domingo, 30 de enero de 2011
El fin y mi última despedida
lunes, 24 de enero de 2011
Un adiós que no lo es tanto
Grandes besazzos,
*Luli*
sábado, 1 de enero de 2011
Y feliz año nuevo

Queridos lulilectores...
¡¡¡Feliz 2011!!! Espero que este año nuevo os traiga muchas alegrías, mucha felicidad y muchas ilusiones, y que lo mejor del año pasado sea lo peor de este que viene ahora. Por mi parte, me comprometo a seguir actualizando este blog, aunque la frecuencia no sea óptima, pero como en mi vida siempre pasan cosas y me gusta escribir, creo que Luli puede seguir dando guerra durante un tiempo. Muchas gracias por continuar leyéndome durante todo este tiempo y por ser mis confidentes.
Os quiere,
*Luli*
domingo, 26 de diciembre de 2010
Feliz Navidad!
¡¡¡Feliz Navidad!!!
Espero que hayáis pasado unas buenas fiestas (y que disfrutéis de las vacaciones hasta Reyes), repletas de comida, alegría y buena compañía.
Os quiere,
*Luli*
martes, 21 de diciembre de 2010
Guantes peludos, mujeres lentas y el chico vampiro

sábado, 11 de diciembre de 2010
El más profundo y absoluto TERROR
Queridos lulilectores...
Estoy aterrorizada, paralizada, shockeada, atontada, petrificada, asustada... ¡¡¡me faltan adjetivos!!!
El jueves que viene se espera de mí que hable EN PÚBLICO delante de unas 60 o 70 personas aproximadamente. Tengo que hacer una exposición YO SOLA ante un grupo de gente que no conozco DE NADA porque no son mis compañeros habituales de clase, sino un grupo con quien comparto solo una asignatura... y el terror me va a quitar el sueño. Lo veo venir.
Porque encima son una pandilla de sabelotodos empollones, que TIRAN A MATAR con las preguntas del debate, y me juego lo que queráis a que no voy a saber contestar.
Oh, Dios, ¿por qué?
No es que no haya hecho nunca una exposición (en más de la mitad de mis asignaturas de la carrera he hecho exposiciones), pero siempre en grupo, y solo me tocaba hablar unos cinco o, como mucho, diez minutos. ¿De qué narices voy a estar hablando durante MEDIA HORA yo sola? ¿Qué quieren que les cuente? ¿Mi vida desde que nací? NO HAY DERECHO.
ODIO HABLAR EN PÚBLICO, ES ALGO QUE ME MATA. Y sé que se me da mal porque es algo que he hecho muchas veces. Y cada vez que voy a subirme al estrado (sí, encima de un estrado y todo), me entra PÁNICO total.
OH, DIOSS. ¿POR QUÉ?
Me quiero morir. Lo de imaginar que tu público son tomates no funciona. Y lo de imaginar que están desnudos, tampoco (es más, con la retorcida imaginación que tengo, más de una vez me han entrado náuseas con tales pensamientos y he tenido que cortar de raíz). Llevo fatal eso de ponerme delante de casi un centenar de personas que me van a estar juzgando aunque no me conozcan de nada. Me tiembla todo el cuerpo solo de pensarlo...
CIELOSSS!!! HORROR TOTAL!!!
¿Algún consejo?
Besazzos,
*Luli*
domingo, 28 de noviembre de 2010
Depósito de pensamientos
No sabía qué título poner a esta entrada. Puede que algunos hayáis pensado que estoy muerta, o que me he ido sin despedirme... No, todavía no. Sigo siendo Luli.
Pero Luli ha cambiado un poco. Si soy sincera, hace como tres o cuatro semanas que no entro a este enlace. La razón la sabéis de sobra: falta de tiempo. Pero no es solo eso, porque antes, hace años, también tenía falta de tiempo y, aun así, siempre conseguía un huequito para mi pequeño blog anónimo, que era un poco como mi bebé.
Pero estos últimos meses, desde el verano... he estado (a parte de tremendmente atareada -como todos los demás, supongo-) bloguísticamente hastiada. Creo que ya lo he comentado alguna vez, que llevo otros blogs en la universidad. Concretamente, dos. Y me obligan a escribir entradas semanales (naturalmente, no tienen nada que ver con el tipo de blog que es Trotes y botes), pero es que, desde entonces, mi disposición a los blogs ha cambiado un poco.
