lunes, 24 de diciembre de 2007

Ya es Navidad


Hola y muy buenas a todos.


Quisiera decir que... ya es Navidad. Yo, realmente, no me había dado cuenta hasta este momento, a pesar de los preparativos previos (anuncios de juguetes, de turrones y de cavas; lotería de navidad, luces por todas partes, papás noeles por aquí, renos por allá y, por supuesto las típicas peliculitas tradicionales de cada año). Mi indiferencia seguramente se deba a los exámenes, que me han arrebatado un mes entero de mi preciosa vida y no me han dejado ni respirar, pero, una vez finalizado el instituto y haber entrado de lleno en las vacaciones (con la correspondiente resaca del sábado pasado) estoy abriendo los ojos y percatándome de que el espíritu navideño me rodea por doquier.


Sobre todo hace un rato, cuando mi madre (un beso desde aquí, mamá, que hoy estás atacada de los nervios y no contribuyes a la Felicidad, a la Paz y al Amor) me ha mandado al Mercadona a comprar Raviolis para la comida de hoy. De camino al supermercado me he dado cuenta de que la gente andaba muy ajetreada por la calle, todos los coches estaban aparcando en doble fila y había un policía repartiendo Alegría por las calles: lo hacía con un bloc de papelitos rosados y un bolígrafo. ¡Qué bonito! Llegar a tu coche sudoroso y acalorado, después de haberte pegado una carrera impresionante para conseguir el último pavo para la comida de mañana, que el carnicero estaba a punto de cerrarte, y cuando llegas a tu coche encontrarte cara a cara con el boleto. El infarto que te da mejor no lo describo.


Pues nada, ahí estaba yo, medio dormida e inocente, creyéndome que Mercadona me abriría sus puertas para que yo entrara y me gastara el dinero en sus productos cuando... ¡Tachán! Va y no me las abre, pero más que nada porque había tal cola para ENTRAR que me he tenido que esperar dos minutos antes de poder meterme dentro. ¡Qué locura! Señores, confirmo como testigo presencial que es verdad que LA GENTE SE ESPERA A ÚLTIMA HORA PARA HACER LAS COMPRAS. Yo me pensaba que era una treta de los americanos para espectacularizar un poco más sus películas, pero NO, es cierto, no SE TRATA DE NINGÚN TÓPICO.


He emprendido una fascinante batalla para encontrar los paquetes de raviolis y los dos panes (una señora me ha mirado muy mal cuando he cogido el último) y me he dado una prisa enorme para llegar a la cola pero... ¡horror! Todo eran carros llenos hasta los topes. Y justamente hoy, que es cuando toca ser bondadoso, amable y generoso, nadie me ha ofrecido dejarme pasar. He tenido que aguantarme horas y horas hasta que por fin me ha tocado el turno a mí, para salir disparada del supermercado, no sin antes tener que desearle una feliz Navidad a mi profesor de Inglés, que se me ha cruzado por la calle.


Señores, por favor, no se me estresen, que ya es Navidad.


Felices fiestas, les desea


*Luli Manuli*


P.D.: Mamá, tú tampoco.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Limpieza de correo




¡Hola a todo el mundo!

Hace como ocho millones de años que no me paso por aquí y, la verdad, el hecho de que por fin decida visitar mi propio loft internetarial significa, al fin y al cabo, una buena noticia: ¡¡¡he acabado todos los exámenes!!!

¡Yupi! ¡Yuju! ¡Superwaximegahiperdubideramentegenial! ¡Sí! ¡Dupidupi!

Tengo que chillarlo a pleno pulmón, lo siento.

Señores, tápense las orejitas, pues lo que viene a continuación no es apto para oídos delicados:

¡¡¡HE ACABADO YA TODOS LOS EXÁMENES!!!

Bueno, al menos por el momento. Buf, pero esto alivia que no veas.

Lo primero que he hecho cuando he vuelto a casa ha sido enchufar a Entusiasta, mi querido ordenador portátil, quitarle las toneladas de polvo que lo cubrían y comprobar que todavía funcionaba. Me he llevado una gandísima alegría al descubrir que aún seguía circulando energía por su cable de alimentación eléctrica (él es que es especial: es portátil pero la batería no le aguanta ni diez minutos, por lo que siempre lo tengo que tener mamando de un enchufe. Pobrecito, podría llamarlo Delicado). La cuestión, que he entrado en Internet, en mi bandeja de correo electrónico y... no me he caído porque estaba sentada, pero casi me da un ataque de taquicardia.

Nada más y nada menos que sesenta y cinco correros. ¡¡¡ARGH!!! Yo ya iba con negros pensamientos, porque una tiene experiencia en estas cosas y sabe que, cuando está como veinte días sin encender el correo, pues luego siempre tiene acumulación, pero, hacía tiempo que no tenía tanto (y, la verdad, creo que de no ser porque mis amigas también estaban de exámenes, habría tenido el triple). Y, como siempre, eran los mismos ocho u nueve mensajes enviados por las trece u catorce amigas a la vez.

Represento la escena de Luli leyendo, seleccionando y eliminando hotmails.com.

LULI (yo): T.T vaaale.... empecemos.
ENTUSIASTA [mostrándome hotmails.com].
...

LULI: [leyendo] U.U V.V T.T ¬¬ X_X

Conclusión: todos los hotmails.com acaban igual. Cito:

-Si no reenvias esto a veintiocho personas en trece segundos morirás ahogada por un pedo de oca en menos de tres horas

-Si no reenvias este correo a toda tu peña serás desafortunada en el amor durante el resto de tus días

-Si no reenvías esto a doce personas en menos de tres minutos tendrás ocho años de mala suerte

-El pequeño Jimmy no hizo caso de el mail y murió en circunstancias sospechosas a los dos días

-La joven Susan también ignoró el mensaje de sus amigos y a los tres meses su familia falleció en un acccidente provocado por un zorro panzón cuando daban un paseo en lancha. Curioso, amigo, pero cierto.

-Por favor, reenvía este mensaje a todos tus contactos para que los pobres Ann y Sam (gemelos siameses que tienen dos piernas en la cabeza y tres ojos en la frente) puedan sobrevivir. Pero no se lo reenvíes a la persona que te lo envió o el chico al que amas con locura te ignorará y no volverás a enamorarte jamás.

-¡Manda este mensaje a sesenta y tres coma cuatro con cinco personas en menos de diez segundos para ayudarnos a cumplir nuestro sueño: enviar el correo más largo del mundo! ¡Han participado hasta vietnamitas, marroquíes y cubanos! ¡Ánimo, sé el número 64.678.346.934 de nuestra cadena!
¬¬

¡Venga ya! Los he borrado todos, todos, y todos. De modo que si no reaparezco en menos de tres años ya sabéis que es porque la Maldición del Mail me ha atrapado y he perecido devorada por el Monstruo de las Galletas mientras miraba Barrio Sésamo. Tsé.

Besazzos,

*Luli*

sábado, 1 de diciembre de 2007

Ella ya ha triunfado


¡Hola de nuevo y feliz día uno!



Anoche hicieron en mi pueblo un Festival Benéfico, en el que participaban en directo un montón de cantantes locales, entre los cuales estaba una amiga mía (Sujeto T). Llevaba insistiendo desde hacía un mes para que nos compráramos las entradas, y las conseguimos este martes pasado, justito justito porque se agotaron el miércoles.



Total, que aunque el espectáculo empezaba a las diez (en la Casa de la Cultura), las tres amigas y yo decidimos ir veinte minutos antes para pillar sitio y... ¡la cola de gente se prolongaba durante unos cien metros! Nos quedamos así O_O y lo único que se nos ocurrió fue... colarnos v.v.

Consecuencia: todo el pueblo silbándonos. Gente de todas las edades diciéndonos cosas muy feas, consiguiendo sacarnos los colores. V.VU

Sí, sí, pero yo tuve asiento, y todos los que entraron después se tuvieron que quedar de pie.


Bueno, pues nada, empezó la función y los artistas locales empezaron a cantar. La presentadora,que es una chica que tiene un año más que yo, iba vestida como si fuera de boda. La mayoría de cantantes eran jóvenes (entre trece y veinticinco) y mi amiga Sujeto T estaba guapísima. Canta muy bien y, aunque patinó un poco en alguna canción, nos puso a todos los pelos de punta. Nos emocionamos mucho y todo el pueblo aplaudió con fervor. ¡Si habría más de mil personas en la CaCu!


