miércoles, 19 de marzo de 2008

Las Fallas, qué vida


Hola a todo el mundo.


Hoy no tengo mucho que contar, sólo que ya hace cuatro días que estoy de Fallas (por ello mi ausencia) y que hoy es el último día, es decir, la Cremà.


He hecho todo lo que tocaba hacer: pasarme las noches en vela, de verbena en verbena, ir a la Mascletà de Valencia, gritar como una descosida por las calles -sólo por la noche-, llevar blusón las veinticuatro horas al día, llegar a las ocho a casa y levantarme a las tres... vamos, lo que vienen siendo unas Fallas. Eso sí, este año no he ido a la Despertà, porque aunque me lo propuse, cuando llegaba a casa apagaba el móvil y luego no me despertaba hasta el mediodía, así que... pero tampoco pasa nada, lo que cuenta es la fiesta.


Y... poco más, después de Fallas -que este año han sido especialmente largas- es Pascua, y del día 27 al 31 estaré en Andorra de vacaciones, por lo que no me esperéis despiertos, juju. ¿Algo más? ¡Ah, sí...! El día 3 de abril (mi cumpleaños) tengo examen de Historia del Arte, con toda la mala ostia del mundo (con perdón), y después empieza el temido tercer trimestre de segundo de Bachillerato... o sea que no sé si podré pasarme a escribir mucho -en mayo olvidaros, tengo todos los días un examen-.


Pff... después de este exhaustivo relato del calendario de mi vida (en un futuro inmediato) me propongo a abandonaros por el momento, sin saber cuándo tendré ocasión de volver a pasarme por este loft internetarial a daros la tabarra.


Que Snoopy esté con vosotros, amén.


Besazzos,


*Luli*

jueves, 13 de marzo de 2008

Me altero



Hoy voy a presentar el caso de mi amiga Sujeto T, que sólo de pensarlo, me altero.

Resulta que hace un mes la tía se tiró a un deshecho de persona en un coche (él se drogaba, debe dinero, es el típico cerdo que se va cada noche con una, se pelea…) y lo hicieron sin preservativo. Y menos mal que al chico se le ocurrió preguntar casi a última hora: ¿tomas la píldora? Y ella contestó que no, así que “se salió” para acabar bien y tener la fiesta en paz.

Lo que mi amiga Sujeto T no sabía –a pesar de recibir clases de educación sexual desde sexto de primaria- es que “la flautita” chispea desde el primer momento y nada más entra en “la casita” de la mujer, hay riesgo de fecundación a pesar de que no se haya producido consumación interna propiamente dicha. Perdón por estos términos tan esquemáticos, pero es que no me atrevo a usar un lenguaje más vulgar por si las moscas (privacidad, recordémoslo).

Reconduciendo, que a los dos días Sujeto T nos viene a una amiga mía y a mí a contarnos que cree que está embarazada. ¡Y menos mal que su hermana le contó lo de la flautita chispeante, por que si no la tipa seguiría tan pancha a horas de hoy! Resulta que Sujeto T había estado tomándose un tratamiento de píldoras hormonales para regular la menstruación, y cuando acabó el tratamiento la regla le venía más puntual que un inglés, todos los meses. Y justamente hoy hace un mes que no le baja.

Cualquiera de nosotras se preocuparía ante tal situación, digo yo (fornicar a pelo y que no te baje la regla en un mes, sabiendo que siempre la tienes a o’clock, pues… hm… no es para tanto…) ¡¡¡ALERTA ROJA, AMIGA, ALERTA ROJA!!! QUE IGUAL YA NO LA VES EN NUEVE MESES

Pues Sujeto T va por la vida tan normal, peor, normal y de víctima. Me explico. Nada más nos contó que podía recibir visita de la cigüeña en breve, Sujeto D y yo casi nos subimos por las paredes para explicarle que:

1) Se lo contara a su madre

2) Se hiciera el predictor (aunque ya sabemos que tienen que pasar de tres a cuatro semanas para saberlo cierto, pero bueno, es que en ese momento una se altera)

Y nos dijo que ya se lo había contado, y que su madre la había insultado, gritado, castigado, etc-ado… (¿¿¿nooooo me digaaaas??? ¿¿¿De verdad??? ¡Qué raro! Si yo le viniera a mi madre con diecisiete años y bombo, seguro que me daba la enhorabuena y me compraba una cuna. ¡Foto, foto!) ¬¬ POR FAVOR, REALISMO.