Yo empecé con esto de los blogs a los 16 años (y y a tengo 20, madre mía, si me habéis visto crecer), y era algo que hacía totalmente por entretenimiento, no por obligación. Sin embargo, ahora, debo actualizar blogs día sí y día también, y como que me he hartado tanto que este se ha visto desplazado, porque forma parte de mi tiempo libre (el cual también se ha reducido considerablemente).
Además, he notado que estoy en una nueva etapa, atravesando una fase diferente de la vida de la que, hasta el momento, no he podido haceros partícipes a causa de todo esto. Entonces, no es que haya dejado de escribir para siempre, pero por primera vez siento que necesito un respiro. Por eso, pido paciencia, porque creo que mi instinto narrador me impedirá abandonar el blogueo, pero, por el momento, no me resulta viable.
No es que se me hayan acabado tampoco las anécdotas, las batallitas, los pensamientos o las ocurrencias (si es que alguna vez las tuve, tampoco me voy a poner ahora presuntuosa). Simplemente, es que no veo el momento de sentarme delante del ordenador como cuando iba al instituto. Mis actividades han cambiado. Ni siquiera escribo (mis novelas y mis historias, digo).
Ahora, el tiempo que no paso haciendo cosas de la facultad, lo paso de distintas maneras. He estado saliendo más. Vivo por primera vez en una ciudad, y hag0 más vida fuera de casa. Cuando llego a mi piso por las noches (porque encima mis clases son por la tarde), estoy reventada, y solo me apetece cenar, charlar un rato con mi compañero de piso y dormir. Tampoco leo como antes.
Me enfrento a nuevas experiencias que me quitan tiempo, y es que ni siquiera encuentro el momento de pararme a pensarlo. Puede interpretarse incluso como algo positivo, no lo sé.
Sin embargo, hay días en los que, como hoy, creo imprescindible abrir la pestaña de "andanzasdeluma.blogpot.com" para soltar una pequeña parte de todo lo que llevo dentro de mi cabeza. Como cuando tenía 16 años y necesitaba ser escuchada por alguien, aunque ese alguien solo fuera el reflejo de mis pensamientos expresados en un espacio virtual. Hoy me he sentido un poco Luli. Una Luli cambiada, pero Luli en su esencia.
Es curioso, porque me vienen imágenes de mí misma hace varios años ansiosa por publicar en el blog las últimas andanzas vividas, los últimos trotes de mi vida. A veces redactaba la entrada mucho antes de publicarla, o las frases se me presentaban ya construidas en la cabeza con antelación. Ahora siento que "debo" publicar alguna entrada de vez en cuando para que esto no muera, pero es como regar sobre un árbol marchito ya. Por eso quiero evitar esa sensación de "escribir por actualizar". Quiero esperar a que pase esta etapa de tanto blog (a lo mejor en el siguiente cuatrimestre, cuando me cambien las asignaturas, recupero algo de ganas), y ya seguir intentándolo con energías renovadas.
Esto es como un respiro, una pausa en el camino. Solo temporal, un pequeño hasta luego.
No es un adiós. Supongo que volveré algún día; igual es mañana, que dentro de una semana o ya para desearos una Feliz Navidad. No me lo tengáis en cuenta. Igual algún día cambio de nick y cierro este blog para dar fin a mi etapa adolescente. Pero entonces supongo que abriré uno nuevo. Siempre tendré esa venita lulística.
Puede que ya no me queden lectores, como al principio de empezar esta aventura. No importa. Este blog seguirá siendo un depósito de pensamientos. De mis pensamientos. Mi pensadero particular (en honor al reciente estreno de la última película de Harry Potter).
Hasta entonces,
*Luli* (besazzos) =)
domingo, 24 de octubre de 2010
¿Luli cocinitas?

sábado, 2 de octubre de 2010
Nueva etapa

domingo, 26 de septiembre de 2010
MANDA HUEVOS!!!!!

