viernes, 31 de julio de 2009

Insomnio



Queridos lulilectores...


Esta noche he padecido de insomnio. Qué horror. Llegué de la cena de empresa a las 2.10 de la mañana, pero no me dormí hasta las 6; a las 8.40 ya me había levantado. Vamos, dos horas y media de sueño en toda una noche. Hoy me moriré, porque entro a trabajar a las tres y no podré hacer siesta.


Y pasando a relatar la cena en cuestión... no estuvo mal, me lo pasé bien; y gracias a Dios hubo pocos momentos "Sujeto J". Ya he tenido bastante esta semana, porque el tío viene a verme todos los días. Cuanto más le veo, más horroroso me parece.


Es gordo (pero gordo gordo), lleva gafas, bizquea, tiene entradas y millones de pecas y granos por brazos y piernas. ¡Y tiene 23 años! Parece que tenga 53, en serio. Va por ahí con su gorra deportiva pensándose que es cool, y no vocaliza bien al hablar. Me cae MAL.


El otro día me llegó una cita a ciegas con él y todo, porque me fui a merendar con una compañera (descansamos media hora), y él aparece de repente y se acopla, el muy burdo. Y a mi compañera no se le ocurrió otra cosa que ir al baño, y me dejó a mí sola con la cosa esa durante tres o cuatro minutos, al menos. Yo no dije ni una sola palabra, pero él, tampoco. ¡Tanto que le gusto! Pues ni pío me dijo, ni pío. Eso no es serio, hombre.


Y se pone a hablar en voz alta cuando yo ando cerca, aparentando ser un tipo guay, que dice a los demás con su voz de oso "si eso me lo hacen a mí, le rebiento la cara". ¿Él? ¿Rebentar la cara, él? ¡Ja! Jaja. Jajajajaja.


El otro día hizo una cosa realmente asquerosa. Estábamos tomándonos un café antes de entrar a trabajar (estaban, yo no bebo café), y él -que viene a verme, recordemos- se arremangó los pantalones pirata hasta que se los subió a la entrepierna, dejando entrever dos enoooormes muslos blancos, peludos y pecosos medio sudados. Y, por si eso no era ya bastante repulsivo, remató la escena dándose dos sonoras palmadas en los muslos, sacudiéndolos.


PUAJ, ¡QUÉ ASCO!


A lo mejor es una técnica de esas raras que gastan los ornitorrincos macho para atraer a las hembras en celo y aparearse, quién sabe. Puede que fuera el único documental que haya visto en su vida y por eso lo recuerde, porque más cultura, desde luego, no presenta. Mi primo de 7 años escribe mejor que él.


Ya conté que me mandó otro mensaje unos días después del primero (como con recochineo), diciendo lo mismo y añadiendo que era muy bergonzoso. Y aquí no vale la excusa del "lenguaje sms", no, porque cuando no hay ortografía, no la hay y punto. Que yo, cuando envío mensajes de texto, abrevio las palabras, pero no me invento "bes" donde hay "uves", o haches donde no las hay ("o" disyuntivo con hache, por Diossss). Pero no me extraña, porque lleva 4 años ya trabajando en el supermercado, se debió dejar el instituto porque no le gustaría estudiar.


Y, bueno, en la cena no me tocó sentarme a su lado, gracias al cielo, pero él se estuvo levantando todo el tiempo para ir al baño y pasar por mi lado -porque yo estaba en un extremo de la mesa-, y luego se empeñó en que viera una foto de una sobrina suya, bastante fea, todo sea dicho. Misterios de la vida, igual los ornitorrincos también fotografían a sus sobrinas con el móvil y se las enseñan a las hartas hembras en el acto de cortejo. Si no es así, ¿para qué narices tengo que mirar yo su sobrina? ¿Me importa su vida, o acaso su existencia? ¡No!


Quizá penséis que estoy siendo un poco borde, y un poco dura con nuestro pobre ornitorrinco lascivo, pero es que me ha sorprendido en exceso que una persona a la que no conozco de nada (pero de nada), a la que solo había visto dos o tres veces, de repente se empeñe en formar parte de mi vida, y se atreva (porque es todo un atrevimiento) a enviarme mensajes para quedar conmigo. Yo doy mi número a quien quiero, y no lo suelo dar a la ligera, y de repente me llega un friki y solo con pedírselo a mi amiga, ya lo tiene. Y es que si al menos fuera guapo... pero es que cuando él sea guapo, yo me habré vuelto rica y famosa, así que no hay nada que hacer, ambos tardaremos siglos en conseguir nuestros objetivos.