Yo vi cómo mi amiga saludaba con la mano y pensé: "ella ya ha triunfado". Hay que tener mucho valor para subirse a un escenario abarrotado hasta los topes de gente que te conoce. Apagan las luces y, aunque no ves nada, sabes que hay centenares de ojos sobre ti dispuestos a juzgarte ante el menor error que hagas. Un haz de luz cae sobre ti, enfocándote y realzándote en la negrura. Tal vez si fueran desconocidos no impondría tanto respeto, porque, al fin y al cabo, qué más da lo que piensen, si no te conocen y probablemente no volverán a verte nunca más. Pero cuando vives en un pueblo tan pequeño como el mío, donde todos conocen a todos, no puedes menos que sentirte nerviosa.


Y mi amiga lo bordó. Fue de las mejores y todo el mundo la llamaba ¡Guapa! ¡Artista! y cosas así. No sé cómo debió sentirse al verse admirada y querida por tanta gente, pero seguro que es una sensación única: tener un talento especial (una voz preciosa), emocionar a miles de personas y ser aclamada por ello será una cosa de los que pocos puedan presumir de haber hecho, y, los que lo han conseguido, son triunfadores.


A mí también me gustaría tener un momento así: ser por una vez en mi vida el centro de atención, que en ese mismo instante los que te rodean quieran ponerse en tu piel y que digan: "es una triunfadora".


Cómo molo, debió pensar en ese momento mi pequeña amiga Sujeto T, como en su momento pensó Manolito Gafotas, el célebre personaje creado por Elvira Lindo.

Cuando las actrices se dejan fotografiar por millones de objetivos en las presentaciones de sus películas, vestidas de infarto y perfectamente arregladas, seguro que también lo piensan. O las modelos, cuando desfilan con picardía por una pasarela con un traje que todos quisiéramos ponernos por una vez en nuestra vida; o los cantantes exitosos, a los que cientos de miles de gente aclama en sus conciertos; o autores famosos, cuando sacan un libro y la gente acampa en las puertas de las librerías para conseguir un ejemplar; o un político questá acabando un dicurso. Todos esos están triunfando en un cierto momento, que luego puede que se repita o no, pero seguro que durante esos instantes todos piensan: cómo molo.


Han llegado a lo más alto y eso merece mi admiración, así como las de muchas más personas. Es genial ser anónimo, uno más, pero, señores, para una vez que vivimos, todos deberíamos ser recordados y aplaudidos, aunque sólo sea, lo dicho, durante un fugaz minuto.


Bueno, la velada acabó bien, aunque mis amigas y yo nos desmadramos un poco. El público consistía en centenares de abuelos, al menos en el palco en el que yo me encontraba, y era un muermazo. Nosotras cuatro fuimos las únicas que chillaban todo el rato, animando, cantando y riéndonos, con la consecuencia de que mosqueamos a bastante gente, que nos chistaba y soltaba comentarios por lo bajini, pero, la verdad, no nos molestó demasiado. Tuvimos un pequeño incidente con un hombre especialmente enfadado que nos gritó abiertamente desde la fila de delante (creo que fue una cosa del tipo: ¡¿Por qué no cerráis la boca de una p*** vez?!), pero al rato se nos pasó y seguimos a lo nuestro.


Soy consciente de que fuimos bastante descaradas delante de todo el pueblo, pero me da bastante igual porque me vino muy bien para desahogarme. Después de tanto examen (que aún no los he acabado) y de la vida de ermitaña que llevo últimamente, que no salgo de casa menos que para ir al instituto o a la biblioteca, un poco de ruido me vino de perlas para despejarme.


Bueno, os dejo que tengo que hacer un trabajo.


Besazzos,


*Luli*

lunes, 26 de noviembre de 2007

El Pendiente



Hoy he perdido un pendiente. No sé cómo ha sucedido, lo único que sé es que, de repente, ya no lo llevaba en la oreja, así que no me ha quedado más remedio que repetir mis pasos por la calle para buscarlo, naturalmente sin éxito alguno.

No es que haya perdido un diamante (que sin duda hubiera sido peor), pero me siento muy desgraciada y triste por lo sucedido, porque era un pendiente precioso, con unas bolitas rojas que brillaban como el fuego y que hacían juego con la bufanda que llevaba hoy.

Yo es que soy una gran coleccionista de pendientes: me pierden, son mi pasión. La bisutería en general me llama mucho, pero no soy tan dada a llevar pulseras y collares como pendientes. Tengo al menos cuarenta pares de pendientes, sin exagerar. Tuve que comprarme un busto y todo para colgarlos, porque ya no me cabían en el joyero. La cuestión, que este pendiente en concreto era uno de mis preferidos por la formita (así como de llama) que presentaba y, hoy, sin comerlo ni beberlo... ¡pam! pendiente fuera.

Tiene bemoles la cosa, pero no me voy a dar por vecida. Esta misma tarde iré al bazar donde lo conseguí (un bazar de carácter hippie-étnico-marujil) y preguntaré a ver si tienen más (aunque son pendientes que compré el año pasado, pero creo que val la pena intentarlo).

Y si no... ¿sabéis lo que haré? Usaré el pendiente que me queda como colgante, que se puede hacer. No obstante... ¡¡¡quiero mi pendiente!!!

Snif T.T
Eso me pasa por culpa de las prisas, que no me dejan vivir.

Kizzes,


*Luli*

PD: Qué frío hace hoy, ¿no?

domingo, 25 de noviembre de 2007

Ir o no ir, ésa es la cuestión


Hola a todo el mundo!


Lamento no haber posteado antes pero es que no he podido, me ha resultado imposible. Estoy sumergida en el Interminable Mar de los Exámenes, y ahora mismo me he pemitido el lujo de meterme en la red porque he cogido el ordenador para hacer un trabajo.


A parte de no tener mucho tiempo, tampoco hay tanto comentar: mi vida en estos momentos gira en torno al Instituto: compañeros, libros, profesores y trabajos. No salgo por las noches, no descanso por las tardes, apenas miro la televisión. Pfff... Gajes del oficio.


Tampoco he podido iniciar el proyecto que tanto ansiaba: el de Mi Extraño Ecosistema, pero no os preocupéis que lo haré en cuanto consiga reunir algunas horas (de no ser que las use para descansar, claro, porque es que de tanto estudiar se me van hasta las horas de sueño).


La verdad es que se trata de un estilo de vida bastante aburrido y duro, pero de momento es lo que hay: claustro, abstinencia y aguante. Mi único consuelo en estos momentos es una película que vi el otro día en Taquilla: El Velo Pintado, con Naomi Watts (King Kong) y mi a partir de ahora adorado Edward Norton (El Ilusionista). Me pareció una historia entrañable y, aunque la película no es brillante, la historia es preciosa y voy a comprar el libro en el que está basada. Y el final es taaan triste... :_( Bueno, no voy a revelar nada, ya la miraréis.


Ahora mismo estoy en medio de un grave dilema moral: estudiar o no estudiar. Os contaré mi problema. Resulta que, aunque tenía el fin de semana cuidadosamente planeado para aprovecharlo al máximo, no he hecho nada. Sí, son cosas de la vida, pero mi madre me trastocó el planning pidiéndome que la acompañara a Gandía el viernes por la tarde, al Carrefour. Allí me pasé como mínimo tres horas y lo único positivo es que al fin conseguí Orgullo y Prejuicio tirado de precio (otra peli que me marcó). Ayer tampoco di golpe porque, aunque estaba en el ordenador, estaba arreglándome el Internet, que no me iba y que necesitaba para un trabajo. Hoy han venido mis abuelos a comer (otra mañana desaprovechada) y esta tarde... se quieren ir a Valencia. ¡Y quiero ir! Llevo semanas esperando para ello, y justo esta tarde (la cual quería aprovechar) me ponen la oferta en bandeja.


Pff... no sé qué haré... os lo contaré la próxima vez, que me tengo que preparar (quieren salir antes de las cinco) ;)


Besazzos, Luli


PD: ¿Qué? ¡Yo también me merezco un finde sabático! Luego ya vendrán los problemas (y gordos: dos exámenes esta semana), pero de momento prefiero desconectar.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Por fin función


Hola a todos!


Me paso por aquí en una visita relámpago para informar de que mi antiguo blog: Hazañas y Peripecias de una Adolescente, ha quedado finalmente eliminado como tal. He borrado todo el contenido que tenía (excepto el formato más básico) y lo he renovado: ahora ya está preparado para comenzar a escribir.


No puedo extenderme mucho en el tema, confío en que os paséis por allí y le echéis una ojeada por vosotros mismos. Tampoco encontraréis nada espectacular, sólo una pequeña introducción al tema, pero espero poder empezar pronto con mi nuevo proyecto.