lunes, 13 de septiembre de 2010
Un descubrimiento interesante
viernes, 3 de septiembre de 2010
Septiembre... inicio de las vacaciones

domingo, 15 de agosto de 2010
Dos diarios
Quizá os preguntéis por qué no estoy escribiendo últimamente demasiado. Sabéis que es costumbre que en verano me tome "vacaciones bloggeriles", en parte porque no siempre tengo acceso a Internet y en parte porque con el calorcito no apetece tanto... xD
De todas formas, este verano es por otra razón más. Me están pasando muchas cosas (irrelevantes, nimiedades, pero lo suficientemente interesantes como para mantenerme entretenida), lo que pasa es que todo lo que mes está sucediendo lo estoy escribiendo... ¡en mi otro diario! No otro blog, entendedme, sino en mi diario de papel, con mi puño y letra. Y siento que os estáis perdiendo estos meses tan movidos para mí, pero las cosas que yo pongo en el diario de papel (mi bien más preciado) no tienen suficiente "chicha" como para rellenar una entrada (mejor dicho, tendría que hacer una superentrada mega-maxi) y es que, además, escribir las mismas cosas dos veces es un poco aburrido.
Sin embargo, puedo dejaros caer que todo tiene que ver con el Chico Kawasaki de mi alma jajaja, y que me lo estoy pasando pipa gracias a él.
Así pues, en el momento en el que me pase algo gracioso, divertido o similares, lo escribiré corriendo aquí, como hago siempre. Hasta entonces...
¡¡¡Besazzos!!!
*Luli*
jueves, 22 de julio de 2010

Sabéis que trabajo en una tienda de ropa en la playa de mi pueblo, de dependienta. Pero no estoy sola, sino que conmigo suelen estar la jefa y otra compañera más en tienda, que este año, casualmente, es también amiga mía. Hace dos veranos también estaba con una amiga, por lo que, al ya haber tenido esa experiencia, si os soy sincera, no la habría repetido (de haber podido elegir).
Porque trabajar con una amiga no es lo mismo que hacerlo con una compañera que no conoces de nada, y a la que no verás más una vez que sales fuera del curro, y que realmente te da igual lo que piense de ti. No. Trabajar con una amiga tiene unas ventajas... sí, pero también unos inconvenientes. Te lo pasas en grande con ella, puedes hablar con mucha libertad de cualquier cosa, te ríes mucho... pero a mí no es algo que me apasione.
En este caso, porque al ser yo la empleada “veterana”, por decirlo de alguna manera, y al saber cómo funciona la tienda, cómo hay que llevarla, etcétera, se supone que tengo que instruir y corregir a la nueva; es decir, actuar como una compañera. Pero “darle órdenes” a una amiga tuya... no es tan fácil. Y, obviamente, hay que hacerlo con sutileza, para que no parezcan órdenes, sino recomendaciones, consejos o indicaciones suaves.
Peeeero (y aquí está el quid de la cuestión), resulta que, si lo haces con mucha delicadeza, no lo pilla. Conclusión: el trabajo que tú “mandas”, es decir, el trabajo que hay que hacerse pero que tú no puedes hacer en ese momento porque estás ocupada en otra cosa, no se hace. O tú tienes que optar por hacer las dos cosas a la vez, lo cual, pues no mola.
En este caso, se trata de “la distribución” de la tienda. En la tienda hay como dos zonas básicas, delante y detrás (conocidos como fondo norte y como fondo sur), y ambas deben estar atendidas. ¿Qué pasa? Que la zona de delante es, con mucho, más interesante que la de detrás, por distintas razones: tiene el acceso a la calle, los escaparates desde donde se ve pasar a toda la gente, también es donde está la caja registradora con el ordenador, y se está más fresquito. Pero, aun así, no podemos dejar de lado la parte trasera de la tienda, que es donde más amontonada se encuentra la ropa, porque a la mínima que la descuidamos, se queda hecha una leonera, llena de ropa por el suelo y zapatos colgando de las perchas (increíble, pero cierto).
Entonces, lo habitual suele ser que una esté en la parte delantera, y la otra en la trasera, a no ser que alguna de las dos esté atendiendo a un cliente. ¿Cuál es el problema? Seguro que ya lo habéis adivinado: que mi compañera siempre se pasa la vida en la parte delantera. Y yo, me cabreo.
A ver, me cabreo, no en el sentido estricto de la palabra, porque en ningún momento me pongo a gritar ni nada, ni pierdo la calma (como mucho, me muestro taciturna durante un rato y punto), pero es que en esos momentos a mí me dan por dentro accesos de rabia que me tengo que tragar, y es una sensación muy desagradable.