Así que... lo único que puedo hacer es esperar a que esta pesadilla acabe pronto, y que él haya entendido ya que mis silencios peligrosos y mis miradas furibundas no significan "que le doy esperanza", porque a saber qué extraños pensamientos cruzarán por su mente perturbada.


Besazzos!!



*Luli*

miércoles, 22 de julio de 2009

Andanzas de Luli Manuli



Queridos lulilectores...


Imagino que la mayoría de vosotros estaréis por ahí de veraneo o vacaciones, así que no me desespero por el hecho de que os toméis un respiro a la hora de seguir mi trepidante vida, os lo merecéis todos =)


Sin embargo, como siempre me están pasando cosas extravagantes, no puedo dejar de actualizar, para seguir relatando, como siempre, mis andanzas más recientes.


En este caso, sigo hablando del supermercado (básicamente porque me paso allí todo el día encerrada). Esta vez parece ser que me he convertido de repente en la protagonista de la comedia romántica del verano (y no precisamente made in Hollywood ¬_¬u). Sí, leéis bien.


Hay un muchacho de la plantilla (en total seremos cerca de veinte) que se llama Sujeto J, al que parece ser, le gusto. Yo ya notaba que algo raro pasaba, porque cada vez que yo estaba reponiendo por las estanterías, él siempre me rondaba disimuladamente, incluso llegué a pillarle in fraganti echándome miradas lascivas que me ponían los pelos de punta. Porque, seamos sinceros, el chaval... guapo guapo... no es. ¿Recordáis a mi amable vecino la Morsa Humana? Pues una cosa parecida, pero con un destello de locura en los ojos. En resumidas cuentas (y sin ánimo de ofender, pero es que no quisiera faltar a la verdad): el muchacho es más feo que pegarle a un padre por Navidades.


Pues parece ser que dos semanas han bastado para que se dé cuenta de que está perdidamente enamorado de mí. Todo el mundo lo sabía... menos yo. Aunque, como soy tan avispada y vigilante, no tardé en olerme que había gato encerrado.


Un día, de esto hará poco, me viene una de las carniceras y después del "hola" de rigor, va y me suelta sin venir a cuento la pregunta bridgetiana más famosa del mundo: ¿Y tú tienes novio?

Me quedé sin habla, pero pude escaquearme a tiempo, aunque dejé claro que no.


Al día siguiente viene mi compañera y querida amiga Sujeto M y me deja caer "que teníamos que arreglar una cuestión muy seria". Y me lo dijo sin tapujos: que yo le gustaba a Sujeto J. Se me cayó el alma a los pies, ¿por qué siempre me tengo que comer yo todos los marrones de este planeta planetario?


Me puse seria (dentro de mi acaloramiento) y le dije que ni se le ocurriera meter más leña al fuego; la tía diciendo: vaaa, inténtalo, si es muy majete. Y yo: que no lo niego, pero es que antes me como una sopa de ripios cardados que le acompaño a comprar el pan. La gente diría ¿a dónde va Luli con su gremlin? ¿A sacarlo de paseo? Venga ya. ¡Si aún estoy en plena fase de olvidarme del Listo (ESO era un tío y lo demás son tonterías)! Nanay de la China, concluí, rotunda.


El tema quedó cerrado... o eso me pensaba yo. Porque hoy, tan tranquila yo a la hora de la siesta, padeciendo de dolor de regla, y me suena el teléfono: un mensaje. Movistar, que me quiere mucho, me digo. ¿Movistar? ¿Movistar? ¡Nooooo!


Era Sujeto J, declarándose. SO-CO-RRO. Decía textualmente la siguiente horterada: "ola Luli, soy Sujeto J, del patri, y quería decirte que siento algo por ti, y que si quieres quedamos algún día ho algo para hablarlo. a, y no le agas caso a Sujeto D, que está loca.. jjejeje. Cnt bsos ". FIN.


Y quedamos algún día ho algo.


Y quedamos algún día ho algo...


¡¡¡¿¿¿Y QUEDAMOS ALGÚN DÍA HO ALGO???!!!


