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sábado, 11 de diciembre de 2010

El más profundo y absoluto TERROR


Queridos lulilectores...


Estoy aterrorizada, paralizada, shockeada, atontada, petrificada, asustada... ¡¡¡me faltan adjetivos!!!


El jueves que viene se espera de mí que hable EN PÚBLICO delante de unas 60 o 70 personas aproximadamente. Tengo que hacer una exposición YO SOLA ante un grupo de gente que no conozco DE NADA porque no son mis compañeros habituales de clase, sino un grupo con quien comparto solo una asignatura... y el terror me va a quitar el sueño. Lo veo venir.

Porque encima son una pandilla de sabelotodos empollones, que TIRAN A MATAR con las preguntas del debate, y me juego lo que queráis a que no voy a saber contestar.

Oh, Dios, ¿por qué?

No es que no haya hecho nunca una exposición (en más de la mitad de mis asignaturas de la carrera he hecho exposiciones), pero siempre en grupo, y solo me tocaba hablar unos cinco o, como mucho, diez minutos. ¿De qué narices voy a estar hablando durante MEDIA HORA yo sola? ¿Qué quieren que les cuente? ¿Mi vida desde que nací? NO HAY DERECHO.

ODIO HABLAR EN PÚBLICO, ES ALGO QUE ME MATA.
Y sé que se me da mal porque es algo que he hecho muchas veces. Y cada vez que voy a subirme al estrado (sí, encima de un estrado y todo), me entra PÁNICO total.

OH, DIOSS. ¿POR QUÉ?


Me quiero morir. Lo de imaginar que tu público son tomates no funciona. Y lo de imaginar que están desnudos, tampoco (es más, con la retorcida imaginación que tengo, más de una vez me han entrado náuseas con tales pensamientos y he tenido que cortar de raíz). Llevo fatal eso de ponerme delante de casi un centenar de personas que me van a estar juzgando aunque no me conozcan de nada. Me tiembla todo el cuerpo solo de pensarlo...

CIELOSSS!!! HORROR TOTAL!!!

¿Algún consejo?

Besazzos,

*Luli*

domingo, 26 de septiembre de 2010

MANDA HUEVOS!!!!!




Queridos lulilectores...


MANDA HUEVOS lo que me ha pasado. Pfffffffffffffffffffffffffff


No es que yo sea gafe, es que yo soy LA gafe. La gafe de los gafes. Vivo en Gafelandia. Peor: en Gafelulilandia. ¡Qué digo! Soy la reina de Gafelulilandia. ARRRGHH!!!


¿A qué viene tanto revuelo? Os lo cuento:


Toda historia de terror tiene un final. Y, como la misma palabra indica, el final tiene poco de divertido: suelen ser terroríficos. Por una vez, mi historia particular de terror no se sale de lo normal y se ajusta a la norma: es un final PARA NO DORMIR.


¿Y qué historia es? Pues a los lulilectores habituales de mi blog no os será desconocida, pero a los que son nuevos, o estén interesados o, simplemente, a los que necesiten recordar de qué hablo, aquí está la PRIMERA PARTE de este cuento horripilante, y aquí la SEGUNDA PARTE, para refrescaros la memoria.


Resumo: se trata de la historia de la agenda perdida de hace dos Navidades, allá por el 2008, cuando Luli era buena persona y bastante inocentona, dicho sea de paso. Un día tonto Luli decidió que perder la agenda de la Universidad en una aula sería de lo más divertido, así que se la dejó abandonada debajo de un banco y, de no haber sido por un simpático sujeto que decidió devolvérsela y comunicárselo por email, Luli ni se habría enterado.


Luli, entonces, henchida de gratitud y de bastante tontería, le mandó al susodicho una ñoña tarjeta de felicitación navideña como muestra de gratitud, por el susto que se había llevado al darse cuenta de que, efectivamente, se había quedado sin agenda, y Luli se quedó tan pancha, toda satisfecha de la buena acción.


Pero la historia no acabó ahí, como supondréis, porque nada más y nada menos que CINCO meses después, Luli descubrió, con gran horror, que el sujeto amable no había sido un cívico alumno cualquiera, o el conserje en su defecto, sino que se trataba de UN PROFESOR al que Luli, toda INGENUA, había mandado una TARJETA DE FELICITACIÓN. Repito la gravedad de la situación por si a alguien no le ha quedado del todo claro: LE MANDÉ UNA TARJETA DE FELICITACIÓN ÑOÑA A UN PROFESOR QUE NO CONOCÍA DE NADA EN NAVIDAD. SOY O NO SOY LA REPERA?


Pues biennnnnnnnnn: AHORA es cuando viene la tercera (y peor) parte del asunto, aunque supongo que os lo estaréis imaginando ya... ESTE AÑO ME HA TOCADO ESE PROFESOR EN UNA ASIGNATURA TRONCAL OBLIGATORIA, DOS AÑOS DESPUÉS DEL FATÍDICO SUCESO. AHORA NO ES UN PROFESOR CUALQUIERA, NO, AHORA ES MI PROFESOR.


¡¡¡Es que, si lo recuerda y me reconoce por el nombre, puede pensar cualquier cosa!!! Que yo soy una pre-pelota, o que a lo mejor me gustaba, o que le admiraba, o que así me aseguraba un aprobado, o... ¡¡¡vete tú a saber!!! Es que me he puesto yo sola en un compromiso, ya ves tú qué necesidad había. De verdad... no me meto en más líos porque no los hay, en serio (comprobado está: ¿que no hay lío al canto? Luli como Juan Palomo: yo me lo guiso... Y YO ME LO COMO) ¬¬


Santo Cielo. ¡¡¡¡Quieran Dios, Buda, Alá, Yavë, Ra, Zeus, Karevan, Paladine, Romeo, Julieta, Brad Pitt, Mortadelo, Filemón, Pipi Calzaslargas, Manolito Gafotas, Samsagaz, Rhianna y Lina Morgan que, POR FAVOR, no se acuerde del incidente!!!! O me acabaré de hundir en la miseria, en serio os lo digo.


¿Sabéis la sesión de VERGÜENZA que me tendría que meter entre pecho y espalda en caso de que lo recordara? Se me pondrían coloradas hasta las uñas de los pies. ¡¡¡ESO ME PASA POR SER BUENA PERSONA!!! NARICES NARIZUDAS YA CON LA BUENPERSONIDAD. SE ACABÓ.


Si eso me lo olía ya, desde el día en que vi ese cartel colgado en la puerta... tendría que haber sospechado. No supe verlo. Pero lo tengo muy claro, si me dice algo (RECEMOS para que no se acuerde, o para que si se acuerda, no me diga nada) me pienso hacer la loca, en serio. Como si la que no se acordara (cuando en realidad lo único que quiero es olvidarlo) fuera yo.