Me enfado porque yo ya le comenté una vez cómo funciona el sistema de “la distribución”; es decir, ella está enterada de que tiene que haber una delante y una detrás, pero parece ser que lo ignora completamente, y atrás no va nunca. Se pasa la vida en la caja, cobrando a las clientas o parada delante del ventilador mientras me habla con entusiasmo (o asomada a la terraza para ver quién pasa); a la vez que yo, sudando como loca, corro de un lado a otro en busca de prendas en el suelo,ropa mal colgada y desastres por el estilo. Y me jode, con el perdón de la palabra.
Me jode porque, obviamente, cobrar es más divertido y entretenido, y ver quien pasa también, y es una cosa que a mí también me gusta más que corretear de aquí para allá como la chacha de turno. Y es que la cosa está en que ella se aferra a la caja como una de esas aves carroñeras a las presas, ¿entendéis?, porque a veces estoy yo en la caja, cobrando, y ella se empeña en cobrar a la vez que yo, de manera simultánea a otra clienta, no sabe decirle a la clienta: “Espérese un segundo que mi compañera (yo) le cobrará en seguida”; no, ella lo tiene que hacer a la vez.
Y eso a mí me enciende, pero mucho. Porque además, está comprobado que cuando yo estoy en caja, ella tampoco va al fondo, o va solo cuando se lo insinúo (o cuando voy yo, porque ella me sigue para charlar), y está poco rato en la parte trasera, casi siempre en la puerta. Pero si viene el jefe y ve la leonera que se monta, nos llama la atención, y claro, al ser mi compañera también mi amiga, no puedo decirle directamente: “ves y arregla”, sino que me tengo que aguantar y hacer yo misma ese trabajo, porque el trabajo se tiene que hacer igualmente, ya sea yo o ella.
Pero el caso es que, por el hecho de no mandarle yo trabajo a ella, yo hago el doble, y por hacer el doble, estoy pensando en todo y me queda poco tiempo para rondar la caja de todas formas. Y cuando ella se va (es que lo pienso ahora y me subo por las paredes), a parte de que la tienda queda vacía de gente, viene mi jefa y TAMBIÉN se mete en la caja sentadita, charlando conmigo, mientras yo (que no puedo estar de brazos cruzados) ando por ahí arreglando la puñetera tienda.
Vamos, que ando pringada de narices, haciendo lo mío y lo de mi amiga-compañera. ¿Y por qué no se lo cuentas a tus jefes de manera indirecta, con delicadeza y como quien no quiere la cosa? Finamente, podría perfectamente decirles que a mi compañera le gusta mucho la caja y que sale poco a “montar guardias”; claro, claro que podría. Es lo que haría a una compañera... pero es que... eso no se le hace a una amiga, ¿verdad que no? Sería malmeter por malmeter.
Y si no malmeto, me como yo el trabajo de novata. Creo que una parte de culpa la tiene mi autoexigencia, porque a mí las cosas me gustan bien hechas. Yo soy incapaz de pasar por al lado de un pantalón que está en el suelo, verlo, y no colgarlo en una percha. Mi compañera, en cambio, lo rebasa alegremente y ni se da cuenta. O, quizá, como he comentado al principio de la entrada, soy una egoísta intolerante y no tengo remedio.
Pero yo me veo bastante fastidiada, porque el trabajo más chuli de la tienda lo estoy haciendo más bien poco, y estoy pringando como una condenada. Y es que justo eso me pasó hace dos años ya, con la otra amiga que entró a trabajar conmigo (también por casualidad, no porque yo fuera pregonando el puesto por ahí), y ahora otra vez... ¿es o no es mala suerte, lo mío? Asco de Señor D.
Yo siempre he creído que lo mejor es separar la vida laboral de la personal; y la experiencia me ha dado la razón. Vaya mierda de situación en la que estoy envuelta, sin comerlo ni beberlo. Pfff...
Besazzos,
Luli
P.D.: ¿Algún consejillo?
martes, 20 de julio de 2010
Paraíso es...
jueves, 15 de julio de 2010
Veraneando -ando...

lunes, 5 de julio de 2010
Eau de Toilette - Pour Homme

Queridos lulilectores...
Una entradita fugaz aprovechando que he venido al pueblo rápidamente y tengo Internet. Os cuento mi última metedura de pata.