En cuanto al test: “No, tranquilas, ya me lo haré, da igual mañana que pasado, si el bote de la orina ya lo tengo en casa, mi madre me lo recordará”. ¿¿¿Tu madre te lo recordará??? Yo estoy con la duda de si estoy embarazada o no y no me hace falta que mi madre me recuerde que me haga el test. ¡Es que me lo hago ipso facto, mujer, es lo que toca! A ver si se lo va a hacer la semana antes de romper aguas porque a su madre se le olvidó recordárselo, a ver lo que le daría: si positivo o negativo. “Ay, pensaba que esta barriga era de unos gases…”. Grrr… ME ALTERO.

Sujeto T te lo cuenta de manera en que ella siempre queda de mártir. Ella misma dice que su vida parece una telenovela, te vende las historias que en vez de llamarse Sujeto T debería llamarse Rosaura-Luisana Bárbara Montoya Rodríguez, ¿ya tu sabes, wey? Y nosotras estamos hartas –pero hartas de verdad- de tener que bajarla de su nube, de tener que explicarle que la vida no es un cuento Disney y de decirle que salga ya del mundo del Yupi, que el mundo real es diferente.

-Jo, ¡vosotras parecéis mi madre también! Gracias, pero con una ya tengo bastante.

Sujeto T ¿tú encuentras normal quedarte preñada a los diecisiete años, con la basura de excusa que has puesto, siendo absolutamente irresponsable? Porque la excusa es de cuidao, gente, ¿queréis saber cuál es? Pues dice que “no se dio cuenta de que no llevaba gomita”. Repito: “que no se dio cuenta” ¿¿¿QUE NO SE DIO CUENTAAA??? Que baje Buda y que me lo explique, que yo no lo entiendo.

-¿Pero tan borracha ibas?

-No, iba contenta, era consciente de todo, pero jolín, cuando te entra el calentón una no se fija en esas cosas.

¿Qué no se fija? ¿Qué no se fija? Huyy… ¿¿¿Pero como narices no te fijas en si lleva la funda en la puñetera flauta, si en ese momento le estás dando a la música, leñe??? ¡Lo imposible es no fijarse! Pues nada, la tipa no baja del burro. ¡Menos mal que –a lo peor- te ha pasado un niño y no el SIDA, Sujeto T, bonita, porque si no a ver qué hacías ahora!

Deberíais oirla hablando sobre el tema, os juro que me hierve la sangre. Además dice “que esto no salga de entre nosotras” y va y lo cuenta delante de un chaval de mi clase, que es un bocazas, sin cortarse un pelo. Me juego una oreja, y sólo tengo dos, a que la semana que viene lo sabe todo el pueblo. Es que me reconoceréis que la chica no está siendo ni seria ni razonable.

Por último, el tema padre y el tema aborto. En cuanto al padre: “hoy se lo he dicho para rallarle la cabeza, pero como me dejó por otra, aunque ahora la quiera a ella, no dejará de pensar en mí, en si estoy o no estoy embarazada, porque le he dejado bien claro que no pienso decirle nunca los resultados, para vengarme. Si me hubiera dicho que me quiere, se los hubiera dicho.” Es que el deshecho de tío con el que se acostó es un moniato que acababa de cortar con su novia –llevaban 4 años juntos-. Mi ignorante amiga Sujeto T en seguida se hizo ilusiones con él (es hipermegaenamoradiza) y no se dio cuenta de que el tío sólo la había utilizado de pañuelo. Eso en mi pueblo se llama “una noche loca”, de las que todos hemos tenido, y se supone que las dos partes saben perfectamente que sólo se trata de, lo dicho, una noche. Sujeto T parecía tenerlo claro: “que sí, que sí, que no me gusta”, pero a la semana cambió de opinión: “cada vez que me hace una perdida se me ilumina la cara”. La cara, la cara… ¡la cara se la voy a partir yo como siga así!

Y el tema aborto ya es de espectáculo. Dice: “Jo, es que como soy pobre –siempre va de pobre por la vida, todo lo contrario que Sujeto B- seguramente mi madre y yo no tendremos bastante dinero para abortar. Lo mejor será que lo tenga y que el gobierno nos dé 2000 euros.” Claro, es más barato tener un hijo hasta los treinta años –que es cuando se independiza la gente hoy en día- que no los 3000 euros que pueda costarte un aborto. Me parece razonable.

