jueves, 12 de noviembre de 2009

Chiste cruel de la semana



Y con esto no quiero decir que cada semana vaya a hacer un chiste cruel, lo que pasa es que este, en concreto, me hizo reír (al final los chistes más malos son los más divertidos, nunca entenderé por qué).



En fin, sin más dilación, os dejo con él.





-Mamá, mamá, de mayor quiero ser
bailarina.


-Encima de paralítica,
gilipollas...


Ahora los tomates que queráis y más (como defensa personal diré que no me lo he inventado, por si sirve de algo).



Besazzos, Lulilectores.



*Luli*

lunes, 9 de noviembre de 2009

Mitos zíngaros




Queridos lulilectores...



Aunque no he muerto, como podréis comprobar por vosotros mismos, estoy últimamente un tanto ocupada. ¿Sabéis una cosa? Le estoy empezando a coger algo de tirria a esto de los blogs. Jajaja, no os asustéis, por el momento no voy a dejar de escribir; la razón es mucho más sencilla: en la Universidad el profesor de turno nos obliga a utilizar constantemente el blog de la cuenta virtual como herramienta de trabajo. Es una asignatura de Documentación, aunque, más que documentarme, parece que esté aprendiendo informática, porque nos tiene todo el día cara a la pantalla. Y yo, entre pitos y flautas, me paso la vida en el otro blog, así que, como es de esperar, luego no me muero de ganas por entrar en este.


Sin embargo, no dar señales de vida también es de mala educación, y, al fin y al cabo, con este blog no trabajo, solo es ocio, así que, como cada vez que me pasa una cosa interesante, he decidido pasarme y compartirlo con vosotros.


A decir verdad, mi vida sigue su rutina habitual: sigo sin blanca, estoy bastante ocupada, tengo prácticas y deberes cada semana, y poco tiempo para rascarme la panza; me siento bastante cansada, pero, por otro lado, me alegro de que ya haya llegado el frío, que me apetecía un montón.


Hoy, para variar, me ha sucedido algo interesante. Estaba yo tan tranquila, en la parada del autobús, esperando a que viniera el número 40, cuando, de pronto, se acerca una gitana chillando como una loca: "¡Romero de la suerte! ¡Romero de la suerte, el mejor romero de toa Valencia! ¡Romero de la suerte!".


Y se ha puesto a hostigarnos (a mí y a las otras personas que estaban en la parada). Lo primero que ha hecho ha sido soltar una retahíla de bendiciones y oraciones con la que nos adulaba; a mí, en concreto, me ha deseado que lo apruebe todo, todas las asignaturas, que goce de salud y que todo me vaya bien en esta vida y en las posteriores. Ha estado un rato dando la vara, diciendo que rezará para que Dios, Jesús y María estén con nosotros, y que ella creía en la Iglesia, tanto en la católica como en la evangélica, y que tengamos mucha suerte, y que amén.


¿Y qué ha pedido a cambio? La voluntad.


Era de esperar; claro que era de esperar. Si todos vamos a por lo mismo. Yo he tratado de eludir su mirada todo lo que he podido y más, pero al final, igual que a los demás, me ha arrullado como a los que estaban a mi lado. Le he dado 50 céntimos a cambio de un ramillete de romero que apestaba a tabaco (porque la gitana estaba fumando), y me he despedido con una sonrisa torva.


Me he subido al autobús mosqueada, pensando en el incidente. ¿Por qué narices acabo de pagar 50 céntimos por un matojo de hierbajos que ni quiero ni me va a servir para nada? ¡Y a saber de dónde lo ha sacado la mujer esa! Pero luego he seguido meditando: supongo que los he cogido porque esa gitana me daba un poco de miedo. No miedo de "me va a atacar si no le doy nada", sino que, seguramente, mi subconsciente me habrá advertido de que solo tenía dos opciones: o ser bendecida... o ser maldita.