Lo he titulado Mi Extraño Ecosistema, y lo encontraréis bajo la siguiente dirección:





Espero que os guste, ya os informaré cuando haya escrito algo, pero os recomiendo a los que estéis interesados que a partir de ahora paséis regularmente por allí, por si acaso.


Bsazzos!


*Luli*

domingo, 11 de noviembre de 2007

Teoría humana acerca de la mente perruna


Después de un minucioso análisis acerca de mi canina amiga Rita (de perrita), Ruch (de perrucha) u como me de por llamarla cada día, he llegado a una interesante conclusión: los perros piensan.


Sí, es verdad, los perros piensan pero lo que pasa es que nosotros, desde nuestra humana humanidad, no nos damos cuenta de tal extraordinario fenómeno que, después de plantearlo, os daréis cuenta de que en realidad es más bien ordinario.


Los perros, como ya he dicho, piensan, lo que pasa es que como piensan pensamientos perrunos en su mente también perruna, nosotros, los humanos, que no somos perrunos, no comprendemos sus perrunos pensamientos de su perruna mente. Por tanto, al no comprenderlos, pretendemos pretender que tales pensamientos no existen, lo cual es un error porque están ahí, en cada perruna mente de cada perruno perro, y al tratar de suprimirlos los ignoramos en un inhumano intento de sentirnos superiores.


Mi teoría es que los perros muchas veces piensan mal de los humanos, porque motivos no les faltarán, pero como nosotros somos humanamente torpes no advertimos sus dulces pensamientos perrunos pensados en perruno. Creemos que es más sencillo dar por sentado que, como los perros perrunos no piensan, son menos inteligentes que nosotros, lo cual es mentira porque, como no sabemos cómo piensan en su perruna mente, no tenemos ninguna manera de medir su inteligencia, que seguramente es superior a la nuestra. Como son tan inteligentes, los perros perrunos han decidido hacerse los tontos para hacernos creer que somos más listos que ellos, para, en el momento menos esperado, dar un golpe de Estado y atacar la humana (aunque cada vez más inhumana) humanidad.


Por tanto, y como conclusión, he de reiterar que los perros son perrunamente listos y piensan en su perruno cerebro que los humanamente tontos somos nosotros, los humanos, aunque, eso sí, desde una perruna perspectiva perrunística. Por eso mismo, los perros perrunos tratan de engañarnos perrunamente haciendo como si no pensaran aunque, ahora que lo pienso, eso tampoco podemos saberlo porque al no entender las perrunas señales que nos mandan en perruno, es posible que ni siquiera entendamos que los perrunos perros piensan (ya que si los entendiéramos no haría falta ponernos en su lugar y observar el humano mundo desde un punto de vista perruno) con lo cual los perros perrunos puede que ni siquiera piensen, lo que mandaría mi humana teoría acerca de la mente perruna al traste.


Por eso prefiero pensar que los inhumanos humanos creemos que los perrunos perros no piensan, pero que en realidad sí que piensan porque son tan perrunamente listos que nos hacen creer que no lo hacen. De eso deducimos que el mundo en realidad está dominado por los perros. Los perros perrunos, perdón.


¡Guau!


*Luli*

viernes, 9 de noviembre de 2007

Cuesta mantener una promesa


¡Hola a todos!


Dios, lamento muchísimo haber dejado esto más de una semana abandonado, pero tenía un terrorífico examen de Historia, por lo que me he visto obligada a aparcar todas mis demás andanzas no relacionadas directamente con el tema.


Bien, como veo las cosas por estos lares siguen igual (gracias por el comentario, Joseph, un besazzo desde aquí), aunque he de mencionar que me ha halagado mucho contemplar que mi contador de visitas ha aumentado el número un poco, lo cual me complace. ^^


En general, no tengo mucho que contar (bueno, sí, pero ahora mismo estoy un poco cansada: acabo de abrir mi bandeja de entrada del correo electrónico y me ha dado algo; tengo que hacer limpieza en profundidad), pero mis puntos del día son los habituales: que esta semana me he estado matando (literalmente) a estudiar, que el lunes tengo otro examen (latín, glubs) y, el más importante: me han pasado un emilio indignante. Como lo leéis. Es uno de esos mensajes encadenados que recibo a decenas cada día y que yo, por lo general, suelo eliminar sin abrirlos siquiera, aunque a veces algunos me llaman la atención. Eso mismo me ha pasado ahora.


Ponía "sin asunto" y como no llevaba nada adjunto me he decidido a ojearlo por encima. Estaba bien escrito y era una recopilación de firmas que rogaba mi colaboración. Para que comprendiera un poco mejor el tema, me ponía el enlace de un vídeo. Lo que he visto me ha dejado absolutamente paralizada, horrorizada, indignada y tremendamente decepcionada. ¿Queréis saber de qué iba? Maltrato a animales. No sé exactamente qué tipo de animales eran (creo que mapaches), pero os juro que yo, que soy una persona de nervios de acero, no he aguantado ni un minuto contemplándolo. Se me han saltado las lágrimas y he tenido que pararlo, para poder dormir esta noche (que después de pasarme toda la semana sin hacerlo pues es lo mínimo, digo yo).


Aparecían unos hombres golpeando a los mapaches a palos, y luego los cogían de la cola y los estampaban contra el suelo, como si sacudieran una alfombra, dándoles patadas y DESPELLEJÁNDOLOS VIVOS. Enfocaban las caritas de las pobre criaturas y se me ha roto el corazón. Me he puesto a llorar, de rabia, de tristeza y de impotencia, y me pregunto cómo puede haber en este mundo gente con tan poca consideración y tan poca humanidad como para atreverse siquiera a pensar esas cosas tan inmundas.


En fin, no tengo tiempo de ponerme ahora a hablar de todos los problemas del mundo mundial (que a cada día que pasa se hunde un poco más), pero quiero pedir a todos los que lean esto que, POR FAVOR, se conciencien un poco con los pobres animales, que no han hecho daño a nadie y, si la gente necesita sacrificarlos para el autoconsumo, al menos que les de una muerte rápida y no los haga sufrir, que ese es un tema que a mí me puede, y mucho.


Todo esto me lleva a la conclusión de que creo que ya tengo tema fijo para mi antiguo blog, pero de momento no puedo revelar nada, sorry, es una surprise.


Bueno, pasando a otro punto: ¡cuánto cuesta mantener una promesa! Me dije que mantendría este blog actualizado y, aunque lo estoy intentando, me cuesta tremendos esfuerzos por culpa del trabajo "institucional" no sé si me explico.


En fin, esto es todo por el momento, espero poder pasarme por aquí lo más pronto posible.


Besazzos,


*Luli*

PD: Dedico la imagen de hoy a los animales, que se merecen un trato mejor por nuestra parte.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Sobre clasificaciones diversas





Hoy mi amiga Sujeto S y yo hemos ido a la Biblioteca Pública. No es la primera vez que vamos, ni tampoco la segunda, ni tan siquiera la tercera, pero a pesar de todo nos lo hemos pasado genial.

Normalmente, ir a la Biblioteca Pública suele ser un coñazo, porque vamos a hacer deberes (estudiar es imposible, siempre está lleno de niños que juegan ruidosamente en los ordenadores) pero ayer y hoy han sido los mejores días.

Ayer, por ejemplo, cuando en un milagroso momento toda la Biblioteca estaba en silencio, se pone a sonar el móvil de un señor entrado en la cuarentena que tenía un bebé en brazos. Hasta ahí, todo hubiera sido normal de no ser porque el politono del señor hombre era el grito animal de Tarzán, rey de los monos. Ya sabéis, el típico, “a-a-a-aaaaaaaa” que suele exclamar haciendo un altavoz con las manos, colocándolas en forma de cuenca sobre la boca.

Mis amigas Sujeto P y Sujeto S y yo nos pasamos nada más y nada menos que veinticinco minutos ininterrumpidos con la risa tonta, siendo acosadas por unas terroríficas miradas de Don Bibliotecario y Doña Bibliotecaria, que es la peor. En vez de llamarla Doña Bibliotecaria debería llamarla Doña Simpática, precisamente porque no lo es. Aunque Don Biblio (para abreviar) es un personajillo algo raro también, la verdad. Tendrá unos treinta y cinco años, pero se viste como si tuviera quince. Su look es deportivo-juvenil, con sudaderas varias (la de hoy amarillo chillón), vaqueros y deportivas, pero no cuela: es como si te cruzaras por la calle con una señora sesentona vestida con minifalda vaquera, leggings, camiseta de grandes lunares y bailarinas. Para no dormir.

La cuestión, que estuvimos llorando de la risa durante una media hora, contagiando a las demás personas, y consiguiendo que el señor hombre del politono de Tarzán deseara que se lo tragara la tierra. Buf, todavía estallo en carcajadas de pensarlo.