¡¡¡Yo nunca podría quedar ningún día con alguien que escribe el nexo "o" con hache delante!!! Casi se me quema la vista cuando lo he leído.


Estaba tan aturdida que solo me he podido reír y apagar el teléfono por si se le ocurría hacerme una perdida ho (juas) alguna cosa rara por el estilo. Ho peor aún, llamarme. Diossss.


Y el trabajo ha sido un cachondeo hoy. Llega la supervisora y me llama para "hablar seriamente". Se pone a interrogarme sobre Sujeto J, que si me gustaba, que si lleva loco por mí desde que me conoció, que si no quería ni intentarlo...


Y como el 97% de la plantilla del supermercado somos mujeres, pues imaginaos el panorama. Con lo discretita que yo soy, y resulta que ahora están todas las miradas puestas sobre mí. Sin ir más lejos, la otra carnicera va y me suelta: "¿Habrá o no habrá boda?"; además hacen apuestas y no paran de hablar de la famosa cena de empresa que tendrá lugar el día 31... ME DA MIEDO. Quisiera despertarme y que nada hubiera pasado.


¡Con lo bien que estaba yo el año pasado en la tienda de ropa, con la única preocupación de matar cucarachas y alabar a las mujeres aunque llevaran trajes que les sentaban peor que a un santo dos pistolas! Y mis vecinos, los farmacéuticos locos...


Hoy he vuelto a ir, y constato (de nuevo), que en esa Farmacia se les va la pinza, porque he ido para comprar un antiséptico con el que poder lavarme las manos regularmente (porque siempre estoy en contacto con gente y dinero, por la Gripe A y esas cosas...), pues el que me atiende, el Alto de la Kawasaki verde, me suelta "¿Es para el trabajo? Pues será mejor que vayas a la tienda donde venden lejías y mantenimiento de hogares y empresas".


Y yo, extrañadísima, allá que me dirijo. Cuando llego... la dependienta no sabía ni pronunciar la palabra antiséptico. Yo creo que me odian bastante en esa Farmacia, nunca me cansaré de decirlo. Ho es que ellos están completamente pirados, no le veo hotra salida.


Hen fin, lulilectores... seguiré hinformando de cómo hacaba esta historia para no dormir.


Besazzos ha todos.


*Luli*

lunes, 20 de julio de 2009

Detesto a las señoras



Queridos lulilectores...


Declaro públicamente que detesto a las señoras. Sobre todo, las que vienen a comprar al supermercado.


El verano pasado (y hace dos), cuando empecé a trabajar en la tienda de ropa, ya me di cuenta de que algo en sus cabezas ancestrales no funcionaba del todo bien. Se empeñaban en comprarse unas camisetas de lycra y enbotifarrarse en pantalones de la talla treinta y seis. Al cabo de dos días regresaban para devolver la prenda y se enfadaban conmigo porque el negocio no hacía devoluciones en efectivo; entonces la cambiaban por unos zapatos de tacón de cuña "porque no les dolían en los juanetes".


Bueno, eso tiene un pase, Luli, diréis vosotros, como ingenuos lulilectores. Ten paciencia con ellas, al fin y al cabo son personas mayores a las que hay que tratar con respeto. Sí, claro. A todas las trato con respeto, pero lo de la paciencia...


En el supermercado, las señoras se lo pasan bomba, como si estuvieran en un parque de atracciones, pues igual. ¿Os acordáis de las famosas Supernenas de Aquí no Hay quien Viva? Pues os digo una cosa: en este caso, la realidad supera a la ficción.


Se pasan la vida parloteando despreocupadamente en la cola (cuando la cola es laaaaaarga) y luego, cuando les toca su turno, es cuando se dan cuenta de que la fruta se pesaba, el congelado también, de que los yogures que llevan en la mano caducan al día siguiente o de que el café que tienen en la mano no es de la marca que toma su marido.


Después de haber vencido estos pequeños contratiempos con el empleado de turno (yo) y de haber puesto nerviosas a las demás veinte personas que están detras de ellas, llega la hora de pagar, otra historia de punto y a parte. Te endosan un billete de 50€ para pagar una barra de pan, y si les preguntas si llevan algo más pequeño encima se hacen las ofendidas y dicen que no con firmeza, mientras les veo claramente el billete de diez asomando por una esquina del monedero. Me sueltan con todo el caradurismo del mundo: "Es que lo necesito, además, prefiero que me cambies, hija".