Sí, sé que es una chorrada, quiero decir, a estas alturas de la vida, comportándome como una ciudadana estresada y ocupada (sin tiempo, con prisas, sin fijarme en los pequeños detalles de la vida cotidiana)... ¿quién se va a tragar la tontería del romero de la suerte? Soy perfectamente consciente de que esa mujer no era ninguna hechicera zíngara, ni una adivina ni nada por el estilo (llevaba un chándal ochentero y un cigarro en la mano), pero... ¿por qué me ha dado tanto miedo de que pudiera echarme un mal de ojo? ¿Por qué no le he dicho simplemente: "señora, váyase y déjeme tranquila, que no quiero nada"? Sin darme apenas cuenta, he pensado: seguro que sabe cómo echar un mal de ojos...


No sé. Creo que hay personas con un cierto misticismo con las que uno está predestinado a encontrarse. Sinceramente, no creo que justamente yo estuviera predestinada a encontrarme con esa gitana, ha sido pura casualidad, pero quizá haya sido una especie de preámbulo, una señal antes de volver a sufrir un encuentro sobrenatural con alguien que esté un poco desequilibrado. ¿Me estáis leyendo? Madre mía, es que ni yo misma sé cómo justificar la tontería esta que estoy diciendo, parece mentira, me autosuponía un poco más de sentido común. ¡Pero si yo no soy supersticiosa! Nunca he creído en esas cosas, ¿acabo de descubrir una faceta mía que desconocía?


Desde luego... hasta ahora no he notado que las cosas me vayan especialmente mejor, pero, aun así, creo que no voy a tirar el ramillete ese de romero hasta que no esté totalmente seco y marchito.... solo por si acaso.


Al fin y al cabo, me ha costado 50 céntimos.


Besazzos,


*Luli*

miércoles, 28 de octubre de 2009

Mini-viaje



Queridos lulilectores...


No he estado muy actualizadora este mes, pero creo que básicamente ha sido porque he empezado el curso y estoy más aplicada de lo que pensaba; además de que tampoco me han sucedido cosas especialmente interesantes, ni tampoco se me ha ocurrido ninguna brillante teoría con la que poder filosofar.


Me remito a informar secamente sobre mi cotidiana vida; el tema de hoy: mañana me voy en un viajecito relámpago a Alcalá de Henares (Madrid) para acompañar a mi padre en una cuestión de negocios en la que, obvio, no participaré, así que me limitaré a pasearme por el centro un rato conmigo misma y ver qué me ofrece esta interesante ciudad.


Si me pasa algo memorable (como que algún cazatalentos me descubra, o cosas por el estilo) pues ya os lo diré, no os preocupéis ;)



Espero que estéis todos bien, y que vuestras vidas vayan mejor que la mía.


Besazzos!!


*Luli*

sábado, 17 de octubre de 2009

Un cuento



El perro está cansado. Tiene ojeras, está harto de buscar comida por la calle. El hambre le corroe las entrañas...


Detecta un movimiento por el rabillo del ojo. Se vuelve con brusquedad y olfatea el ambiente. Agita el rabo y se acerca lentamente... Gruñe y gime, ¡grr-guau!


¡Es un conejito chino! El perro gira sobre sí mismo con alegría. Los conejitos chinos son tan redonditos y esponjosos...


Las arrugas le marcan el hocico, sus bigotes se estremecen. Pega un gran salto y... ¡¿qué sentido tiene contar el final?! ¡Narices, me voy a dormir que es muy tarde!


A Ruch.



*Luli*

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Teorías que demuestran que ser buena persona es un rollo patatero



Queridos lulilectores...


Después de la aburrida Luli que os visitó hace unos días, hoy reaparece otra Luli totalmente diferente: la cansina Luli, meditativa y bastante plof. Bueno, no se puede ser amable, perfecta y supersimpática todos los días; o, por lo menos, no a todas horas.