Lo fuerte es que dice: “No quiero tener ese hijo –en caso de que esté embarazada-, sería un ilegítimo y le contaría que su padre ha muerto.” Niña, perdona que te diga pero… ¡¡¡Estás pidiendo un hijo a gritos!!!

Diosss, en mi pueblo hay un refrán que dice: “d’on no hi ha, no se’n pot traure”. Debe ser verdad.

Besazzos,

*Luli*


PD: Perdón por la acalorada narración (bastante desestructurada), pero es que estoy alterada.

miércoles, 27 de febrero de 2008

A parir




Hola y muy buenas, si aún me queda algún lector.

Hoy me gustaría hablar sobre Sujeto B. O, mejor dicho, me gustaría ponerla a parir hasta la saciedad, porque últimamente la tengo cruzada. Procedo.

Resulta que Sujeto B es una chica que conozco desde la infancia. Hasta donde mi memoria alcanza (ciertos episodios en la guardería) que la he tenido en la misma clase. Y, hasta donde mi memoria alcanza, dicha persona ha vivido siempre en un cuento de hadas. Para empezar, su padre es ingeniero y su madre profesora -es decir, funcionaria-, por lo que es una familia acomodada o, lo que es lo mismo, que viven en la abundancia. Y ya no es el hecho de que tengan dinero, es el hecho de que se las dan y se tiran el pisto con cualquier persona que se cruzan, sobre todo la madre -que es una cosa in-so-por-ta-ble de mujer- y ella, que, a mi pesar, muchas veces es idem de lo mismo.

La hija, es decir, Sujeto B, de pequeña fue un poco como el patito feo: niñita rica con gafas y dientes de conejo. Muchas veces en esta vida me ha caído como el culo, pero muchas, muchas, muchas, porque era la típica mandona metomentodo, ojo derecho de la madre y ojo derecho del padre, mimada hasta donde las haya y, claro, muy, muy lista -ejem. Pero, como patito feo que es, fue creciendo y se fue convirtiendo en ese cisne guapo, popular y supermegaguay, o sea, ¿sabes?

Al principio le costó integrarse en la pandilla -con el tiempo aprendió que reina no es una profesión a la cual accedes opositando-, pero una vez se metió de lleno empezó a causar estragos. Se echó novios, les puso los cuernos, las chicas de la cuadrilla -unas más que otras- babeaban por juntarse y quedar con ella, se convirtió en un icono de moda (la llaman la pija), era la más madura, la más experimentada, la avanzada a nuestra edad. La que con catorce años volvía a casa a las seis de la mañana y se iba a los pubs a bailar con gente de veintidós... Esa era ella. Creída, arrogante, presumida y despectiva.

Tú entras en su habitación y ves el reflejo de su mundo ideal. Cama con dosel, sábanas rosas, muñecas en las estanterías, dos libros y un armario, y qué armario. ¡Ese armario parece el Corte Inglés! Lo abres y te dan ganas de probártelo todo: tiene ochocientasmil camisetas, ochocientosmil pantalones, ochocientosmil pares de zapatos, ochocientosmil collares, jerséys, pendientes, pulseras, cinturones, vestidos, bolsos, bufandas, gorros, guantes, chaquetas, abrigos, cremas, pintauñas, pintalabios, sombras de ojo, lápices de ojo, coloretes, rizadores de pestañas... todo perfectamente ordenado en cajas y perchas, que parece que incluso aún hay sitio para más. No como el mío, que es más estrecho que yo, y que sólo puedo meter la ropa de una de las estaciones (o la de verano o la de invierno o la de primavera o la de otoño), no. Ella la tiene toda junta.

Además, la guarra me copia. Fue llegar yo con un trench blanco -precioso, por cierto- a clase y comprarse ella uno en rojo después del: "Aaaaay... ¡qué mono!". O calcarse mi abrigo negro en marrón. Tsé.

-No, no, no -dice cuando hablamos de ropa-. Yo me compro ropa de todos los tipos, tanto si es cara como si no. Que eso a mi me da igual, no tengo preferencias a la hora de comprar, sólo me hago con lo que me gusta, independientemente de si vale cinco euros o cincuenta -y aún no ha acabado de decir "cincuenta" cuando le brillan en la pechera de la camisa las letras de Gucci, hechas de strass.