Y si le cambias a una o dos, no pasa nada, pero es que las señoras son la pera limonera: absolutamente todas se presentan en la caja más pintadas que una puerta, con su bata de flores, sus cien mil collares de oro de tiempos de Franco, sus melenas cortas y rizaditas, y su colonia de Nenuco que echa para atrás, y se sacan de un minúsculo billetero un fajo de papeles de colores, y siempre me pagan con el amarillo, narices. Y siempre les estoy cambiando a todas.


O las que, por el contrario, te sacan céntimo a céntimo los tres euros cincuenta que les has pedido, haciendo resoplar de histeria al cliente de detrás, que cuando la señora va por el céntimo número setenta y cinco, el cliente se pone a contar también con ella (a veces se suman algunos clientes más). Es que no tienen término medio, no sé cuáles son peores, de verdad.


¿Y el morro que tienen? Intentan colártela por donde pueden. El otro día se presenta una con una caja de dieciocho huevos talla L diciéndome que "la otra chica" le había dicho que estaban en oferta y que solo valían un euro. Y claro, yo lo paso por el escáner y me marcaba 2,19 y la señora venga a protestar. Y cuando consigo llamar a mi compañera y preguntarle, va y me suelta: ¡pero que ya le he dicho mil veces que NO están en oferta! Y la señora tan pancha: "Ay, lo habré entendido mal, hija, que con la edad ya no oímos tan bien, ¿sabes?".


Hoy, por ejemplo, me viene una para que le cambiara (adivinad) 50€ en billetes "y algunas moneditas para meter una en el carro". Le doy dos billetes de veinte, uno de cinco, y cinco euros sueltos. Al cabo de media hora viene a la caja para pagar siete euros y me saca un billete de veinte. Le digo con toda la intención: ¿y no tiene suelto? Si antes le he cambiado. Y la tía me suelta (ATENCIÓN QUE ESTO ES MUY BUENO): ¡Pero si no me has dado monedas!


Yo me la quedo mirando, pensando para mis adentros: ¿estaré yo loca o es que me acabo de volver gilipollas perdida y no me he enterado? Le repito: "Señora, yo le he dado hace un rato cinco euros en monedas para que meta una en el carro. Usted me ha dado un billete de cincuenta". Y ella, afirmando todo el tiempo, dice: Sí, sí, pero yo no llevo nada suelto, mira.


Y coge el monedero y me lo enseña vacío en mis narices. Y yo le contesto: ¿Y qué ha metido en el carro, un billete de cinco? Respuesta: "No, cincuenta céntimos que eran míos". Ahhhhhhh, vaaale. No os podéis imaginar la rabia que me ha dado, os lo juro que me he enfadado muchísimo; tengo su cara grabada a fuego en el cerebro, a la otra se la jugaré yo.


En la verdulería toquetean todos los productos con sus garras de brujas y se comen las cerezas a puñados, mientras esconden los huesos bajo las estanterías. Cuando la compañera de sección las pilla y se las queda mirando, se van sin decir nada. Flipante.


Y, por supuesto, no olvidemos la cuestión de los regalos de las promociones. SITUACIÓN REAL:


Viene una señora a caja con una bolsita de judías y un paquete de servilletas (por ejemplo). Paga y mientras le estoy dando el tique me pregunta:


-Oye, ¿y no regalan nada por comprar esto?


Me quedé tan anonadada que no le pude ni responder hasta que no pasaron tres o cuatro segundos.


-¿Perdón?


-Que si no regalan nada.


-Yo le regalo mi sonrisa, señora.


-Pues ya podrían, que vengo a comprar cada día y nunca me dan nada.


OIGA SEÑORA, ¿Y A MÍ QUÉ ME CUENTA?


Otra situación: están algunas señoras en la cola, y la que hace tres o cuatro (se ve que se aburría) empieza a hurgar en una caja de cartón con camisetas, pareos, bolsas de playa y cosas así que hay cerca de donde yo estaba. Pero porque sí. Y cuando le llega el turno me balancea un pareo por debajo de la cara y me pregunta si se lo puede llevar, porque el año pasado le regalaron uno pero en rojo. ¿Los colecciona, señora?, le pregunto con fina ironía y mucha malicia, pero con una gran sonrisa en la cara que esconde mi exasperación. "No, no, pero como el año pasado me regalaron uno en rojo, pues este año quería que me regalaran el azul". Le digo que tendrá que comprar el producto en cuestión para que le regalen el pareo, pero ella dice que el año pasado no tuvo que comprar nada y que se lo dieron "porque sí".