Se me han juntado muchas cosas... todas ellas banales y carentes de importancia, como la vida misma, pero es que llega el momento en el que una persona (yo) se va hinchando poco a poco y, claro, pues o empieza a deshincharse como puede, o explota.


Y este querido blog mío (nuestro pequeño loft internetarial), será hoy mi vía de escape (aunque ya me he percatado de que últimamente por aquí no se pasa ni Dios... bueno, siempre tengo la esperanza de que alguien me encuentre accidentalmente, y que, más accidentalmente todavía, me lea; al fin y al cabo empecé así). Pero no os preocupéis, queridos lulilectores, yo os entiendo, porque al fin y al cabo todos merecemos nuestro descanso bloggero. Y, qué coño, ahora no voy a realizar ningún estudio de audiencias.


Como veréis, acabo de utilizar el término "coño". Sí, habéis leído bien. Hoy, en honor a mi estado de ánimo, voy a utilizar el lenguaje que me dé la gana, fuera formalismos, fuera tapaderas. Las cosas se dicen claras, o no se dicen. Se pueden adornar, pero ¿qué sentido tiene decir algo si el que te escucha -o te lee, en este caso- no te entiende? Bah, estoy divagando más que de costumbre, justo cuando menos quiero hacerlo.


Regresando al hilo principal... hoy me apetece hablar. Ni si quiera tengo pensado un tema de conversación, por lo que será una entrada de lo más diversa, pero el objetivo es escribir hasta que me salgan callos en los dedos, porque, como ya he dicho más arriba, hay momentos en la vida en que acabas hasta los mismísimos del mundo en general, de sus habitantes y, en concreto, de los habitantes que viven cerca de ti.


¿Y de qué se queja esta pesada ahora?, os preguntaréis vosotros, los lectores de este nuestro blog. Pues de todo y de nada. Lo normal.


Hm... voy a concretar.


-Ya me han puesto un montón de deberes para la semana que viene, y empiezan a acumulárseme los apuntes para pasar a limpio. Todo ello en un fin de semana.


-Me quería ir de puente con unos cuantos compañeros de clase a Andorra, y nos ha salido el tiro por la culata porque nos hemos quedado sin medio transporte. Lo gracioso del asunto es que ya lo habíamos propagado y se ha enterado todo el mundo. Hemos quedado como una pandilla de gansos (lo que, en cierta manera, no deja de ser cierto).


-Tengo el mismo profesor que el año pasado, de nuevo en la asignatura más difícil. ¿Por qué cuando habla nunca le entiendo? Me suena a chino mandarín las palabras que salen de su boca. La asignatura del curso pasado me la tuve que dejar por vaga, veremos este año...


-Mi profesor de catalán es S O P O R Í F E R O.


-Me ha tocado hacer un trabajo con la zorra de Luzía.


-Tengo la habitación hecha una mierda.


-Tengo clases por las tardes y vuelvo a casa rebentada, sin ganas de hacer nada.


-El tiempo es una mierda.


-Por supuesto, empiezo de nuevo el curso más sola que la una (al Listo nunca más volveré a verle).


-Tengo un cumpleaños inminentemente y estoy en bancarrota (no money = no party).


-También tengo miedo de que no me den la beca, y la matrícula cuesta la friolera de 750 €


-De nuevo, el asco de tren día sí y día también, para arriba y para abajo. Tren al norte y tren al sur. Tren por activa y por pasiva. Tren hasta que me muera. Seguramente, moriré atropellada por un cochino tren.


Grr. Estoy de un humor de perros, como veréis, por problemas súper tontos.


Siempre me pasa igual. Cada vez que intento empezar una etapa con buen pie, todo se tuerce. Cuando llega septiembre, me propongo (otra vez) ser mejor persona. Toda la mierda de propósitos de los huevos que me sé de memoria de tanto copiarlos en todas las cosas que escribo: hacer deporte, comer sano, ser más positiva, leer más libros, ver más cine, no tomármelo todo tan a pecho, mejorar mi carácter, blablablá. ¿Para qué? En serio, ¿para qué?