Hoy, aunque Sujeto P no estaba, me lo he pasado igual de bien u más. ¿La razón? Un interesante espécimen de la fascinante raza de los Chotulus patonis. O, lo que viene siendo lo mismo, un choto de la pata. Resulta ser que era primo segundo de mi amiga Sujeto S (que es mi mujer), pero, a pesar de los lazos de parentesco que los unen, Sujeto S no se atrevía a decirle nada, ni siquiera un tímido “hola”. Es lo que tiene estar emparentado con todo el pueblo, que cuando ves a alguien, por muy familia tuya que sea, te da palo saludar o, también puede ser, te da lo mismo saludar que no.

Y nada, hemos empezado a cuchichear vía escrita (por notitas, como si estuviésemos en clase) porque la proximidad del Chotulus patonis no nos permitía levantar la voz. Aunque, para qué negarlo, cada vez que nuestros ojos se cruzaban estallábamos en risitas ahogadas, cada vez más difíciles de insonorizar, y ya no digamos de suprimir.

Después de unos cuantos “¡¡¡shhh!!!” enojados por parte de Doña Simpática, hemos logrado sobreponernos y continuar con nuestra tarea de concentrarnos en los deberes, aunque dejando escapar a cada instante bufiditos que nos llevaban de vuelta a las andadas. Finalmente, y con gran pesar, hemos tenido que irnos porque ya era tarde, y mi amiga Sujeto S se ha atrevido a saludar a su primo lejano, dos besos incluidos.
Lo mejor: hemos dejado la hoja de papel con nuestras conversaciones encima de la mesa a propósito, como si la hubiéramos dejado ahí sin querer. En la hoja no ponía nada importante, sólo cosas tipo (cito):

-¿K te parece mi primo? ¿Wapo e? -(Letra redondeada de mi zurda amiga Sujeto S, en tinta roja)
-Hombre, no sta mal, la verdad, xo es mas bien del montoncillo –(mi cursiva escritura, en azul)
-Tiene la cara de ratón 1 poko. Ade+ es rubio y a mí me gustan + morenos.
-Ya, y yo tbn, jeje.
-… (varios)
-Aunque a Sujeto M sí le gustaría
-Ya… xk a esta últimamente le gustan todos…
-Menudo puterío…
-(críticas amplias a una compañera de cuadrilla –no puede llamarse amiga- que últimamente está en boca de todos, nombre y apellidos incluidos en la hoja).

Y hemos salido de la Biblioteca entre más risas, apostando por la cara que pondrá la primera persona que lea esa hoja. Tenemos tres candidatos principales al puesto:

1) El Chotulus patonis, por supuesto. Si al final le ha picado la curiosidad, estamos seguras de que es capaz de levantarse, dirigirse hasta nuestra mesa y coger disimuladamente el papel para leerlo.

2) Don Biblio (que también es rubio). Quién sabe, a lo mejor se da por aludido cuando lo lea (mejor, lo doy por hecho, porque en su frente pone en letras fluorescentes: SOY UN COTILLA).

3) Doña Simpática. Lo más probable que suceda si la hoja cae en sus manos es que le eche un vistazo por encima y chasquee la lengua reprobadoramente al descubrir el contenido (no obsceno) de dicho papel. Luego lo arrugará y lo tirará limpiamente a la primera papelera que encuentre.

Y eso. De camino a casa, para tratar de olvidarnos del húmedo frío que nos corroía las entrañas, hemos establecido una calificativa escala de los diferentes ejemplares de la singular raza del Chotulus patonis. De ascendente a descendente, estas son las cuatro principales variantes a las que un miembro de este espécimen puede pertenecer:

1) Chotulus bradpitiano. El típico Chotulus que, cuando lo ves, se te queda la siguiente expresión, tan poco inteligente como elegante: *¬*. Es decir, la perfección física adaptada al género masculino (mejor no entremos en aspectos morales/interiores/u/similiares). Referente: Brad Pitt. Adjetivos calificables: queso, tren, más bueno quel pan (estos tres siempre precedidos de la locución está[+como+un]), xotazo, tío macizorro, quiero-un-hijo-tuyo-beibe, indómito, dios, salvaje, extraterrenal, divino, bello, hermoso, no-creo-lo-que-veo, ¿eres real?, pellízcame-esto-no-puede-ser-verdad… etece.


2) Chotulus orlandiño. Un Chotulus del montón, aunque acercándose peligrosamente a la categoría anterior. Se te quedaría más o menos esta cara ^_^ Referente: Orlando Bloom. Adjetivos calificables: mono, cuco, guapo, normalito-tirando-a-bien, majo… etecé.


3) Chotulus adriano A. Chotulus de debajo del montón, tirando a feíco, que no viene llegando a ser feo del todo porque tiene ese “algo”, esa “belleza extraña” u “belleza incomprendida” que lo hace pasable, aunque aprueba por los pelos. Típico careto: ¬¬ Referente: Adrien Brody. Adjetivos calificativos: normal, rarito, freak, pasable, justito, bueenoo… podría-ser-mejor…, en-fin-qué-remedio…, etecé.


4) Chotulus adriano B. Chotulus que viene siendo ya de la raza Pathethicus tius, o tío patético, es decir, más feo que pegarle a un padre, insulso con avaricia. Cara descompuesta que se te quedaría: x_x, o también T.T Referente: Adrien Brody también. Adjetivos calificativos: horroroso, cayo-malayo, ripio cardado, feto, embrión, aborto de mejillón, terrorífico… etecé de nuevo.

En fin, resumiendo:



“A qui no té faena, Deu li’n dóna”.



Proverbio valenciano popular.



Besazzos,

*Luli*

jueves, 1 de noviembre de 2007

Luli de vuelta


Hola a todo el mundo.


Como prometí, empiezo hoy escribiendo en mi nuevo blog. He añadido algunas innovaciones, como el contador de visitas (que me sube el ánimo porque realmente pasa más gente por aquí de la que yo esperaba), y, también he de anunciar que he cambiado la dirección de mi antiguo blog, Hazañas y peripecias de una adolescente. Lo que antes fue http://peripeciasdelulimanuli.blogspot.com es ahora http://hypdua.blogspot.com , aunque es una dirección povisional porque seguramente acabaré cambiándola de nuevo. Conociéndome como meconozco, acabaré reformando todo el blog, porque tengo ganas de utilizarlo, pero todavía no sé cómo. Os mantendré informados sobre la marcha.

Acerca de mi vida no tengo mucho que decir, excepto que detesto a mi hermana la Víbora porque se dedica a hacerme la vida imposible. También puedo añadir que hoy he hecho mi segunda "clase de conducir privada" que con mi padre como profesor es muy difícil: en seguida se pone de los nervios y empieza a gritar, con lo cual yo también me pongo de los nervios y empiezo a gritar. Son cosas de la vida, pero me las apaño como puedo.



Y poco más, esto era una mera nota informativa (últimamente hago demasiadas notas y poco contenido sustancial, lo sé, pero estoy atravesando una época de transición en lo que al Internet se refiere) aunque ya tengo una de mis grandes anécdotas preparada, lista para subir. Tal vez mañana encuentre un huequecito.


En fin, de momento, esto ha sido todo.


Besazzos,



*Luli*



PD: Como veréis, también estreno firma. =)

lunes, 22 de octubre de 2007

Clausura de Octubre


Bien, he aquí la última entrada de Octubre.


En este mes he puesto todas las entradas que había en mi antguo blog: www.peripeciasdelulimanuli.blogspot.com , más la de inauguración, la de Conciencia Social por petición especial y, finalmente, esta, que es la de clausura. En Hazañas y Peripecias de una Adolescente (HYPDUA para abreviar) ya no queda nada, sólo una entrada de muestra para que los lectores que se tropiecen con ese blog acudan a este (jeje). No obstante, todas las modificaciones que haga allí os serán comunicadas aquí, para los que quieran visitarlo a pesar de todo.


No publicaré más entradas este mes, así dedicaré todo octubre a las entradas de HYPDUA, que, además, están ordenadas de más antiguas a más recientes. También os he puesto en el título el mes al que pertenecían, para los que quieran leerlas en orden cronológico.


Bien, con esto finalizo ya, dándoos finalmente la buena noticia de que este blog ha quedado finalmente abierto al público, está ordenado y en funcionamiento. Espero que lo disfrutéis.

Por si acaso, repito:


NO PUBLICARÉ NADA HASTA NOVIEMBRE PARA QUE LAS ENTRADAS DE HYPDUA QUEDEN REUNIDAS EN UN MISMO MES -octubre del 2007- PERO SEGUIRÉ ESCRIBIENDO A PARTIR DEL DÍA UNO.