En cuanto al profesor en sí, jopé, es que encima es joven y simpático. Guapo no, porque guapo no es (es calvo, además), pero es muy divertido, bastante interesante y de los más jóvenes que he tenido (solo 34 años). Aunque creo que es gay, lo cual me tranquiliza un poco. Pero con lo rematadamente gafe que soy (porque lo soy) tendré que estar alerta, porque fijo que esto no se acaba aquí, seguro que aún queda algún episodio para epílogo o algo por el estilo.


En fin... que no puede ser conmigo, y que MANDA HUEVOS lo que me gusta complicarme mi, ya de por sí excéntrica, vida.


Besazzos... y que ojalá nunca os metáis en tonterías de esta guisa, no os lo deseo a nadie. xD


*Luli*

lunes, 5 de julio de 2010

Eau de Toilette - Pour Homme



Queridos lulilectores...


Una entradita fugaz aprovechando que he venido al pueblo rápidamente y tengo Internet. Os cuento mi última metedura de pata.


He empezado a trabajar en la tienda, como todos los veranos, y el otro día se me hizo tarde y tuve que apurar para llegar puntual, así que no me dio tiempo a arreglarme del todo. Antes de salir de casa, con el pelo chorreando, recién salida de la ducha, cogí un botecito diminuto de esos de perfume en muestras que había al lado de la bandeja de las llaves; me dije que, por lo menos, me echaría unas gotas en la tienda y lista.


Una vez en la tienda, como me fueron entrando clientes, se me fue olvidando el propósito, hasta que llegó un momento en el que no había nadie y, por casualidad, encontré el frasquito en el bolsillo de mi pantalón, mientras rebuscaba en busca de un pañuelo.

Bueno, bien, pienso: voy a ello. Y eso que me dirijo al espejo y, ni corta ni perezosa, me planto una generosa cantidad con la ayuda del palito, por el cuello, las muñecas y dos gotitas detrás de las orejas. Apenas me guardo el frasco de nuevo en el bolsillo, olfateo y... ¡zas! Un penetrante aroma a colonia de hombre me llega por la nariz.

Asustada, saco el frasco de nuevo y lo examino: "Dolce&Gabanna pour Homme". ¡El susto que me di! Y, claro, empezaron a llegarme clientes. Vaya un cuadro, me tendríais que haber visto intentando mantener las distancias con ellos, mientras despedía aquel tufo a choto tan desagradable.

Al final, en los ratos que no había nadie, conseguí deshacerme de parte del olor con la ayuda de agua y de un gel limpiamanos a base de aloe vera, aunque hasta que no me duché del todo, el aroma siguió adherido a mí. Se ve que el frasquito era de mi padre...

En fin, eso me pasa por no fijarme, jejeje.

Besazzos,

*Luli*

martes, 15 de junio de 2010

¿Y qué?




Queridos lulilectores...


Batallitas de nuevo. Pero muy breve, esta vez. Os cuento.

Estoy últimamente enganchada (o re-enganchada, mejor dicho) con Harry Potter. Puede decirse que yo crecí con Harry Potter: me regalaron el primero cuando tenía once años y, tras devorarlo ávidamente, comencé a esperar con ansiedad a que salieran los demás libros y, prácticamente, cada año por mi cumpleaños o por Navidades me regalaron el siguiente, a medida que Jotaká los iba escribiendo y publicando. Releí los cuatro primeros como millones de veces, e incluso el quinto unas cuantas. Atravesé una grave etapa de Pottermania, sin lugar a dudas. El fenómeno Harry, en pleno apogeo, me pilló con entusiasmo, y veía las películas, tenía juegos de mesa... en fin, lo normal.

Pero, no sé por qué, de pronto, de un día para otro... se me pasó. Me olvidé de Harry. Quizá fuera porque la autora tardaba mucho en escribir el sexto, o que el instituto ya no me dejaba tanto tiempo libre... la cuestión es que a los 17 o 18 años, creo que fue por esas fechas (o incluso antes, no recuerdo bien) le di la espalda al que había sido mi héroe en otros tiempos. Me planté en el quinto, y ya no vi ni más películas (en la cuarta me quedé, o en la tercera) ni terminé de leer la saga. Así que, aunque el resto del mundo continuó emocionadísimo cuando salieron los libros 6 y 7, a mí ni me afectó; ni me molesté siquiera en conseguirlos. Mi madre sí que los compró, y los leyó, pero en alemán e inglés, incluso me los recomendó.

Y, desde entonces, no he vuelto a sentir necesidad de leer Harry Potter (supongo que acabé saturada; había fragmentos de libros que me sabía hasta de memoria). Hasta ahora.

Es curioso cómo actuamos cuando estamos bajo presión. Me di cuenta la última semana de mayo, cuando estaba en plena batalla contra el inminente y temido examen de Derecho de la Comunicación, Segunda Convocatoria-porque-a-la-primera-no-me-presenté (aprobado, por cierto, con un bonito 8). En un momento de especial tensión, tratando de concentrarme en la Ley Orgánica 1/1980, mi mente empezó a divagar (suele pasar). Justamente, estaba sentada en mi cama, porque estaba harta del escritorio y creí que un cambio de perspectiva aumentaría mi concentración; y no sé cómo, llegó a mi mente un vago pensamiento: ¿todos los libros están escritos en Times New Roman, 12?.

Dispuesta a comprobarlo, cogí el primer libro que tenía en la estantería sobre mi cabeza... y dio la casualidad de que era de Harry Potter. La tipografía no era la Times, pero poco me fijé, porque empecé a leer y, cuando quise darme cuenta, había devorado tres capítulos (el día de antes del examen, ojo). Lo cerré, asustada, pero no pude evitarlo y seguí leyendo.

Vamos, para resumir, que desde principios de junio que llevo leyendo Harry Potter otra vez. Volví a empezar por el primer libro, y los he estado leyendo ordenadamente (básicamente, compagino el estudio con leer: voy a libro por examen, aunque los dos primeros, como son más delgaditos, los leí en dos días o así). Otras personas miran la tele, ¿no? Estamos a 15 y ya voy por la página 500 casi del quinto libro... el último en el que me había quedado.

Entonces, me tocó tomar una decisión: ¿me leo el sexto en inglés y el séptimo en alemán, como mi madre, ya que los tengo ambos en casa, o me los compro yo los dos en castellano? Estuve la semana pasada rumiándolo bastante, pero al final decidí darme el gusto, porque disfruto mucho más en español (los libros quedan como más irónicos).

Así pues, ayer, aprovechando que tenía que ir a Valencia para hacer examen, me fui al centro y entré en El Corte Inglés, sección Ocio. Lo curioso es que todo el tiempo andaba yo haciéndome una pregunta: ¿le digo que me lo envuelvan para regalo? Porque ya no tengo edad para leer esas cosas (según diría ERDM), y seguro que se me quedan mirando raro... Ya sé que mis preocupaciones no tienen razón de ser, pero esos pensamientos no paraban de acudir a mi mente una y otra vez.

