca más volvería a comerla, y que era mejor que no lo supiera". Ante mi terco ceño fruncido, ha terminado suspirando: "Míralo en Internet".


¡Vaya si lo he hecho! ¿Sabéis? Ahora ya sé qué es la gelatina.


... ahora ya sé qué es la gelatina.


Hm...


La verdad es que muy agradable no es. Ahora que lo pienso... quizá hubiera sido mejor no averiguarlo. Sí, decididamente hubiera sido lo mejor. Bueno... pero una no puede vivir siempre en la inopia, ¿no? Hay que afrontar la realidad.


Y, aunque para mí no ha sido una bonita revelación, yo no reaccionaré igual que mis padres. Hay que predicar con el ejemplo. Os diré qué es la gelatina, aunque os daré la opción de no leerlo si preferís seguir siendo felices.


Aquí la solución al misterio de la gelatina:


(ATENCIÓN: LOS QUE PREFIERAN NO SABERLO QUE DEJEN DE LEER EN ESTE PUNTO, CON SENDOS BESAZZOS COMO DESPEDIDA)



(Sacado de una página web culinaria) La gelatina es una proteína que se obtiene a partir de la cocción de huesos de animales y tejido conjuntivo. Contiene colágeno en agua o ácido diluido.



¿Qué? ¿Cómo se le queda el cuerpo a uno? Ya os dije que no era agradable.


Pero bueno, aunque ahora la mire diferente... sigue estando igual de rica. Aunque quizá tarde en volver a comerla, juas.


¡Besazzos!


*Luli*

martes 19 de enero de 2010

Cuestión de suerte




Queridos lulilectores...


Iba yo pensando, de camino a casa, que la suerte es algo tonto, en manos del Señor D. Me ha venido a la mente un pensamiento fugaz porque volvía de un examen, y en un bolsillo llevaba un buda feliz para que me diera suerte, en el otro bolsillo llevaba un pequeño crucifijo (pero no se lo digáis a nadie) y, a parte, un céntimo de la suerte.


Como veréis, cargada de amuletos hasta el gaznate. Pero, después de hacer el examen, se me ha ocurrido la gran idea de que, en realidad, esos amuletos eran innecesarios y estaban fuera de lugar porque, al fin y al cabo, el examen ya estaba hecho antes de que yo me sentara delante de él, es decir, que las preguntas ya estaban determinadas; y yo hubiera contestado lo mismo con amuletos que sin (solo son amuletos, no médotos mnemotécnicos). La fórmula parece evidente: o te lo sabes o no (en mi caso, ha sido más bien la opción B, para variar).


Aun así, esos amuletos podrían tener su utilidad: por ejemplo, si los llevara el día en que el profesor corrija mi examen, a lo mejor influirían en su estado de ánimo, y quizá decidiera ponerme un cinco pelado por la gracia divina y por pura lástima (¡ojalá se dé el caso!); o, de la misma manera, hubiera tenido que llevar el céntimo, el buda y el crucifijo en los bolsillos el día en que se sentó delante del ordendor para establecer qué iba a preguntar en el puñetero examen. Quizá, ahí me hubieran dado más suerte.


En fin... no sé si habéis notado que el examen no me ha salido muy allá, y que no tengo mucho tiempo; pero me apetecía contaros mis últimas andanzas, como siempre.


¡Mucha suerte a los que estéis de exámenes! ;)


Besazzos,


*Luli*


P.D.: Qué queréis, el crucifijo empecé a llevarlo en segundo de Bachillerato para cada examen, y también en el Selectivo... El céntimo también hace años que me acompaña, y el buda feliz es mi última adquisición... es tan redondito, y tan doradito... me encanta ^_^