Espero veros para entonces. ;)


Besazzos,


Luli

Conciencia social / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.


Quisiera publicar en esta entrada dos enlaces de unos vídeos relacionados con dos graves problemas actuales de nuestra sociedad. El primero, por petición especial de mi gran amiga y mentora Anyina y el segundo por relación directa con el tema.


El tema en sí: bulimia y anorexia. Aunque triste, verdero. Me gustaría que todo aquel que viese estos vídeos se concienciara (si no lo ha hecho ya) y medite un poco sobre qué etá sucediendo con la juventud de hoy en día. La culpa, cómo no, la tienen los medios de comunicación (revistas y televisón en especial), que idealizan a las modelos y veneran una silueta esquelética IRREAL, que sólo el 10% de las mujeres de nuestros días posee de manera natural.


Sobran las palabras, ved y escuchad por vosotros mismos la gravedad de la situación.


En primer lugar, una canión de un grupo llamado ANDERMAY: http://www.desapareciendo.com/


En segundo lugar, un vídeo relacionado con el Photoshop, para que, de una vez por todas, nos demos cuenta de que LAS CHICAS DE LOS ANUNCIOS NO EXISTEN:


Miradlos y reflexionad.


Besazzos,


Luli

Cuando tus padres se emborrachan / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.

En primer lugar, agradecer los comentarios que me he estado encontrando últimamente por aquí, decir que me ha halagado mucho que la gente se moleste en hacerme saber que aprecia mi trabajo y añadir que voy a seguir dando la tabarra, tengo para rato. ^^

En segundo lugar, profundizar en la entrada para que concuerde con el título: "Cuando tus padres se emborrachan". Como siempre, empezaré desde el principio.

El principio en este caso vendrían siendo los orígenes de mi madre, que es alemana, natal de Hamburgo. Cuando conoció a mi padre en España y decidió quedarse con él a vivir aquí, dejando todo atrás, cometió un acto muy valiente, en mi opinión, pero sobra con decir que lleva viviendo en mi pueblo desde hace veinte años ya y que es muy feliz. Sin embargo, es evidente que una parte de ella sigue arraigada a su germano país, por lo que, de vez en cuando, rememora cosas de allí de diversos tipos: recuerdos, anécdotas, lugares, personas, fiestas... Sí, fiestas. En concreto, estoy hablando del Oktoberfest, o Fiesta de la Cerveza, que se celebra en München (Munich) todos los años por estas fechas.

He dicho que mi madre es hamburguesa (qué extraña me siento diciendo esto, pero en fin), aunque eso no quiere decir que no haya ido a Munich, que, por si a alguien le interesa, está en el otro extremo del país. Cuando era joven fue con su familia varias veces, como si algún madrileño viniera a Valencia todos los años por las Fallas, pues igual. Y eso, que se lo pasaba muy bien y que le tenía mucho cariño a la fiesta y que ojalá algún día regresara.

En ésas estaba cuando, de pronto, hará unos cuatro años, mi padre descubrió a través del periódico que había una recreación del Oktoberfest en Calpe, Alicante. Al parecer los guiris de turno habían montado una carpa gigante con mesas donde se dedicaban a repartir cerveza y salchichas durante toda una semana, desde las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana, que es cuando suele cansarse la gente. Se lo comentó a mi madre sabedor de sus deseos, y ella en seguida le convenció para ir, aunque sólo fuera a echar un vistazo. Total, que fuimos. La primera vez fue más light, primero un poco de turismo por la ciudad, comida tranquila y, finalmente, una ojeada a la carpa. Una ojedada... je, je. Más hubiera querido yo. A las dos de la madrugada volvimos a casa, porque tuvimos que esperar a que le bajara el alcohol a mi padre que, por supuesto, no podía conducir. Lo hizo mi madre, que no había bebido, y que se juró a sí misma que aquello no volvería a pasar. No permitiría que mi padre volviera a beber en el Oktoberfest. Bueno, enfatizo, en realidad no quería permitir que mi padre volviera a beber en el Oktoberfest... solo. ¡Ella también quería! ¿Qué hay de divertido en ir a un Oktoberfest, Fiesta de la Cerveza, y no beber cerveza? ¿Eh? ¡Es como ir de shopping y no comprar nada! ¡Hombre ya!

Conclusión final: a la próxima (porque habría próxima) reservarían habitación en un hotel porque así ambos podrían beber y ninguno tendría que conducir de vuelta a nuestro primitivo poblado a las tantas de la mañana más ebrios que Dionisio, el dios del vino. Y, desde entonces, es una especie de tradición familiar, en la que cada año, por el puente del 9 de octubre (que es fiesta en la Comunidad Valenciana) nos vamos a Calpe a la Fiesta de la Cerveza, que va ganando en cuanto a popularidad y convoy se refiere. A mi hermana y a mí de pequeñas nos hacía más gracia que ahora, pero continuamos aguantando porque el hotel siempre vale la pena y, además, al día siguiente suele haber un paseo por la calle comercial de Calpe, en donde, normalmente, siempre nos cae algo.

Todo este complicado prólogo ayuda al lector a insinuar por dónde van los tiros. Ayer, vamos al grano, fuimos a Calpe a que mis padres le tiraran al "drinki". Yo fui obligada, porque llevaba toda la semana enfadada con ellos y sin hablarles (peleas varias que se dan en mi ámbito diario), pero, de todos modos, no me pude escaquear del acontecimiento y tuve que acudir contra mi voluntad. Lo cual, no me entendáis mal, no significa que fuera contenta de la vida, sino que, más bien, iba dispuesta a complicarlo todo. Que sufrieran igual como estaba haciendo yo (soy buena estratega, se nota, ¿no? ^^u).

A las nueve nos plantamos en la enorme carpa, que ya estaba bastante abarrotada, y, después de encontrar un sitio donde sentarnos, pedimos la cena. Si describo un poco el lugar, para que los que nunca hayan oído hablar de la Fiesta de la Cerveza, diré que se trata de eso: una gran carpa blanca tipo circo, en cuyo interior hay al menos cincuenta largas mesas y el doble de bancos, donde ponen un escenario con gordos tiroleses cantando las canciones típicas de allí a golpe de acordeón y una eficiente barra en un extremo que no para de llenar jarras de cerveza. Y unos treinta camareros rondando por allí. Vamos, un auténtico descontrol.

Yo pedí salichicha, aunque me dejé la mitad por dos razones básicas: 1) Fastidiar a mis padres; 2) No me gustan las salchichas. El pan, eso sí, me lo comí todo, porque si no me hubiera muerto de hambre.

Mi hermana no sé lo que pidió, aunque francamente me trae bastante sin cuidado, y mis padres no pedían otra cosa que cerveza. El camarero que nos tocó a nosotros era argentino y se llamaba Carlos. Carlos, que tenía el pelo más largo que yo y unas entradas hasta el cogote, se portó bastante bien durante toda la noche, sobre todo a final, cuando tenía que soportar los chistes de mi padre.

Y nada, empezó la velada. Había cientos de viejos alemanes bebiendo cerveza y atiborrándose de codillo y "frankfurts" mientras los tiroleses cantaban todo el rato canciones tipo Paquito el Chocolatero, pero en alemán, claro está, y todos se les unían al unísono y levantaban las jarras de medio litro. A mi lado había una mujer rubia, claramente germana, acompañada de un no tan germano acompañante: más bien parecía un chulo de playa vestido con el típico look ibicenco de Julio Iglesias. También se tragaban una jarra tras otra y, conforme iba avanzando la noche, sus entonaciones iban aumentando de tono, de modo que tenía que ir tapándome la oreja izquierda con la mano para no quedarme sorda. Yo estaba todo el tiempo poniendo cara de mala ost** y, la verdad, me lo hubiera podido pasar bien en otras condiciones (véase: con amigas u con mis padres, aunque de buen rollo, cosa que no estaba yo muy en la labor), pero me tuve que conformar con guardar en mi memoria todas las estupideces que hizo mi familia.

Conforme iban pasando las horas, el ambiente iba cambiando: el antes ruidoso grupo de tiroleses pasaba a ser ahora atronador, mientras que las múltiples cervezas consumidas por el personal presente empezaban a notarse. La gente comenzaba a subirse a los bancos y a cantar cada vez más alto, los camareros iban como locos de un lado para otro y había que cubrirse con los periódicos que regalaban allí para que las "frankfurts" asesinas-voladoras que surcaban los aires viciados de la carpa no decidieran aterrizar en tu cabeza. Al mismo tiempo, había que ir con cuidado de no inundarte los zapatos, pues la cerveza formaba diversos riachuelos que abarcaban toda la superfície terrestre de dicha carpa, y más de una vez tuve que levantar las piernas para que no se me mojaran los calcetines. Pero, como en todo, había diferentes puntos de vista. Así como yo era la única que conservaba su sentido de la sensatez en aquel caos verbenero y trataba de salir ilesa de la experiencia, mi hermana-la-víbora, por ejemplo, estaba todo el tiempo más ocupada en beber chupitos a escondidas de mis padres.