Al final, diciéndome que en Valencia no me conoce nadie (y menos aún los empleados del Corte Inglés), entro con aire distraído y me pongo a buscar el sexto libro. Lo encuentro poco después, como es de esperar, en los libros infantil-juvenil, rodeado de otros tomos de la saga que ya tengo. Me quedo mirándolo un instante y, por fin, lentamente, me decido a cogerlo como si estuviera pecando, o robando, o haciendo algo malo. Me encamino poco a poco a la caja... y allí hay un dependiente que, tras hablar con un señor, me atiende. Tenía cara de idiota.

-Dime.

Señalo el libro, ya sobre el mostrador, mientras saco la cartera del bolso.

-¿Es todo? -pregunta.

-Sí -contesto distraída, sin mirarle.

-Veintiún euros.

Pago, él envuelve el libro en una bolsa de plástico y me da el tique. Antes de alcanzármelo, pero, se me queda mirando con vacilación y pregunta dudoso, con voz trémula:

-¿Lo envuelvo para regalo?

Me lo quedo mirando fríamente, y logro esbozar una torva sonrisa.

-No.

Agarro el tiquet de un zarpazo, meto el libro dentro de mi bolsa, y me marcho sin mirarlo.

-Hasta luego -murmuro quedamente.

-Gracias por su visita... -consciente de que me observa detenidamente, de arriba a abajo, desaparezco de su vista en cuestión de segundos.

Ya veis, eso que yo tenía pensado hacer, resulta que el señor dependiente me lo ofrecía con desconcierto, evidentemente convencido de que ese libro no era para mí, sino que lo iba a regalar a alguien. Casi puedo considerarlo como un cumplido, porque al fin y al cabo me ha tomado por alguien seria y responsable (habrá reparado en las ojeras y la carpeta en la mano que delatan mi profesión). Pero me ha sentado como una ofensa; por lo menos, me ha molestado (y es evidente que su concepto de mí ha cambiado de un segundo al otro, y que ha percibido el enfado contenido con el que yo medía mis palabras).

Pues mira, pues sí, señor dependiente. Tengo veinte años y me gusta leer Harry Potter; quiero saber qué pasará, aunque medio mundo me haya estropeado ya el final de la saga con sus spoilers. A mí, Harry me sigue gustando, y leeré hasta la última línea del séptimo libro, que tengo pensado comprarme la semana que viene.

¿Y QUÉ?


Besazzos,

*Luli*

domingo, 11 de abril de 2010

Cumpleaños, vacaciones y chicos guapos




Queridos lulilectores...


He estado de vacaciones, de ahí mi prolongada ausencia. En Hamburgo, como las Pascuas pasadas. Podría contaros mil cosas, pero acabo de llegar y estoy cansada, así que quizá lo dejemos para otra ocasión. Sólo destacar unas cuantas cositas...

-He cumplido 20 años (el día 3), que se dice pronto. Os recuerdo que empecé el blog con 16 años, así que llevo bastante tiempo mareando, ¿no os parece?

-Las vacaciones en Alemania han sido una pasada. He estado con mi familia y hemos hecho mil cosas, desde pasear por Berlín a acariciar vacas en la granja de unos amigos (¡son enormes, las vacas! Una me cogió especial cariño, qué mona...

-Hoy, al volver, creo que me he enamorado... platónicamente hablando, claro. He visto a uno de los chicos más guapos en mucho, mucho, mucho tiempo (un alemán). Sobre los veintipocos (dos, tres...), alto, fuerte, con unos brazos perfectos, bronceado, rasgos afilados, ojos azules... se me cae la baba solo de pensarlo, madre mía.

Primero le he visto en el aeropuerto de Hamburgo, en la terminal mientras esperábamos el avión (subía al mismo que nosotros), en el avión no le he visto, pero sí cogiendo las maletas en Alicante y, después, mientras esperábamos que un coche nos llevara al parking donde teníamos el nuestro para volver a casa.

Creo que iba a Benidorm o por ahí, porque un señor que estaba al lado de él (que estaba a mi lado) en las cintas para recoger el equipaje le estaba hablando y preguntando chorradas. Qué GRAN pena, porque Benidorm me pilla en el quinto pino y ya sería mucha casualidad volver a verle (el avión no es como el tren... no hay regularidad ni horarios fijos, al menos no en mi caso).

Que digo yo, que el Señor D ya podría estirarse esta vez, con la de favores que me debe (Destino... si existes, házmelo saber mediante tu milagroso don de la causalidad, y consigue que volvamos a encontrarnos... de lo contrario, dejaré de creer en ti y empezaré a achacar las culpas de mis problemas a otro ente).

Espero que hayáis tenido todos unas felices pascuas (con retraso, pero algo es algo) =)

Besazzos agotados, pero igual de simpáticos que de costumbre,

Vuestra *Luli* ;)

lunes, 29 de marzo de 2010

Segundo encuentro



Queridos lulilectores...


¿Recordáis al misterioso chico del tren, que me encontré un día volviendo a mi pueblo y que no paraba de mirarme? Bien, pues... la historia sigue. =)


Hoy, de nuevo, le he visto, y de una manera tan espectacular que solo se lo puedo achacar al Señor D. Precisamente, ha sido de lo más curioso: casi como preparado con guión.


Llego yo a la estación de Tavernes, aparco y me compro el billete, dispuesta a esperar a que llegara el tren, que en teoría iba a tardar unos cinco minutos. ¿Cinco? Tras MEDIA HORA de retraso, llega por fin un tren que, por supuesto, no era el de las 8.38, sino el de las 8.53 (aunque ha llegado a las 9.10). Y, naturalmente, eso ha provocado que se agruparan las personas de ambos trenes, así que había el doble de gente que de normal.


Lo único bueno ha sido que he visto a una amiga mía que iba a coger el tren de las 8.53, así que íbamos charlando mientras lo esperábamos. Pero el retraso no ha sido la única sorpresa, porque encima (es que EN-CI-MA) cuando tiramos a subir al tren, este iba llenísimo (como si fueran Fallas, igual), y no hemos encontrado ningún asiento libre, por lo que solo nos ha quedado ir los 40 minutos de trayecto (que han sido 50) de pie, qué remedio.


Pues bueno, de manera absolutamente casual, hemos subido al primer vagón, en el segundo compartimiento, pero como había demasiada gente (incluso de pie) nos hemos tenido que ir moviendo hacia delante, hacia el primer compartimiento, porque allí estábamos un poco más holgadas. Mi amiga se coloca al lado de un chico alto que, también de pie, escucha música en una esquina cerca de la puerta.


Me cojo de la barra sobre nuestras cabezas y, mientras el tren arranca con un traqueteo, me pongo a hablar con mi amiga. Quizá fuera intuición o algo (no lo sé), pero tenía ganas de mirar hacia el chico de reojo, para comprobar que no lo conocía. Sin embargo, he logrado abstenerme porque lo tenía justo al lado (a veinte centímetros) y hubiera llamado demasiado la atención.