Nunca hago nada al final. La tontería se me evapora con la llegada de la primera brisa. Muchas veces me da la sensación de falta de tiempo: como suelo proponérmelo en épocas de transición vital, siempre tengo otras cosas que hacer para complementar los buenos pensamientos. Y es... no sé... como que me agobio un poco.


Mi vida en estos momentos es súper idiota. Me siento (en serio) como la protagonista de una película adolescente americana, o como la serie Lizzie McGuire o algo así.


Entré en la universidad siendo el último mono, me hice amiga de las tres pardillas y de la maricona loca, que luego nos abandonó con su perrito faldero para unirse al club de los populares. En el club de los populares estaba el Listo, que se pasaba el día abrazado a la guarra de Luzía (la típica que se liaba con todos -o la típica que decían que se liaba con todos) y no había manera de acceder a él, porque pertenecíamos a dos estatus diferentes.


De un día para otro, tuve una historia con el Listo (que acabó mal, pero en fin) y los populares se habían ramificado en subgrupos, mientras nuestro grupo cada vez era más grande. Ahora las cosas están así: el Listo se ha cambiado de carrera, Luzía y la maricona están más solos que la una, el perrito faldero ha encontrado su sitio y los otros grupitos son imbéciles (los populares solo, los gores y tal están bien). Y yo... vuelvo a empezar desde cero, pero mejor situada, porque mi pandilla de clase es la caña: somos un montón y nos lo sabemos pasar bien.


Por supuesto, sin olvidar el típico trabajo veraniego y el baboso de turno por detrás. Y, para más inri, me da en las narices que le gusto a un amigo mío, porque se comporta de manera rara. Evita mirarme a la cara cuando me habla, me habla menos que antes y, cuando estamos solos, se tensa. Solo hay dos explicaciones para eso: o que estoy empezando a caerle mal o, peor, estoy empezando a gustarle. Como es de esperar, el tipo es más feo que pegarle a un padre (el típico amigo freak), y últimamente me pone cardíaca: no soporto su presencia. Me he vuelto muy mordaz con él, y no soporto su expresión de idiota que se le pone cuando no sabe algo o cuando está pensando en las moscas, así con la boca entreabierta y aires de retrasado... bufffff. Le pegaría una hostia, en serio.


Y eso que todavía no me he recuperado del susto de Orni... Madre mía, ¿por qué todo -todo- me tiene que pasar a mí? ¡Y lo que quiero que me pase nunca me pasa, siempre a los demás! Menuda caca.


A esto súmale una familia medio desequilibrada... y tengo serie americana pa cuatro temporadas, lo menos. El problema está en que en las series americanas siempre hay final feliz. Jo... es que estoy rodeada de gente, pero muchas veces me siento muy sola, ¿cómo puede ser eso?


Me gustaría llamar a la radio algún día... a contar mi asquerosa vida, para que alguien llame después y diga que la suya es peor... pero no sirve de nada, mi padre en seguida vendría con la factura del teléfono a pedir cuentas, porque se han puesto muy pesados con la crisis (esa es otra, ahora al Zetaparo no se le ocurre otra cosa que subir los impuestos... pfff... y así nos va).


Asco. Asco. Asco.


Grrrr... como he avisado: he hablado mucho, pero no he dicho nada. Es como hablar sola, nadie te escucha, pero tu propia voz te hace compañía. Y encima me ha salido un grano en la cara, es más grande que un saltamontes.


... no se me ocurre nada más.


Bueno, mis amados lulilectores, creo que por hoy ya os he mareado bastante, tampoco tenéis por qué estar aguantando siempre mi bizarra vida, con que la soporte yo, creo que es suficiente. Cada palo que aguante su vela.


Cuanta razón que se traían los sabios de las narices.


Besazzos,


*Luli*