El dinero: peor tema del mundo que uno pueda elegir para hablar con ella. Pongo ejemplos:

A) Hablando de las pagas.

-Yo cobro diez euros a la semana.

-Yo cincuenta al mes y si voy a ver a mis abuelos, y con suerte.

-Ay, pues yo normalmente cobro de ochenta para arriba, jaja, es super gracioso, mira: mi madre me da veinte, mi padre otros veinte, mi abuela otros veinte y mi abuelo otros veinte. Claro, cuando voy a ver a mis otros abuelos también me dan veinte cada uno, y, fíjate, qué gracioso, ¡mi padre, como es un panoli, a veces se engaña y me la da dos veces! Jajá, qué gracioso, ¿no?


B) De compras.
-Necesito unas botas, tía, voy a esa tienda a que me saquen todos los modelos.
Como dos horas más tarde.

-¡Tía, mira qué flipada de botas! -la verdad, son monas.

-Qué chulas. ¿Cuánto te han costado? Parecen carísimas.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes?

-Es que no me he fijado.

-Pero si las acabas de pagar, has salido ahora mismo de la tienda. Tienes que saberlo.
-A ver, que lo mire... 170 euros, ah, pues son más baratas de lo que creía.

-¿¿¿Te acabas de gastar 170 euros en unas botas??? ¡¡¡Esa es mi paga de casi cuatro meses!!!

-Bah, quítale importancia, las he pagado con una de mis seis tarjetas de crédito, es ese dinero virtual que nunca necesitas para nada.

O_O AMÉN JESÚS

España va mal



Se las da de Bill Gates o algo, la tipa esta. Puf, el tema dinero con ella es insoportable. O cuando tiene Educación Física en el instituto, que nos viene con un chándal de Guess y deportivas Adidas, toda maquillada, con rallita, rímel y el pelo perfecto (que parece recién salido de la peluquería) y dice:

-Jo, tia, odio ir en chándal, me siento más gitana...

Sujeto B, coagula, leñe, coagula, que tienes a tu lado a quince tías sudorosas, rojas y agotadas del ejercicio, tapándose los ojos para no ser cegadas ante el foco de glamour que te envuelve y al mismo tiempo te protege, porque de poder distinguirte con nitidez se lanzarían sobre ti como leonas furibundas. Es que ella se cree que repitiendo las frases que decimos las demás -las de su "sub-categoría"- queda bien. Y no. No.

O su manía de "alelar" a todos los que la rodean.

-Ay, joder, de verdad, qué lela eres, si no fuera por mí no sé que sería de ti.

-Este tío es un lelo, míralo como anda, ay.

-¡Que no te enteras, lela, que eso no es así!


¬¬

-¡Baja, Modesto, que sube Sujeto B!

De verdad, tiene unos aires de superioridad que... tela. Tratar con ella sobre ciertos aspectos es como coger al toro por los cuernos: una faena. El maestro repartiendo unos exámenes:

-¿¿¿Un 6,5??? ¿¿¿YOOOOO??? Immmposible. Sujeto P (profe de Arte, ¿recordáis? ;P ), revísamelo porque mi examen está mucho mejor que un 6,5.

Aquel, que es tan vago que no tiene ganas de discutir, dice que sí, agacha la cabeza pero hace lo que le da la gana: le suelta a la B que ha revisado el examen pero se mantiene en sus trece: la nota es de 6,5. Y ella se tiene que aguantar. ¡Ja!

O su novio. Ay con el novio. Desde que se echó novio, ese ha sido el acontecimiento más importante del año, casi más que el Oscar de Bardem. Lleva dos meses con él y lo tengo hasta en la sopa, al novio, y eso que no lo conozco más que de vista. Bueno, eso de que no lo conozco es relativo, porque me sé su vida desde los cinco años hasta la actualidad, la de sus parientes, la de sus perros, la de sus amigos, todos, vamos. Es más, conozco hasta intimidades suyas, para que veas. Y no porque yo pregunte, sino porque la tía me lo cuenta todo. Siempre hablando. Estoy sorda de la oreja derecha por su culpa, porque se sienta a mi lado en clase y me cansa el órgano auditivo. En serio, lo tengo desgastado de tanto oirla.