Total, que a las pocas paradas logro moverme un poco y situarme justo delante de mi amiga, que estaba de espaldas al chico. Y, sin poder evitarlo, me quedo mirándole en un momento en el que él no se da cuenta. No sé qué cara deberé haber puesto, pero seguramente reflejaría mi sorpresa, porque en mis mismísimas narices se encontraba, sin lugar a dudas, el muchacho aquí conocido como Klovic, el que me miró descaradamente durante todo un trayecto de tren.


Eso sí, algo cambiado: el pelo rizado que llevaba la última vez estaba más corto y liso, y también le recordaba más moreno. Aunque, eso sí, tenía las mismas manos (me he fijado, cómo no). Y, claro, como debía estar yo alucinando, pues a la mínima que se ha girado, ha clavado esos ojos penetrantes en los míos, como la última vez. Y yo, igualmente cortada, solo he podido sonreír un momento con picardía, pero en seguida he tenido que apartar la mirada, aunque notaba que él no lo había hecho. Creo que él me ha reconocido mucho antes porque, aunque yo también he cambiado de peinado, él había tenido más oportunidad de espiarme que yo a él.


La cuestión, que una vez descubierta América, nos hemos pasado gran parte del viaje intercambiando miraditas, aunque por mi parte muy rápidas y cohibidas, porque de nuevo he notado esa insistencia por su parte que tan nerviosa me puso la última vez, y que tanto me molestó. Mi amiga, a todo esto, no ha notado nada (creo), porque me he concentrado en mantener viva la conversación durante cerca de una hora, para no tener que quedarme callada mirando al (ejem) vacío, y no tener que toparme con sus ojos.


Pero no acaba aquí la historia, sino que también le he visto en el metro (aunque él creo que a mí no, o lo ha disimulado muy bien, porque había mucha gente también), solo que, por suerte, no hemos subido al mismo metro (él ha cogido uno anterior al mío, y le he visto hablar con una chica). Por último, para concluir el día, TAMBIÉN hemos coincidido en el tren de vuelta, porque yo iba sentada ya, con mi amiga y otro chico del pueblo, y le he visto pasar con una chica que creo que era la misma del metro (le he reconocido por la chaqueta). ¿Cuándo fui la última vez que le vi? No recuerdo el mes, creo que era por noviembre, ahora lo miraré, pero estoy segura de que fue antes de que llegara el frío.


La cuestión... ¿por qué dice Luli que el Señor D le ha montado una puesta en escena? Pues porque hoy, no sé cómo, yo ESTABA pensando en ese chico antes de subirme al tren por la mañana, incluso antes de que llegara mi amiga. Y estaba pensando en él porque anoche vi una película en la televisión llamada Rivales donde aparece un chaval jovencito, de unos catorce años, con el pelo rizadito, que me recordó a él físicamente, así que esta mañana, debido a las vueltas del azar, por mi cabeza pasaban frases tipo: "No creo que vuelva a verle, y menos hoy, después de tanto tiempo...".


Y va el Señor D y me hace subirme a su tren (ha hecho que el mío se retrase a propósito) y, no solo contento con eso, sino que también me ha hecho dirigirme intuitivamente a su vagón, a su compartimiento y al mismo lugar donde él se encontraba. Suena raro y tonto (puede que friki), pero... en serio ahora (entre vosotros y yo): esas cosas NO pasan en la vida real.


No pasa que estés pensando en alguien que solo has visto una vez, que te subas a su tren y que te quedes plantada delante de esa persona durante una hora casi, miraditas incluidas. Y, sin embargo, a mí me ha pasado hoy. Como si mi vida la dictara un guionista caprichoso y pillo, con ganas de trastadas.


Mira que es raro todo esto... bien pensado, hoy que he vuelto a verle sigue sin parecerme guapo en el sentido estricto de la palabra. No, guapo no es. Pero feo, tampoco. Es difícil de definir, y más ahora que ya se ha quitado los rizos. Tiene los ojos profundos, aunque no soy capaz de sostenerle la mirada durante más de dos segundos seguidos (cosa rara también, porque de normal no me corto un pelo...).


¿Mariposas? No. En absoluto, es demasiado pronto. Pero... ¿extrañas coincidencias? Sí. E, inevitablemente, a partir de ahora pensaré más en él. No me gusta. Pero... noto algo. Karma de este raro, feeling, como lo llaman los ingleses. ¿A qué se debe tanta casualidad? ¿Por qué no paro de hacer preguntas y suposiciones idiotas?


En fin... ahí os dejo la batallita de hoy, que me ha dejado más bien trastocada, no contenta como la última vez. A vosotros os lo dejo.


Besazzos,


*Luli*



viernes, 22 de enero de 2010

El misterio de la gelatina




Queridos lulilectores...


Hace un rato, en la mesa, mi madre ha sacado gelatina de la nevera porque no quedaba postre y ella ha decidido hacer algo diferente. Nos hemos alegrado bastante, porque hace mucho tiempo que no la probábamos, y le hemos hincado el diente con avidez.


Yo, solemne, me he quedado un rato mirándola antes de proceder a su consumo: sus formas sinuosas, su inestabilidad. La he tocado con el dedo y ella se ha tambaleado de esa manera tan característica propia de las gelatinas en general. Y ha surgido la pregunta.


¿Qué es la gelatina?


Yo, que destaco -entre otras cosas- por mi escaso interés culinario y elementos relacionados, tenía una vaga noción de los componentes: sabía que la gelatina son unos polvos que se mezclan con agua y que, después, en la nevera se hacen consistentes al cabo de un rato de estar reposando. Ajá. Dos más dos son cuatro. Simple, claro y conciso como la vida misma.


Pero entonces, mi madre ha empezado a hacer caras raras, del tipo: "pues no quieras saberlo". Y, claro, mi curiosidad ha aumentado notablemente; he comenzado a insistir y a insistir, lanzando hipótesis al aire: ¡no llevará ajo! ¡o cebolla! ¡o tripas de cerdo! ¡o potaje! ¡o lengua! ¡o hígado! ¡o serpiente! ¡o perro! ¡o murciélago!


Y mis padres (los dos) esquivando, al principio, las preguntas; y después contestando estupideces intencionadamente, del tipo: es lo más horrible que te puedas imaginar. Aunque no lleva pelos (?). O, también, "a ti seguro que te hará muy poca gracia, pero a tu hermana menos aún". Y, tras meditar durante un segundo, he pensado que podría ser alguna fruta que a ella no le gustara en absoluto.


-¡Manzana!


Y se han empezado a reír. "Eso, eso, manzana. Es manzana" .


Ahí me he enfadado casi de verdad, porque era evidente que se estaban cachondeando de mí y no me lo querían decir. Mi madre alegaba que "nunca más volvería a comerla, y que era mejor que no lo supiera". Ante mi terco ceño fruncido, ha terminado suspirando: "Míralo en Internet".


¡Vaya si lo he hecho! ¿Sabéis? Ahora ya sé qué es la gelatina.