Porque mi padre, previsor, había comprado una caja entera de chupitos (había 20) llamados Feiglings (Cobardes). Los chupitos eran de vodka con higo y, la verdad, no están nada mal, pero me parece un poco inhumano que una moza (juajua) de catorce primaveras (juajuajuajua) se tome 5 seguidos, teniendo en cuenta que era la primera vez que probaba el alcohol. Carlos ya se lo advirtió a mi padre, cuando le puso la bandeja con los 20 chupitos delante de las narices:

-Le va a estallar la cabeza con esto, señor.

-Ja, ja, da igual, si una vez al año no hace daño -mi padre creo que veía doble ya-. Ah, ¡hip! y tráenos dos birras más.

-En seguida.

Por aquellos momentos yo estaba inmersa en una complicada tarea: robarle el bolso a mi madre, que estaba en frente de mí. No quería el bolso en sí, sino el bolígrafo que había dentro, pero para eso era necesario también el "envoltorio". Y ahí estaba yo, contorsionándome hasta límites que ni yo misma sospechaba, para lograr mi objetivo, cuando, al fin con el deseado boli en mi mano, me incorporo para encontrarme con la siguiente escena: mi padre bailando una especie de jota encima de la mesa, balanceando una jarra llena sobre mi cabeza; mi madre haciendo lo propio sobre el banco y abrazada a la mujer rubia que había a mi lado, ambas dando botes como si se tratara de dos hinchas de Tokio Hotel delante del Bill ese; mi hermana bebiéndose dos chupitos seguidos mientras se giraba discretamente, para disimular; y el novio de la alemana (el Julio chuleta, vamos), marcándose una serie de movimientos dignos del youtube.

Yo, joven e impresionable como soy, podría haberme puesto a llorar ante semejante visión, pero decidí poner el automático y apuntar con el boli en todas las páginas de todos los periódicos que tenía a mano
www.peripeciasdelulimanuli.blogspot.com , aburrida.

Poner el automático es, por regla general, un sencillo acto inconsciente: te aburres en clase de Historia y pones el automático, te están contando un coñazo sobre la física cuántica y pones el automático, lees Don Quijote y pones el automático, te están riñendo tus padres y pones el automático (yo, siempre), estás mirando El Tomate y pones el automático... todo son situaciones fáciles. Prueba tú a poner el automático en mitad de una Fiesta de la Cerveza, cubriéndote las espaldas ante posibles "frankfurts" voladoras-asesinas (algunas venían con cargamento-misil de mostaza), con cientos de personas locas y más borrachas que una cuba sembrando el caos a tu alrededor, incluidos tus respetables progenitores (para mí, después de la lamentable función de anoche han perdido mucho, la verdad), con una hermana-víbora chupeteando ávidamente las últimas gotas del botellín de su tercer chupito, y tratando que no te atropelle la germana de al lado con sus temibles tacones. Prueba. A ver si te sale. Chulo, que eres un chulo (o chula, en su defecto). Pues a mí tampoco me salió, la verdad, al menos no en aquel momento.

Seguí rayando los periódicos mientras me limitaba a observar atemorizada a mi alrededor. Mis padres bajaron junto con Sujeto H (la germana) y Sujeto Q (el novio -que era de Calpe- de la germana) de la mesa y se fueron al escenario. Desde la lejanía contemplaba yo a mi madre bailando un vals o algo parecido con un señor que iba vestido de tirolés, aunque parpadeé y la volví a ver con mi padre, al lado de decenas de parejas de decrépitos ancianos. También contemplaba a mi hermana, que supuestamente tenía que cuidar del bolso de mi madre, pero que se entretenía haciendo montañitas con las botellitas de los chupitos y, de vez en cuando, todavía sacaba la lengua para dejar caer sobre ella otra gota de vodka con higo que había quedado en algún frasco... Creo que en ese momento no era consciente de lo que estaba sucediendo a mi alrededor.

Además, un tío que estaba en el banco detrás de mí me dio unos golpecitos en la espalda, llamando mi atención. Era un hippie-freak de esos muy parecido a Melendi: con rastas y muchos pearcings.

-¿Sí? -yo, escéptica (no estaba para menos).

-Tía... -me suelta después de un rato de concentración-. Me aburro.

-Y yo, no te jode -yo, un poco mordaz.

El tipo aquel tenía que hacer grandes esfuerzos para verme, y eso que me tenía delante de sus morros. Achinó los ojos y estalló en una irregular carcajada.

-Es porque estoy borracho -alcanzó a decir.

-Pues fíjate, que a mí me pasa al revés -le dije-. Igual si hubiera bebido algo me hubiera animado.

El tío se me quedó mirando muy serio, diciendo que sí con la cabeza, pero en seguida se echó a reír de nuevo.

-¿Qué? -supongo que no entendería la complicada frase que le dije-. ¡Que estoy borracho! He dicho.

Yo: ¬¬u

Pero finalmente le suelto:

-Pues deja de beber.

Y el freak ese igual, otra vez la risita y en seguida:

-¿Qué?

-Que te bebas otra jarra, que se enfría.

-A tu salud, ¡hip!

En serio, si no hubiera estado sentado se habría caído en ese mismo momento de espaldas.

Pero las horas pasaban, y yo ya no podía ni apoyar los codos sobre la mesa ya que había tal cantidad de jarras vacías sobre ella que no cabía nada más. Aunque, la verdad, tampoco sé si lo habría hecho, pues el río de cerveza serpenteaba también sobre la madera.

Mis padres y sus nuevos amigos aparecían y desaparecían a su aire, cada vez que llegaban a la mesa cargaban el barco y luego se volvían a largar. Mientras, yo dibujaba y mi hermana hacía fotos a sus torrecitas de chupitos vacíos. Tenía las mejillas sonrosadas y dejaba escapar sonrisillas sospechosas, a las cuales yo respondía con una mirada de reprobación. Mis padres y sus amigos (Sujeto H cargada con un gran algodón de azúcar) regresaron y se pusieron a hablar de mi vida como si yo no estuviera delante. Que si por qué yo ponía esa mala cara, que si era una gruñona. Y luego hablaron de la vida de mi hermana, que si había suspendido dos asignatiras este verano, que si era una pija. Vamos, sacando nuestros trapos sucios delante de dos perfectos desconocidos. Y todo interrumpido por bailes de "sobremesas".

Sujeto H, que está divorciada y no del todo en sus cabales, de vez en cuando me contaba que ella tenía una hija de mi edad que ahora estaba por ahí con sus amigos, de marcha en Benidorm (¡¡¡ESAS COSAS NO SE CUENTAN CUANDO UNA ESTÁ AL BORDE DEL DESQUICIO!!!), y que si los de la mesa de al lado (más freaks) me estaban mirando, que sería guay conocerlos y que fueran mis novios. O_O A la vez que me hablaba, me metía trozos de algodón de azúcar en el ojo y en la boca. En el ojo involuntariamente (si no llega a ser por las gafas me lo arranca) y en la boca voluntariamente. Cogía un trozo de algodón, lo apretujaba entre sus manos llenas de cerveza y cenizas de tabaco, y me lo estampaba contra la cara, a la vez que yo, mientras tosía y trataba de limpiarme con una servilleta, le decía con el mejor tono que era capaz de poner en aquellas circunstancias:

-No, no, grafiaf, no quiero algobon fe afucaf, ¡cof, cof!

Mi chaqueta, blanca al inicio de la noche, ahora ha quedado rosa T.T

Después de aguantar siglos y siglos muriéndome del asco, al fin llegó la hora de marcharnos (tras insistir pesadamente durante milenios). Y ahí es donde empezó el verdadero espectáculo. Salimos de la carpa y mi hermana llamó a un taxi -porque mis padres no podían hablar correctamente-, le dijo que viniera a por nosotros. Estuvimos esperando durante unos diez minutos, cuando de pronto apareció un trenecillo turístico de esos, cuyo recorrido era Calpe-Oktoberfest, Oktobrfest-Calpe. Mis padres decidieron pasarse el taxi por el forro y subir al trenecillo (odio el trenecillo) para que nos llevara hasta el centro, y de ahí ir al hotel. En el trenecillo hacía un frío que te mueres, porque no hay ni puertas ni ventanas, sólo un mísero techo para cubrir en caso de lluvia, y yo estaba todo el tiempo encogida sobre mí misma, envuelta en mi pegajosa chaqueta rosa y deseando que el trayecto acabase. Mis padres, mientras tanto, no hacían otra cosa que reírse, y mi padre decía:

-¡Eh, chaval! Sube las ventanillas que hace frío.