O cuando habla de su familia. "Jo, pues a mí nunca me castigan, porque sé tratar a mis padres, no como vosotras", o "Mi hermano y yo somos uña y carne, nos llevamos genial" -esto cada vez que alguna está contando peleas con sus hermanos-. Yo, por ejemplo, siempre tengo discusiones familiares, si no es con mi madre la histérica es con mi padre (el Rey del Mambo), o, peor, con mi hermana-la-víbora, que últimamente tiene la mano muy larga y se le escapa a menudo hacia mis brazos (ya profundizaré en otra ocasión). Soy la oveja negra de mi casa y, oye, a mucha honra, que a la vida hay que ponerle un poco de emoción (mis discusiones a veces son la salsa de mi vida, jeje, es que tengo un carácter un poco bélico), no como las aspiraciones de Sujeto B en esta vida, que son: ser profesora de niños, casarse y vivir en Gandía (sí, es que ella tiene un apartamento en Gandía, en el Grau, por si no lo sabíais, y se cansa de salir de marcha todos los veranos, se sabe las discotecas de memoria). Porque, según Sujeto B, Gandía es como una ciudad que tiene todo lo bueno de un pueblo.

¡Que la vida no es de color rosa! Que la mayor ilusión de mi alma nómada es irme por ahí de viaje, a descubrir lugares y conocer gente, no casarme, tener hijos (no pienso tenerlos, me parece un acto egoísta traer un niño a este mundo lleno de guerras, terrorismo, contaminación y cambio climático) o vivir en Gandía. Quiero decir ¿quién planea su vida a los diecisiete años? Tsé, qué aburrido. En fin, voy a ir acabando.

¿Y todo esto a qué viene, Luli?, os estaréis preguntando desde hace rato. Pues muy fácil. Que ayer se vino a estudiar a mi casa con Sujeto M (de acoplada, porque en un principio habíamos quedado sólo Sujeto M y yo) y la tía, bajo mi propio techo, se puso más atrevida de lo que tocaría: a llamarme lela todo el rato, a dárselas de lista, a girtarme "de cachondeo", pero que a mí no me hizo ni p*** gracia, a "ahora hacemos esto porque lo digo yo", a "jo, es que sin mí no sobreviviríais"...

¡¡¡ Argh!!! En seguida me hostié y Sujeto M lo notó al instante, pero como ella es un trocito de pan (y bastante influenciable) no dijo nada ni de una ni de la otra. Y a ahí me tenías, echando humo por las orejas, mirándola perrunamente y aguantándome unas ganas locas de mandarla pa su casa, mientras que la guarra de Sujeto B sacaba su "lado-mamá" -de cuando es igual que su madre- y se hacía la dueña y señora de mi cocina. Me dio una rabia... no me atreví a decir nada, de verdad, por miedo a lo que pudiera salir de mi boca (mi lengua viperina a veces me asusta hasta a mí misma), por lo que callé y me centré en las oraciones yuxtapuestas hasta que se tranquilizó (y hasta que me tranquilicé yo).

Es que ya son muchos años tratándola, y aunque desde hace dos años me cae bien y somos íntimas (somos compañeras de pupitre y nos lo contamos todo), a veces no soporto esos arranques de creída que le dan -bueno, ni yo ni nadie, en eso estamos de acuerdo todas las de mi cuadrilla-, porque se vuelve insoportable y parece otra persona. La culpa la tiene su madre, que cuando se hace presente en Sujeto B es mejor dejarla sola hasta que se calma, pero a veces la tienes al lado y apenas puedes reprimir las ganas de soltarle una ostia en todos los morros (que los tiene muy bonitos, por cierto).

Por lo demás, Sujeto B es buena gente: muy divertida, de confianza, parlanchina y alegre. Después de compartir mi día a día con ella durante dos años soy de las que mejor la conocen y hemos pasado por muchas cosas juntas, así que la quiero bastante, pero tiene esos momentos en los que dices... ¡Aléjate de mí ocho kilómetros o te suelto una! Uno de esos momentos lo vivimos ayer en mi cocina. Pero bueno, ella lo sabe compensar.

La admiro mucho, es una chica muy guapa: ojos muy claros, piel blanca y pelo largo y oscuro, con buen cuerpo y una cara casi perfecta -sólo estropeada un poco por los dientes y el aparato-, y, quieras que no... ¡todos querríamos un armario como el suyo!