... ahora ya sé qué es la gelatina.


Hm...


La verdad es que muy agradable no es. Ahora que lo pienso... quizá hubiera sido mejor no averiguarlo. Sí, decididamente hubiera sido lo mejor. Bueno... pero una no puede vivir siempre en la inopia, ¿no? Hay que afrontar la realidad.


Y, aunque para mí no ha sido una bonita revelación, yo no reaccionaré igual que mis padres. Hay que predicar con el ejemplo. Os diré qué es la gelatina, aunque os daré la opción de no leerlo si preferís seguir siendo felices.


Aquí la solución al misterio de la gelatina:


(ATENCIÓN: LOS QUE PREFIERAN NO SABERLO QUE DEJEN DE LEER EN ESTE PUNTO, CON SENDOS BESAZZOS COMO DESPEDIDA)



(Sacado de una página web culinaria) La gelatina es una proteína que se obtiene a partir de la cocción de huesos de animales y tejido conjuntivo. Contiene colágeno en agua o ácido diluido.



¿Qué? ¿Cómo se le queda el cuerpo a uno? Ya os dije que no era agradable.


Pero bueno, aunque ahora la mire diferente... sigue estando igual de rica. Aunque quizá tarde en volver a comerla, juas.


¡Besazzos!


*Luli*

lunes, 28 de diciembre de 2009

Gingivitis



Queridos lulilectores...


Hoy he ido al dentista. Es una situación que no le deseo a nadie.

Mi problema es que tengo gingivitis porque me aprieto demasiado el cepillo contra los dientes cuando me los cepillo, y siempre estoy sacándome sangre sin querer. Cuando fui la semana pasada a hacerme la limpieza rutinaria, me lo dijeron: me recetaron un enjuague especial y una pasta de dientes específica.

La cuestión: hoy he vuelto para que me mirara las encías y me las limpiara. La tipa era una bruta, y además he descubierto que ir al dentista es francamente humillante. Te ponen bajo un gran foco de luz, que te deslumbra los ojos, en esa horrible silla mecánica que te inclina hasta que tu cabeza casi roza el suelo; mientras observas inquieta los ganchos puntiagudos que los licenciados se pasan sobre tu cabeza, a contraluz. Y luego, inconscientemente, cierras los ojos para no ver lo que pasará a continuación.

Pero, francamente, no hace falta verlo, porque el dolor es inmediato: agudos pinchazos en los nervios de la boca, notando el sabor de la sangre resbalando por tu garganta, con ese aspirador de saliva que hace un sonido atronador y te salpica la cara, mientras el dentista en cuestión te tiene a su merced, te hace daño, ve lo que cenaste el miércoles pasado y tiene tus imperfecciones de la piel en plano detalle, potenciadas estas por la potente luz sobre tu rostro…

He mantenido las uñas clavadas en el asiento mecánico para desahogarme, pero no he hecho ni un solo gesto u señal de dolor. Que se chinche.


Besazzos,

*Luli*

lunes, 30 de noviembre de 2009

¡Qué alegría más tonta!



Queridos lulilectores (esta vez en castellano)...


¡Qué alegría más tonta tengo! Ya sé que os he escrito esta mañana una entradilla fugaz, pero no puedo dejar de comentaros lo que me ha pasado hace un rato.


Como siempre, va sobre mi vida. Y, en concreto, sobre mi vida como asidua usuaria de lo que aún es Renfe (el tren, vamos). En realidad es una tontería como una casa, pero... me he puesto de buen humor para el resto del día. Y el gran secreto es... ¡¡¡he ligado!!!


Jajaja, lo contaré con tranquilidad. Hoy, de alguna manera, ya me veía venir que no iba a ser un día como otro cualquiera. Lo he notado porque me ha dado tiempo a ducharme, arreglarme y marcharme de casa sin prisas, estreses ni resoplidos de impaciencia (mi pan de cada día), sino que he desayunado tranquilamente e, incluso, me he metido con rapidez en Internet para daros los buenos días con lo primero que me ha venido a la mente.


El segundo suceso de la mañana (lo de que he salido de casa sin agobios cuenta como suceso, noticia o portada de los periódicos, por lo menos) ha sido mi encuentro con un simpático ancianito en el autobús. Puede que algún día os hable de mis viajes en autobús (medio de transporte que también utilizo con frecuencia), pero tendrá que ser en otra ocasión. Nunca había visto a ese viejecito. Y, por una vez en su vida, el Señor D. ha actuado para bien. Me explicaré.


De normal, en el autobús, yo siempre me siento en el mismo sitio (cuando hay sitio, pero casi todos los lunes el asiento está libre); justamente hoy estaba ocupado por una mujer. Sin preocuparme lo más mínimo (otra muestra de mi buen humor) me he sentado en la otra parte, pegada a la ventana, como habitualmente. Y, al cabo de unas dos paradas, ha entrado él. En apariencia, era un señor como cualquier otro: vestido de marrones y cremas, con gafas y una boina que le tapaba la cabeza calva.


Lo primero que me ha dicho ha sido: "¿Eso es el almuerzo?", señalando el paquete de rosquilletas que iba comiendo tranquilamente. Me he sentido algo cohibida, y he asentido tímidamente (no estoy puesta a que los desconocidos me aborden, pero tendré que empezar a acostumbrarme, pues en valencia parece algo habitual). En seguida se ha mirado el reloj, como riñéndome: "Son las 12.15h", me ha dicho con una media sonrisa. Después de tragar lo que estaba masticando, le he dado la razón, pero he dicho que era porque tenía hambre, ya que en casa había desayunado (cosa completamente cierta).


Y el viaje ha seguido hasta que, dos o tres paradas antes de que me tocara bajar a mí, he sacado un zumo para completar mi almuerzo. No he podido evitar mirarle de reojo y reírme un poco, pero me ha mirado riendo también y me ha dicho "Veo que vas preparada". "Es que ya son muchos lunes", le he respondido entre trago y trago. "Sí, pero... hay mucha gente que no se preocupa de las cosas, que va al... al..." "¡Al tuntún!", hemos exclamado los dos a la vez. "Lo sé", he concluido yo. Se me ha quedado mirando pensativamente y, mientras él se levantaba para apearse del autobús, ha añadido "Eso es muy bueno, que vayas siempre preparada. En eso eres igual que yo". Y ha bajado para mezclarse con la multitud de la calle.


Eso debe haber sido una señal (algo más tranquilizadora que la de la gitana del otro día). Era como... mi hado madrino: un ancianito simpático, sabio y observador que, sin saberlo, se hará famoso entre vosotros lulilectores porque lo estoy mencionando aquí con pelos y señales.