Y más risas. La gente de delante nos miraba entre divertida y recelosa, y mi hermana se ocupaba de amenizar la situación con sonrisitas culpables. Yo, por mi parte, me mantenía callada y sarcástica. Entonces subieron dos tres ingleses jovencitos, algo más mayores que yo. Mi padre se puso a hostigarlos con chistes malos, pero ellos dejaron bien claro que:

-Ey, no entiendo, tío.

-Vale, gilipollas, ahora te doy un carchotazo y te pones a llorar, ¿de acuerdo? -repetía mi padre.

Mi hermana tenía miedo de que mi padre iniciara alguna pelea, porque los chavales ingleses parecían molestos, pero no respondían, se limitaban a mirar con aires despectivos. Luego se tiraron del trenecillo en pleno movimiento, se cayeron todos al suelo y mi padre se burló de ellos.

Bajamos del tren e iniciamos la marcha hacia el hotel. Mi padre y mi madre (los dos) iban descojonándose todavía de la caída de los chicos ingleses, llorando de la risa y hablando con una voz claramente borrachil. Mi padre se metía en todos los maceteros que había por la calle y se puso a arrancar rosas para regalárselas a mi madre, y se cortó varias veces. Mi hermana intentaba que no se separaran mucho y los trataba como a niños pequeños. Yo, para variar, caminaba a diez metros de ellos para que no creyeran que era de la familia. Al cabo de un rato nos perdimos, porque mi padre, en cual estado se encontraba, no fue capaz de interpretar el mapa adecuadamente.

Después de merodear por las calles vacías durante quince minutos (que en aquellos momentos se me hicieron eternos), llegamos a la conclusión de llamar a otro taxi y, aquella vez, esperarlo. Cuando llegó y nos subimos, resultó ser el mismo que nos había llevado al Oktoberfest, y supongo que se quedó bastante sorprendido al comprobar cómo el estado de ánimo de mis padres había cambiado en el transcurso de cinco horas (o más, no quiero saberlo). Finalmente, llegamos al hotel.

Una vez allí, en el ascensor, mi padre dejó caer al suelo una jarra de cerveza que había robado de la fiesta, porque quería demostrarnos que, al ir envuelta en una hoja de papel de periódico, esta no se rompería. Después de haber cargado con la jarra durante tres cuartos de hora aproximadamente, esta estalló en mil pedazos al mínimo contacto con el suelo, y mi padre se quedó tan anonadado que hasta me dio casi lástima su expresión. Recogió los pedazos y se los puso a mi hermana en los brazos (mi hermana, por cierto, cargaba en la otra mano con la caja de los treinta chupitos que se habían tomado entre todos, los chupitos incluidos -aunque vacíos). Y esa fue nuestra triunfal llegada.

No creáis que esto es el fin, no, porque cuando yo ya estaba cambiada y dentro de la cama, de repente suena el teléfono de la habitación (que, creedme, a las dos y media de la madrugada hace un ruido mucho más estruendoso que de costumbre). ¿A que no sabéis quien era? Sí, mi madre, que nos obligaba a ir a la habitación contigua (la 1409). Yo, cagándome en todo lo cagable, mi hermana, bastante entusiasmada, nos dirigimos las dos a la habitación de mis alocados viejos para encontrarnos con la siguiente escena: las camas deshechas, los edredones y las mantas en EL SUELO de la terraza (es decir, fuera de la habitación) y mis padres ENTRE las mantas, como si de unos sacos de dormir se tratara, los dos llorando de la risa.

-Vuestro padre se ha meado en las plantas -es lo que conseguí entender de la boca de mi madre.

-La taza del váter quedaba demasiado lejos... -murmuró mi padre, también entre carcajadas.

Había doce pasos.

-Vamos a dormir aquí fuera, ya veréis qué bien se está...

Me largué antes de que siguieran, hubiera sido peligroso que me quedara, alguien podría haber resultado herido.

Finalmente, conseguí dormirme, a la agradable hora de las 3 a.m.

Huelga decir que, a la mañana siguiente, mis padres y mi hermana tenían un resacón que la flipas.

Besazzos,

Luli

domingo, 21 de octubre de 2007

Mi Familia / OCTUBRE


Hola a todo el mundo.

Ahora que está empezando un nuevo curso, he podido ir formándome una idea más detallada de los profesores que me han tocado este año. En general, estoy contenta, al menos por ahora, y, como prometí que iba a mantener esto un poco más actualizado, pues he decidido ponerme manos a la obra y presentároslos.

Latín: después del gremlin que me tocó el año pasado (me marcó), estoy gratamente sorprendida al comprobar que mi nueva profesora, Sujeto T, es en apariencia una persona normal. Vale que a veces lleva unos pelos como si la hubieran electrcutado, pero parece buena gente, explica bien y todo. Esto es nuevo para mí.

Lengua Castellana: Sujeto D, la profesora más exigente del instituto. Una suerte que nos haya tocado, aunque la verdad es que es muy impaciente. Me gusta su sentido del humor, es irónico.

Valenciano: más de lo mismo, una mujer hábil, algo estupidilla como persona, pero muy trabajadora, nos va a hacer disfrutar de lo lindo (era broma, joé, tengo que explicarlo todo ¬¬). Sujeto E, la tuve en cuarto de ESO y este año, el temido curso de Segundo de Bachillerato, repito, como las natillas. ¡Listas para gustar!

Inglés: El real Sujeto JM, el jefe del departamento. Es el PRIMER profesor de inglés que tengo en mi vida (todo han sido maestras en mi currículum) y, para celebrarlo, me pasé la primera clase descojonándome. Es un cincuentón aburrido e ilusionado de su trabajo que cree que es el mejor pero, en realidad, no entiende ni jota de la materia, porque explica de manera extraña y, además, pronuncia que te mueres (yo me morí, ya no sabía cómo ponerme para que no me viera troncharme).

Historia: de nuevo, he tenido suerte con la lotería, una excelente profesora (bueno, en realidad la única) de la materia se encargará de ser odiada por nosotros a lo largo del curso. Eso sí, todo lo que dice se queda grabado en la mente de sus alumnos -nosotros- porque, lo dicho, es excelente. Siempre nos llama perlas. Agradable diminutivo ^^

Historia del Arte y Geografía: el coñazo de profe más coñazo de todos los coñazos. Es impersonal y frío como él solo. Entra a las clases, dice lo que tiene que decir y se va al final de la hora el primero, escapando incluso antes de que suene el timbre de cambio de horas. ¿? Tiene voz de tubería, ochenta mil motes diferentes, habla en clase por teléfono -sí, delante de los alumnos-, es aburrido como una ostra... Vamos, dos asignaturas al garete. Lástima, la verdad. Sujeto P a su servicio, para todo lo que necesite, excepto aprobados. ¬¬u

Filosofía: Sujeto S, un joven emprendedor y entregado. Se nota que le encanta su trabajo, nadie nunca le ha tenido manía, no sabe estarse quieto, quiere hacer veinte cosas a la vez... y por culpa de eso no hace ni una. Está bien para pasar un rato, pero al final acaba cansando. Su asignatura no es seria, lo cual me lleva a pensar que escogeré Historia en el Selectivo, aunque, bueno, eso ya lo tenía claro desde un principio.

Y... nada, creo que ya está. Esta será mi Familia este año, así que espero poder llevarme bien con todos, más que nada porque este curso dependo bastante de sus facultades explicativas. Si cambio de opinión con respecto a alguno de ellos a lo largo de los trimestres... ya os avisaré.

Besazzos. ^_^

Qué asco me da mi padre / SEPTIEMBRE


Qué asco me da mi padre. De verdad.

Hay veces en que se comporta como un crío de tres años, debe ser la edad. La famosa crisis de los cuarenta. Digo yo, porque no las cosas que hace no son del todo normales.

Para empezar, es un machista. Nunca cocina (bueno, excepto cuando quiere presumir de sus famosos calderos), ni barre, ni friega, ni lava los platos. Los sábados por la mañana se va al Mercadona a hacer la compra con mi madre y, cuando vuelven, se sienta en el sofá mientras mi madre, mi hermana-la-víbora y yo lo guardamos todo (unas más que otras, ejem ¬¬). Y, no contento con eso, luego nos manda montones y montones de trabajo doméstico desde las profundidades del sofá mientras él, acurrucado, lee el periódico o se pega la sobada del año. Claro, y si protestamos, somos unas vagas.