A pesar de todo, hoy era necesario ponerla a parir, porque lo de ayer me fastidió bastante. Y, quieras que no, es mejor que la ponga a parir yo, que soy su amiga, que no alguien que no la conozca de nada, ¿no?

;)



Besazzos,



*Luli*


P.D.: Sujeto B es la que me atropelló en la nieve y me causó un esguince en la rodilla, por si no lo sabíais.

lunes, 25 de febrero de 2008

Me miran raro



Hola a todo el mundo.

Después de narrar la larga y complicada historia de amor entre dos profesores, vuelvo a la normalidad con noticias de mi vida.

Bien, en estos momentos estoy todavía sumergida de lleno en el interminable mar de los exámenes (me quedan seis, tres de ellos esta semana), pero voy algo más relajada, de modo que me he prmitido pasarme por aquí para sacar este precioso loft a flote. He tenido algún visitante nuevo que otro, pero no sé qué es lo que ha estado pasando con el contador de visitas en mi ausencia, porque me ha estado dando problemas. Lo he tenido que borrar y poner uno nuevo -más feo, por cierto, es una lástima que no estuviera el diseño que a mí me gustaba-, lo he dejado en 650, que es más o menos donde se había quedado. ¡A ver si la cosa sube, que tuve una temporadita increíble! Será cuestión de promocionarme por ahí...

En fin, volviendo a mi vida, hoy quería hablaros acerca de dos chavales que, emulando el título, me miran raro. Cuando digo raro no quiero decir mal, entendedme, pero es que hay algo en ellos que me intriga y, al mismo tiempo, me irrita.

La historia empezaría más o menos este verano, cuando empezaron a venir a mi finca todas las tardes para ir a la piscina, porque tienen un amigo que vivie allí desde siempre. La verdad, nunca me había fijado en ellos: sólo me sonaban de vista porque de pequeños (esto es, de siete a diez años, más o menos) iban conmigo a clase de solfeo. Pero sólo durante dos o tres años, nada más, y de todos modos nunca tuve relación con ellos. Eso sí, ambos tienen un año menos que yo.

La cuestión, que me olvidé hasta, lo dicho, este verano porque los vi un par de veces rondando por la finca. Uno me llamaba especialmente la atención porque a mi hermana le gustaba y yo me aprovechaba para pincharla. Además, mi hermana y sus amigas (cuadrilla de pijas sin valores) se juntaban con ellos algunas tardes, así que los conocía de eso y nada más. Poco después, el que le gustaba a mi hermana se echó novia y mi hermana perjuró que ya no le gustaba (claro, qué iba a hacer), así que lo dejé estar.

Un sábado de tantos este verano, en la discoteca (yo iba achispadita, todo hay que decirlo), de repente viene y se me acerca el otro (no el que le gustaba a mi hermana). Me quedé extrañadísima, pero bueno, el tipo me vino con un madrileño o así que me quería conocer. Yo le sonreí y le dije:

-Ya, ¿pero tú quien eres?

-Sujeto A, íbamos de pequeños a música.

-¡Ah, sí!

O sea, que el tío se acordaba. Me resultó raro, pero yo cumplí: les di dos besos a los dos y me largué a otra cosa, mariposa. Supongo que le debí gustar al madrileño ese chiquitín, y se lo debió decir al Sujeto A, que era su amiguete, que, como me conocía de un pasado remoto, accedió a presentarme.

Pero bueno. Después de eso, ya no he vuelto a saber nada más de ninguno hasta ahora (ni del que le hizo tilín a mi hermana ni del de la discoteca). Aunque, eso sí, he de añadir que los dos son los caprichitos de varias amigas mías, son los llamados "yogurines", porque tienen un año menos. Uno aún está con la novia, y el otro lo dejó hace poco, pero mis amigas siguen erre que erre: que si míralos que monos, que si no están para comérselos. Hm... monos son, pero tampoco son tan, tan, como fantasean ellas.