Al final se oye a mi compañera por detrás: "¡Dáselo y que se calle ya!", así que, tras un largo suspiro, consiento que se lo lleve. Pero esta historia no termina aquí, porque mientras yo discutía con la señora en cuestión, la de detrás estaba inspeccionando también la caja, y había sacado una camisetita diminuta de tirantes y la estaba estirando casi hasta desgraciarla para medírsela alrdedor del pecho y comprobar si le cabía. Me quedé a cuadros, sobre todo porque había paralizado el tráfico de clientes y la cola crecía a pasos agigantados. Al final, va y decide que como la camiseta "le estaba un poco estrecha", que se llevaría también un pareo, por su cara bonita. ¡Ale pues!


La gracia (porque tiene gracia) radica en que cuando, efectivamente, algún día el supermercado regala algo, como paquetes de escarolas que caducan ese mismo día y así no se tiran, pues las señoras dicen: "¿que caducan hoy? Pues no lo quiero". Y se van por donde han venido.


Y dominan a sus maridos, siempre acobardados por sus peinados repletos de laca y sus batas floreadas. Los maridos les tienen miedo, y siempre compran o dejan de comprar lo que ellas les ordenan.


En serio, me podéis pedir que tenga paciencia un rato, pero es que soportar a cientos y cientos de señoras cada día es algo que a la larga puede a una persona, porque tienen cada salida que no sabes por dónde cogerlas, nunca sabes con qué te van a sorprender. Y sobre todo porque las más impacientes e insoportables son ellas, que si tardo más de tres segundos en sacar el tique ya me están metiendo prisas.


En la tienda del año pasado me decían: "Estoy buscando un conjuntito para mi nieta, que es muy mona ella. Parecida a tí". "Claro", les decía yo, halagada, hasta que se me quedaba mirando y añadía: "Bueno, ella en realidad tiene las piernas un poco más largas, más cinturita, más pecho y menos caderas". Y yo... eh... vaaale. La sonrisa se me helaba en los labios, y al final les soltaba: "Pues me temo que no me queda nada, solo nos quedan tallas 48".


Este año, los comentarios son diferentes: nos sugieren que cambiemos la tinta de las cajas o, directamente, que cambiemos las cajas; también reniegan del aire acondicionado y de que las ofertas se acaban en seguida.


Pfff... me estresan más ellas que las siete horas de trabajo. Espero que os libréis de tener con lidiar mucho con especímenes de ese tipo, y, sobre todo, espero no ser igual de mayor.


Aunque en el fondo, tienen su gracia.


Besazzos,


*Luli*

domingo, 12 de julio de 2009

Superluli



O Lulicajera.


Sí, queridos lulilectores, las noticias más recientes de mi vida se reducen a eso: he encontrado trabajo en el supermercado de la playa de mi pueblo. De cajera.


Empecé el viernes, trabajo siete horas al día de pie pasando productos por el escáner. Hoy domingo me han dado libre.


De momento, los clientes me detestan bastante, porque soy la cajera más lenta y patosa de toda la plantilla, y creo colas enormes que empeoran con la presión de ser el centro de todas las miradas. Cuando me equivoco con el teclado del ordenador, o cuando devuelvo por error mal a la gente, a parte de que me pongo muy nerviosa, noto el peso de decenas de ojos hostiles sobre mí. Para más inri, destaco más que las demás porque como he entrado hace nada, aún no llevo el uniforme y voy de "paisano".


Pero, sin duda, el peor momento fue ayer, con un grupo de guardias civiles que vinieron a comprarse la merienda. Lo pasé fatal porque lo estaba haciendo bastante bien, hasta que le tocó el turno al guardia civil más guapo de todos (no es que fuera un bellezón, pero era bastante mono, un chotulus orlandiño), y encima imponía más porque llevaba las gafas de sol típicas de poli, con cristales reflejantes. Y... ¡pam! Me falló el programita de las narices.