He empezado a trabajar en la tienda, como todos los veranos, y el otro día se me hizo tarde y tuve que apurar para llegar puntual, así que no me dio tiempo a arreglarme del todo. Antes de salir de casa, con el pelo chorreando, recién salida de la ducha, cogí un botecito diminuto de esos de perfume en muestras que había al lado de la bandeja de las llaves; me dije que, por lo menos, me echaría unas gotas en la tienda y lista.
Una vez en la tienda, como me fueron entrando clientes, se me fue olvidando el propósito, hasta que llegó un momento en el que no había nadie y, por casualidad, encontré el frasquito en el bolsillo de mi pantalón, mientras rebuscaba en busca de un pañuelo.
Bueno, bien, pienso: voy a ello. Y eso que me dirijo al espejo y, ni corta ni perezosa, me planto una generosa cantidad con la ayuda del palito, por el cuello, las muñecas y dos gotitas detrás de las orejas. Apenas me guardo el frasco de nuevo en el bolsillo, olfateo y... ¡zas! Un penetrante aroma a colonia de hombre me llega por la nariz.
Asustada, saco el frasco de nuevo y lo examino: "Dolce&Gabanna pour Homme". ¡El susto que me di! Y, claro, empezaron a llegarme clientes. Vaya un cuadro, me tendríais que haber visto intentando mantener las distancias con ellos, mientras despedía aquel tufo a choto tan desagradable.
Al final, en los ratos que no había nadie, conseguí deshacerme de parte del olor con la ayuda de agua y de un gel limpiamanos a base de aloe vera, aunque hasta que no me duché del todo, el aroma siguió adherido a mí. Se ve que el frasquito era de mi padre...
En fin, eso me pasa por no fijarme, jejeje.
Besazzos,
*Luli*
martes, 22 de junio de 2010
Fin de los exámenes
martes, 15 de junio de 2010
¿Y qué?

Queridos lulilectores...
Batallitas de nuevo. Pero muy breve, esta vez. Os cuento.
Estoy últimamente enganchada (o re-enganchada, mejor dicho) con Harry Potter. Puede decirse que yo crecí con Harry Potter: me regalaron el primero cuando tenía once años y, tras devorarlo ávidamente, comencé a esperar con ansiedad a que salieran los demás libros y, prácticamente, cada año por mi cumpleaños o por Navidades me regalaron el siguiente, a medida que Jotaká los iba escribiendo y publicando. Releí los cuatro primeros como millones de veces, e incluso el quinto unas cuantas. Atravesé una grave etapa de Pottermania, sin lugar a dudas. El fenómeno Harry, en pleno apogeo, me pilló con entusiasmo, y veía las películas, tenía juegos de mesa... en fin, lo normal.
Pero, no sé por qué, de pronto, de un día para otro... se me pasó. Me olvidé de Harry. Quizá fuera porque la autora tardaba mucho en escribir el sexto, o que el instituto ya no me dejaba tanto tiempo libre... la cuestión es que a los 17 o 18 años, creo que fue por esas fechas (o incluso antes, no recuerdo bien) le di la espalda al que había sido mi héroe en otros tiempos. Me planté en el quinto, y ya no vi ni más películas (en la cuarta me quedé, o en la tercera) ni terminé de leer la saga. Así que, aunque el resto del mundo continuó emocionadísimo cuando salieron los libros 6 y 7, a mí ni me afectó; ni me molesté siquiera en conseguirlos. Mi madre sí que los compró, y los leyó, pero en alemán e inglés, incluso me los recomendó.
Y, desde entonces, no he vuelto a sentir necesidad de leer Harry Potter (supongo que acabé saturada; había fragmentos de libros que me sabía hasta de memoria). Hasta ahora.
Es curioso cómo actuamos cuando estamos bajo presión. Me di cuenta la última semana de mayo, cuando estaba en plena batalla contra el inminente y temido examen de Derecho de la Comunicación, Segunda Convocatoria-porque-a-la-primera-no-me-presenté (aprobado, por cierto, con un bonito 8). En un momento de especial tensión, tratando de concentrarme en la Ley Orgánica 1/1980, mi mente empezó a divagar (suele pasar). Justamente, estaba sentada en mi cama, porque estaba harta del escritorio y creí que un cambio de perspectiva aumentaría mi concentración; y no sé cómo, llegó a mi mente un vago pensamiento: ¿todos los libros están escritos en Times New Roman, 12?.