En fin, contado el prólogo, a lo nuestro. Resulta que, no se por qué, pero los dos chavaletes me miran raro. Cada vez que me cruzo con ellos por el instituto, se me quedan mirando, los dos, sincronizados. Esto sucede varias veces al día, porque estoy en el pasillo de arriba del todo y tengo que desplazarme para algunas asignaturas y exámenes, mientras que ellos, que son de primero, están durante el cambio de clase en el pasillo central, donde, la verdad, hay bastante mogollón. Yo al principio no me daba ni cuenta, pero un día empezó a darme esa sensación tan extraña (pero cierta) de cuando alguien te está clavando los ojos en la nuca. ¿No os ha pasado nunca? Que, a pesar de que no sabes a ciencia cierta que alguien te está mirando, lo notas, te vuelves y, efectivamente, acabas de ser objeto de estudio por parte de alguien.

Pues eso, me giré y allí estaban los dos, mirando descaradamente. Y cuando se dieron cuenta de que los había pillado, ¡pam!, en seguida disimularon e hicieron como si nada. Claro, a partir de ahí, una empieza a fijarse un poco más, y me fijé, me fijé: lo he confirmado, los dos "yogurines" me miran cada vez que paso por delante de ellos. Me resulta incómodo, porque no puedo evitar calentarme la cabeza: ¿les he hecho algo que les haya molestado? ¿Se ríen de mí a mis espaldas y por eso cuando paso me miran, para confirmarlo? ¿Les caigo mal? ¿Les gusto? ¿...?

A ver, lo primero es bastante improbable porque ni los conzco ni tengo relación con ellos, no puedo haber hecho nada que les haya molestado (al menos, directamente). Lo segundo... hm... podría ser, pero tampoco los he visto nunca riéndose burlonamente, ni tan siguiera hay ironía en sus miradas (o sea que, en caso de ser esta opción la verdadera, son unos maestros escondiéndolo, lo cual también resulta un poco descabellado). Lo tercero... si puedo caer mal de vista, pues imagino que sería una opción factible, pero tampoco me miran ceñudos ni nada por el estilo. Lo último, que si les gusto... imposible saberlo. Uno tiene novia, el otro no (el de la discoteca). A lo mejor le gusto a ese o algo, y se lo ha dicho al amigo, pero, no sé...

A veces incluso me persiguen, me doy cuenta. Cuando tengo examen y me dirijo al aula de exámenes, esperando en el pasillo a que venga el profesor a abrirla, ellos se acercan disimuladamente y van al baño -es decir, pasan por delante- o hablan con alguna amiga mía a mi lado, que se conocen. Y yo paso bastante, pero, joé, es que me intriga y me molesta al mismo tiempo, porque no es eso que dices: Luli, que sólo te han mirado una o dos veces por casualidad, no, es que es CADA VEZ que paso por delante, sin fallar ni una. Y me siento hasta incómoda cada vez que tengo que bajar las escaleras, y no tengo por qué.

Además, normalmente aparto los ojos (porque, repito, me siento incómoda), pero las cuatro o cinco veces que he decidido aguantarles la mirada, en seguida han bajado la vista. Y así llevo ya desde octubre, más o menos.

Y eso, que me miran raro y no sé qué pensar al respecto, pero es evidente que a estos les pasa algo conmigo, ya sea bueno o malo, y estoy ralladísima. Me gustaría averiguar qué narices les pasa a estos por la mente, pero parece ser que me tendré que aguantar. Pf...

¿Alguna idea? Me abro a sugerencias.


Besazzos,


*Luli*

sábado, 23 de febrero de 2008

Sobre amores imposibles III



Hola a todo el mundo.


Aunque cada vez somos menos -igual como mis visitas a este fabuloso loft internetarial por culpa de los exámenes- vuestra autora favorita -esto es, yo- sigue dispuesta a daros la tabarra en cuanto le surge un ratito -antes de salir de fiesta-. Yo sigo bien, gracias por preguntar, y precisamente por eso quería demostrarlo concluyendo de una vez por todas la difícil historia de amor entre Sujeto P y Sujeto I inventada por mis compañeros y yo (aunque debo remarcar que hace como tres semanas que Sujeto I, alias la practicanta, acabó sus famosas prácticas y se largó para, tal vez, no volver jamás.



TERCERA PARTE: ¿ELLOS?


Los que se pelean, se desean y los que no, se morrean. Esto es una verdad como una catedral que me han enseñado desde pequeña. ¿Quiénes? Pues... individuos varios, tales como compañeros, padres, profesores, amigas pinchonas... vamos, varios. Partiendo de este statement, como dirían los doctos anglosajones, voy a proceder a analizar el comportamiento de ambos Sujetos (P-I) en relación a su convivencia en clase durante las tres semanas que Sujeto I compartió con nosotros (dulces retoños, jeje). Bien.