Pero en fin, eso no tiene nada que ver con mi alegría tan tonta (no es con él con quien he ligado). Ha sido en el tren, al volver a casa para comer. He decidido coger el de las 14.56, con toda la calma del mundo (eso de no subir al tren corriendo es un vicio al que me estoy malacostumbrando, ¡qué delicia, por Dios!). Y, como he llegado con tiempo, he decidido que, por una vez, me iba sentar al final del todo: en el último asiento del último vagón. Digo "por una vez" porque a mí, de normal, me encanta sentarme al principio, en el primer vagón, pegada a la ventana (cómo no) y con un libro entre las manos. Pues al volver me he dicho: "bah, un día, un día es", y allá que he ido, al último vagón, esperando encontrar paz y sosiego, ya que la muchedumbre se suele agolpar en el centro o, a las malas, en el principio.


Estaba muy a gusto, porque no había casi nadie. He sacado mi libro y me he puesto a leer. Y, justo un minuto antes de que las puertas del vagón se cerraran para irnos ya, se sienta en los asientos de la derecha un chico muy alto, unos 21 o 22 como mucho, con el pelo negro y rizado, y los ojos oscuros. Me lo he quedado mirando unos instantes a propósito, pero por una extraña coincidencia: justo en ese momento había estado leyendo en el libro de turno una descripción de un chico joven, alto, de pelo negro rizado y mirada profunda. Como veréis, se trataba de la misma persona. Y ha sido raro, porque acababa de leer la frase, levanto la cabeza y... ¡pum! Las palabras se transforman en imágenes ante mis mismísimas narices. Qué fenómeno, ¿no?


El caso es que el muchacho se ha percatado de que yo lo contemplaba con interés (está claro que no podría haber averiguado mis motivos, pero, por alguna razón, los ha... cómo decirlo... malinterpretado). Me ha devuelto una mirada larga, sin pestañear hasta que yo, incómoda, he desviado los ojos, algo molesta, todo sea dicho. He pensado: "¿Ah, sí? Conque esas tenemos... pues para que te enteres, chaval, no pienso volver a mirarte en todo el trayecto". Y me he concentrado en el libro, sin pensar más en ello.


Dos paradas después, la mujer que tenía delante de mí se baja del tren. Y, sin cortarse un pelo, el tío coge todas sus cosas (bolsa, chaqueta, bufanda, todo) y, visto y no visto, se planta en el recién despejado asiento. Vamos, en mis morros. Sus rodillas rozando las mías. Es que ha sido superdescarado, lulilectores, no os podéis hacer una idea.


Yo me he quedado, por un instante, absolutamente estupefacta. He levantado la vista de las páginas, extrañadísima, y me lo he quedado mirando (no me lo podía creer). Y él ¡no despegaba sus ojos de los míos! He sentido un calor que me subía por dentro y me he turbado un montón, me ha costado la ayuda de todos mis dioses (Brad Pitt incluido) para no partirme la caja allí mismo. Guapo, lo que se dice guapo, no era. Pero feo tampoco. Un Chotulus adriano A (así repasáis =P). Seguramente, antes pensaría que yo estaba loca por él o algo por el estilo, porque si no es que no me lo explico.


A partir de ese momento, mi lectura ha sido muy distraída. Todo el tiempo intercambiando miraditas (el juego de las intermiraciones, lo llamo yo: ahora sí, ahora no, ahora tú, ahora yo... rima y todo). Y, claro, me ha visto sonreír nerviosamente; él también ha esbozado alguna que otra sonrisilla (muy dulces, a decir verdad). Yo estaba afrontadísima. En todo momento pensaba: ahora bajará, ahora, ahora... pues no. Nada de nada. Me he bajado yo primero, y eso que soy de las últimas paradas. He supuesto que es de Gandía (por pura estadística, pero siempre puedo estar equivocada).


En el momento en el que yo cerraba el libro, me ponía la bufanda, la chaqueta, sacaba las llaves del coche, etcétera, él ha fijado sus dos focos sobre mí que yo no sabía para donde mirar, de lo fatal que lo estaba pasando, ¡qué incomodidad, por Dios! He tenido que resoplar y medio reírme, para aliviar un poco la tensión. Encima es que estábamos prácticamente solos, o sea que cada movimiento mío o suyo destacaba mucho más. También he notado que su pierna tocaba la mía con bastante frecuencia, incluso cuando el tren no daba esos molestos botes. ¿Casualidad? (¬¬)


Eso sí, las manos me han gustado: limpias y viriles, pero con cierta suavidad, pues tenía los dedos muy largos y las uñas bien cortadas, requisito indispensable (siempre me fijo en las manos de la gente). Y la voz era profunda y algo ronca: le daba algo de misterio (lo sé porque ha mantenido una brevísima conversación telefónica).


No sé... es evidente que le he gustado, de eso me he dado cuenta hasta yo, pero creo que lo ha estropeado un poco: chico, ya que haces el esfuerzo de venir a mi lado y sentarte delante, sin parar de mirarme en 40 minutos, por lo menos acábalo de arreglar y dime algo, no te quedes ahí plantado. Aun así, en el fondo, tampoco se lo he podido reprochar del todo: era evidente que se trataba de un chaval bastante tímido (porque su sonrisa no era picarona, sino muy suave y dulzona, como ya he dicho antes), así que la cosa se ha quedado ahí.


Me he levantado en "Próxima parada, Tavernes de la Valldigna" y he murmurado un tenuísimo "adéu", mientras él me sonreía por última vez y decía "hasta luego" observando con impotencia mi figura atravesar la puerta (lo he visto de reojo).


Y... esta ha sido mi historia de hoy, con una breve conclusión, hipótesis alternativa y epílogo.


Conclusión: imagino que, a partir de ahora, el chico tratará de volver a subirse al tren de las 14.56 en lunes, tal vez vaya al vagón del fondo aunque, si es listo, subirá al primero y me buscará con la mirada por todos hasta que me encuentre (*voz soñadora y romántica off*). Luli bajando a la tierra: no creo que vuelva a verle porque está comprobado que, cuanto más buscas a una persona por los trenes, menos la encuentras, al pelirrojo me remito.


Hipótesis alternativa: ¿y si me miraba tanto porque el asiento que yo ocupaba era donde él suele sentarse todos los lunes a las 14.56 y se trataba de una sutil indirecta para que moviera mi culo un asiento más allá y le dejara a él la ventana?Negrita (Para que no me llaméis creída... ¬¬).


Epílogo: he vuelto a mencionar al pelirrojo porque, efectivamente, el mundo es un pañuelo. ¿Sabéis que he averiguado su nombre? ¡Sí que se llamaba Edu! Edu Manrique, para ser concretos. ¿Y cómo sabes eso, Luli? Si aguantáis la explicación a estas alturas, os lo cuento en un momento.


Resulta que colaboro también en otro blog (a parte de los de clase), con dos compañeras de mi carrera. Lo creamos este junio pasado, en principio para criticar a otros compañeros; pero también para expresar nuestros pensamientos, anécdotas... en fin, una cosa parecida a esto, pero con 3 autoras en vez de una. Como solo tenemos unos 3 lectores (sin contarnos a nosotras), el otro día decidimos crearle un Facebook, un Tuenti y un Twitter a la página para conseguir adeptos.