Dispuesta a comprobarlo, cogí el primer libro que tenía en la estantería sobre mi cabeza... y dio la casualidad de que era de Harry Potter. La tipografía no era la Times, pero poco me fijé, porque empecé a leer y, cuando quise darme cuenta, había devorado tres capítulos (el día de antes del examen, ojo). Lo cerré, asustada, pero no pude evitarlo y seguí leyendo.
Vamos, para resumir, que desde principios de junio que llevo leyendo Harry Potter otra vez. Volví a empezar por el primer libro, y los he estado leyendo ordenadamente (básicamente, compagino el estudio con leer: voy a libro por examen, aunque los dos primeros, como son más delgaditos, los leí en dos días o así). Otras personas miran la tele, ¿no? Estamos a 15 y ya voy por la página 500 casi del quinto libro... el último en el que me había quedado.
Entonces, me tocó tomar una decisión: ¿me leo el sexto en inglés y el séptimo en alemán, como mi madre, ya que los tengo ambos en casa, o me los compro yo los dos en castellano? Estuve la semana pasada rumiándolo bastante, pero al final decidí darme el gusto, porque disfruto mucho más en español (los libros quedan como más irónicos).
Así pues, ayer, aprovechando que tenía que ir a Valencia para hacer examen, me fui al centro y entré en El Corte Inglés, sección Ocio. Lo curioso es que todo el tiempo andaba yo haciéndome una pregunta: ¿le digo que me lo envuelvan para regalo? Porque ya no tengo edad para leer esas cosas (según diría ERDM), y seguro que se me quedan mirando raro... Ya sé que mis preocupaciones no tienen razón de ser, pero esos pensamientos no paraban de acudir a mi mente una y otra vez.
Al final, diciéndome que en Valencia no me conoce nadie (y menos aún los empleados del Corte Inglés), entro con aire distraído y me pongo a buscar el sexto libro. Lo encuentro poco después, como es de esperar, en los libros infantil-juvenil, rodeado de otros tomos de la saga que ya tengo. Me quedo mirándolo un instante y, por fin, lentamente, me decido a cogerlo como si estuviera pecando, o robando, o haciendo algo malo. Me encamino poco a poco a la caja... y allí hay un dependiente que, tras hablar con un señor, me atiende. Tenía cara de idiota.
-Dime.
Señalo el libro, ya sobre el mostrador, mientras saco la cartera del bolso.
-¿Es todo? -pregunta.
-Sí -contesto distraída, sin mirarle.
-Veintiún euros.
Pago, él envuelve el libro en una bolsa de plástico y me da el tique. Antes de alcanzármelo, pero, se me queda mirando con vacilación y pregunta dudoso, con voz trémula:
-¿Lo envuelvo para regalo?
Me lo quedo mirando fríamente, y logro esbozar una torva sonrisa.
-No.
Agarro el tiquet de un zarpazo, meto el libro dentro de mi bolsa, y me marcho sin mirarlo.
-Hasta luego -murmuro quedamente.
-Gracias por su visita... -consciente de que me observa detenidamente, de arriba a abajo, desaparezco de su vista en cuestión de segundos.
Ya veis, eso que yo tenía pensado hacer, resulta que el señor dependiente me lo ofrecía con desconcierto, evidentemente convencido de que ese libro no era para mí, sino que lo iba a regalar a alguien. Casi puedo considerarlo como un cumplido, porque al fin y al cabo me ha tomado por alguien seria y responsable (habrá reparado en las ojeras y la carpeta en la mano que delatan mi profesión). Pero me ha sentado como una ofensa; por lo menos, me ha molestado (y es evidente que su concepto de mí ha cambiado de un segundo al otro, y que ha percibido el enfado contenido con el que yo medía mis palabras).
Pues mira, pues sí, señor dependiente. Tengo veinte años y me gusta leer Harry Potter; quiero saber qué pasará, aunque medio mundo me haya estropeado ya el final de la saga con sus spoilers. A mí, Harry me sigue gustando, y leeré hasta la última línea del séptimo libro, que tengo pensado comprarme la semana que viene.
¿Y QUÉ?
Besazzos,
*Luli*