Yo estaba sola y no me salía el ticket, me puse a chillar en busca de auxilio a alguna compañera, hasta que al final la panadera me ayudó. Por supuesto, me retrasé un montón y la cola se duplicó, y creo que todavía no me ha pasado el calor, madre mía QUÉ VERGÜENZA, no os lo podéis ni imaginar. Supongo que le daría pena y todo, pensaría "pobrecilla, se ha puesto nerviosa al verme". TIERRA, TRÁGAME.


A saber lo que pensarían; seguramente que soy una boba, o una lenta, o una incompetente, o ese tipo de cosas que piensa la gente cuando tiene prisa y va al supermercado y se pone a despotricar mentalmente cuando una cajera se equivoca (o, al menos, eso es lo que hacía yo hasta ahora; evidentemente, después de la experiencia mi opinión ha cambiado, y tendré más compasión/barra/paciencia con las pobres cajeras novatillas -o con pinta de novatillas-).


La verdad, no es que esté demasiado contenta, porque ya me había hecho a la idea de que no iba a trabajar este verano, así que ahora no solo tendré que apechugar con lo que me ha tocado, sino que encima me tendré que compaginar el trabajo con estudiar, porque me han quedado nada más y nada menos que DOS asignaturas para la primera semana de septiembre, así que tengo la moral bastante tocada, estoy desanimada y sin ganas de nada y me ha bajado bastante la autoestima.


Vamos, todo un éxito.


En fin, ya vendrán tiempos mejores.


Besazzos,


*Luli*

domingo, 5 de julio de 2009

Empezando el veraneo



Queridos lulilectores veraneantes...



Vuelvo a dar señales de vida después de unas cuantas semanas ajetreadas, en las que me han sucedido cosas tan variopintas como el traslado a la playa, broncas con mis padres (qué raro), tardes de rebajas y, principalmente, una experiencia nada agradable que no os recomiendo: acompañar a una amiga a su casa en sábado por la noche después de que se haya bebido media botella de ron con coca-cola. Y no por el hecho de acompañarla a su casa (que costó lo suyo, pero en fin), sino porque la tipa decidió vomitarlo TODO en EL ASCENSOR mientras la otra chica y yo estábamos acorraladas. No digo más, comprendo que a muchos de vosotros os dé asco y decidáis parar de leer aquí, solo añadiré que, graciosamente, nuestra amiga empezó en el cuarto y vive en un octavo... puaj (Señor D., Señor D., Señor Deeeee). Me puso la cabeza loca (y los pies perdidos, menos mal que se salvaron mis sandalias porque eran nuevas, que si no...).


Bueno, pasando a otros temas menos interesantes: empieza un nuevo verano (¡el verano de los 19!, como afirma rotunda mi amiga Sujeto P -la del ron-). Sí... el verano de los 19. El último verano del "uno". El año que viene empezaremos con el "dos", qué terror. Pero en fin, envejecer ahora no es mi tema de conversación, sino más bien comentaros así por encima el principio del calorcillo por mis lares habituales (vamos, el ecosistema de Tavernes de la Valldigna).


Y, un año más, se presentan amabilísimos todos los vecinos, en especial los amores platónicos. Mi Vecinito Interesante (o VI) está CAÑÓN, vamos, ha mejorado ocho millones de veces desde la última vez que le vi (el verano pasado). Ya me traía de cabeza desde hace siglos y siglos, pero es que este año se sale, el mozo. Aunque, ahora que lo pienso, la temporada Verano 2009 no ha empezado de la mejor manera, más que nada porque el querido Señor D. sigue pegado a mis faldas y me obliga a hacer el idiota todo lo que sé y más.


Os contaré cómo fue mi primer encuentro con el chaval en cuestión. Me gustaría recordar, para los lulilectores olvidadizos, o los lulilectores nuevos, que el Vecinito Interesante seguramente cree que soy una loca descerebrada, o algo por el estilo, porque el año pasado Sujeto P (o Sujeto Ron-con-coca-cola ¬¬) y yo no teníamos nada mejor que hacer que perseguirlo por la discoteca cuando le vimos un día por la noche, como si fuésemos dos fans histéricas detrás de Brad Pitt en sus tiempos de Joe Black. El pobre no sabía para dónde mirar, porque nosotras le acosamos toda la noche -incluso conseguí hablar con él-. Con deciros que me quedé afónica de tanto gritar, y que solo mi amiga consiguió que desistiera en mi propósito de pedirle un autógrafo... al menos después me saludaba, me decía "Hola" mientras me miraba con cara de pena.