Personalmente, no como Luli sino como X (mi nombre verdadero ;p) no tengo ninguna de las tres cosas. Tuve Tuenti una temporada, no llegó a un año, y lo borré. Decidí que era adictivo y peligroso (ya sabéis cómo me pongo yo a la hora de proteger mi intimidad), así que me deshice de él; desde entonces, vivo de lo más tranquila. Aun así, como coautora anónima de un blog no tengo ninguna objeción, así que me sumé con la justa medida de entusiasmo a la idea.


Y, poco a poco, mi amiga (no se cuál de las dos) fue agregando a gente desconocida como amigos para que echaran un vistazo a nuestra página. Ahora tenemos 33 o 34, más o menos, de los cuales no conozco a ninguno pero... ¡cuál no fue mi sorpresa al ver que uno de tantos, un chaval, tenía una foto con... UN SINGULAR PELIRROJO! En seguida pinché la foto y... tachán: allí estaba la etiqueta, clara como el agua. Edu Manrique. Igual de guapo que en directo. Me cayó la baba durante un rato. Pinché en el Tuenti de Edu, pero lo tiene restringido. No importa, al menos sé que mis investigaciones no llevaban a ninguna parte, sino que eran de lo más reales.


A veces lo pienso detenidamente y me sigue pareciendo extraño: solo con ver a una persona una vez en el tren, ya sé de él un montón de cosas: su nombre, su apellido, que vive en Cullera, que estudia en la privada, que tenía novia (no sé ahora), que es prepotente, algún amigo que tiene... cosa rara, no?


Hoy se me ha ocurrido meditarlo: imaginad, por un momento, que el chico de hoy, el del pelo rizado, se pone a hacer averiguaciones sobre mí. Una chica alta, con gafas, pelo largo y claro, onduladito (la permanente lentamente me dice adiós...). De Tavernes de la Valldigna. Que lee y tiene un iPod nano rojo (*¬*). Empieza así y acaba por saber mi nombre, u otras cosas de mí. Qué miedo, ¿no? Aunque se va a tener que esforzar mucho, porque yo no tengo Tuenti ni Facebook, así que las cosas están algo más difíciles, pero oye... quien la sigue la consigue, ¿no dicen eso?


En fin, Lulilectores, podría seguir escribiendo mucho más, porque hoy tengo una alegría super tonta gracias a que el muchacho este se ha fijado en mí (aun a pesar de mi cara de pocos amigos que le he puesto al principio de "nuestra relación" y aun a pesar de que hoy llevaba las gafas feas, de culo de vaso), pero lo voy a dejar estar, porque soy consciente de que leer mucho rato cara a la pantalla es un rollo patatero y, más aún, si eso que estás leyendo son los desvaríos de una pobre loca.


Gracias, una vez más, por estar al otro lado y hacérmelo saber.


Grandes besazzos (hoy doble ración),


*Luli* ;)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Mitos zíngaros




Queridos lulilectores...



Aunque no he muerto, como podréis comprobar por vosotros mismos, estoy últimamente un tanto ocupada. ¿Sabéis una cosa? Le estoy empezando a coger algo de tirria a esto de los blogs. Jajaja, no os asustéis, por el momento no voy a dejar de escribir; la razón es mucho más sencilla: en la Universidad el profesor de turno nos obliga a utilizar constantemente el blog de la cuenta virtual como herramienta de trabajo. Es una asignatura de Documentación, aunque, más que documentarme, parece que esté aprendiendo informática, porque nos tiene todo el día cara a la pantalla. Y yo, entre pitos y flautas, me paso la vida en el otro blog, así que, como es de esperar, luego no me muero de ganas por entrar en este.


Sin embargo, no dar señales de vida también es de mala educación, y, al fin y al cabo, con este blog no trabajo, solo es ocio, así que, como cada vez que me pasa una cosa interesante, he decidido pasarme y compartirlo con vosotros.


A decir verdad, mi vida sigue su rutina habitual: sigo sin blanca, estoy bastante ocupada, tengo prácticas y deberes cada semana, y poco tiempo para rascarme la panza; me siento bastante cansada, pero, por otro lado, me alegro de que ya haya llegado el frío, que me apetecía un montón.


Hoy, para variar, me ha sucedido algo interesante. Estaba yo tan tranquila, en la parada del autobús, esperando a que viniera el número 40, cuando, de pronto, se acerca una gitana chillando como una loca: "¡Romero de la suerte! ¡Romero de la suerte, el mejor romero de toa Valencia! ¡Romero de la suerte!".


Y se ha puesto a hostigarnos (a mí y a las otras personas que estaban en la parada). Lo primero que ha hecho ha sido soltar una retahíla de bendiciones y oraciones con la que nos adulaba; a mí, en concreto, me ha deseado que lo apruebe todo, todas las asignaturas, que goce de salud y que todo me vaya bien en esta vida y en las posteriores. Ha estado un rato dando la vara, diciendo que rezará para que Dios, Jesús y María estén con nosotros, y que ella creía en la Iglesia, tanto en la católica como en la evangélica, y que tengamos mucha suerte, y que amén.


¿Y qué ha pedido a cambio? La voluntad.


Era de esperar; claro que era de esperar. Si todos vamos a por lo mismo. Yo he tratado de eludir su mirada todo lo que he podido y más, pero al final, igual que a los demás, me ha arrullado como a los que estaban a mi lado. Le he dado 50 céntimos a cambio de un ramillete de romero que apestaba a tabaco (porque la gitana estaba fumando), y me he despedido con una sonrisa torva.


Me he subido al autobús mosqueada, pensando en el incidente. ¿Por qué narices acabo de pagar 50 céntimos por un matojo de hierbajos que ni quiero ni me va a servir para nada? ¡Y a saber de dónde lo ha sacado la mujer esa! Pero luego he seguido meditando: supongo que los he cogido porque esa gitana me daba un poco de miedo. No miedo de "me va a atacar si no le doy nada", sino que, seguramente, mi subconsciente me habrá advertido de que solo tenía dos opciones: o ser bendecida... o ser maldita.


Sí, sé que es una chorrada, quiero decir, a estas alturas de la vida, comportándome como una ciudadana estresada y ocupada (sin tiempo, con prisas, sin fijarme en los pequeños detalles de la vida cotidiana)... ¿quién se va a tragar la tontería del romero de la suerte? Soy perfectamente consciente de que esa mujer no era ninguna hechicera zíngara, ni una adivina ni nada por el estilo (llevaba un chándal ochentero y un cigarro en la mano), pero... ¿por qué me ha dado tanto miedo de que pudiera echarme un mal de ojo? ¿Por qué no le he dicho simplemente: "señora, váyase y déjeme tranquila, que no quiero nada"? Sin darme apenas cuenta, he pensado: seguro que sabe cómo echar un mal de ojos...