Érase una vez, hace mucho, mucho, mucho, mucho, pero que muuucho tiempo (un mes y dos semanas, aproximadamente), Sujeto P -cap 1- y Sujeto I -cap 2- se conocieron. El primer día, Sujeto P y Sujeto I parecían amiguísimos: él se mostraba preocupado por si ella veía bien la pantalla de las diapositivas, allá desde el quinto ostio, y ella, aunque no veía una mierda (con perdón) le decía que sí a todo. El segundo día, también. Incluso el tercero.


El cuarto día, la cosa cambió. Parecía ser que lo que en un principio había resultado una estrecha relación profe-practicanta había llegado a su fin. Sí, porque, de pronto, el profe dejó de darle un trato especial (para él todos somos irritantes, es su palabra favorita) y comenzó a tratarla como una alumna. Bueeeno, como una alumna tampoco, porque ella, como ya he dicho anteriormente, era como una pececita con cara de empollona, que no hacía nada excepto apuntar sobre su odioso bolso azul y aburrirse. Le hacía preguntas que ella respondía en seguida, o dejaba frases en el aire para que ella las completase.


-Aquí tenemos la cabecera del edificio -en realidad mi profesor habla en valenciano, pero bueno-, con tres absis semicirculares comunicadas por un...


-Deambulatorio -ella, rápida.


-O girola -él, pincha.


-Sí, sí, claro.


Y así bastantes días. Uno de tantos, a la hora del recreo, nos la encontramos sola, comiéndose un paquete de rosquilletas tristemente. Alguien entabló conversación con ella -yo no, le guardo rencor por el bolso: me llegó muy hondo que no se lo cambiara ni una vez-, que cómo estaba.


-Bien...


Imagino que acordándose de todos los antepasados de mi profesor, por tenerla ahí solita y no ayudarla a integrarse un poco o, por lo menos, invitarla a un café en el bar. En mi clase en seguida tuvo lugar el pistoletazo de salida: comenzaron los rumores.


-Debe ser que se gustan, por eso no se hablan. Él tiene vergüenza de acercársele y va de guay.


-No, no, la tímida es ella, que ha visto que lleva dos anillos de casado y se ha rajado -eso es verdad, mi profesor es viudo y recasado. Hay que ver.


-Que no... que él la provoca en clase y, además, tiene pinta de mujeriego.


-Bueno lo que es seguro es que ella está coladita por él, si no no lo aguantaría todos los días en clase.


-Perdona, bonita, pero yo también lo aguanto todos los días en clase y no estoy coladito por él.


-Que nooo... que es él, que va de guay.


-¿Pero no habíamos quedado en que era ella quien estaba por él? ¿O era él el que estaba por ella?


-Debe ser que se gustan, por eso no se hablan.


Ahí comenzamos a fijarnos en el mutuo comportamiento, pero tampoco esclarecimos nada. Poco después, comenzaron a picarse. Ella se puso a "enseñarnos" el Renacimiento y a cada cuadro que comentaba, él tenía que replicar por lo bajini:


-No, no, espera, ellos todavía no saben lo que es el punto de fuga, no lo des por hecho.


A ver. ¿No está ella dando clase? ¿Para qué te metes, ostia? Pues nada, el tío ahí, corrigiendo cada frase y negando irónicamente a cada palabra que la muchacha decía.


-Hay tema, hay tema -nosotros, cada vez más emocionados-. Los que se pelean, se desean.


Y digo, "los que" porque ella tampoco se callaba una. Y ahí los tuvimos, durante tres semanas, discutiendo formalmente -abiertamente no, siempre con sutileza- sin parar. No tuvimos remedio, hubo que aceptarlo: había demasiado pique.


Incluso ahora, un mes y dos semanas aproximadamente después, que todavía alguien de mi clase suelta de vez en cuando una tosecilla áspera que suena así como un canturreo: "Los que se pelean, se desean y los que no, se morrean". El profesor nos mira peligrosamente y contempla nuestras caras inocentes. Silencio. Se vuelve para seguir con las diapositivas y... risas.


Ay, señores, el amor, que lo complica todo.


Fin


Besazzos,


*LuLi*