En fin, a lo que iba. Primer encuentro de la temporada 2009, a partir de ahora llamado "Aquél que le confirmó que estoy como una chota". Fue hace dos semanas, aproximadamente. Yo iba a sacar a mi perra de paseo, hacia eso de las seis, y me puse unas sandalias del verano anterior que yo tenía manía en que no tardarían en romperse, porque ya es raro que este tipo de chancletas (las de "dedillo" de cuatro euros en el mercadillo) aguanten más que un año. Pero como las mías se estaban portando bastante bien (yo las examinaba cada vez que me las ponía, para que no me dieran un disgusto), pues, una vez más, me arriesgué.


Y a ello que me fui, tan feliz con mis sandalias, mi perra y mi mp3 en las orejas, despreocupada porque no había nadie por la calle, el parking por donde suelo sacarla estaba desierto. Nos pegamos un paseo de veinte minutos por lo menos, arriba, abajo, jugando, corriendo. Las sandalias aguantaron perfectamente, sin ningún problema, incluso se me olvidó que eran viejas. Total, que cuando decido regresar, meto la llave en la puerta de la finca, entro... ¡pam! Se me rompe la tirilla y me quedo sin zapato.


¡Menos mal!, pensé aliviada, porque no hay nadie que me haya visto y, además, qué suerte he tenido de que se me rompieran casi en casa y no en pleno parking. ¿Menos mal? ¿Menos mal? Aún no había acabado de pensar el razonamiento anterior, cuando me aparece el mismísimo vecinito por una esquina, salido de la nada, con su sobrino y su hermana. ¡¡¡Y yo descalza, con las sandalias rotas en la mano, que no sabía dónde esconderlas porque no llevaba bolso!!!


Me puse de todos los colores y pasé por su lado como una centella, sin murmurar siquiera un quedo "hola", que era lo que ya tenía practicado con él. Debió pensar que se me va la pinza un rato, porque claro, si él no sabe que las sandalias están rotas, lo más normal es que se pregunte: "¿y a dónde va esta descalza con un perro?" No me lo puedo creer, todo me pasa a mí, soy un blanco fácil.


Claro que, la cosa no mejora si, encima, en la playa, él pasa por delante de mí para reunirse con su Happy Pandi y yo escondo la cabeza bajo mi gorra cual avestruz, enmarronando a Sujeto P, que estaba a mi lado y tuvo que decirle "adiós".


Cosas de la vida...


Los de la Happy Pandi de mi finca (a saber: el Super-Rubiazo, La Topo, la Morsa Humana, la Hermana Frustrada, el Vecinito Interesante, el Novio y, cuando lleguen, los Holandeses) creo que me odian bastante cuando están juntos (porque por separado me hacen bastante caso, excepto la Topo y la Hermana Frustrada, que son unas dominantas amargadas), pero eso me trae sin cuidado. Bueno, en realidad el Vecinito no me odia, tonteábamos a veces, ahora solo pensará que estoy para que me encierren, pero no me importa. Y el Super-Rubiazo es de un nivel superior, mucho rubiazo para una sola persona, así que las amargadas estas no podrán con él (espero).


Y... todo esto que os estoy contando, que en realidad no tiene por qué interesaros lo más mínimo, es porque no se me ocurría nada mejor que escribir, y para evitarme otra de esas entradas insulsas y tediosas en las que solo pongo "me aburro", pues he decidido relatar mis últimas batallitas.


A todo esto, antes de que se me olvide, para celebrar el inicio del verano voy a incluir en la columna de la derecha por primera vez una encuesta, para cambiar un poco los aires. Como ya llevo bastantes entradas, seleccionaré aquellas que más me han gustado personalmente (tanto a la hora de escribirlas como de releerlas más tarde), para que vosotros escojáis la mejor (aunque si hay alguna que os haya gustado especialmente y no aparezca en la lista, siempre me lo podéis comentar).


Es pura curiosidad, porque al fin y al cabo ya llevamos dos años y medio juntos, así que espero que os animéis y opinéis, lulilectores. =)


Y muchos besazzos, cómo no.


*Luli*