No sé. Creo que hay personas con un cierto misticismo con las que uno está predestinado a encontrarse. Sinceramente, no creo que justamente yo estuviera predestinada a encontrarme con esa gitana, ha sido pura casualidad, pero quizá haya sido una especie de preámbulo, una señal antes de volver a sufrir un encuentro sobrenatural con alguien que esté un poco desequilibrado. ¿Me estáis leyendo? Madre mía, es que ni yo misma sé cómo justificar la tontería esta que estoy diciendo, parece mentira, me autosuponía un poco más de sentido común. ¡Pero si yo no soy supersticiosa! Nunca he creído en esas cosas, ¿acabo de descubrir una faceta mía que desconocía?


Desde luego... hasta ahora no he notado que las cosas me vayan especialmente mejor, pero, aun así, creo que no voy a tirar el ramillete ese de romero hasta que no esté totalmente seco y marchito.... solo por si acaso.


Al fin y al cabo, me ha costado 50 céntimos.


Besazzos,


*Luli*

miércoles, 22 de julio de 2009

Andanzas de Luli Manuli



Queridos lulilectores...


Imagino que la mayoría de vosotros estaréis por ahí de veraneo o vacaciones, así que no me desespero por el hecho de que os toméis un respiro a la hora de seguir mi trepidante vida, os lo merecéis todos =)


Sin embargo, como siempre me están pasando cosas extravagantes, no puedo dejar de actualizar, para seguir relatando, como siempre, mis andanzas más recientes.


En este caso, sigo hablando del supermercado (básicamente porque me paso allí todo el día encerrada). Esta vez parece ser que me he convertido de repente en la protagonista de la comedia romántica del verano (y no precisamente made in Hollywood ¬_¬u). Sí, leéis bien.


Hay un muchacho de la plantilla (en total seremos cerca de veinte) que se llama Sujeto J, al que parece ser, le gusto. Yo ya notaba que algo raro pasaba, porque cada vez que yo estaba reponiendo por las estanterías, él siempre me rondaba disimuladamente, incluso llegué a pillarle in fraganti echándome miradas lascivas que me ponían los pelos de punta. Porque, seamos sinceros, el chaval... guapo guapo... no es. ¿Recordáis a mi amable vecino la Morsa Humana? Pues una cosa parecida, pero con un destello de locura en los ojos. En resumidas cuentas (y sin ánimo de ofender, pero es que no quisiera faltar a la verdad): el muchacho es más feo que pegarle a un padre por Navidades.


Pues parece ser que dos semanas han bastado para que se dé cuenta de que está perdidamente enamorado de mí. Todo el mundo lo sabía... menos yo. Aunque, como soy tan avispada y vigilante, no tardé en olerme que había gato encerrado.


Un día, de esto hará poco, me viene una de las carniceras y después del "hola" de rigor, va y me suelta sin venir a cuento la pregunta bridgetiana más famosa del mundo: ¿Y tú tienes novio?

Me quedé sin habla, pero pude escaquearme a tiempo, aunque dejé claro que no.


Al día siguiente viene mi compañera y querida amiga Sujeto M y me deja caer "que teníamos que arreglar una cuestión muy seria". Y me lo dijo sin tapujos: que yo le gustaba a Sujeto J. Se me cayó el alma a los pies, ¿por qué siempre me tengo que comer yo todos los marrones de este planeta planetario?


Me puse seria (dentro de mi acaloramiento) y le dije que ni se le ocurriera meter más leña al fuego; la tía diciendo: vaaa, inténtalo, si es muy majete. Y yo: que no lo niego, pero es que antes me como una sopa de ripios cardados que le acompaño a comprar el pan. La gente diría ¿a dónde va Luli con su gremlin? ¿A sacarlo de paseo? Venga ya. ¡Si aún estoy en plena fase de olvidarme del Listo (ESO era un tío y lo demás son tonterías)! Nanay de la China, concluí, rotunda.


El tema quedó cerrado... o eso me pensaba yo. Porque hoy, tan tranquila yo a la hora de la siesta, padeciendo de dolor de regla, y me suena el teléfono: un mensaje. Movistar, que me quiere mucho, me digo. ¿Movistar? ¿Movistar? ¡Nooooo!


Era Sujeto J, declarándose. SO-CO-RRO. Decía textualmente la siguiente horterada: "ola Luli, soy Sujeto J, del patri, y quería decirte que siento algo por ti, y que si quieres quedamos algún día ho algo para hablarlo. a, y no le agas caso a Sujeto D, que está loca.. jjejeje. Cnt bsos ". FIN.


Y quedamos algún día ho algo.


Y quedamos algún día ho algo...


¡¡¡¿¿¿Y QUEDAMOS ALGÚN DÍA HO ALGO???!!!


¡¡¡Yo nunca podría quedar ningún día con alguien que escribe el nexo "o" con hache delante!!! Casi se me quema la vista cuando lo he leído.


Estaba tan aturdida que solo me he podido reír y apagar el teléfono por si se le ocurría hacerme una perdida ho (juas) alguna cosa rara por el estilo. Ho peor aún, llamarme. Diossss.


Y el trabajo ha sido un cachondeo hoy. Llega la supervisora y me llama para "hablar seriamente". Se pone a interrogarme sobre Sujeto J, que si me gustaba, que si lleva loco por mí desde que me conoció, que si no quería ni intentarlo...


Y como el 97% de la plantilla del supermercado somos mujeres, pues imaginaos el panorama. Con lo discretita que yo soy, y resulta que ahora están todas las miradas puestas sobre mí. Sin ir más lejos, la otra carnicera va y me suelta: "¿Habrá o no habrá boda?"; además hacen apuestas y no paran de hablar de la famosa cena de empresa que tendrá lugar el día 31... ME DA MIEDO. Quisiera despertarme y que nada hubiera pasado.


¡Con lo bien que estaba yo el año pasado en la tienda de ropa, con la única preocupación de matar cucarachas y alabar a las mujeres aunque llevaran trajes que les sentaban peor que a un santo dos pistolas! Y mis vecinos, los farmacéuticos locos...


Hoy he vuelto a ir, y constato (de nuevo), que en esa Farmacia se les va la pinza, porque he ido para comprar un antiséptico con el que poder lavarme las manos regularmente (porque siempre estoy en contacto con gente y dinero, por la Gripe A y esas cosas...), pues el que me atiende, el Alto de la Kawasaki verde, me suelta "¿Es para el trabajo? Pues será mejor que vayas a la tienda donde venden lejías y mantenimiento de hogares y empresas".


Y yo, extrañadísima, allá que me dirijo. Cuando llego... la dependienta no sabía ni pronunciar la palabra antiséptico. Yo creo que me odian bastante en esa Farmacia, nunca me cansaré de decirlo. Ho es que ellos están completamente pirados, no le veo hotra salida.


Hen fin, lulilectores... seguiré hinformando de cómo hacaba esta historia para no dormir.


Besazzos ha todos.


*Luli*