Es tan machista que mi madre me ha contado varias veces la siguiente anécdota, que me obliga a poner el grito en el cielo cada vez que la oigo.

Cuando éramos más pequeñas, una vez tuvimos que viajar a Alemania separados, porque mi padre trabajaba y no sé qué pasó que se tenía que esperar un poco antes de reunirse con nosotras allí. Bueno, la cuestión: mi madre, mi hermana-la-víbora y yo (apenas contábamos con unos años de existencia) nos fuimos a Alemania en avión. El día de nuestra marcha estábamos en casa, terminando de desayunar apresuradamente, y la V (de víbora) se dejó todo el vaso de leche enterito, porque le daban náuseas. Mi madre, con las prisas, lo dejó tal y como estaba en el fregadero, y a continuación cogimos las maletas y nos fuimos rumbo al aeropuerto. Dos semanas después llegó mi padre en un vuelo, y estuvimos en Alemania todos juntos cerca de otros quince días. Total, que después de pasar casi un mes fuera de casa, al regresar, mi madre se dio cuenta nada más abrir la puerta de que todo el piso apestaba a podrido de manera alarmante. ¿A que no adivináis qué era? ¡¡¡Sí!!! ¡El vaso de leche -lleno- que mi madre había dejado en la pica! Todo mohoso y descompuesto, apenas reconocible, pero allí presente. Y mi padre, que se había pasado dos semanas solo en casa (¡dos semanas!) no movió ni un pu** dedo pa fregarlo o, al menos, pa tirar la leche por las cañerías. "Yo no pienso fregar nada, eso es cosa de mujeres", fue lo que le dijo a mi incrédula madre tras la bronca de ésta.

Desde entonces queda patente que mi padre es un machista de mier**. ¡Pero lo fuerte es que no lo reconoce! ¡Es más, lo niega! Coño, macho, si eres machista, admítelo, pero no te hagas el perfecto pretendiendo hacenos creer que no lo eres. Igual como tampoco admitiría jamás que en la vida permitiría que alguna de nosotras (aclaro: nosotras = V + moi) se echara un novio de color. O árabe. Le daría un infarto. Mi padre se cree que es el Rey del Mambo. Es el típico que, cuando está mi madre fuera de casa a "horas importantes" (léase horas de comer) la llama a las tres y media de la tarde (que ha pasado) para preguntarle si tardará mucho en llegar, que tiene hambre. Y mi madre, a lo mejor desde el hospital, le dice que sí, que todavía tardará un rato, que si quiere puede ir descongelando unas judías que hay en la nevera y cuando llegue ella ya las cocinará. Y mi padre no responde "Vale, te ayudo hoy con la comida, cariño, no te preocupes", NO. Mi padre es el típico que resopla resignadamente desde el otro lado de la línia telefónica y suelta:

-No, da igual, ya me espero a que llegues, si, total, hoy no tengo mucha hambre.

Y las tripas rugiéndole tan alto que mi madre las oye desde el otro extremo.

En fin. Que ahora mismo mi padre me ha dado verdadero asco por su actitud tan ridículamente infantil. Estábamos cenando en el salón, mirando la tele. Bueno, mejor dicho, tratando de ver la tele porque no hacían absolutamente nada que valiese la pena. Ha de constar en acta que él se había pasado la tarde delante de la caja tonta, solo, porque mi madre nos había llevado a mi hermana-la-víbora y a mí de compras a Gandía. Y en ésas estábamos, deliberando qué mirar, cuando va el Rey del Mambo y suelta con voz de machoman, todo autosuficiente él:

-Mirad vosotras lo que queráis porque hoy la tele no vale nada.

Y dicho esto deja el mando a distancia encima de la mesa. En eso lo cojo yo, toda ilusionada, y cambio a nuestro canal habitual, el de V y mío: el Paramount Comedy. Y bien encantadas de la vida, oye, porque no íbamos a ver ninguna peli aburrida y, después de un agotador día de compras, lo mejor era echarnos unas risas con Camera Café. Pues aún no estaba ni puesto el programa cuando va el Rey del Mambo y exclama, todo alterado: "¿¿¿Qué??? ¿¿¿Eso??? ¿¿¿Otra vez??? ¡¡¡Me tenéis harto!!!"

Después de insistirle durante un huevo de rato, nos ha dejado ver los últimos dos capítulos, en los que, huelga decirlo, se ha decojona**, como CADA VEZ que lo ve. Y nada más ha acabado ha cambiado en seguida, a pesar de nuestros ruegos para que lo dejara, ya que íban a hacer otro programa (normalmente hacen dos seguidos). Se ha negado ROTUNDAMENTE y nos ha puesto una bazofia sobre la cata de los vinos del canal Viajar. A los quince minutos de reloj no llega te veías al tío RONCANDO y echando babas por la boca, igual que mi madre, que suele callarse en este tipo de discusiones familiares (el mando, que mueve montañas).

-Papá, no estás mirando, ¿podemos cambiar? -yo, mosqueada, despertándole de un sobresalto.

-¿Eh? ¿Qué has dicho? -sorbiéndose y recuperando el ritmo normal de pulsaciones.

-Que, como no estás mirando, que si nos dejas cambiar -yo, paciente.

-No, que siempre estamos viendo lo mismo. Estoy harto ya del café ese.

-Pero tú has estado aquí toda la tarde, mirando lo que querías y, además, ahora estabas casi dumiéndote (yo y mi gran sentido de la sutil ironía).

-Si no os parece bien, os vais a dormir, que ya es tarde.

Eran las diez y media. O_O

Yo he aguantado un rato más el pu** programa de la cata de vinos, mientras acababa de leer una revista que tenía entre manos, y, después, me he largado a arreglar mi habitación y a desahogarme con quien lea esto.

Vamos, ver para creer. Normal que esté tan salida como estoy, en el ambiente que me estoy criando...

Lo dicho: a veces, mi padre da asco.

Besazzos,

Luli.

Enferma / SEPTIEMBRE


Hola a todo el mundo!

Ya hace algo de tiempo que no pongo esto al día, así que voy a ello. Ahora que ha empezado el curso me he propuesto como meta personal pasarme más a menudo por aquí y actualizar regularmente, porque la verdad es que tengo esto un poco abandonado y con escasez de lectores.

Aunque, ahora que lo pienso... ha empezado el curso para todos... menos para mí. Sí, porque yo estoy con fiebre. Bueno, y con dolor de cabeza. Y con tos, y con congestión, y con náuseas, y con dolor de garganta... hm... me da la impresión de que me dejo algo. Según la doctora Fuentes, mi médico de cabecera, mi problema se llama faringitis. O sea, que mientras todos mis amigos y compañeros de clase empiezan a tomar los primeros apuntes, yo estoy en casa, muriéndome del asco. Tengo escalofríos por las noches, sudo, tiemblo... Dios, he llegado a la conclusión de que estar enferma es un coñazo.

Bueno, aclarémonos, estar enferma puede ser genial, sobre todo si te toca en mitad del año. Es más, hay veces en que, cuando ni estás de exámenes ni tienes acontecimientos sociales importantes, caer enferma es lo mejor que puede pasarte. Estoy bajando del instituto, aburrida de la vida, y pienso: "una buena gripe me vendría de perlas". Pues sí, para qué nos vamos a engañar. Te pasas una semanita en casa, tranquilita, mirando la tele y estornudando, mientras tus amigos te llaman por teléfono para preguntar por ti. Se está bien, la verdad.

Pero... es que ahora no son horas, por favor. Acaba de terminarse el verano, las fiestas de mi pueblo (muy divertidas, por cierto)... después de tanto tiempo sin hacer nada, es cuando una persona maniática como yo tiene ganas de retomar alguna actividad, en este caso la más habitual: el instituto. Bueno, está bien, ya tendré tiempo de arrepentirme de mis palabras, pero es que en estos momentos la faringitis me ha venido muy mal. A parte de estar fatal (que es lo normal) ¡es que no tengo nada que hacer! Mi existencia consiste en ir de la cama al sofá y del sofá a la cocina, arrastrando los pies y sorbiéndome los mocos, mientras la cabeza me da vueltas y me retumba. Un medicamento detrás de otro y visitas al ambulatorio cada dos por tres. Bueno, al menos sí que llaman para ver como estoy pero, dentro de la desgracia, la alegría es ínfima.

Ah, señor... esto no es vida.
Quiero ponerme buena pronto.

Besazzos,

Luli